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Inevitablemente la Colonia Dignidad
Monte Maravilla de Miguel Lafferte, Literatura Random House, Santiago, 2017. 315 págs.

Por Camilo Marks
Publicado en Revista de Libros de El Mercurio, Domingo 10 de septiembre de 2017


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Monte Maravilla, segunda novela de Miguel Lafferte (1981), tiene muchos más puntos a favor que fallas y ese solo hecho hace que su lectura sea gratificante y sabrosa. Se da por sentado que el primer aspecto en el que debe fundarse toda crítica literaria es el lenguaje, o sea, el rango del vocabulario de un escritor, los recursos que emplea, la cultura que exhibe -no siempre explícita, aunque visible en una ficción de envergadura-, en fin, todo aquello relacionado con el modo de expresar el idioma con el que nacimos y crecimos. Y Lafferte cumple sobradamente con esta prueba. Su vocabulario es inusualmente extenso, variado, pertinente, sin incurrir en el rebuscamiento; su estilo es plástico y se ajusta a las diferentes situaciones que describe -desde el frío informe administrativo, hasta la reseña de libros-; su prosa es pulcra, depurada, oportuna, y, desde el punto de vista estructural, Monte Maravilla se acerca a lo que es un relato plenamente logrado. Tan importante como lo anterior es la aproximación de Lafferte a un tema que ha resurgido con inusitada fuerza en nuestra narrativa actual: el tema de las violaciones de los derechos humanos cometidas durante la dictadura. Lafferte lo aborda desde una perspectiva realmente original, a años luz del panfleto o la denuncia, lejos del dramatismo o el aire declamatorio, en ocasiones, de manera que parece casual, pero que se traduce en una historia extraña y convincente.

El protagonista y narrador es el joven abogado Pablo Alfaro, quien se desempeña en el estudio Mate & Lancaster, una céntrica oficina que se dedica a las cobranzas, los estudios de títulos, las deudas hipotecarias y otras apasionantes materias, con la salvedad de que, de vez en cuando, les llegan pleitos que podrían ser espectaculares -un barco repleto de polizones encalla cerca de Talcahuano- o bien asume la representación de personajes comprometidos en las atrocidades del pasado reciente. Aquí vale la pena detenerse de nuevo en el léxico de Lafferte: si bien la solapa de Monte Maravilla nos dice que es antropólogo, sus conocimientos jurídicos causarían la envidia del más erudito ministro de la Corte Suprema. Desde el comienzo, sabemos que Pablo tiene nulas posibilidades de sobresalir en ese medio, que vive al tres y al cuatro en un departamento deteriorado y que comparte activamente las copuchas y la peculiar picaresca de los tinterillos menores. Todo esto cambia a raíz de que su jefe le encarga, de modo muy tangencial, hipotético, tan oblicuo que prácticamente le ordena que no haga nada, que investigue ciertos hechos y a ciertos sujetos relacionados con el caso "Mina Amarilla". Pablo se ve así sumergido en un mundo que desconocía por completo: el de los detenidos desaparecidos, los ejecutados, los presos políticos y las respectivas agrupaciones que lucharon por saber la verdad. Como una cosa lleva a la otra, sus desplazamientos lo conducen a los procesos derivados de los asesinatos colectivos conocidos como Caravana de la Muerte, la masacre de Lonquén, el exterminio de dirigentes del Partido Comunista y de otras organizaciones al comienzo, al promediar y hacia el fin del régimen militar y muchísimos otros juicios, siempre bajo una mirada en tono menor, siempre sin estridencias, por más que se trate de episodios horrendos. Lafferte, o su portavoz, Pablo, mezcla sucesos que no guardan ninguna relación entre sí; da nombres inventados o, muy raramente, reales; funde o con deliberación confunde a unas personas con otras; entrega información fragmentaria en la que, además, hay poca precisión; pasa de los grandes titulares de prensa a exponer incidentes inadvertidos; abarca períodos de años y décadas en uno o dos capítulos, con fechas distanciadas; en síntesis, no hay un horizonte global, humano ni geográfico claro, sino, tal vez, un esquema mental, el de Pablo, en torno a una amalgama de acontecimientos sobre los cuales se han escrito miles de páginas. Y puesto que Monte Maravilla nos plantea este panorama tan singular, es a lo mejor lógico que su tono sea desapegado, irónicamente desprendido, carente de cualquier vehemencia o arrebato.

Los afanes de Pablo culminan en la localización de Esteban Carranza, un hombre cuyo paradero se desconoce, si bien su trayectoria es sumamente particular: tras ser arrestado, reapareció en 1976, para volver a esfumarse. En forma inevitable, su hermética odisea nos conduce a la fatídica Colonia Dignidad. Los avatares del enclave alemán ocupan una parte sustancial de Monte Maravilla. Al inicio de este subtexto tenemos un relato de tipo oficial que nos cuenta el establecimiento, el desarrollo y el aparente término de la autoproclamada sociedad benefactora (aparente porque aún siguen en suspenso sus cuantiosas inversiones). Aquí Lafferte proporciona identidades de personeros de carne y hueso, tales como presidentes de la República o líderes de distinto signo, destacando Gladys Marín, quien presentó una querella por el secuestro de su esposo, Jorge Muñoz, quien habría sido trasladado al recinto fundado por Paul Schäfer. Muy pronto, sin embargo, la crónica enrumba hacia tópicos peregrinos: biografías fantásticas, reportajes sensacionalistas y un toque de ciencia ficción, ya que el título del libro se refiere a un lugar que linda con lo extraterrestre. Entonces, Monte Maravilla puede ser, en un todo, fascinante, aun cuando el producto final resulte un tanto dislocado.


 

 

 

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Inevitablemente la Colonia Dignidad
Monte Maravilla de Miguel Lafferte, Literatura Random House, Santiago, 2017. 315 págs.
Por Camilo Marks
Publicado en Revista de Libros de El Mercurio, Domingo 10 de septiembre de 2017