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Los opuestos a veces (no) se atraen
«Lo puro puesto», Víctor Hugo Díaz. Editorial Cuarto Propio. Santiago, 2018. 74 páginas.
«El deseo junto al aire frío», de Juan Antonio Muñoz. Puerto de Escape. Valparaíso, 2019. 70 páginas.

Por Jessica Atal K.
Publicado en La Panera, N°105, Junio de 2019



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Víctor Hugo Díaz (Santiago, 1965) escribe «Lo puro puesto» desde un lugar muy poco grato. La existencia se percibe entera desde la negatividad y los veinticinco poemas que componen este pequeño libro están saturados de expresiones que aluden a un paisaje “enemigo”, a un lugar desde el que se debe huir. Hay un entorno hostil donde “nada” y “nadie” y “nunca” son conceptos que parecen repetirse hasta el infinito.

Dicen equivocadamente que la poesía sólo nace a partir del dolor. No lo creo así, pero éste es sin duda un libro que da cuenta de ello. Un libro donde, a pesar de haber puertas que se abren y se cierran, los habitantes de estos parajes lúgubres resultan prisioneros y no vislumbran escapatoria.

Hay “Islas que nunca han visto el agua” y si hay puertas abiertas conducen, por ejemplo, a inmundos vertederos. No es necesario visitar el infierno para escribir poesía (ya pasamos por la era de los poetas malditos y la gloriosa ascensión de Arthur Rimbaud al Olimpo de los poetas); sin embargo, resulta claro que hay voces que no quieren moverse de allí (¿o no pueden?).

Es triste leer esta especie de «Orden de alejamiento» que presenta Díaz, sin algún atisbo de esperanza de encontrar algo más allá del “Alprazolam y países descascarados”. Nada nunca se cumple, nada nunca sirve, nada nunca volverá a ser lo mismo y el hablante se mueve en un espacio que no llega a definirse porque está hecho de “lo que se evaporó”, de “lo que ya no fue”, “donde todo se hizo tarde”, “donde no se gana”.

Lo que se experimenta es una suerte de guerra imaginaria (donde no se gana), en la que pululan armas y crímenes, ruidos nocturnos y horas frías. La tristeza cala huesos y es, a fin de cuentas, lo que permea este poemario que se refriega en el abandono, el desamparo de una vida arrinconada. Y por qué entonces escribir, se pregunta el lector, si tampoco se atisba la escritura como algo muy vivo tampoco. Lo que hay, sí, es un lenguaje muy hambriento y es de esperar que encuentre pronto cierta saciedad.

 


«El deseo junto al aire frío», de Juan Antonio Muñoz (Santiago, 1963) es un libro escrito desde el otro extremo. Para comenzar, ya la palabra “deseo” en el título nos remite a un universo donde existen pasiones, a pesar del “aire frío”. Después de comenzar con unos «Diálogos con mi alma», conformado por ocho poemas que remiten a seres queridos que habitan en la intimidad del hablante, encontramos unos «Poemas para no morir». Es decir, la poesía otorga vida, a pesar de vivir “en el exilio de mi cuerpo”, a pesar de que “la tarde pesaba”. Y si existe el dolor, es porque el placer será mayor…

No es que no estén presentes el silencio, la ausencia o el olvido, pero el poeta cubre cada vivencia tormentosa con una suerte de manto sagrado o bendito, un halo místico, desde donde la experiencia cobra otro significado, incluso el erotismo.

El amor, por ejemplo, que el poeta siente por su amada, es “bendecido por los ángeles” (que vienen a ser los hijos); es un lugar imposible de ser dañado después de la complicidad de hombre y mujer, de la vida que han creado, de la gracia que los acoge, y donde, además, el tiempo no es un enemigo: el “Eras” y el “Eres” se fusionan en un espacio atemporal (la noche es eterna aun cuando sea “mínima”), la belleza acoge el sufrimiento y el extravío se sosiega en la contención de las palabras del ser amado (“estoy aquí, otra vez estoy aquí”, y concluimos que así es siempre, en realidad).

Este es un libro que brinda sosiego, paz, ternura. Hay una música, una voz que canta y nos remite a lo natural y prístino de la Naturaleza, de las emociones humanas, de la alegría de estar vivos y de las muchas gracias a la vida que debiéramos dar. Porque están ahí las pasiones, el dolor y el amor, y después, no cabe duda, la muerte, pero, mientras tanto, por qué no construir en la vida catedrales o las más trascendentales sinfonías.




 

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Los opuestos a veces (no) se atraen
«Lo puro puesto», Víctor Hugo Díaz. Editorial Cuarto Propio. Santiago, 2018. 74 páginas.
«El deseo junto al aire frío», de Juan Antonio Muñoz. Puerto de Escape. Valparaíso, 2019. 70 páginas.
Por Jessica Atal K.
Publicado en La Panera, N°105, Junio de 2019