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Willivaldo Delgadillo
Foto Mónica Mateos

 

Garabato de Willivaldo Delgadillo, México: Samsara, 2014

Por Martín Camps


 



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La novela de Willivaldo Delgadillo (Los Angeles, 1960), retrata con ironía la explotación de la violencia en Ciudad Juárez para avanzar proyectos narrativos de autores que no conocen de fondo la ciudad. Delgadillo realiza esta crítica con dos personajes, Basilio Muñoz quien es invitado a un congreso en Alemania para hablar sobre la literatura de la frontera, como un narrador de relevo, porque el escritor principal, Billy Garabato, no puede acudir al Congreso. La novela ejerce la parodia incluyendo metaficcionalmente tres novelas dentro de la novela que remedan la narrativa de la narcoviolencia, con sus ingredientes típicos de violencia y parafernalia del narco que han lanzado carreras y solidificado líneas editoriales que redundan con lo que sucede todos los días en los periódicos del país. Tal vez podemos hablar no de una "novela negra" sino de una "novela amarillista" que se exhibe y parodia en Garabato con algunos relatos "norteños" donde el norte mexicano es sinónimo de violencia. Ciudad Juárez es la ciudad que se menciona en Garabato, una ciudad que él autor conoce y en la que ha vivido muchos años como activista cultural y que ha retratado de manera simbólica en novelas como: La virgen del barrio árabe (1997) y La muerte de la tatuadora (2013). La primera novela, escrita mucho antes de que la ciudad se hundiera en el fango de la violencia y el narco.

Billy Garabato, es autor de una trilogía juarense: De alba roja, Moteles del corazón y Sicario en El jardín del pulpo. Basilio Muñoz “no ocultaba su irritación por la manera en que algunos escritores se apropiaban de atmósferas que no entendían, sólo para meterlas con camisa de fuerza a la ficción y ganar notoriedad” (17). En la novela de Delgadillo no se "simula" el lenguaje fronterizo para aparentar "norteñez", no es un uso impostado que se endosa a los personajes de otras ficciones que parecen hablar con cinturón piteado y sombrero norteño para dar el ancho en la visión del estereotipo. La novela, además, tiene como contexto el mundo de la academia, que también se beneficia de que los autores del norte tengan su espacio, es decir, que las carreras de los profesores también dependen de la clasificación, de la creación de movimientos y de “modas” que pueden avanzar sus respectivas carreras, por ejemplo, Maya Taylor, la profesora con quien el personaje va a entrevistarse. La novela contrapuntea las novelas de Billy Garabato con la historia de Basilio Muñoz. Recapitulando, las historias de las novelas se pueden resumir de la siguiente forma.

La primera novela, Alba Roja tiene como protagonista a Pep, un fotógrafo de nota roja que toma fotografías de los muertos y trabaja para El Diario de la Frontera. El fotógrafo utiliza un radio de frecuencia empleado por la policía, para llegar al lugar de los hechos, casi tan pronto como la fuerza del orden. Pep es “levantado” después de que tomó unas fotografías de un cadáver en las dunas de Samalayuca y de que en su casa aparecen misteriosamente diez mil dólares. Moteles del Corazón, la segunda novela, relata la historia de Rodolfo Bencomo y Renata Sandoval que visitan moteles de paso pero sin hacer el amor, en un juego de escarceo mientras inspeccionan las habitaciones y escuchan los ruidos de los otros amantes en los cuartos. El relato termina con el asesinato de El Gordo, por asuntos turbios con el narco. La tercera obra, Sicario en el jardín del pulpo, es tal vez la más violenta de las historias, con Goyo, como personaje principal. Dice el narrador: “En la ciudad seguía el diablo suelto: durante esos días mataron a payasitos, cigarreros, cipoles, strippers y empresarios” (173). Los asesinatos se extendieron hasta en los campos deportivos. El miedo se instala en la ciudad y empieza a redituar como estrategia, el miedo como negocio: “capaz de que el miedo ya está dando más dinero que las drogas” (194). Esta novela recoge, asimismo, las protestas en contra del ex presidente Felipe Calderón quien históricamente inició la “guerra contra el narcotráfico”, los manifestantes gritan consignas como: “Juárez no es cuartel, fuera ejército de él” (198). De esta forma, se muestran los últimos años de Juárez durante la violencia, cuando el servicio forense no se daba abasto.

La profesora Maya Taylor, tiene una teoría sobre la escritura de la frontera, a la que define no como poseedora menos de una poética que de una “etiílica”, por eso le pregunta a Basilio Muñoz: “¿Por qué los poetas de Juárez se la pasan escribiendo acerca de cantinas y prostitutas?” (105). La novela retorna al encuentro de escritores en Alemania, se mencionan dos grupos culturales enemigos: los finolis y los toscos. Los del norte son los toscos, los rudos, por así decirlo, tal vez por aquello del carácter agreste; y los finolis, o finos pertenecen a los del centro de México. La novela termina con el encuentro en Alemania, donde Basilio se encuentra fortuitamente con José Emilio Pacheco. Basilio empieza a imaginar qué pasaría si la violencia de Juárez se transportara a Berlín, por ejemplo “un cuerpo rotundo y decapitado giraba prendido de una cuerda en la Puerta de Brandenburgo” (246). Basilio recuerda a su hijo que tuvo que ver por la ventana de su casa un cañón de los militares apuntando a su casa, porque los militares estaban desmantelando un laboratorio de anfetaminas en la casa adyacente. La novela termina cuando Basilio regresa a Ciudad Juárez, sin haber presentado su conferencia.

En Garabato, el autor parece hastiado de los “juarólogos que abundan en cada esquina” (226) de los que hablan de muertos como si se tratara de estadísticas de fútbol o como resultado del clima: “se trata de un reacomodo natural entre los carteles” (226) o aquellos que “pensaban que todos los juarenses eran sicarios en potencia” (228). El autor critica a autores, como el personaje de Billy Garabato, que construyen fantasías de una ciudad que no conocen, pero también critica a la profesora Maya Taylor quien pretende conocer la realidad juarense a la distancia pero que califica como “horripilante” “y no creo poder estar pronto, con toda esa violencia que hay” (250). Garabato es el turno de un escritor juarense por hablar de su propia ciudad, por retratar los espacios cotidianos, los callejones y expresiones que no se pueden entender al vuelo y describe, desde un lente local, el horror que se vivió de primera mano.

Breve entrevista con Willivaldo Delgadillo

— Martín Camps: ¿Cómo es la relación entre Billy Garabato y Basilio Muñoz que relatas en tu novela?
Willivaldo Delgadillo: Billy Garabato ha ganado su fama por escribir sobre cosas sobre las que Basilio no se atreve, también es cierto que el mismo Basilio reconoce no haber leído todas las novelas de su colega. Incluso algunos de quienes lo defienden de sus detractores confiesan que no lo han hecho. Operan sobre prejuicios e instinto de manada, como sucede muchas veces en el medio literario. Pero Basilio no es duro con Garabato y reconoce en sus primeros cuentos un intento genuino por entender lo que está pasando y más tarde, cuando lo lee, la prosa de Garabato de alguna manera lo toca. La voz narrativa que cuenta la historia del Congreso tampoco es dura con Garabato. Los lectores de Garabato asistimos a la lectura de Basilio Muñoz de las novelas de su colega y de los posibles efectos que esa lectura haya tenido en él. La pregunta es si, en efecto, esas tres piezas corresponden al estereotipo de las narco novelas, o si hay ahí algo más. Después de todo, es importante remarcar que es en una novela de Garabato en la que aparece el personaje de Fino Castañeda, que es quien hace una crítica y clasificación de los periodistas que vienen de fuera. Mientras Basilio se enfrenta a la mirada distante pero crítica de Maya Taylor en el campo de lo literario, Fino Castañeda conceptualiza a su manera su relación con los corresponsales extranjeros.

¿Qué intención tenías al escribir la novela?
Uno de los intentos de la novela —fallido o no—habría sido habilitar voces interiores para dialogar con los estereotipos que se tienen sobre Juárez y la frontera. Otro intento habría sido plantear el problema de crear un lenguaje para recrear o hablar de las experiencia de una ciudad sitiada física y simbólicamente. La trayectoria de Basilio en la novela es sintomática en este sentido, tal y como lo señalas en la reseña, porque se va sin decir nada concluyente, como esperaba Taylor y otros en el Congreso literario. Por último, una de las palabras clave de la crítica de los finolis es que los escritores norteños ¨retratan¨ la realidad. La palabra tiene un peso crítico negativo. Tú la utilizas en un sentido positivo puesto que le confiere la legitimidad de una mirada interna o local. Sin embargo, yo me inclinaría por intentar “recrear” y por otra parte, creo que la novela apuesta por el cruce de miradas y no por privilegiar la mirada local. En todo caso pugna por incorporarla al diálogo.

¿Cómo fue la experiencia de escribir la novela durante la época de la violencia en Juárez?
Fue una experiencia intensa y compleja porque ante la violencia el lenguaje tiende a anularse y se vive en una paradoja, entre murmullos y declaraciones maximalistas. Todo mundo ofrece explicaciones sobre lo que está pasando, pero casi nadie busca comprender realmente. Son explicaciones derivadas de la gran ansiedad que producen los efectos abrumadores e inmovilizadores de la violencia. El Estado capitaliza todo esto para confundir y sus campañas de desinformación tienen efectos de verdad que resultan bastante siniestros. La novela la escribí en medio de esa ansiedad, intentando encontrar o crear lenguajes que me permitiesen acercarme a la experiencia que estaba viviendo y compartiendo con mi familia y mis amigos, más que a los eventos. No fue fácil porque había que encontrar una distancia adecuada, y sobre todo evitar hacer de informante nativo, es decir, de caer en la trampa de crear una voz narrativa que pretendiera explicar a los de afuera qué pasa en Juárez. Creo que la voz que lleva la mayor parte de la novela narra con aplomo a personajes que son informantes débiles, limitados, cuya mirada es acotada. Al mismo tiempo son personajes por los que transcurre el tiempo. Por otra parte, mi intención fue reflejar el humor negro de los juarenses, que nosotros llamamos la cábula. Estos personajes ven su circunstancia con humor, recurren a él como estrategia de resiliencia. Por mi parte, procuré crear varias voces narrativas que no incriminaran ni hicieran escarnio de ellos, sino que intentaran acompañarlos con un lenguaje que de alguna manera les perteneciera.



 



 

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"Garabato" de Willivaldo Delgadillo, México: Samsara, 2014.
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