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"Las Fiestas Patrias del Elefante" de Lila Calderón: Un relato migratorio

Por Leonidas Rubio



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"Lily y el Conejo Dorado" (2016);"La Constelación de la Serpiente" (2017); "La Ciudad de los Temblores" (2018); "Animalia, La Gran Fuga y otros cuentos" (2018): tales son los títulos de la poeta, narradora y artista visual Lila Calderón (La Serena, 1956) dirigidos a lectores precoces o, como se dice metódicamente, de literatura infanto-juvenil. Nosotros preferiríamos recordar que se trata de literatura a secas pero con la singularidad de que también suele y puede ser leída por niños. En cuanto tal, está auxiliada por imágenes gráficas y verbales que incorporan el acervo imaginario del lector de menor edad sin dejar de ser extensiva a esa arista de infancia latente que persiste en la imaginación y en la emoción de un lector de cualquier edad. Es el lenguaje universal de la fábula, la alegoría y la leyenda. O como decía Floridor Pérez en la bajada de título de su "Cielografía de Chile", es "poesía para niños también". O parafraseando a Saint Exupery en la dedicatoria de su inolvidable clásico: es un relato para los lectores "cuando eran niños".

A los títulos ya mencionados se agrega en este octubre de 2019 "Las fiestas patrias del elefante" publicado, al igual que los anteriores, por Ediciones del Gato. Sobre este libro intentaremos hacer algunas aproximaciones analíticas evitando al máximo incurrir en indiscretos spoiler que pudieran reducir nuestra lectura a un mero argumento. Sin embargo, incidentalmente, aludiremos a la trama para poder interpretar los rasgos distintivos de este título.

No es inoficioso recordar que estamos en el ámbito de la fábula. Es decir, del relato que cuenta con personajes que son animales humanizados. Adicionalmente se desprende de este relato una lección de vida no reducible a moraleja sino más bien a un proyecto de parábolas graduales que se va complejizando conforme avanza. Los personajes zoomórficos coexisten en una sociedad antropomórfica donde a los humanos les toca escasa significación, reservándose para los animales el simbolismo central de la lucha por la adaptación y la sobrevivencia. En este punto el libro de Lila Calderón se ciñe al tópico de la experiencia ejemplar propia del género fabulesco -o fabuloso- pero se desdobla en propósitos cercanos a la novela psicológica y a la sátira social. Esa variable en acción va poniendo a los personajes, especialmente a L-Fante, el protagonista, en una situación progresiva de descubrimiento de su identidad y cambio de conciencia que involucra el conjunto de intra-relatos en un todo articulado.

Pero ¿quién es este protagónico L-Fante? Se trata de un paquidermo acróbata de circo que es despedido de su trabajo y reemplazado por Lord Enzo, un elefante más joven, de poco talento pero favorecido por lazos familiares con el dueño del circo. Dejemos esa línea argumental como guiño suficiente para señalar que desde sus primeras páginas este libro se nos presenta como una parodia de la sociedad contemporánea bajo una forma lúdica y alegórica de crítica social. De este modo el libro de Lila Calderón se pone en una estirpe de fábula socio-política que tiene su principal antecedente en "La Granja" (1945) de George Orwell. Sin embargo nuestra novela se vale de un ritmo que va simulando una improvisación mucho más dinámica que en el estructurado clásico inglés. Esta estrategia narrativa de Calderón se nutre, por ejemplo, del habla coloquial llevada al extremo con el uso de giros modernos, anglicismos y localismos que dan al relato una sensación de velocidad y multiplicidad muy cercana a las redes sociales. Otro resorte estratégico de este relato está dado por el uso de una narradora omnisciente que se hace explícita, es decir, que se enuncia como tal en forma autorreferencial: "Y como yo soy una narradora omnisciente y tengo plena potestad en este mundo, puedo mencionarles que". Con estos guiños hace posible un estado de representación del relato que se vuelve un meta-relato y por tanto da al lector la evidencia de ser parte de una ficción en tiempo real. Este recurso aparece de manera punzante en 4 oportunidades bien distribuidas, poniendo de manifiesto el contraste entre realidad y fantasía. A la vez recrudece los roles que expresa el libro como producto y soporte del texto: la función lector-autor-narrador-personaje parece enfriarse súbitamente por este cable a tierra. Este recurso del cual Unamuno fue pionero en "Niebla" (1914) alcanza un sentido inverso en el libro que comentamos, puesto que en el clásico español teníamos a un narrador desmintiendo la existencia real del personaje, en tanto el narrador de Lila Calderón se desmarca de su rol traspasando su veracidad y autonomía al personaje ficticio.  Se trata de recordar que el asunto es mucho más dramático de lo que parece porque, como dice auxiliada por Buster Keaton: "en la vida real no existen los extras", tenemos que subir nuestros trapecios y lanzarnos con o sin red, sin excusas.

Otra estrategia del lenguaje de este relato fabulesco es la paronimia o símil fonético de algunas alocuciones nutridas de la contingencia actual. Así por ejemplo se habla del Banco Usur, el canal Metflix, la línea de taxis Uler, las lámparas Piffany, en tanto otros elementos de la realidad virtual son aludidos directamente.

Estamos frente a un libro que debe leerse en alerta, porque todo puede ser parodia o sarcasmo tanto de la sociedad de consumo que expone como del acto mismo de denunciar. En este afán circular aparecen "las fiestas patrias" expresando los ritos de socialización de L-Fante que empieza a vivir un estado de shock después de su despido y tiene su primer apronte de la interacción fuera del circo a partir de una ramada o "fonda dieciochera": "Están todos locos, ¿cómo es posible que tomen vino en cacho y que haya que bailar con esas espuelas metálicas?". En efecto, tal parece que el protagonista ha vivido antes en una burbuja y sale bruscamente expulsado de ella para aterrizar de lleno en la realidad: "Y yo que pensaba que las Fiestas Patrias era una actividad circense que nos daba trabajo un mes completo, algo alegre como la fiesta de la primavera y nada más".

"Las fiestas patrias del elefante" despliega su argumento en torno a una red de tópicos que es interesante distinguir:

1.- Tópico del viaje iniciático: Luego de su despido, cuando es empujado a un estado de indefensión, L-Fante comienza una especie de aventura iniciática. El indicio del viaje está dado en su periplo por la ciudad que hasta entonces le era desconocida. Luego el viaje se torna en un hecho práctico con sus vacaciones terapéuticas en el Caribe. Allí conocerá a Eli Fantina que será la inspiración de su siguiente prueba: el amor. Hacia el final se deja consignado un nuevo viaje del protagonista que agrega una dimensión metafísica al viaje épico que ya ha vivido, confirmando así su condición perpetua de migrante. Esta movilidad se sostiene así en dos planos: la idea del viaje externo como paralelo de un viaje interior de búsqueda que podría tender hacia la verdad o al menos hacia una percepción de la realidad más armónica entre la dimensión interior y exterior del personaje. Con este leit motiv el libro de Lila Calderón revierte el tópico de la inmovilidad simbólica de la que nos habla el cuento "El elefante encadenado" de Jorge Bucay (Argentina, 1949) partiendo implícitamente desde la misma premisa: la estaca que mantiene al elefante en cautiverio está instalada en su mente antes que en la tierra. En ese proceso, nuestro protagonista se va quitando uno a uno los engramas de la domesticación y llega a la autonomía a través del nomadismo tanto concreto (el viaje) como simbólico, poniéndose en tensión la idea de sí mismo con la intuición de ser en un sentido integral que hasta ahora le ha sido vedado: "…y el narrador que no lo dejaba en paz y se perdía a sí mismo pensando en su omnisciencia, que le hacía creer que debía pensar como elefante y como personaje de un autor que le decía qué era serlo, e identificarse con un elefante con estacas y todo."

2.- Tópico del amor iniciático: Cuando aparece Eli Fantina en una playa nuestro protagonista queda deslumbrado. Ella aparece como la imagen viva de la belleza y la juventud que a él se le escapa. El amor como tarea dificultosa se expresa primero en la torpeza e inexperiencia de L-Fante y luego en el desafío de la relación intergeneracional que debe romper el tabú, ya que él le dobla en edad a ella. En su proceso por adaptarse al amor casi milagroso que se le ofrece, el protagonista depura su imagen de sí mismo y le da otro significado a la etapa crepuscular de su vida. Con este ejercicio de entendimiento del amor empieza a percibir la sincronización entre el mundo exterior y las emociones: "La emoción de la lectura le produjo una taquicardia desmesurada que hizo balancear el tren hasta provocar la quebrazón de vidrios. 'Esto debe ser el amor', se dijo, poniéndose la mano en el pecho…".

Hasta aquí tenemos al sujeto elefante que es imagen de inocencia, sacrificio y sabiduría, el elefante totémico, Ganesha, el dios de 6 brazos, el elefante que es imagen de poder, el elefante talismán y el personaje que es móvil de un salto evolutivo. Continuemos observando las coordenadas de ese movimiento:

3.- Tópico del accidente iniciático: un desmayo por estrés con aterrizaje forzoso en una lámpara, la pérdida de un dedo con una espuela al tratar de bailar cueca y el alcance de un rodado de piedras en uno de sus viajes son formas que tomará su periplo de descubrimiento de una nueva identidad. Siendo así, es el golpe traumático, la herida y la cicatriz el modo en que se va registrando el derrumbe de su percepción antigua convirtiendo el accidente trágico en una forma aleccionadora de interpretación de las señales asignándole un sentido a la experiencia que antes sólo percibía como peso de un destino. Paralelamente a ese proceso, descubrirá que la vida en tanto más intensa es más peligrosa.

Al comentar el tópico del viaje decíamos que L-Fante pasa a una etapa de reinvención de su vida a partir de la condición migratoria. En este punto cabe detenerse en 3 situaciones complementarias:

a) La migración como constancia de una búsqueda identitaria: en efecto, nuestro protagonista llega a la conclusión de que es una especie de origen africano, haciendo un paralelo diferenciador con los elefantes de origen asiático que casi no tiene colmillos y son más pequeños, según explica. Tras esta identificación de un origen aparecen dos estados de ánimo que antes no tenía: (a.1) el orgullo, pues pasa a sentirse distinguido por su origen, y (a.2) la rebeldía, pues toma conciencia de una dignidad herida por la persecución de la que es objeto el elefante africano en el cruento mercado negro del marfil. Se pone así en sincronía solidaria con una historia de depredación y pasa a comprender que su circunstancia de vida anterior a la salida del circo era parte de una conjura contra su especie inspirada por un modelo de sociedad reducidora de su naturaleza. No es inoficioso recordar en este punto que la autora, en su dilatada trayectoria como poeta y artista plástica, ha instalado también estas imágenes zoomórficas como repertorio simbólico de una condición psíquica tanto individual como de inconsciente colectivo. Para dejar constancia de ello baste retomar su libro de poemas "Animal cautivo" (2009) y su instalación plástica "Paso de cebras" (2005).

Junto a lo anterior cabe consignar el símil con la migración italiana expresada a través de un libro que L-Fante le regala a Eli con una elocuente presentación: "Es la historia de Antonino, un inmigrante italiano que llega a Chile en 1878. ¡Un inmigrante como nosotros, que se aventura tras el sueño que podría cambiar su destino y el de su familia!". Con este inserto se está trazando un lazo comunicante hacia el libro "Capello" (2018) de Lilian Flores, donde el protagonista es precisamente un inmigrante italiano llamado Antonino. Ese recurso le permite incorporar un giro en el desarrollo de la trama central para superponer un nuevo intertexto que es la propia historia familiar de la autora. Esto uno puede deducirlo a partir del libro "Palimsesto" (2006) de Alfonso Calderón Squadritto, padre de la autora de "Las fiestas patrias del elefante". En efecto, en "Palimsesto", el Premio Nacional de Literatura 1988 reconstruye su ascendiente italiano y emprende el arquetípico viaje de los orígenes que ya comentábamos, el cual se expresa en el subtítulo de su libro: "Retorno a Sicilia". Y no es éste el único guiño autobiográfico o autorreferencial de Lila Calderón en el libro que comentamos sino que también se incluye una referencia familiar, concretamente a su hermana, la poeta Teresa Calderón, a través de la cita al poemario "Elefante" (2008) que también le regala el protagonista a su enamorada: "Leyeron algunos textos y comentaron con emoción ciertos fragmentos que impresionaron a la señora Jovita, en especial aquellos que hacían referencia a que las elefantas más viejas son las matriarcas que dirigen la manada y normalmente ellas no son madres."

b) Migración de los géneros: "Las Fiestas Patrias del Elefante" es un libro que deja registro de su movilidad en varias formas. No sólo el tópico del viaje y la identidad migratoria que ya hemos enunciado sino también a través de la técnica narrativa empleada, transmigrando el género del texto en fábula, sátira social, relato infanto-juvenil, novela psicológica y autobiografía simbólica.

c) Migración de los roles sociales y circularidad del relato: nuestro protagonista pasa de ser acróbata de circo a ser administrativo contable en un bufete, para luego ser viajero y convertirse en un sujeto espiritual, autoconsciente y con sensibilidad política respecto de su especie. Esta conquista de la lucidez en oposición al adormecimiento -o encadenamiento con estacas- se hace a través del nomadismo que lo lleva a cerrar el círculo hacia el final del relato cuando retoma su función de acróbata de circo en un proyecto emprendido por su antiguo antagonista, Lord Enzo. La reconciliación con este personaje y la circularidad de su periplo convierten el desplazamiento migratorio en una condición totalizante que a la vez posibilita un final abierto: "Pero eso deberá resolverlo el narrador más adelante, porque en esta vida siempre hay que dejar cabos sueltos, y eso le diré a mi editora y a mi narradora omnisciente, que me encontrarán la razón."

No es posible concluir esta presentación sin mencionar la relevancia que tiene en el relato de Lila Calderón el aspecto gestual del personaje. Esta gestualidad está presentada a través de la relación crítica con el lenguaje, cuya tensión entre expresividad y mudez cruza todo el argumento. La mudez como respuesta a la perplejidad, la opción de la mudez voluntaria a través de las representaciones de teatro no verbal inspirado en el cine mudo, el gesto de barritar en lugar de hablar frente a situaciones demandantes de sentidos que se le escapan, son parte de ese registro. Así también está el hablar atropellado de los momentos de lucidez del personaje, resultado de una representación imaginaria también vertiginosa dentro de su proceso de reconstrucción individual después del derrumbe.

Las hebras narrativas de "Las fiestas patrias del elefante" pueden ser éstas u otras en la sensibilidad del lector. Esencialmente, demos la bienvenida a las posibilidades infinitas en el recorrido de este elefante que ya se mueve de manera resuelta para encontrar su espacio.



 

 

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