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El mundo de Graham Greene

Por Jorge Edwards
Publicado en La Segunda. 2 de octubre de 2020


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Graham Greene decía de si mismo que era «el primero de los escritores de segunda fila». No creo en las filas ni en otros conceptos militares de la literatura. Graham, en la segunda o en la última fila, era un maestro del arte narrativo. Tenía cierta fascinación por lo latinoamericano y no creía que la América de habla española fuera "el continente tonto", como dijo en una oportunidad don Pío Baroja, el más cascarrabias de los escritores de su tiempo, vasco, aficionado al mar, médico de pueblo y al mismo tiempo panadero. Ser panadero y amar las novelas de mar, como las de Joseph Conrad y Pierre Loti, me parece una conjunción envidiable.

La afición por lo latinoamericano, partiendo por México y los cristeros y siguiendo por Cuba, llevó a Greene a querer conocer de cerca la revolución socialista de Salvador Allende. Pablo Neruda, embajador en París, que había escrito que "si usted nace tonto en Chile lo nombran embajador", le organizó un almuerzo en la casa chilena de la avenida de la Motte-Picquet. Yo, encargado de negocios, estuve presente, y Graham Greene, en una forma muy suya, me pidió que le consiguiera un alojamiento informal, porque no quería estar albergado en instituciones oficiales. Lo alojé en la casa de un amigo de Zapallar, lector no habitual, conversador divertido, con el resultado de que Graham y su anfitrión zapallarino se hicieron amigos para toda la vida. A propósito de ese almuerzo, me parece interesante decir que Neruda, temucano, bebía whisky en abundancia, y que Graham, londinense, solo tomaba gin con agua tónica, muy cargado. Neruda ya tenía algunos problemas de salud y Graham era un octogenario sólido, con lo cual no pretendo sostener que el gin sea más sano que el whisky de Escocia.

Octavio Paz, el Greene mexicano, que se había distanciado de Neruda por razones políticas, me preguntó una vez que cómo tomaba su whisky Neruda. De
esa pregunta nació mi libro de crónicas "El whisky de los poetas". Los dos poetas más bebedores de whisky que he conocido en mi vida fueron el brasileño Vinicius de Moraes y el español Jaime Gil de Biedma. El más bebedor de los que he conocido fue Rubem Braga, cronista y poeta bisiesto, que componía un poema cada año bisiesto.

Greene, inglés y católico, había pertenecido al Intelligence Service de Inglaterra. Uno de sus colegas se pasó al espionaje soviético. Greene lo defendió siempre porque su colega, Philby, trabajó para que los rusos no consiguieran la bomba atómica antes que todos los otros. Los ilustrados lectores pueden tomar el partido que quieran. El autor de "El corazón de la materia" y de "Nuestro hombre en La Habana" mantuvo su amistad con Philby, el agente doble. Me ayudó a publicar "Persona non grata" en inglés, porque detestaba a los jefes de la policía política cubana, y no abandonó nunca los gintonics dobles.



 

 

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El mundo de Graham Greene
Por Jorge Edwards
Publicado en La Segunda. 2 de octubre de 2020