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“Miss Poesías”
Autor: Mario Verdugo. Poesía. Ediciones Alquimia 2014; 87 páginas.

Por Juan Mihovilovich


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Cuando “se piensa en poesía” se dificulta o profundiza la comprensión de una realidad plana, exenta de emociones verdaderas o, más bien, carente de la aguda sensibilidad de quien la observa, asimila y exhala. La poesía de Mario Verdugo tiene el don especial de vislumbrar el mundo como si fuera un caleidoscopio de sensaciones que interactúan al unísono. Podría decirse que una apreciación de ese tipo resulta vaga o exagerada, o que en el peor de los casos, compromete esa misma visión y la restringe al aislamiento, a la incomprensión de un lector acostumbrado a digerir la literatura de un modo fácil o poco exigente, y que por ende, choca con esa necesidad vital de desentrañar el mundo (propio y ajeno) para no morir en el intento. Si y no, a la disyuntiva, si es que puede parecer tal. Esta poesía responde luego a parámetros inusuales y por ello obliga a involucrarse con las palabras y a “sentirlas” en un proceso dialectico, porque cada verso deja entrever posibilidades abiertas que, por lo mismo, responden a más de una interpretación, conforme a esa reclamación en espiral que mantiene el libro y que se lee en una permanente tensión anímica y espiritual.

Dividido en cinco textos “para poéticos” (en la idea didáctica, que quizás esgrime el autor tras bambalinas)el libro se adentra, inicialmente, a una suerte de revisión innovadora (“Absolutamente Moderno”) de su estar aquí y ahora partir de análogas visiones fílmicas que traen a la memoria destellos de escenas vívidas confrontadas a la realidad, (real o supuesta) una realidad que el poeta transmigra y aterriza, que extrae y sopesa con las imágenes dolidas de lo que se vive: …/y más tarde padecí la misma frustración/del asesino que no logra reencarnarse/ en el cuerpo de un niño de seis años…/ O bien,…/y pasé varias noches en vela/ pensando en mi hermano Pedro/ y en su rostro casi idéntico al mío…/ página 12. (A propósito de las películas Chucky el muñeco diabólico, y de Mortalmente parecidos).

Luego viene “OH”, el reflejo condicionado por el individuo que percibe lo indescriptible, que lo sacude dejando una especie de estela difusa por la que se filtran esas constataciones de lo inasible, de lo que sencillamente existe alejado del miedo consciente (tal vez): /El perro duerme porque nadie lo viene a buscar/ El árbol duerme porque nadie lo viene a buscar/. Página 29. O que, de una manera elíptica, produce la premonición gestual o la eternización del momento: /Ella me mira de reojo y sé que se va a detener. /Ella me mira de lejos y sé que se va a congelar. / Página 32.

Después, en “Aníbal Jara, el hombre más moderado del mundo”, asistimos a la consagración del personaje, supuestamente dislocado, que se eleva al máximo potencial de un poeta disímil y “se narran” los acontecimientos que constituyen su vida, el desarrollo de sus relaciones, el vínculo con los pares de su época y termina por auto-sustentarse junto a la fachada del mundo y de su propio yo, peripecias lúdicas y trágicas de por medio. Un punto alto del libro, sin duda, y que rescata la mejor prosa poética de Verdugo: …/19: Cuando divisaba a Mateo Martínez y a Marcial Cabrera, ambos desesperados por lo que solía llamarse el oro de la embriaguez, Aníbal permanecía en el Banco. / (pág. 51)

En “Mis poesías” se consagra la idea de rebelarse ante la frivolidad campante, al consumo de bienes mediáticos y a la corrosiva dependencia emotivo-mental que subyuga y que atrae como moscas en el pudridero, sumisión tácita de la que no escapan los pares, por supuesto, y frente a la que sus versos proponen un despercudirse con irónica perspicacia, ante sí mismo y a ese otro que lo envuelve y escucha a la vez: /De manera que este triunfo/ en los Juegos Florales 2010/ es tanto mío como suyo, Miss Poesías/ un triunfo que debiese hacer recapacitar/ a los que tienen el cerebro en las charchas/ y a la horda de patanes que confunden /sensibilidad con piñén/. (pág. 75).

Y por último, “Los regalos,” visto el texto desde la otra orilla, desde el lado de una multitud familiar que agrede y se refocila con destetar al sujeto hablante, en ponerle las peras a cuatro, mientras le obsequia frases para el bronce: /Tenemos el mueble negro donde escondías tus primeros libelos contra nosotros. / Te traemos un Samsung blanco y un Sony gris. / (pág. 79).

En suma, la presencia de una obra multifacética que juega a descubrirnos y a descubrirse en un juego de idas y venidas, pero que conserva entrelineas la oculta figura unitaria que se metamorfosea, que pareciera cambiar sus tonalidades y que, sin embargo, se muestra coherente, sólida, personalizada y colectiva al mismo tiempo, y que clama, a la manera en que suele clamar la poética de Verdugo en este universo premunido de totalitarismos entronizados, por “más poesía y más humanidad.”



 



 

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“Miss Poesías”, poemas de Mario Verdugo.
Ediciones Alquimia 2014; 87 páginas.
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