Proyecto Patrimonio - 2014 | index | Luis Andrés Figueroa | Julián Gutierrez | Autores |

 

 




 


 


ENTREVISTA A LUIS ANDRÉS FIGUEROA:
“En lo más próximo de la vida no dejas de reconocer el milagro”

Por Julián Gutiérrez


 



.. .. .. .. .. .

“Resbala el único barco de papel / por el papel del agua.
Y los ojos se han ido para siempre”

Luis Andrés Figueroa es uno de los poetas necesarios de reconocer a la hora de hacer un recuento de la literatura chilena escrita a fines del siglo XX. Su poesía, serena y rigurosa, parece ser una exploración de los espacios de irrealidad posibles de asir  en la escritura. Cada poema suyo podría leerse como metáfora de un reflejo que se proyecta desde la transparencia de la página.

Nace en San Felipe, el año 1960. Egresado de Letras de la Universidad Católica de Valparaíso, entre los años 1993 y 2000 realiza sus estudios graduados en Washington University en Saint Louis.

Ha publicado los libros de poemas Velas en el agua (1992),  Los secretos (1996), Faros (2004) y Una forma de huella en la arena (2008). Además es autor de Al sur del espejo: la maravilla y el sinsentido en la poesía chilena del siglo XX (2000), Al país de Poe: crónicas de viaje por Norteamérica (2003) y Café invierno: conversaciones con Ennio Moltedo (2007). Sus poemas, crónicas y ensayos han sido publicados en Libertad 250 (Viña del Mar), Osiris (Massachussets), New Novel Review (Nueva York), Cultura Urbana (Santiago); y en las antologías Geografía poética de Chile – Valparaíso (1994), Poéticas de Chile - Chilean poets on the arte of poetry (2007) y Letras en Valparaíso (2010).

Sobre su obra, el escritor Daniel Rojas Pacha señala: “Luis Andrés Figueroa nos conmina a pensar la libertad a través del incierto o lo indeterminable del “no lugar” o de ese espejo que es “otro lugar” muchas veces potenciado por la poesía y la pulsión sinestésica del hombre”.

 He aquí, en este breve diálogo, su reflexión sobre sus inicios, su escritura y la poesía misma.

¿Cómo ocurrieron tus inicios literarios, en términos de ambientes, amistades e inquietudes?
— El recuerdo más antiguo es el cuento de “El enano Muck” de Hauff, escuchado cada noche de la voz de la abuela y con los ojos bastante ocupados en sus ilustraciones. Hacia los once años, el primer poema descubierto como otro lenguaje fue “Dimanche” de Jacques Prévert, la primera “traducción” en la clase de francés. Y luego a los dieciseis, una adicción indiscriminada, de la cual nombro parte de los libros inolvidables: “Las flores del mal”, “Dafnes y Cloe” de Longo, “La Tempestad” de Shakespeare, “El retrato oval” de Poe, “Balada de la cárcel de Reading” de Wilde, Charles Dickens por cierto, siempre Katherine Mansfield, Antonio Machado, “Crepusculario” y esa maravilla poética llamada “Pedro Páramo”. Hablo del año 1976, a los 16, escuchando con amigos y amigas a Cat Stevens con quien también comenzaban las primeras “traducciones” al inglés. Era en el liceo de San Felipe en que estudió Aguirre Cerda. Aún existía en ese tiempo un banco en el cual él había marcado su nombre. El liceo tenía una biblioteca de primeras ediciones excelente. “Tentativa del hombre infinito” y todos los primeros libros de Neruda estaban en sus primeras ediciones. Y esas primeras lecturas las asocio también al costado oriente de la plaza de la ciudad, con araucarias y los árboles de jacarandá.  Por la tarde se veía a algunas madres jóvenes paseando a sus hijos entre los floripondios, dicen que para que durmieran mejor. Una adormidera. Una flor inca.

¿Qué autores influyeron en tu trabajo de aquel entonces? 
— Sólo podría decirte que me atraía el tono poético prosaico -ese bajo contínuo- que descubría en Machado o Prévert, en “Tentativa” o “Anillos” o en los monólogos en que Pedro Páramo hablaba de su infancia o Susana San Juan hablaba del mar que nunca conoció. Más tarde iba a reencontrar ese lenguaje en libros como “Muertes y Maravillas” de Teillier, “Mi tiempo” de Ennio Moltedo o “Seudónimos de la Muerte” de Millán, para señalar tres libros de tres de mis poetas chilenos preferidos. Y también en narradores como Virginia Woolf (“Las olas”), Katherine Mansfield, Chejov o Kafka. Y los dos libros de Alicia que, si pudiera ser, pediría llevarlos al otro lado del espejo.

¿Cómo definirías tu proyecto poético o ejercicio escritural en cuanto a intenciones o propuestas creativas?
— Siguiendo a Alicia te diría que quisiera expresar en una forma poética prosaica una metafísica del “más acá”. Porque en lo más próximo de la vida no dejas de reconocer el milagro. Otras veces quisiera que ese “ejercicio”, como tú lo llamas, fuera como los móviles de Calder, siempre vivos y distintos siempre, hasta dejar de respirar… y que siguieran moviéndose.

¿Qué factor consideras determinante en tu proceso creativo?
— No perder nunca el sueño.

¿Qué criterios usas para identificar un buen poema?
No sé si para identificar “un buen poema”, sino sólo para reconocer lo que más me atrae, y que no excluye lo otro: la naturalidad, lo amusical y atonal, lo arrítmico como “Strawberry Field” de los Beatles, lo que se aleja de la grandilocuencia. Recuerdo que Machado decía que sus poemas eran para ser imaginados, más que para ser leídos. Tal vez por eso mi atracción por el Huidobro de “Poemas Árticos”, Cendrars, Pavése o Ekelof.

¿En qué proyecto literario estás trabajando actualmente?
Actualmente estoy escribiendo muchos reportes de estudiantes de intercambio en Chile: viajes, hurtos, depresiones. Un ejercicio que demanda un paseo diario por el espejo. Ir y volver. Prosa prosaica con destellos de prosa poética. ~

 

 

MUESTRA POÉTICA:

 

MARIPOSA

La mariposa (real)
es un pedazo de espejismo.

 

 

MARIPOSA Y LUZ

La mariposa parpadea como la luz.
La luz parpadea como una mariposa.
Los ojos se deslizan y se quiebran
no sabiendo si son ojos
mariposa
o luz.

 

 

LA MANSIÓN DE LAS VIÑAS

Alguna vez fue habitada
la que decíamos la Mansión de las viñas
y en cuyo espejo de agua dejábamos caer
el eco de nuestros nombres.

Era grande el silencio con su bosque dormido
y entre sedas, los relojes de seis bicicletas
entrando en el tiempo de los Finzi-Contini
cuando aún nieve y luz quedaba en las cumbres
para memoria del último jardín.

Los viñedos desnudos pasaban y pasaban
crispados en silencio como condenados,
mientras aventábamos las hojas del tierral en las ruedas
hablándonos de los sueños condenados de Pavese,
y el vino en los desconocidos subterráneos
oscurecían hora a hora nuestra sangre.

Tú vestías de azul el aire de la montaña.
La bufanda en la brisa con mi abrazo invisible
en el destilar de un último marzo
entre cuadernos de una historia que se iba
con la nieve y la luz.

La que decíamos la Mansión de las Viñas
y a cuyo espejo llegábamos
sobre los relojes de una antigua edad
deshabitada fue por los gritos de nuestros propios nombres.

Las viñas semejaron desde entonces una edad torturada.

El vino fue otra sangre que devoró la tierra.

Y los círculos de agua
los inútiles esponsales del adiós,
las ruedas sin retorno
a los extraños países sin espejos.

 

 

FARENHEIT

Comenzaron quemando libros.

Terminaron quemando jóvenes.



 



 

Proyecto Patrimonio— Año 2014 
A Página Principal
| A Archivo Luis Andrés Figueroa | A Archivo Julián Gutierrez | A Archivo de Autores |

www.letras.s5.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
Entrevista a Luis Andrés Figueroa:
“En lo más próximo de la vida no dejas de reconocer el milagro”.
Por Julián Gutiérrez