I. Un viaje poético-espiritual: la arquitectura de la odisea
La poesía de Ignacio Muñoz Cristi en “Donde los Ángeles Temen Pisar: Odisea Poético-Espiritual”, no es una suma de piezas independientes, sino una estructura en movimiento, un viaje interior. No estamos ante una mera antología de poemas, sino ante un libro con una arquitectura simbólica profunda. Cada poema es un fragmento de un mapa mayor, un hito dentro de un proceso que recuerda los itinerarios clásicos de la poesía mística, pero con una sensibilidad moderna y un énfasis en la psicología del viaje del héroe.
El libro se divide en cinco capítulos, cada uno reflejando un estadio dentro de este periplo, en el que la transformación es más importante que la llegada a un punto de destino. Esta estructura no es lineal, sino cíclica y fractal. A lo largo del texto, encontramos múltiples momentos de muerte y renacimiento, ecos de lo mismo que se repite con variaciones, configurando una espiral que avanza hacia la profundización de la experiencia.
Una de las claves para entender Donde los Ángeles Temen Pisar es que no es solo una exploración interior, sino también una confrontación con la estructura misma del lenguaje poético. Esto se vuelve evidente en los metapoemas que aparecen como notas al pie a lo largo del libro, conformando una segunda capa de lectura en paralelo al cuerpo central. Aquí, el poeta no solo canta, sino que se interroga sobre su propio canto, cuestionando la naturaleza misma de la poesía y del oficio del poeta.
La poesía aquí no es un objeto decorativo ni un medio de expresión subjetiva: es un camino de conocimiento, un arte que no se separa de la vida sino que la modela, la atraviesa, la cuestiona. Desde esta perspectiva, la obra de Muñoz Cristi se inscribe en una tradición poética que no solo busca la belleza formal, sino que explora los límites de la palabra y su relación con la experiencia espiritual. A lo largo de sus páginas, el libro despliega un lenguaje que oscila entre lo lírico y lo filosófico, lo concreto y lo abstracto, lo épico y lo confesional. Es un libro que no teme la contradicción, que se nutre de tensiones internas para generar una polifonía de voces. Como en los mejores ejemplos de la poesía chilena, aquí la exploración estética va de la mano con una inquietud existencial, con una búsqueda que no se agota en la forma sino que la trasciende.
Ignacio Muñoz Cristi
II. El amor como eje central: eros, ágape, filía, la Gran Diosa y el hieros gamos
En Donde los Ángeles Temen Pisar, el amor no es un simple tema entre otros, sino el eje vertebrador de la experiencia poética y espiritual. Sin embargo, este amor no se presenta de manera unívoca ni reducida a una única dimensión. Lo que encontramos aquí es una exploración caleidoscópica del amor en sus múltiples formas, desde el deseo carnal hasta la devoción mística, desde la camaradería hasta el anhelo cósmico de unidad.
Siguiendo la tradición filosófica que distingue entre eros, ágape y philia, el libro transita por estos registros sin someterse a dicotomías rígidas. La pasión amorosa se muestra en su carácter arrollador, tanto como éxtasis y como tormento. En el poema Eras Tú, se condensa ese instante de revelación en el que el amor surge como un reconocimiento súbito, como si siempre hubiera estado ahí, aguardando:
“Agobiado de desengaños y un juicio de realidad inversamente exacerbado transité por este mundo en busca de mí mismo atravesé los umbrales místicos, los bohemios circuitos del arte, los desiertos y cumbres de la ciencia, el corazón de la política revolucionaria de los pueblos, hasta encontrar mi propio centro, fulgente, vacío, pero palpitando siempre quieto siempre inquieto, vivo, anhelante, y justo cuando había aceptado la imposibilidad de este sueño que traigo pegado al alma y en el que duermen todos los ancestros desde el principio hasta el fin de los tiempos apareciste, y eras tú.”
Junto al amor como búsqueda individual, aparece el amor como comunión, como fraternidad y filiación. En la poesía de Muñoz Cristi, el amor philia no se reduce a la amistad convencional, sino que adquiere una dimensión casi iniciática: es un lazo entre aquellos que transitan un mismo camino de búsqueda y transformación. Sin embargo, es en la presencia de la Gran Diosa, arquetipo femenino de lo sagrado, donde el libro alcanza una de sus dimensiones más profundas. A diferencia de la tradición patriarcal del héroe que conquista la verdad por la lucha, aquí encontramos la otra cara del viaje: la revelación que llega por la entrega, la ternura, la receptividad. La Diosa, en sus múltiples nombres y formas, aparece como la figura que orienta el regreso, la que permite la integración entre lo humano y lo divino, lo terrenal y lo trascendental. En el poema Hieros Gamos, esta unión se expresa en términos que recuerdan las grandes visiones del amor sagrado en la historia de la mística, aquí un fragmento:
“Consagrado a ti trenzaré mis días a los tuyos en una ilimitada sucesión de misterios cotidianos donde cada cual iluminará la sombra del otro transitando los ajetreados senderos de la realización.”
Aquí, el amor ya no es solo un vínculo entre dos seres, sino un principio ordenador de la existencia, una fuerza que da sentido y dirección al camino. Esta dimensión es esencial en la poesía de Muñoz Cristi, ya que el amor no es solo un tema, sino una clave de interpretación de la realidad. No es casual que, en la estructura del viaje heroico, sea el amor el que permita finalmente la reconciliación con el mundo, el regreso al hogar, el retorno del exilio interior. Si en la tradición del viaje del héroe encontramos que la gran prueba final es la aceptación de la muerte y el renacimiento, aquí la verdadera transformación es el amor mismo. No como un ideal platónico inalcanzable, sino como un ejercicio cotidiano, una práctica, un arte que exige entrega y vulnerabilidad. En este sentido, Donde los Ángeles Temen Pisar nos recuerda que el amor no es una meta sino un sendero, una forma de habitar el mundo en cada paso del camino.
Sin embargo, el mismísimo ímpetu amoroso es problematizado en otros poemas donde la derrota y el colapso se hacen presentes. En Soneto de Una Noche Mala, por ejemplo, la desolación amorosa se convierte en metáfora de la aniquilación del yo:
"Si el amor una marejada fuera me habría esta noche estrellado en las rocas del silencio donde ya nuestras bocas no se tocarán jamás, yo aquí, muera."
III. El viaje del héroe y la noche oscura del alma: una cartografía poético-espiritual
Si hay un sustrato estructural que subyace en Donde los Ángeles Temen Pisar, ese es sin duda el del viaje del héroe. Sin embargo, no se trata de una repetición del monomito clásico en su forma más conocida -propuesta por Joseph Campbell- sino de una reformulación que lo enriquece con matices de la psicología profunda, la espiritualidad mística y la poesía visionaria. En este sentido, el libro puede leerse como un relato fragmentado de una odisea interior, donde el protagonista –que a la vez es todos y ninguno– atraviesa los distintos momentos de un camino iniciático.De esta manera, ellibro no solo dialoga con el esquema tradicional, sino que también encarna la lectura que Claudio Naranjo propuso sobre el viaje heroico, en la cual la iniciación no es un simple proceso de prueba y recompensa, sino un camino marcado por dos victorias separadas por una muerte y derrota profunda.
Desde el inicio, la voz poética deja entrever un anhelo profundo, una sensación de extrañamiento ante el mundo tal como es, una inquietud que empuja hacia la travesía. Esto es lo que Campbell llamó el llamado a la aventura, ese primer despertar en el que el protagonista siente que la vida ordinaria ya no basta, que hay algo más allá que debe ser explorado. En este libro, ese llamado se percibe en múltiples registros: desde la insatisfacción existencial hasta el hambre de sentido, desde el deseo de belleza hasta la necesidad de conocer los propios abismos. No es un llamado glorioso ni heroico en el sentido tradicional, sino más bien un murmullo interior, una intuición que empuja al viaje. Se expresa, por ejemplo, en el poema Quirón, donde la herida se revela como maestra:
“Estamos rotos la herida ancestral es también íntima duele, peor aún nos aferramos a nuestro dolor pariendo así, sufrimientos. El medico herido que habita acá en lo profundo no puede sanarse pero insiste en la ternura”
Aquí, como en la tradición chamánica y en el psicoanálisis junguiano, el dolor no es un obstáculo sino un portal: es a través de la herida que se accede al conocimiento, y es la propia fragmentación la que impulsa la búsqueda de totalidad. No obstante, todo viaje conlleva un momento de quiebre. No hay transformación sin crisis, y en el camino del héroe este momento se conoce como descenso a los infiernos o noche oscura del alma. En la estructura del libro, este descenso se da de manera cíclica, pues no ocurre solo una vez, sino que se repite con variaciones a lo largo de los capítulos. El descenso no es solo una crisis emocional o psicológica, sino un vaciamiento radical, una experiencia en la que las certezas se derrumban y el sentido de identidad se desintegra. En este punto, el lenguaje mismo parece fracturarse, las imágenes se vuelven más enigmáticas y el tono de la poesía adquiere un matiz más sombrío. En el poema Koan, por ejemplo, encontramos este estado de desconcierto y ruptura del ego:
“Siento el arribar de mi dolor locura ahí viene pisándome los talones a todo galope, con cada palpito”.
Este es el momento en que el héroe queda atrapado en el laberinto, donde todo intento de control fracasa y la única salida posible es la rendición. En términos de la mística, esta es la fase de purificación, donde el ego debe morir para que algo nuevo pueda nacer. No toda caída lleva a un resurgimiento, pero en el viaje del héroe, la muerte simbólica puede dar paso a una segunda vida. En el contexto de Donde los Ángeles Temen Pisar, este renacimiento no ocurre como una epifanía repentina, sino como un proceso de lenta reconstrucción, donde el amor, la sabiduría y la comunidad juegan un papel fundamental. El regreso es un tema central en la mitología del héroe: aquel que ha descendido debe volver al mundo con algo que ofrecer, con una nueva visión, con un fuego sagrado que compartir. Pero el regreso nunca es un simple retorno al punto de partida, sino una transformación profunda de la mirada, del ser mismo. En el poema Cansado de Morir, la experiencia del renacimiento se plasma en términos de aprendizaje:
Cansado de morir busqué la otra orilla y junto al sol invicto arribé más allá del agua grande cuya luz me enseñó a vivir de nuevo en cada pequeña muerte.
Aquí, la resurrección no es una negación de la muerte, sino un aprendizaje a convivir con ella, a entenderla como parte del ciclo vital. Como en los mitos de Quetzalcóatl, Osiris o Cristo, la muerte no es el fin, sino un tránsito hacia una forma de ser más plena. El viaje del héroe en este libro, sin embargo, no es lineal. Como en la vida misma, hay retrocesos, nuevas caídas, nuevas revelaciones. En lugar de un único trayecto de ascenso y victoria, lo que encontramos es un círculo: Cada despertar trae consigo una nueva prueba, cada iluminación va acompañada de una nueva sombra.
Si bien la travesía narrada en estos poemas es profundamente personal, también resuena con el arquetipo del viajero espiritual presente en todas las culturas. Desde Gilgamesh hasta Dante, desde Rumi hasta Hölderlin, el viaje es siempre una metáfora del proceso humano de individuación. Lo interesante, me parece, en el caso de Donde los Ángeles Temen Pisar es que esta estructura no se impone de manera artificial, sino que emerge de forma orgánica. No hay aquí una intención didáctica, sino la expresión sincera de un proceso vivido. Esto hace que la lectura no solo sea una exploración estética, sino también una invitación: quien recorra estas páginas encontrará, quizás, su propio viaje reflejado en ellas. Al final, el libro nos deja con una pregunta abierta: ¿el viaje tiene realmente un fin? ¿O es, como en la tradición taoísta, un camino sin meta, un sendero en el que lo importante no es llegar, sino caminar?
“La existencia es una escuela todas y todos somos aprendices el único maestro el Gran Misterio.”
IV. La experimentación poética y la polifonía de la voz poética
Si existe un rasgo que define a este poema místico que el libro es, más allá de su profundidad filosófica y mística, es su experimentación poética. La obra no se ajusta a una única forma ni a un solo registro de voz, sino que despliega una riqueza formal y estilística que convierte su lectura en una travesía versátil e impredecible. Desde haikús hasta sonetos, pasando por versos libres de aliento extenso o breve, letanías, décimas, prosas poéticas y textos que rozan la estructura de hechizos y conjuros, el libro se erige como un laboratorio de la palabra, donde cada poema parece encontrar su propio ritmo y tono para articular su verdad.
Uno de los aspectos que más me han fascinado de esta experimentación, es la presencia de un doble nivel de lectura: mientras que los poemas principales constituyen el cuerpo del libro, en las notas al pie se desarrolla un discurso paralelo, una veta de poemas metapoéticos que funcionan como una suerte de arte poética en fragmentos dispersos. Esta dimensión meta-textual añade una capa de profundidad y reflexividad al conjunto, permitiendo al lector no solo sumergirse en la experiencia poética, sino también contemplar, desde otra perspectiva, el acto mismo de la creación. Un ejemplo notable de ello es el poema que aparece en una de estas notas:
"La soledad del poeta no tiene fondo por ello en secreto y con locura ama a la tribu y conoce su lenguaje, ha tocado la muerte ha previsto el fin de las estrellas ha absorbido el dolor de los condenados de la tierra. Poesía, ni oficio ni arte, un modo de vida, río fluyendo camino al océano final."
Otro de los aspectos fundamentales de la experimentación en Donde los Ángeles Temen Pisares la polifonía de su voz poética. No hay un único yo lírico que recorra el libro, sino una constelación de identidades relacionales, registros que van desde la invocación ritual hasta la confesión íntima, desde la contemplación serena hasta la arremetida crítica. Esta multiplicidad de tonos resuena con la idea de la poesía como un espacio de exploración de la identidad, donde la unidad del sujeto se descompone y se recompone en distintas máscaras y perspectivas. Como en la tradición de la psicología arquetípica de Hillman, aquí la voz del poeta es siempre múltiple, siempre en transformación. Esta heterogeneidad se manifiesta también en el uso de imágenes y simbolismos tomados de diversas tradiciones culturales y espirituales. Si bien la cosmovisión mesoamericana tiene una presencia fuerte en la obra (especialmente en el capítulo: El Retorno de Quetzalcóatl), también aparecen referencias al budismo, al sufismo, a la mística cristiana y a la filosofía existencialista. Esta hibridez no responde a un simple sincretismo superficial, sino a una búsqueda profunda de nexos entre distintas formas de sabiduría. El poeta no se limita a invocar símbolos, sino que los resignifica, los hace suyos, los pone en diálogo con su propia travesía personal.
En este sentido, el de Muñoz Cristi es un libro que desafía las categorías convencionales. Su carácter experimental no radica solo en la diversidad formal, sino en su capacidad de tensionar los límites entre lo lírico y lo filosófico, entre lo narrativo y lo ritual. Pero esta misma riqueza formal y polifónica también podría representar un desafío para algunos lectores, ¿quizás una debilidad del libro? Aquellos que busquen una poesía de tono homogéneo, de cadencias previsibles o de temáticas cerradas, podrían encontrar en este libro un reto. La alternancia entre registros, la combinación de estilos y la fusión de lo personal con lo mitológico pueden hacer que la obra parezca, por momentos, inabarcable. Sin embargo, precisamente es, pienso yo, en esta apertura donde reside su mayor fuerza: en su negativa a ofrecer un solo camino de lectura, en su disposición a invitar al lector a perderse y reencontrarse en sus múltiples voces. Así, la poesía en Donde los Ángeles Temen Pisarno solo es un medio de expresión, sino un campo de experimentación, un territorio donde el lenguaje se expande y se contrae en función de la experiencia vivida. En última instancia, esta experimentación no es un capricho formal, sino una consecuencia natural de la odisea poético-espiritual que el libro encarna. Porque si el viaje es múltiple, si el héroe se fragmenta y se reconstruye en cada etapa, su poesía no puede sino reflejar esa misma pluralidad, ese mismo vaivén entre lo sagrado y lo cotidiano, entre lo sublime y lo terrenal, de tal modo que, forma y contenido, se apoyan mutuamente.
V. Paradojas, doble vínculo y tensiones filosóficas en la obra
Si algo define a Donde los Ángeles Temen Pisar es su negativa a ofrecer respuestas definitivas. En lugar de plantear certezas, el libro es un tejido de contradicciones fecundas, un laboratorio de tensiones irresolubles donde la experiencia humana se despliega en su complejidad. El descentramiento, la oscilación entre opuestos y el arte de habitar las paradojas son elementos clave en la estructura y el contenido de la obra. El poeta no busca la síntesis fácil, sino que se sumerge en la ambigüedad, explorando las zonas liminales donde los significados se desdoblan y la identidad se torna inasible. Esto se expresa en tres niveles fundamentales: 1) La paradoja como método y como visión del mundo; 2) El doble vínculo como eje de la experiencia existencial y espiritual; 3) El diálogo con la psicología arquetipal y transpersonal.
1) Desde sus primeras páginas, el libro establece una tensión entre lo sagrado y lo profano, lo trascendente y lo mundano, lo místico y lo corporal. El poeta encarna una voz que se debate entre la búsqueda de sentido y el escepticismo, entre la entrega a lo absoluto y el desencanto. Esta oscilación se manifiesta en múltiples imágenes que, lejos de resolverse en una afirmación final, se sostienen en el equilibrio inestable de la paradoja. Un ejemplo claro de esto es el poema "Místico Ateo", donde el yo poético parece encarnar la figura de un buscador que, incluso en la negación, no puede evitar la fascinación por el misterio:
"Deidades quizás no hay pero un gran misterio lo recorre todo."
El poema no se decanta por una visión unívoca. Más bien, nos sumerge en una incertidumbre esencial, donde la presencia y la ausencia de lo divino coexisten. Esta actitud recuerda la tradición del apofatismo místico, donde lo sagrado solo puede ser definido por lo que no es, y resuena con el concepto gestáltico del "vacío fértil", en el que la plenitud y la carencia son parte de lo mismo.
Otro caso paradigmático aparece en el citado "Koan", poema que juega explícitamente con la estructura de los enigmas zen:
"Bajo el cinturón, una idea loca me golpea por la nuca (...) Un centímetro cúbico de sobriedad me permite recordar convocar la pregunta acérrima que cernida en lo alto me concierne (...) De pronto sin embargo demencia ya no hay sólo una nada al infinito abierta, palpitante."
Aquí, el poema mismo se vuelve un laberinto semántico, un enigma que no apunta a una solución racional sino a una experiencia de insight súbito, de quiebre de las estructuras lógicas convencionales. En este sentido, el uso de la paradoja en el libro no es simplemente un recurso estilístico, sino un método de conocimiento, una forma de acercarse a lo real sin intentar domesticarlo.
2) El concepto de doble vínculo proviene originalmente de la teoría de Gregory Bateson y describe una situación en la que una persona recibe mensajes contradictorios en distintos niveles de comunicación, lo que genera una imposibilidad de respuesta sin entrar en conflicto con una de las demandas, gatillando esquizofrenización o respuestas creativas en el receptor. En Donde los Ángeles Temen Pisar, este fenómeno se explora desde una perspectiva psicológica, filosófica y espiritual.Muchos de los poemas presentan al sujeto poético atrapado en estas tensiones imposibles, donde toda elección parece llevar a una contradicción. Esto es evidente en los poemas que abordan la relación entre la entrega y la autonomía, la búsqueda de sentido y la renuncia, el anhelo de infinito y la certeza de lo efímero. Pero especialmente respecto al desafío que entraña la poesía mística, tal como lo evoca el titulo del libro, pues aquí el poeta enfrenta y crea un dilema comunicacional, un rudo doble vinculo: Si el poeta logra decir lo indecible, lo profana. Si no lo dice, el libro se vuelve vano. ¿Su solución? insinúa, lo rodea, lo danza. Nada como su poema inicial expresa esto tan bien:
En decir lo que no diré evoco insinúo poetizo voz y silencio utilizo pero mi lengua morderé y aun cuando sin hablar ya hablé sin decir igual te digo: Nunca sabrás si es contigo este guiño espiritual que es y que no es algo verbal pero quedas por testigo.
El poema funciona como un espejo deformante donde toda certeza se desmorona, obligando al lector a habitar la intemperie de lo incierto. Este es un caso claro de doble vínculo existencial, en el que el sujeto poético no puede aferrarse a ninguna definición sin traicionar la naturaleza contradictoria de la experiencia. Desde una perspectiva psicológica, estos poemas nos llevan a un punto de desidentificación del ego, en el que la mente racional debe rendirse ante la imposibilidad de abarcar la totalidad de la experiencia con sus categorías habituales.
3) Otro de los aspectos interesantes de Donde los Ángeles Temen Pisar es su resonancia con la psicología arquetipal de James Hillman y la psicología transpersonal, especialmente en su vertiente naranjeana. El libro está poblado de imágenes que remiten a la multiplicidad del alma, concepto central en la obra de Hillman, donde la identidad no es un núcleo estable sino un juego de imágenes arquetipales. Esto se hace evidente en los cambios de tono y en la presencia de figuras como el trickster, el poeta-vidente, el guerrero, el místico y el loco, todos ellos elementos fundamentales del imaginario de la psicología arquetipal.Desde la perspectiva transpersonal, el libro también explora la disolución del yo y la emergencia de estados ampliados de conciencia. Este aspecto se vincula con la visión de Claudio Naranjo sobre el viaje del héroe como camino iniciático, donde la derrota y la muerte del ego son necesarias para alcanzar un nuevo nivel de integración.
En el poema "Alfa y Omega", por ejemplo, encontramos una estructura que recuerda el ciclo de expansión y contracción del viaje espiritual:
"Abrirse a la aventura del vivir dotarse de una misión iniciática, personal, social e histórica, y caminar en lo desconocido dejándose transformar por nuestro más alto sueño encarando la faz del abismo al morir para renacer integrando sombra y luz donde regenerar un nuevo ser."
Aquí, el poeta enuncia el proceso de muerte y renacimiento en términos inequívocamente espirituales, pero también históricos y políticos, algo que resuena con la idea naranjeana de que el despertar de la conciencia no es solo un asunto individual, sino un acto de transformación colectiva. A través del uso de la paradoja, el doble vínculo y el diálogo con la psicología profunda, el libro nos enfrenta a la fragilidad de nuestras certezas y nos invita a habitar el misterio.
VI. Conclusión: La trascendencia de lo poético
Si algo deja en claro Muñoz Cristi es que la poesía sigue siendo un espacio privilegiado para la exploración de lo humano y lo sagrado, y para la apertura a experiencias que escapan a los discursos racionales convencionales. Lo que distingue a esta obra de otras dentro de la tradición de la poesía mística es su complejidad estructural y temática. En un mismo libro convergen: Una dimensión espiritual y arquetipal que no se reduce a una sola tradición, sino que dialoga con corrientes místicas, filosóficas y psicológicas diversas, desde la toltequidad hasta la poesía visionaria; Un uso innovador del lenguaje, donde el poeta no solo escribe, sino que experimenta con la palabra, explorando sus límites y posibilidades; Un reconocimiento de la sombra, que impide que la obra caiga en la simple exaltación de lo trascendente y la obliga a enfrentar la crisis, la duda, la contradicción.
El lector que se adentre en sus páginas se verá confrontado con preguntas sin respuesta, con imágenes que desafían la lógica cotidiana, con un lenguaje que, a veces, roza la alucinación. Esta cualidad hace que el libro pueda leerse como una experiencia más que como un texto, en la medida en que no solo se entiende, sino que se vivencia.
En el panorama de la poesía contemporánea, especialmente en el ámbito hispanoamericano, considero que Donde los Ángeles Temen Pisar ocupará un lugar particular. Aunque la poesía mística no ha desaparecido, muchas veces ha quedado relegada a discursos excesivamente tradicionales o a visiones unidimensionales de lo sagrado. Este libro, en cambio, revitaliza la tradición de la poesía mística al integrarla con una mirada contemporánea, que no teme a la ironía, a la duda ni a la exploración de los aspectos más oscuros de la espiritualidad. En este sentido, se inscribe dentro de una tradición que podríamos vincular a poetas como Jorge Teillier, con su exploración de lo sagrado en lo cotidiano; Gabriela Mistral, en su mezcla de misticismo y voz terrenal; Enrique Lihn, con su capacidad para transitar entre lo metafísico y lo irónico; y Elicura Chihuailaf, en su conexión con lo ancestral y lo visionario.
Por último, me parece importante cerrar tocando un tópico urgentemente candente: el lugar de la poesía en tiempos de crisis civilizatoria, tema que Muñoz Cristi ha tratado extensamente en otra esfera, la de las ciencias sociales y la militancia sociopolítica. Más allá de su aporte a la poesía mística, Donde los Ángeles Temen Pisar es un libro que se inscribe dentro de un momento histórico de caos global y estructural, y en ese sentido, su propuesta poética entraña también una propuesta ética y política. Si bien la palabra “política” aparece explícitamente sólo en cuatro poemas, en términos generales el libro parece urgirnos a tomar en serio la necesidad de “repolitizar la espiritualidad y re-espiritualizar la política” (titulo de uno de los poemas), dando por hecho que la solución al desafío civilizacional no puede ser dual ni parcial, sino integral y comprometida. La educación, la espiritualidad, la organización popular autogestionaria y la disputa electoral como propuestas programáticas que se han venido históricamente trabajando como espacios estancos, no pueden seguir así, so pena de ser engullidos por los poderes del mundo y de nuestras propias contradicciones, hay que avanzar -me parece a mí, y pienso que también al autor- en cada trinchera, simultánea, insistentemente. Claro, no podemos hacer todo, pero podemos concitar a la unidad de todos los campos, como hace el poeta en lo que respecta a la unidad psíquica y relacional.
Vivimos en un tiempo donde la velocidad, la fragmentación y la inmediatez parecen erosionar nuestra capacidad de contemplación, de diálogo con lo profundo, de atención a lo sagrado en sus múltiples formas. En este contexto, un libro como este funciona como un acto de resistencia, como una invitación a otro ritmo, a otro tipo de relación con la palabra y con la experiencia. La poesía aquí no es solo un medio de expresión, sino un modo de habitar el mundo. Es un gesto de apertura a la totalidad de la experiencia humana, con su belleza y su horror, con su sentido y su absurdo. En un tiempo donde la mercantilización del lenguaje ha querido reducir la palabra a un mero instrumento de consumo, Donde los Ángeles Temen Pisar nos recuerda que la poesía sigue siendo un espacio de revelación, un lugar donde lo humano y lo divino pueden encontrarse sin necesidad de reconciliarse del todo. Porque, después de todo, como indica el poeta, "la vida es una aventura de la cual no saldremos con vida", pero mientras estemos aquí, la poesía seguirá siendo una forma de caminar con los ojos abiertos.
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dirigida por Luis Martinez Solorza. e-mail: letras.s5.com@gmail.com “Donde los Ángeles Temen Pisar: Odisea Poético-Espiritual”.
Poesía Mística de Ignacio Muñoz Cristi.
Por Pablo Abitia.
[Guadalajara, México. Febrero 2025]