Quiero compartir una historia que el poeta ruso Yevgeny Yevtushenko me contó una vez en una conversación en Moscú sobre un dibujo que Marc Chagall hizo especialmente para él (ver el cuadro arriba). Esta historia no está contada en ninguna parte como me la contó a mí. Aquí la considero inédita y publicada por primera vez (una versión breve la puse hace un tiempo en mi FB). En un artículo de Washington Post que consulté, publicado el 16 de julio de 1994, cuenta el periódico muy al pasar de Chagall y el encuentro con Yevtushenko sobre una conversación entre ambos en Paris. Y que según contó Yevtushenko, dice el Washington Post, él sí había llevado un encargo para Nikita Khrushchev. Pero nada más. Ni se menciona en detalles esa conversación ni menos el dibujo que hizo Chagall para Yevtushenko ni lo que dijo el alto funcionario soviético al recibir de manos de Yevtushenko el envío de Chagall.
La historia contada por Yevtushenko
En la década de 1960, cuando Yevtushenko visitó a Marc Chagall en París, Chagall le pidió un favor. Le dijo que, cuando regresara a la Unión Soviética, quería que le transmitiera una petición personal a Nikita Khrushchev: su mayor deseo era que le permitieran conservar un pequeño terreno que aún poseía en Rusia, su dacha (en ruso es una pequeña casa de campo) y regresar allí para vivir el resto de su vida.
Por este motivo, Chagall le entregó a Yevtushenko un catálogo especial que contenía algunas de sus mejores pinturas, junto con una carta dirigida a Khrushchev, donde escribía exactamente lo que acababa de decirle. En la carta Chagall había escrito como dedicatoria: “A mi querido Nikita Sergeyevich Khrushchov. Con amor para usted y nuestra patria.” Yevtushenko le prometió a Chagall que le entregaría personalmente el catálogo y la carta a Khrushchev.
Al regresar a Moscú, Yevtushenko intentó conseguir una cita con Khrushchev, pero resultó imposible. En cambio, fue recibido por uno de los asesores personales de Khrushchev. Yevtushenko le explicó la petición de Chagall y le entregó el catálogo y la carta. El asesor abrió el catálogo, hojeó algunas páginas y dijo: “A ese hijo de puta nunca se le permitirá regresar a Rusia”.
Yevtushenko nunca recuperó ni el catálogo ni la carta de Chagall. Hasta el día de hoy, ninguno de los dos ha sido encontrado. Ese mismo día en París, mientras conversaban en el estudio de Chagall, este hizo un dibujo para Yevtushenko. Como se puede leer en la inscripción al pie, Chagall completó el dibujo en unos diez minutos, según Yevtushenko. Hoy, ese dibujo se conserva en el Museo Yevtushenko en Peredelkino, cerca de Moscú. Está al lado, a cinco minutos de su casa en esa ciudad. Cuando fui a Rusia invitado por él a algunas lecturas de poesía me quedé en su casa por una semana y después me fui a Samara en tren.
El dibujo de Chagall
Es un dibujo en tinta negra sobre papel, de trazo suelto, rápido y muy expresivo. Aparece una figura humana inclinada, con un gorro o boina, ojos cerrados y una expresión serena, casi onírica. A su lado hay una figura animal estilizada (recuerda a una cabra o un asno, figura absolutamente chagalliana, flotante, protectora, casi cómplice). Hay signos musicales en el pecho del personaje, otro motivo recurrente en Chagall: la música como patria espiritual. El conjunto transmite afecto, ligereza, intimidad, no es una obra “de encargo”, sino un gesto personal.
Inscripciones visibles
En la parte inferior se distingue claramente: A la derecha: “Marc Chagall” (firma). A la izquierda, en ruso, una dedicatoria manuscrita. Se lee (con bastante claridad): “Для Евтушенко на память” “Para Yevtushenko, en memoria”. Esto confirma algo muy importante: no es un dibujo genérico, es una dedicatoria directa, hecha en el momento en que Chagall conversa con Yevtushenko.
Relación con la historia que narró Yevtushenko
El dibujo encaja perfectamente con el relato de Yevtushenko: El trazo rápido (10 minutos es totalmente creíble). El tono íntimo, casi de despedida. La dedicatoria “na pamyat” (“en memoria”) tiene un peso emocional fuerte, sobre todo sabiendo que Chagall ya intuía que no volvería a Rusia. Este dibujo funciona casi un sustituto simbólico del regreso imposible. Si el catálogo y la carta se perdieron en los pasillos del poder soviético, este dibujo quedó como la nostalgia de un artista en el exilio casi al fin de su vida.
Valor cultural.
No es solo una obra de Chagall. Es un documento histórico íntimo: Chagall, el artista en el exilio. Yevtushenko viene a ser un mediador cultural. Y la URSS una negativa definitiva. Que esté en el Museo Yevtushenko de Peredélkino le da una coherencia total: no es un objeto de mercado sino testimonio de un exiliado. El dibujo claramente representa la nostalgia. Chagall, exiliado, judío, ruso de origen, sabía que su regreso era casi imposible. Por eso puso en ese trazo rápido —hecho en minutos— lo que no podía pedir públicamente: volver a su dacha.
Yevtushenko actuó como mediador. Llevó el dibujo, el catálogo y la carta a las más altas esferas del poder soviético. Es un documento íntimo de la historia del siglo XX. Y también, una prueba de que a veces el arte guarda lo que la política borra.
Chagall nunca regresó a Rusia. Murió en Saint Paul de Vence, Francia, el 28 de marzo e 1985.
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La foto arriba está tomada del libro que hizo el gobierno de Rusia sobre el Museo Yevtushenko que erigió para poner toda la obra fotográfica y los cuadros que compraba en cada país que visitaba. Visitó casi 100 países durante su vida. Aparte de ser uno de los poetas rusos más importantes del siglo XX en Rusia, y conocido en gran parte del mundo, era un prestigioso fotógrafo que ganó varios premios por sus fotografías (uso siempre un cámara LEICA M3.A). Su museo tiene muchos cuadros de pintores muy famosos (Chagall, Miro, Picasso, Braque, Diego Rivera, Orozco, que le regalaron y que actualmente tienen precios en millones de dólares. El quiso donar toda esas pinturas y fotografías: “No quiero vender ningún cuadro y recibir mucho dinero, y tampoco los quiero en mi casa en las murallas. Mi museo es para el pueblo ruso”, me dijo en su casa la vez que fui a Rusia. (JC).
Nota 1. La palabra exilio no le parecía muy apropiada el crítico Martín Cerda (1930-1991). El prefería usar el término “la extranjería”. Este término lo usó por primera vez en la presentación de un libro en la SECH en junio de 1987 al presentar un poemario de un escritor que vivía fuera de Chile y había publicado un libro en la editorial del poeta Omar Lara, poeta que ya había regresado a vivir definitivamente a Chile. No he consultado lo que escribió desde 1987 hasta su muerte Martin Cerda y no sé si en alguna parte vuelve a usar ese término. El termino “Exilio” dice la RAE es un “expatriado, generalmente por motivos políticos”. “Extranjería” es “la condición de extranjero en otro país que debe seguir las normas y leyes para extranjeros”. Entonces Cerda está diciendo que no todos los escritores o artistas, en caso de Chile o Argentina, Uruguay, etc., que salieron a vivir a otro país durante esas dictaduras militares se les debe llamar “expatriados políticos”. Pero en ambas situaciones las personas sufren el no poder regresar a su patria original.
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Javier Campos. Es chileno de origen. Es narrador, poeta, ensayista, columnista, profesor emérito por la Universidad jesuita de Fairfield, Connecticut, EE. UU. Vive en Spring Hill, Florida. Recientes libros publicados: El bailador de tango (novela, Casasola editor, Washington, 2018), El tango en el Río de La Plata (ensayo, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 2020), La isla del fin del mundo (novela, Mago editores, Chile, 2020), Los gatos no viven en el tejado y otros poemas de amor (poesía, Mago editores, Chile, 2020). Las sombras del amor, poesía, (Editorial Valparaíso, España, Granada, 2022). Recados infantiles escritos desde una nave espacial. 2025. (Chile: Mago editores, 2025, poesía). Fui dueño de tu encanto (Bueno Aires, Argentina: Corregidor editores, diciembre 2025, cuentos, última edición corregida y aumentada). Fue traductor de la poesía del poeta ruso Yevgeny Yevtushenko (ediciones de Nicaragua, Colombia, Chile, Perú, Cuba, Rusia, España). La revista Review Literature and Arts of the Americas, 104, julio de 2022, Manhattan, New York, dedicó una sección a la poesía de Javier Campos en traducción al inglés (Irene Hodgson, Nick Hill y Jessica Treat traductores).