Proyecto Patrimonio - 2013 | index | Jessica Atal | Armando Roa Vial | Autores |


 




 

ARQUETIPOS DE JESSICA ATAL

Por Armando Roa Vial

 


. .. . . . . . .

Confieso que cada vez se me hace más cuesta arriba comentar libros de poesía, no por falta de interés, desde luego, sino porque no me resulta cómodo introducir una lógica discursiva o exegética a una realidad que, como bien dijo un poeta, “no significa sino que es”. Esto es particularmente sensible cuando se asiste a ciertos ejercicios de taxidermismo hermenéutico que transforman al poema en un cadáver. Los comentaristas, a la larga, somos como los teloneros: porque  nada reemplaza el placer creador de la lectura en su fuente, sin intermediaciones que a veces son distractoras. Por eso, si estoy aquí, no es para desarrollar uno de esos ejercicios taxidermistas sino por una razón más  visceral:  Arquetipos es un libro que me gustó. Así de simple. Por eso, en esta presentación, sólo quiero transmitirles las razones de mi entusiasmo como lector, que ojalá puedan ser contagiosas. Debo decir que hasta antes de esta publicación no conocía la poesía de Jessica, aunque sí sabía, por supuesto, de su destacada labor como crítica y editora en diversos medios. Esto ya es significativo porque habla de una escritora que lee, que se abre y se nutre de otros, lo que no es menor al ponderar su trabajo escritural en un libro como éste, una de cuyas características más notables es la capacidad de desdoblamiento de la autora en un sinnúmero de voces o arquetipos (término éste último que, como se sabe, alude a origen y también a modelo) asumidas en forma de máscaras, esto es, como tipos en cuyas vivencias y experiencias la autora se interna cual una intrusa, en un ejercicio introspectivo que requiere distanciarse de las propias emociones para hacer suyas las ajenas. Hay aquí algo de lo que John Keats definió como capacidad negativa, esto es, poner entre paréntesis la identidad personal (entendida como ideas preconcebidas, juicios y prejuicios) para limitarse a describir hechos o estados de ánimo que no han de ser coincidentes, necesariamente, con los del poeta. Es, casi, como un acercamiento fenomenológico.  Como podrá entenderse, esto requiere de un trabajo de observación no menor, que Jessica desarrolla con sutileza para que sus arquetipos tengan espesor real y no se transformen en meras figuras de cartón. El libro es entonces una galería donde estas conciencias, conciencias femeninas, deambulan como almas errantes y a las que la autora, metamorfoseándose una y otra vez, inyecta vida. Está la hija, la hermana, la novia, la sirena, la hambrienta, la parca, la loba, la adúltera, la mentirosa, la perra, la ansiosa, la dueña de casa, la abusada, la separada, la bruta, la turca, la indecisa, la putamadre, la hocicona, la buena onda, entre muchos otros caracteres. Subrayo, pues, esta primera nota relevante del poemario de Jessica, que refleja su tendencia a la poesía dramática, en el sentido de despersonalizarse para empaparse con los episodios y conflictos de sus personajes, adaptando desde luego el lenguaje, que puede desplazarse desde un tono neutro y descriptivo a momentos de lirismo intenso, pasando también por giros admonitorios, elegíacos y, por cierto, a un  lenguaje más coloquial cargado de ironía y mordacidad.

Jessica Atal tiene oficio. Y eso se nota y se agradece. A la riqueza de imágenes y metáforas, trabajando el verso libre sabe medir cuidadosamente la respiración de la frase, de longitud variable, usando distintos pies rítmicos y generando cambios de velocidades que imprimen sensación de vértigo y apremio a su escritura. La presencia de encabalgamientos, de oraciones subordinadas, de quiebres sintácticos, de disgresiones yuxtapuestas al discurso principal que refuerzan la tensión del hilo conductor, me hacen recordar la noción de verso proyectivo del norteamericano Charles Olson, que somete la prosodia a un campo de fuerzas donde lo esencial es la respiración y en cómo esa respiración se transforma en energía transferible al lector. Cada contenido impone una forma; aquí, en Arquetipos, cada voz impone la suya, cumpliéndose la ecuación de Olson “mente/ oído/ corazón/respiración”. Perdóneseme estas disquisiciones que pueden ser un poco áridas o técnicas; simplemente quiero hacer énfasis en que la poesía no es fruto de la improvisación sin más –la forma es la extensión del contenido, dirá Olson- y Jessica maneja sus herramientas con pulso firme y versátil.

El amor de la poesía, nos dice Jessica en el poema “La poesía”, es “dulce y violento”. Dulzura y violencia (aunque una violencia temperada por el crisol de la distancia, y el humor) se van tejiendo como claros y oscuros en los poemas de Arquetipos, donde la autora se interna en los múltiples recodos de la conciencia femenina.  En el poema “La madre”, por ejemplo, leemos el verso “lo tuyo/ es el misterio abrumador/ del nacimiento”, el que adquiere un relieve especial al cotejarlo con el desgarro de “El llanto de Deméter”, poema que cierra esta obra. Me explico: Deméter es la diosa de la fertilidad y los cultivos, que pierde a su hija Perséfone, raptada por Hades; como se sabe, Deméter solo recupera a medias a su hija durante seis meses, que es el período estival, cuando asoma la resurrección de la naturaleza y la plenitud de la vida; los seis meses restantes, de separación, cuando Perséfone debía volver al inframundo, la tierra se volvía estéril. Desde el contrapunto de estos dos poemas es posible advertir una constante de los universos femeninos trabajados por Jessica: cada uno a su manera, parece cargar con el desencanto y la soledad de una vida que en poco o nada culminó, vidas truncas marcadas por la impostura, la falsedad, la frivolidad, el desengaño y, en general, por un adormecimiento de la afección, esto es, que desconocen el arte de vivir para algo más que para sí mismas, cuando “ese sí misma” se vuelve inhóspito por la ausencia de vínculos afectivos profundos. Hay, entonces, un paisaje humano poblado por islotes yermos que testimonian esa gran impotencia que describió el filósofo Emanuel Levinas: la impotencia de no ser capaz de donarse, allí donde lo verdaderamente humano se define ontológicamente como “ser con otros”, vale decir, estar abierto a la presencia de un próximo que desde la alteridad me interpela con su rostro. Soy el que soy gracias al otro, dirá Levinas, y por eso la fecundidad –un atributo esencial de lo femenino- la asociará al desprendimiento. La Deméter de este libro no sólo llora a la hija robada; también el que “no pueda entregar fecundidades a la tierra”. Veamos otros ejemplos de la pérdida de esa capacidad transitiva: a “la buena onda”, a pesar de su discurso edificante, no le interesa el otro salvo en cuanto venderle pomadas; la hocicona “tira la primera piedra y todas las que vienen”; a la quejumbrosa le pesa “el sendero derramado sin ninguna dirección”; a la loca no le sirve de nada saber quién es porque lo suyo es el daño; la chiva expiatoria apunta “yo soy yo porque no soy tú”; la linda nació “sin haber vestido nunca un horizonte más allá de su esqueleto”. La suma podría seguir con otros ejemplos ilustrativos a lo largo del poemario. La esterilidad afectiva, el no donarse a otro, les rasura la propia vivencia interior de la libertad, pues toda libertad supone opción a algo o alguien que ha de generar gozosa dependencia y no un equilibro precario que termina hundiendo en el vacío.  Naturalmente, no es ésta la única lectura, pero me resulta provocadora. La emparento, además, con un diagnóstico muy contemporáneo que logra entrever la mirada atenta de la autora. Ella, por supuesto, lo hace con estupenda poesía; yo lo haré con esta prosa desteñida. Para decirlo en pocas palabras y de manera políticamente muy incorrecta: siento que el vacío y el malestar que destilan estos arquetipos femeninos dicen mucho de una sociedad donde la merecida conquista de derechos por parte de la mujer, los mayores espacios ganados en libertad, bienestar y oportunidades, lejos de colmar aspiraciones y anhelos, pueden ser fuente de crecientes descontentos y desilusiones. A mayores expectativas y posibilidades, el umbral de tolerancia a la decepción se reduce ostensiblemente. Lipovetsky, basándose en Tocqueville y Durkheim, llamó a este fenómeno la felicidad paradójica: la multiplicación de esperanzas multiplica también el nivel de insatisfacciones. En una era vertiginosamente individualista y aspiracional, donde la felicidad y el placer son casi ofrecidos a la carta -cito a Lipovetsky-, “no es que nos desengañemos más que antes; es que nos desengañamos más a menudo”. En el poema “La hermana”, donde Jessica reescribe con maestría la cenicienta, hay unos versos que dicen “fijada en sombra/ chilla/ sin querer nació nacida con varias cruces en su frente”. Aquí el “misterio abrumador del nacimiento”, del que ya hablaba Jessica en “La madre”, parece desacralizado: lo más inaugural e inédito (el nacimiento) parece sometido a un designio preestablecido que borra de un plumazo la noción de umbral a lo desconocido domesticando el misterio.

Un texto provocativo como el de Jessica, ya lo he dicho, admite lecturas diversas. Me faltaría tiempo para ahondar en esas otras miradas y tampoco creo que sea el objetivo de una presentación, que sólo aspira, como ya les decía, a transmitir mi arrebato como lector. Jessica desentraña muchos signos inquietantes de nuestra sociedad desde seres de carne y hueso y desde allí nos urge a mirarnos a nosotros mismos y a sincerarnos. Por eso celebro este poemario, escrito con seriedad y honestidad. Y si bien es cierto que sus arquetipos son dolorosos, que se suelen suceder al dictado de ausencias, se trata de ausencias luminosas, esculpidas desde la añoranza, con hambre de vínculo, ausencias cargadas de presencias y por eso más vivas que cualquier presencia ausente. Ya lo dijo el filósofo: perdemos para poseer.

Presentación Arquetipos, de Jessica Atal
Mayo de 2013



 

 


 

Proyecto Patrimonio— Año 2013 
A Página Principal
| A Archivo Jessica Atal | A Archivo Armando Roa Vial | A Archivo de Autores |

www.letras.s5.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
Presentación de "Arquetipos" de Jessica Atal.
Por Armando Roa Vial