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Leseras. Catulo. Traducción de Leonardo Sanhueza
Poesía. Ediciones Tácitas, Santiago, 2010, 120 páginas

Catulo habla hoy

Por Pedro Gandolfo
Revista de Libros de El Mercurio. 18 de julio de 2010

Leonardo Sanhueza (Temuco, 1974) ofrece al lector chileno una espléndida versión al castellano de una parte importante de la obra del poeta latino Cayo Valerio Catulo (84 a 34 a.C., aproximadamente). En concreto, Sanhueza (que también es un buen poeta) se concentra en los poemas que usualmente se reúnen en los libros I y III, ya que en ellos se refleja, según indica el traductor, "el oficio del veronés como renovador formal de la poesía latina y exponente de un subjetivismo semejante al que conocemos hoy".

Su cuidadoso trabajo de traducción configura, desde luego, la principal recepción del poeta latino en Chile. Un lector nacional dispone de múltiples traducciones al español de Catulo; pero realizadas en nuestro país, sólo se conocen poemas aislados. Lo anterior introduce una barrera grave respecto de la poesía de Catulo, ya que éste, sobre todo en los poemas del libro I y III, emplea un lenguaje y una temática que exigen proximidad y concreción. Como subrayó con acierto Armando Uribe en alguna oportunidad, es indispensable escuchar la poesía en "castellano de Chile"; esta afirmación es muy pertinente para Catulo y la versión que de él hace Leonardo Sanhueza. Con contención y gracia, el traductor depura los versos de expresiones y giros más bien peninsulares (o de otras áreas de uso del español) y añade dosificadamente algunas propias a nuestra habla. Por ejemplo, partiendo por el poema primero del libro I -la dedicatoria del libro al historiador Cornelio Nepote-, las "nugae", que Sanhueza traduce por la correcta palabra "leseras" se puede confrontar con las de "fruslerías" (Juan Petit), "tonterías" (Rodríguez Tobal), "sonseras" (Cardenal), entre otras. Hay que insistir, con todo, que el lenguaje que emplea el traductor se caracteriza por su simpleza y limpidez y, en buena hora, su aproximación a la coloquialidad chilena es sabiamente cautelosa. Quizás la versión, en lo formal, más atrevida corresponda al poema XIII, que, además de la traducción, incluye dos logrados ejercicios denominados "La Zamacueca de Fabulo" (pp. 24 a 26).

La poesía de Catulo abarca amplios registros que excluyen un intento de encasillamiento plano y absoluto. El carácter epigramático y coloquial de los versos de esta colección no implica ignorar su veta refinada y culterana. Por ejemplo, en el libro II (que, como se dijo, no aparece en esta traducción), Catulo desarrolla, a través de poemas extensos, una poesía con referencias mitológicas en extremo eruditas y de alta complejidad métrica; ellos le valieron el título de poeta "doctus". En los libros I y III, traducidos bajo el título de Leseras , prevalece, en cambio, un lenguaje más directo, simple y en un tono apasionado que revela una subjetividad lasciva, obscena y satírica, la mayoría de las veces; aunque, otras veces, aflora otra melancólica, amarga, alegre e, incluso, tierna. Sanhueza sintoniza con esos distintos registros.

Leseras es un libro que estremece todavía hoy por la sinceridad implacable de sus versos que escogen a la amada (Lesbia), a los rivales en amores, a los poetas amigos y enemigos, a políticos y magistrados como objetos de imprecaciones o plegarias, insultos o halagos, admiraciones y despechos. Catulo es un poeta de extremos, contradictorio y lacerado. El uso abundante de la segunda persona del singular, ese "tú" punzante, que incluye en ocasiones al propio Catulo, crea un clima e intención de particular cercanía que ha sido imitado con frecuencia en los siglos posteriores. El uso de un lenguaje obsceno es uno de los desafíos mayores que afrontan los traductores: Catulo ha sido uno de los poetas más censurados de la historia. Juan Petit (otro traductor), sin disimulo, señala al respecto: "en bastantes ocasiones nos hemos visto obligados a atenuar considerablemente la crudeza del vocabulario de Catulo, que rebasa con mucho toda la tradición escrita de la lengua española". La versión de Sanhueza, por cierto, no incurre en eufemismos y ello se añade, sin duda, a sus aciertos.

Sin embargo, quizás lo que sea preciso celebrar con mayor énfasis de esta traducción no consista tanto en la apropiación de la poesía de Catulo al castellano de Chile ni el conveniente ahorro de su crudeza erótica y fuerza en la invectiva, sino en el valor poético de las versiones pergeñadas por Sanhueza. El ritmo, la sonoridad, la variedad de recursos formales empleados sin ostentación confieren a estos poemas un valor en sí mismos que se suma a su fidelidad a Catulo. La hermosa elegía a su hermano (CI) es un ejemplo que ahorra comentarios: "Crucé muchos pueblos y muchos mares/y al fin he llegado a tu funeral/para darte, hermano, mi ofrenda póstuma/y hablarte en vano a tu ceniza muda./ La fortuna de mí te ha desgarrado/ hermano mío: por qué tan injusta./

Acepta ahora esta ofrenda que traje/ según la costumbre de nuestros padres/ mientras corren mis lágrimas por ella./ Adiós, por siempre, mi hermano, y hasta nunca".

 

 

 

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Leseras. Catulo. Traducción de Leonardo Sanhueza
Poesía. Ediciones Tácitas, Santiago, 2010, 120 páginas.
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