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El infierno de Managua

Por Javier Campos*

Un niño de quizás 13 años o menos, en harapos, con un cuchillo trata de sacar algo de carne de unos huesos. Al lado dos perros muerden unas costillas o piernas ensangrentadas  del mismo animal tirado a la basura por alguien, descuartizadas sus partes. Sobre ellos vuelan moscas azules y unos zopilotes (cuervos o jotes en otras partes de América Latina) intentando agarrar algo de las sobras de lo que  tira a un lado el niño, o unos huesos que dejan los perros por un instante mientras espantan a los zopilotes. A los lados hay miles y miles  de objetos desparramados, emanando todo un tufo a cosas descompuestas.

 Más lejos unas vacas esqueléticas revuelven  también la basura entre un humo permanente de algo que se quema en varias parte como pequeños volcanes en erupción. Cada día cientos de camiones llegan a ese basurero a dejar 1.500 toneladas de basura. La escena no es de ninguna película reciente sino es lo que ocurre diariamente en "el basurero a cielo abierto más grande de toda América Latina.”

El basurero se llama "La Chureca" y ha estado allí desde 1973, pegado al barrio  Acahualinca en Managua. Se han creado montañas de basura durante décadas, solidificadas como cemento. Se considera este basurero uno de  “Los 20 horrores del mundo actual”. Su extensión es de 64 hectáreas. Allí trabajan 1.270 personas. De esa cantidad,  225 familias decidieron asentarse en el basurero que se calcula son al menos 700 personas viviendo permanentemente en medio de un ambiente totalmente insalubre. Viven en algo que parecen casas pero  hechas de cartones viejos, algunas latas, plástico sobrantes de objetos, “construidas” sobre esas montañas de deshechos descompuestos.

Veinte por ciento de las niñas y niños que laboran allí tienen jornadas de más de 40 horas semanales con ingresos de un dólar al día viviendo de la recolección de lo que encuentran en la basura que luego revenden (en Nicaragua de cada diez niños, seis viven en la extrema pobreza). Escarban entre la pestilencia buscando cualquier cosa de valor que meten  en un saco que todos llevan al hombro. Pero la competencia no sólo es entre niños, niñas, jóvenes, viejos, porque en la disputa por la comida hay que pelear contra las aves de carroña  (zopilotes) y  perros famélicos que meten sus hocicos entre la inmundicia para masticar alguna cosa descompuesta.

Los datos de investigación de 2008 del “Centro Dos Generaciones”  de Nicaragua dicen lo siguiente. “De esas 1.270 personas más de 400 son menores de edad. El 10 por ciento son niños y niñas. El 19 por ciento adolescentes y el 36 por ciento jóvenes que recolectan más de 32 tipos de materiales reciclables como hierro, cobre, aluminio, bronce, vidrio y papel, entre otros. “Los ingresos, según el estudio, oscilan entre 21 y 30 córdobas al día (entre un dólar y un dólar y medio). El informe señala  algo que hace más horroroso ese lugar: “Los niños y los jóvenes que laboran en ese lugar padecen muchas afecciones en su salud física y mental, ya que aparte de estar expuestos a los riesgos de intoxicación por los metales y desechos orgánicos descompuestos, sufren enfermedades e infecciones por quemaduras y heridas causadas por objetos corto-punzantes.”

Otro estudio de la Universidad de Lund de Suecia y de  la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, hecho en 2007, concluyó  que la mayoría de los niños y niñas  que viven dentro del basurero o en las periferias del mismo, “poseen en sus organismos y sangre altas concentraciones de metales pesados y compuestos orgánicos persistentes. Inclusive, casi el 50 por ciento (de los niños estudiados) presentó niveles de plomo por encima de lo normal. También el estudio describe la presencia de plaguicidas como DDT, PCB y PBD en la sangre de los pequeños trabajadores.”

Lo contradictorio es que de ese basural el país recibe millones de dólares por la exportación de la basura en forma de materias primas que se vende a otros países que poseen plantas recicladoras. Y los que hacen el trabajo son aquellas 1.270 personas recolectándolos diariamente en un saco al hombro para recibir uno o dos dólares al día. ¿Por qué jamás se ha invertido esa ganancia en los que realmente hacen ese trabajo dantesco?

Y ahora viene otra pregunta ¿Y quién es culpable de todo ese infierno de 36 años? Hugo Chávez tiene ya la respuesta (simplista) para todo lo que ocurre en el continente desde su “Socialismo del siglo XXI”: es la  culpa del capitalismo y ahora del neoliberalismo, la globalización, la oligarquía (cualquier que sea) y por supuesto el “imperialismo yanqui”.  Lo mismo responde el orteguismo en Nicaragua siguiendo la teoría de Chávez, su principal aliado ideológico, para responder igualmente a los causantes de la pobreza y la desigualdad social en Nicaragua  (y en nuestro continente). Sus respuestas están en el portal oficial del gobierno www.el19digital.com.ni  donde se reproducen los discursos presidenciales y se divulgan los avances de la “revolución” y de la “Democracia Directa” destacándose el marcado pronunciamiento anti capitalista anti neoliberal y anti global para resolver el subdesarrollo.

Sin embargo, se puede objetivamente probar  que ese basurero, o el infierno de Managua, apareció en 1973 durante la dictadura de los Somoza, estuvo los diez años de la revolución sandinista (1979-1990), luego los 16 años de tres gobiernos neoliberales (1990-2006) y con el orteguismo desde 2007 hasta 2009. ¿Por qué ni la revolución sandinista ni los gobiernos neoliberales resolvieron terminar con “La Chureca”?  ¿Por qué otros países igualmente neoliberales en América Latina no poseen un infierno como el de  Managua?  ¿Por qué no se encuentran en países capitalistas, igualmente neoliberales del Primer Mundo,  unas “Churecas” donde según el discurso chavista y orteguista  son los oligarcas, los capitalistas, explotadores e imperialistas que hambrean al “pueblo”?

Finalmente, resulta interesante que un país “neoliberal, capitalista, globalizado” como el gobierno de España (a través de su Cooperación Internacional española) ofreciera desde 2005 solucionar aquel basurero proponiendo un proyecto de 33 millones de euros para transformar aquello, con la más alta tecnología, en una planta de procesamiento y  reciclaje de toda esa basura y la que se recibiría cada día. Y también dar a su vez trabajo y vivienda a las 225 familias que viven allí.  En este mes de agosto, después de varios años de la oferta española, ya se ha firmado legalmente el proyecto y  parece que se echará a andar en el 2010.  España desde el 2000 ha ayudado a Nicaragua con mil millones de dólares en proyectos de ayuda al desarrollo.

¿Es el capitalismo “tan imperialista y perverso” que el dinero de otros países, a través de sus contribuyentes, ayude a exterminar en otra parte del planeta sólo por solidaridad aquel infierno donde han vivido  por décadas infantes, jóvenes, hombres, mujeres, ancianos y que el propio país afectado no ha intentado solucionar por sí mismo?

 

*Javier Campos  poeta y columnista. Viaja por América Central.

 

 

 

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