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Condena de Palabras
Desencierro de Juan Mihovilovich (Lom Ediciones, 2009, 233 páginas)

Por Patricia Matus de la Parra T.

 


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Tras las rejas de lo que parece ser la vida misma, Juan Mihovilovich comienza a relatar a través de su monologo, “Desencierro”, 233 páginas que ponen a prueba al lector. No sólo a su paciencia de leer una sola voz, sino además, de ser interceptado irónicamente sobre lo que debería o no pensar respecto el relato que se le presenta. Juez de Letras de Curepto, Ex Vicaría de la Solidaridad, esta obra viene a complementar una serie de textos más, desde que en 1980 este abogado decidiera irrumpir en el cotizado mundo de las editoriales.

El protagonista es un hombre de mediana edad, su residencia parece proceder del sur de Chile, ha caído en un estado de encierro en un lugar que podría ser una cárcel o un psiquiátrico, y desde allí debe esperar una eterna condena que parece nunca cumplirse. Al otro lado de la reja, el autor simula que alguien lo escucha y durante el transcurso de la novela se tratará más bien del lector que se encuentra al otro lado.

La sangre, su madre, las relaciones entre los estados depresivos del protagonista y la naturaleza van aterrizando a cada momento lo que a ratos parece ser un estado onírico. Un estilo libre y de un marcado narrador protagonista da paso a una serie de 42 capítulos que cuentan relatos que van desde recuerdos de su infancia a estados actuales de profunda melancolía, reproche y leve esperanza frente a objetos otorgados por la naturaleza. Animales, el mar, tortugas, gaviotas vienen a aterrizar al hombre encerrado a pequeños espacios al interior de esta prisión, que entre metáforas hace que el personaje se enfrente a la muerte o el deseo de ella reiteradas veces.

La imagen de la madre suele ser una constante para la explicación de su estado actual, de “feto arrojado al mundo”, como lo replica varias veces, y del cual cuelga un conflicto dramático que cruzará toda la novela respecto a las aseveraciones que analiza este decepcionado protagonista. Una defensa al suicidio instaura la duda de si éste será o no el final del hombre encerrado. Relatos de privación de un estado sexual más libertario durante la adolescencia, recriminaciones al espacio en el que está y en el que estuvo, para luego, al final de toda escena dejar la pregunta abierta si finalmente toda la novela se trata de una metáfora o no.

A ratos Mihovilovich cae en ciertas frases que sintonizan al lector hacia una intención de autoayuda, cuestionamientos de la vida, las relaciones, las forma de observar; pero antes de deslizarse al precipicio que podría esperar en el fondo con las manos de Paulo Coelho, el autor subvierte esa posibilidad con una basta ironía y cruda realidad, dónde sólo nos permite saber un poco más del recorrido que sus laberintos mentales generan.

Una novela que busca desafiar al lector no sólo a las sensaciones que desarrolla el protagonista frente a su calidad de encerrado y depresivo, y a veces rayano en la locura. Sino además de cuestionar a quién lee de tal forma de desesperarlo, lo que a ratos puede ser tan desagradable como no leer sólo.

Finalmente es rescatable que el autor, en medio de agotadores sesiones de información, logré reencantar al lector con imágenes o pequeños relatos que lindan en la exacerbación. Una novela que intenta enfrentarse desde una arista, un tanto melancólica, a la pregunta por el sentido.


 

 

 

 

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Condena de Palabras.
"Desencierro" de Juan Mihovilovich (Lom Ediciones, 2009, 233 páginas).
Por Patricia Matus de la Parra T.