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Juan Pablo Sutherland
foto: Alejandro Olivares

 

Antología Kuir
Repensarlo todo: Escrituras sin miedo a la nación hegemónica.

Juan Pablo Sutherland
Universidad de Chile
juanpablo.sutherland@gmail.com
En Revista Nomadías. Julio 2015, Número 19




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El año 2002 se editó mi trabajo antológico A corazón abierto, geografía literaria de la homosexualidad en Chile, cuerpo de textos que propuso una lectura sobre el canon literario, las formas de recepción crítica y sus posibles re-significaciones en la literatura chilena. Dicho levantamiento estableció, por primera vez, un corpus homosexual literario que ajustó cuentas con categorías o zonas como nación, género, masculino-femenino, cuerpos sin normas, etc. Todo ello para visibilizar y cuestionar los regímenes de lectura y develar las operaciones de neutralización de las escrituras afincadas simbólicamente en resistencia al sistema sexo-género. Por otra parte, se establecieron nuevas visiones críticas respecto a lo pertinente de utilizar o poner en escena categorías como homosexualidad/heterosexualidad. Con ello se generó el primer debate que permitió abrir otras vías de aproximación a la identidad sexual y sus efectos político-simbólicos. Para ampliar esa discusión, Revista Nomadías en su número 5, había propuesto una compilación de literatura chilena bajo la categoría “queer” a cargo de Fernando Blanco y Carmen Berenguer.

La actual antología Kuir propone una lectura donde las hablas son un eje sustancial en su constitución desestabilizadora, oralidades que juegan desde discursividades no aptas para la moral estable y consensuada del poder. Textos que proponen desalojar el habla blanca y restituyen las marcas del cuerpo abyecto o de la nación en llamas por un amor bastardo. Abecedario mudo, tejido o hilado donde el gesto deconstructivo es siempre una forma insistente de escribir en los pliegues y no en la transparencia de un solo flujo o gesto identitario.

La definición inestable de queer, traducida o localizada en Kuir, inscribe una zona que deja abierta la problematización del término y sus batallas de significación. Los efectos políticos de dicho desplazamiento pueden tener ecos en las poéticas que presentamos en esta muestra, hablas en dirección inversa, hablas sin abecedario canónico, el habla constituida en el nomadismo trans, hablas del encierro y de la renuncia al mandato sexual masculino.

La Antología Kuir incluye poemarios, fragmentos de narraciones y, en algunos casos, textos inéditos debidamente consignados.

 

Antonio Silva

Los maricas
(Matria, Santiago, Editorial Cuarto Propio, 2007).

El andrógino es considerado superior a ambos sexos
porque encarna la totalidad y por lo tanto la perfección.

Mircea Eliada.

Cruzados en un parque
En el filamento de las sombras
Entre el destierro y farol
Hacen su entrada coja los maricas
Las bestias de ágata, torcidos e inmundos
trochando gestos
El decorado siempre bastardo en una ciudad felina,
Los maricas y sus citas
De párpado en párpado, su lenguaje binario
Como polillas siempre atentos a una nueva antorcha
que surja en el vergel nocturno

Uno es la otra es ella en mí y en el otro

Sus pequeños y violentos actos
Paridos en estertor de un circo pobre
En una luminaria se emborrachan los maricas
Y relatan siempre una misma historia
Despatriados los maricas levantan una bandera
Un pañolete izado
. . . . . . . . . . . En la fetidez de las muelas

De la mano van los invertidos
Al encuentro de matarifes, lumpenajes y soldados
Al encuentro de mi canto
Al encuentro de un plumaje abanical
Locos y tristes los maricas condenadamente alegres
Indeciblemente bellos, bellos.

 

 

Mi She
(Analfabeta, Editorial Cuarto Propio, 2000).

Jamás necesité cantata de sirenas
Jamás pedí asilo en las piernas de dios
Solo me contenté con obreros de alcohol valiente
Que cada noche de regresar al pueblo deshojaban mi
peluca
A veces me golpearon, es el precio de MI SHE
A veces me besaron; azul intenso penetró mi
Corazón
Apenas líe letras para la compleja vocalización del amor
Soy un cuerpo interrumpido por el desprecio
Aun así tengo neumas que marchitan el destino de
la voz
Espero para reír de los labios argentes
Una vocal atravesada en mi lengua
Un idioma domesticado para la castración
Tengo una vocal escondida para silbar el día de tu
muerte
Falsamente ruego
Me voy con mis guachos
Y no te llevo en el corazón
Hundo la cabeza en el tren
De las desiquilibrada

Yo la analfabeta, la precolombina del amor

 

 

Domestica
(Analfabeta, Editorial Cuarto Propio, 2000).

Hoy me afano en la cocina del horror
Ollas y trastos iridizan lengua violada
En el arete de la realidad
De cuajo el amor hirviente
Del orgasmo toda la sal toda
Condimentos presas arqueadas por el hielo de mi
canción
Fulgurante machete
toda a presión

 

 

Diego Ramírez

Brian, el nombre de mi país en llamas
(Santiago, Editorial moda y pueblo, 2008).

Cuando tu vuelves
SI ES QUE VUELVES,
No te vayas enseguida
YO QUIERO ACABARME CONTIGO
Y quiero dormir en tus brazos.

Gabriela Mistral.

Mistrala poema de Chile

Llegas, llegas a nosotros
desde una estrella ignorada,
preguntando nuestros nombres,
nuestro oficio, nuestras casas.
Estamos asustados
Hemos decidido no volver a encontrarnos
En estos lugares
Donde se escucha el ruido de la playa
Como se escucha el ruido de tu cuerpo
Hemos decidido nunca hablarnos
Cuando estemos de frente
A ese abismo terrible
Que dice primera vez
Y humedece
Roce y vida
Humedeceré
Y tenemos miedo
Por eso no le decimos a nadie
Hemos decidido no hablar del miedo
No hablar del mar
No hablar del cuerpo moviéndose involuntariamente
Sobre el mío
Hemos decidido nunca más abrirse
Tocarnos
Juntas palparse
Desterrada
Fibrosa
La pequeña punta
La pequeña lengua
La pequeña insignia
Que se mueve
Se agita
Se pierde
Hemos decidido nunca más llevarnos a las bocas
Nunca más las bocas
Nunca más las puntas
Nunca más las piernas
Nunca más
Eres y no eres; callamos

Se murieron tus amigos,
te dejaron tus hermanas
y te mueres sin morir
Hemos decidido encerrarnos para siempre
Para coleccionar nuestras cartas
Como escenario de imposibilidades
Para nuestros frotes salvajes
Para nuestro país en llamas
Para no intentar volver a morirte
Mi vida en mis brazos
Para no morirte de mí
Entera las piernas y el labio
Hermana perdida, Hermana.

 

 

Mi historia de amor en llamas

Hay tráfico de amor en llamas
En una población sin ventanas
Están naciendo cerca de 327 Brian igual a ti
En algún hospital público
Es hermoso, Brian
Es hermoso
Que tus hermanos
Que tus amigos
Que tanta gente
Copia feliz tu nombre
Como el edén majestuoso de tu consumo
Yo no eres mío Brian,
Nunca fuiste mío,
Hay 327 posibilidades que te vuelva a ver
En alguna noche friolenta
En el bosque del kerosén
El neumático
El neoprén
El aml amor
La baba y
La esquina
Hay 327 posibilidades que seas mi amante
Mi hijo
Mi padre
Mi vida entera
Hay 327 Brian bailando en alguna zona
De este pueblo domesticado por tu recuerdo.

 

 

03-10-07

Marchagay.-
La gente se muere de hambre y usted sale a marchar por las calles porque le gusta tocar a los chicos debajo del cielo. La gente se está consumiendo por el libre mercado y usted sale a marchar por la fies- 214 Revista NOMADÍAS Nº 19, 2015 ta fálica del abuso. La gente se muere de frío y usted marcha porque no sabe colocar el condón los muertos no aparecen en ninguna parte y usted prefiere marchar por el chico bronceado de bóxer que le desquita las ganas.

 

 

Eugenia Prado

Lóbulo
(Santiago, Cuarto Propio, 1998).

DOS / Conexiones circulares (fragmento)


UN HUEVO DE VIDRIO
Una vez adentro de la habitación, ella se acerca al cuarto de baño, corre la cortina y abre la llave.
Primero una mano bajo el agua tibia, entonces se queda mirando cómo el líquido transparente va apoderándose de los espacios blancos.
Luego de desnuda se sumerge, primero un pie, la temperatura transforma la sensación de mi cuerpo. La veo retroceder, mi costumbre. El agua cubre mi cuerpo hasta la altura de los pechos, que sobresalen enfrentándose desde la superficie a mi piel blanca. Mi carne se contrae, lentamente el vapor me atrapa. El vapor me atrapa en una atmósfera familiar, acaricia mi piel… Se acaricia, puedo verla acariciándose a medida que los músculos empiezan a relajarse. La espalda se estira y contrae hasta hacer el peso del cuerpo insignificante. Puedo verla vacía, incompleta, como intentando aferrarse al vapor, el vapor se funde en su carne.
Entregada se permite al calor del amante, amante del cuerpo enfermo, de la soledad, amante del cuerpo vacío, un refugio de caricias. Volviendo al vientre en el agua, se extravía en sus pensamientos, entonces nada asusta, nada distrae frente al propio cuerpo en la intimidad que permite el silencio. Cuerpo ajeno a veces, cuerpo que acepta descuidos y se somete. Cuerpo que no abandona. Un viaje atrás, una sensación más antigua. Desde el calor del agua, las caricias del líquido sobre la piel la descubren bajo la temperatura abierta, entera, con los ojos cerrados, muy cerrados. No hay ideas ahora, no hay imágenes, sólo la sensación cálida del agua rozando la piel y ese inmenso vacío. Vacío que se apodera de todo vacío, descansando en lo que es ajeno. Mi cuerpo se mueve, veo como mi cuerpo se mueve respondiendo a la mano que acaricia el vientre de la hembra, el agua completa todo defecto, el líquido traspasa más allá de la superficie de la piel. Ella se mueve, intenta nuevamente relajar los músculos. Las sensaciones caen nítidas, mi cuerpo sumergido cambia de forma, empieza a moverse casi independiente, ondulante en el agua se separa de mi mente. Lo veo apareciendo, apenas la cabeza y parte de los hombros emergen modificados, soy otra naciendo desde el agua, otros vapores los que empañan el vidrio del espejo. Las piernas adquieren un color rojizo intenso y las rodillas ahora también sobresalen a la superficie. El sudor resbala por la frente, el cuerpo se expande, se vuelve insostenible. Desplazando los codos, en un movimiento leve, levanto los brazos y mis dedos mojan su rostro. Recorro sus pechos mientras ella cierra los ojos.
Cierro los ojos y sueño con abiertos los brazos, en la boca el deseo tiembla a orillas del frío.
Vuelve él, a ella, buscando trastornar su boca, desvestir los pechos, abrazar la consistencia del vapor en su cuerpo.
Madre, éramos más que sueños, unidas las manos desnudábamos frío. Sudando la noche despierta otra, la mañana. La veo buscar, apretada en la boca, gimiendo la sábana blanca. Mordiéndome cae, baja las piernas lamiéndome entrañas, un abrazo, sólo agua. Así, durante algún tiempo dormida, el cuerpo vivo flota sobre la superficie, la cabeza dormida despierta la idea, con la carne ardiendo:
Atrévete al tacto, basta de reproches, el huevo, la madre... anidarse apenas en el vientre, la vida es corta, un vientre más que toda una vida, entré- gate a la gestación, al cambio de pieles. Sólo así podrás traspasar la historia.

 

 

Claudia Rodríguez

Poto
(Inédito)

¡Poto! Dicen que no sé escribir. No sé de ortografía. No todas las palabras tienen letras mudas. Pensaba que la ortografía se escribía con h, pero no, estaba completamente equivocada. La letra h es muda y tonta. Se me tupen los acentos y las comas, pero sobre todo confundo el significado de las palabras. Mi mamá me dice que soy tonto. Generalmente confundo el significado de todas las cosas. No sabía que no saber escribir era tan malo. Cuando mi mamá me pilla jugando con las cosas me pega y me dice que es malo, que hay cosas que son pecado. Es pecado jugar con la comida y quedar como una muñequita japonesa con los labios rojos de tanto comerse las guindas. Es pecado darle besos a la Chuminga. Parece que en el mundo de los grandes todo es pecado. Es pecado no querer jugar con mis hermanos y encaramarme a los arboles con mis amigas; ser tan divertida como la ésta, que se subió a lo más alto de la higuera y con la cara sucia dijo: “no- venir- ningún- yanqui”. Como si pudiéramos entrar y salir de las películas, meternos en la tele y ocupar el lugar de los actores sin correr el riesgo de chocar de frente con algún viejo enojón que me tire el pelo, o a pelarme las rodillas al pasar por los bordes de la tele, o de que me de la corriente y morirnos de la risa porque ahí nadie nos puede hablar del pecado. Jugar a ponerse seria para decir cosas divertidas es lo más chistoso que hay. Pero es pecado entender las cosas mal. Al revés. Jugar a estar en otro lugar y no quedarse pegada a la tierra, irse de la tierra, eso es pecado. No jugar a la pelota con mis hermanos para ir a comer moras, es más pecado todavía. Todavía, que dicen que se escribe con v corta, porque hay letras mudas, largas y cortas. Es más pecado que llenarse la guata de tanto comer y jugar a refregarse las moras por la cara, hasta quedar cholitas y reírnos hasta hacernos pipí. Hacerse pipí y tirarse peos es pecado. Pero cuando como repollo no me puedo aguantar los peos. Aprender a leer y escribir sirve para saber del pecado. El fin del mundo es pecado. Las personas malas van a ser las culpables del fin del mundo. Dicen que el fin del mundo es serio. Cuando juego con mis amigas pienso que voy y vengo del pecado, porque somos chicas y cabimos por todas partes. A mis amigas les da miedo el fin del mundo, pero yo me rio como una loca cuando me rio. A veces me ahogo de tanto pensar en serio y me enfermo de pulmonía por no saber escribir como la gente. Pero es la Chuminga, de contenta, la que me da besos cuando llego del colegio. A veces tengo tanta pena de noche que siento que el mundo se cae por mi pecado, y me da miedo ir al baño y me meo bien seguido. No entiendo por qué mi mamá me pega cuando me meo. Mi mamá dice que de tanto jugar con mis amigas ando por la vida con el poto cagao. A mi mamá le preocupa mucho mi poto por el tema del pecado y el fin del mundo. Como que mi poto fuera su poto. Ella, por mi culpa, tiene dos potos: uno limpio y otro cagao. La mayoría de las veces se me olvida que tengo poto. Con mis amigas jugamos a viajar por el mundo sin poto. No entiendo por qué mi mamá me pega cuando juego con ellas. Hay palabras que existen pero no se deben decir ni escribir. Decir poto es decir pecado. A veces miro harto rato a mi mamá por si hace algún pecado, pero me aburro y se me olvida. No entiendo por qué mi mamá me pega cuando no quiero ir al colegio. En el colegio no se puede jugar. Yo no puedo entender por qué jugar es tan pecado. Mi mamá no quiere que juegue más, me pega y me dice que soy tonto.

 

 

Elizabeth Neira

Hard core hotel
(Buenos Aires, Milena Caserola, 2008).

Las tres reencarnaciones de la mujer caballo

Un poco ebria
Luego de largos
baños de luna
Esta mujer caballo
sospecha
que podría esperar
hasta tres reencarnaciones
por ti
Hasta convertirse en la hierba que come

Luego de muertes sucesivas
Primero
le saldrán alas
Después un unicornio
Y todo será negro
De un negro luminoso
Como lencería de lujo
Las plumas
El pelaje
La Perla del ojo

La mujer caballo
Escogió escribir
Aunque era un oficio
Tan ajeno a su naturaleza
Más proclive
a correr
A exceso de velocidad
Y a copular
En campos abiertos

Sólo
Para seguirte
Por espacios
arrasados

La mujer
Mitad bestia
Anhela
que traces signos sobre su piel
Como en un viejo papiro

que escribas
con gotas de leche
seminal
sobre su pizarra negra
un tratado
de
estética
de las estrellas

Ella vio en la luna
Un vaticinio
Que cuando
reencarne en yerba
Tú harás
En sol

 

 

Atena Rodo

Inéditos.

ANSIA

Vengo siguiendo la lumbre
Que antecede al terciopelo de tu garganta
Que me circunda y me arroba
Vengo siguiendo la estampa
De tu sonrisa
De tu cadencia
De tu inquieta e inigualable premura
Al alzar en vilo mis adentros
Y contorsionarte en el aire
Cual trapecio indomable
Vengo de tus redes
Vengo de ese viaje
A esa tierra
Que temblorosamente se abre
Soy a ti
Con cada pasión delirante de esta tarde
Especulando entre los labios
Este no- deseo
De lacerar esta mi no-carne
Que no está presente en tu carne
Que no está inscrita en la corporalidad del espacio
Deseo plausible en este ropaje
Este pedazo de carne informe que me circunda
Lejanía, jadeo reprimido entre la cárcel de los signos
Las bocas y lenguas que juegan balbuceantes
No decir, decirse desdibujadas
Mientras imagino tus/mis manos
Dedos que se pliegan entre mi carne carente
Lascivia y delirio convulsivo
Me apropio de tus gemidos profusos
Desde el vidrio contiguo viajero
Donde te veo/imagino en mi vientre
La no- carne que mengua entre líneas
Entre este viaje donde te ausentas a ratos
Y los dedos voluptuosos
De esta pieza orgásmica
Que no deja de latir, latir…y latir.

 

 

Francisco García Mendoza

Espacios comunes
(Inédito)

A dónde vamos yendo los huidos
si el largo nombre recorre la boca
o cae y se retarda sobre el pecho
como el hálito de ella, y sus facciones
que vuelan disueltas acaso buscándome.
Electra en la niebla”, Gabriela Mistral

Las huellas dactilares de mi niña están grabadas en mis brazos. Arden. Queman. No las siento, ahora no las siento. Vuelven en un instante y luego desaparecen. Se van y regresan. Nunca sé cuándo. A veces llegan repentinas y no avisan. No hay señal que me prevenga. Dígame, ¿por qué borrar de mi piel sus manos ensangrentadas?
Me examinan los brazos, me recorren el cuerpo con esa luz violeta. Revisan detrás de las orejas, bajo los párpados, se inmiscuyen entre las uñas y cuando creen que ya no queda espacio por revisar, comienzan con el interrogatorio. Dígame, ¿por qué borrar de mi piel sus manos ensangrentadas? Sus vicios, yo le dije, se lo advertí una y otra vez, la iban a llevar un día a esto. El foco de luz atravesando, hiriéndome el rostro ¿es necesario grabar esta conversación?
A veces quedan despojos de piel bajo las uñas. A veces quedan rastros de sangre entre los surcos de la piel.
Arden sus huellas nuevamente. Las marcas son culebras que se arrastran. Flujos tibios, íntimos, caen al suelo desde mi cuerpo, gota a gota y ahí yaces tú. Mi niña, aunque me duela decirlo, aunque me cueste reconocerlo, ¿crees que no sabía que te dejabas manosear por tus profesores para llegar con buenas notas a casa? No hallaba dónde esconderme al recibir tus calificaciones cada reunión. Las mismas manos que te humedecían, me entregaban cada mes un nuevo documento. Porque tú nunca fuiste capaz, nunca tuviste cabeza para las matemáticas. Las ecuaciones te parecían idioma extranjero, resolverlas era luchar contra la desesperación y nunca fuiste tan paciente.
Pero sabías manejar muy bien esa artimaña tuya. Nunca supiste disimular esa sonrisita coqueta. Yo te dije, te dije que tus vicios te iban a llevar un día a esto.
Te gustaba ponerte la ropa de los grandes. A veces, sacabas mis vestidos y tus pies se enredaban en la tela marcando el ritmo de tu torpe caminar. Tomabas mis labiales y ensayabas a dibujarte una boca más gruesa que recorría asimétrica tu rostro de niña buena.
Puedo ser aprensiva, pero no loca. Ella fue la mentirosa. Yo estaba dispuesta a perdonarla, a olvidar todo y a seguir como si nada. Pero no, ahora que presiono con fuerza mis dedos, los hundo, aprieto y ni siquiera una mueca por respuesta, un gesto de decencia antes de borrarse.
Aceptaste convertirte en mi enemiga con tu indiferencia y, cuando decidiste que no me hablarías más, el espacio entre nosotras empezó a reducirse. Me costaba cada vez más compartir espacios comunes y el aire, ese pesado aire que aparecía cuando te paseabas en frente.
Quema otra vez. Los fluidos de mi niña también son los míos. Dí- game, ¿es necesario todo esto? No soy loca, se lo vuelvo a repetir. A mi niña le gustaba mordisquearse los labios y exhibir sus heridas. La sangre aún caliente que los profesores devoraban con sus bocas ansiosas de succionar.
Intentaste comprar mi indiferencia con perfumes, vestidos largos, y hasta un traje de baño me regalaste y yo ni siquiera me lo probé. Una ya no está para esas cosas, ¿sabe? Me miraba en el espejo con la prenda en la mano, mientras el resto de sus obsequios se acumulaban distantes en el fondo del closet. Dígame, ¿de dónde va a sacar plata una niñita de quince años?
Las huellas de mi niña buscando por mis brazos. Caminan despacio, recorren mi cuerpo, se pierden. Son las mismas cicatrices las que veo. Mentirosa. ¿Acaso no sabes que yo también me puedo conseguir un certificado por doscientas lucas? Ya lo hice una vez, no me vengas con cuentos. A ti esa plata no te costaba nada conseguirla. Porque cada semana llegabas con cosas nuevas, no me digas que no, si tú lo sabes. Te comprabas esas medias negras con diseños cuadriculados y mira que negras, con el calor que hace por estos lados. Sabes que tus mentiras y la sangre. Mentirosa. La sangre negra. Mentirosa. La sangre espesa y luego seca.
No, yo no. Yo jamás.
Porque su cuerpo fue también parte del mío.
Sus dedos me recorren, fríos, la espalda y se detienen.
No. Yo hice bien. Por eso los llamé, para que la investiguen. Ella era parte de toda una red. Ella sabía cuándo y por qué moverle el culo a los más viejos. Y una tiene sus principios, ¿sabe? Soy una loca, una loca madre que cela a sus hijos. Porque si no lo hago yo ¿quién más? Así están las cosas. Ella fue la culpable, ella se lo buscó. Yo solo intenté sacarla del mal camino pero nunca. Casi. Así están las cosas. La luz violeta sigue recorriéndome. Busca. No encuentra. Vuelve a iniciar su camino y el foco que me hiere el rostro, me penetra, se inmiscuye en mis espacios.
No me sigan preguntando. Bien saben ustedes que cada una es responsable de sus propios actos. Ella se lo buscó. Tarde o temprano iba a terminar así.
No. Yo nunca. Yo jamás. Yo no.
Ahora me traen papeles para que los firme. Me hacen interpretar imágenes, manchas oscuras con distintas formas. Una vez me dijeron que jamás debía decir que una de esas figuras se parecía a un vampiro. Por más que van pasando, todavía no veo a ninguno. No estoy loca, solo hice lo que tenía que hacer. Así como una madre da la vida, también tiene el mismo derecho a quitarla, ¿no? No me vengan con esas tonterías de la ley. Hay algo más allá no escrito por los hombres. No lo escriben porque no saben cómo enfrentarlo. Pero yo sí. Ella siempre ocupó mis espacios y compartimos los mismos pulsos. Su sangre nació a partir de la mía. Sus huesos cuando apenas eran. Sus nervios. Piel. ¿Cuánto tiempo pretenden tenerme aquí encerrada? Mañana tengo que volver al trabajo. Si no llego a las ocho mi jefe se va a enojar, capaz que me despida. Una vez leí que no se podía faltar dos lunes seguidos. Yo me puedo encargar del asunto de los papeles, tenemos un nicho familiar que todavía estoy pagando. Tengo unos ahorros guardados para este tipo de imprevistos. Una tiene que estar siempre preparada, ¿sabe? Siempre hay que ir guardando, aunque sea un poco. Carne. Además tengo que lavar todas estas ropas manchadas, aunque no creo que se sequen. Pero, por último, para dejarlas remojando. Sangre. ¡Cómo que no me van a dejar ir! Quién va a pagar las cuentas, se supone que vencen el martes. Huesos. El despertador va sonar hasta que se agote la pila y la tele se prende a las seis de la mañana. Nervios. Hay que darle comida al Bobi, también hay que cambiarle el agua, y si no cierro afuera hoy en la noche capaz que se metan a robar, no ve que quedaron las cortinas abiertas.
Y las plantas. Las plantas hay que regarlas todas las tardes a las siete y si no me dejan ir ahora, se van a morir mis pobres plantas.




 



 

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