A Mahfud Massis, agregado cultural de la Embajada de Chile en Venezuela, lo conocí una noche caliente en que croaban miles de ranitas tropicales cerca del Avila, una noche en que Caracas brillaba con sus mil neones policromos de siempre. Estábamos Carlos Añez y su esposa y Mahfud y Lukó, pintora de sensibilidad tierna. Mahfud es un hombre apasionado, que habla con calor. Casi toda su producción ha sido publicada en Chile, y algunos libros, como "Antología poética" y "Sonatas del Gallo Negro", también en Venezuela. Sus "Leyendas del Cristo Negro" van ya por las seis ediciones, algo casi milagroso con un libro de poemas que es la nueva biblia , un nuevo Evangelio en Chile que leen los sacerdotes en vez de la tradicional homilía sagrada. Es verdad: El Cristo Negro vive en medio de ese pueblo que nunca tuvo nada; de la mano de ese pueblo que ha deificado a Camilo Torres y a Ernesto Guevara, Chile, Venezuela, España; muchas palabras comunes en las noches que hablé con Mahfud y en las noches posteriores en que he leído "Yo guerrillero", "Marcha fúnebre de provincia", "Carta a Lukó desde el aserradero", "Perro nuestro", "Insurrección", "Subasta", "Guerrilleros de Palestina", o su auténtico evangelio. Mahfud es un hombre que suena en algunos círculos intelectuales españoles, aunque su poesía siga estando inédita, demasiado inédita. Y pienso del beneficioso efecto que produciría para ciertas conciencias la lectura de su dramático y vibrante Cristo Negro, el poema de la miseria espiritual y de la podredumbre física. "Celebro, entonces vuestros testículos de machos vuestras manos crudas, y en vuestro nombre alzo mi voz en Latinoamérica, como quien levanta una espada, y quemo incienso a los dioses ¡PORQUE YA HABEIS NACIDO!". La voz recia, el canto bronco que sube a los Andes y baja a la costa dura del Pacífico en ese país estrecho y esperanzado que tiene capital en Santiago. Mahfud es un poeta militante con todo lo que significa militar con la poesía como bandera auxiliar. Para él la escritura es tan sólo un arma más, y, como tal la entiende y la aplica , con ella fustiga las conciencias adormecidas de su Cuba anterior a Batista y de su Chile anterior a Allende; poesía arma cargada de futuro que diría Celaya. Y, sobre todo, de presente. La obra de Mahfud es el testamento de un guerrillero que usa en las reuniones oficiales chaleco y corbata. Le queda un poco extraña a Mahfud, su etiqueta de diplomático su pasaporte diplomático. El es un hombre sincero y valiente que quisiera quitarse de encima muchos de esos compromisos a los que ha de asistir ineludiblemente como representante de su país. Se horroriza al decir que su país paga más por el alquiler de su casa en Caracas que por los honorarios que recibe el Presidente. En Venezuela se interesan por sus "Leyendas" y por dar a conocer nuevas ediciones de sus libros. Mahfud esencialmente poeta, tiene un relato "Los sueños de Caín", una narración hechizadora y patética el ensayo "Walt Whitman, el visionario de Long Island" y el ensayo crítico "Los Tres". "Lloro, entonces, por la tarea perdida, por la sangre coagulada-lentamente, por este poema que escribo sin rencor, sin tener otra cosa que hacer, en circunstancias -como dicen los periodistas- que sólo quisiera tenderme junto al mar, esperar que suba la marea y estirar los dedos como un tornillo sin fin". Necesario canto en derrota que ha de dar paso al imprescindible canto victorioso ("Canto y lucero para las mujeres de Chile"). La obra de Mahfud, "diamante en el saco de carbón de la vida", no es una obra vana ni gratuita. Sus "Testamentos sobre la piedra" tienen todo el vigor de un manifiesto y toda la serenidad de una oda al mañana. Soluciones para el hombre agotado de América, válidas para que aprendan todos los hombres de este planeta cada vez menos ancho y menos ajeno. "ENTRISTECIDO, como Odiseo, como un enano muerto en el fondo de una copa, remonto este estudio negro, buscando a Dios, enflaquecido de andar por la tierra...". Palabra petrea, palabra-nube y testimonio, documento, partida de nacimiento, radiografía, acta notarial, sufrimiento, destierro, salvaje.
Si te dicen que me he sacado los ojos, que una
gran mosca negra, como aleta de muerto, recorre el Mar de los Degollados
que todos
los perseguidos de este mundo
te estamos llorando
en estas calles en que se acabó la luna,
te juraría que es verdad, lo juraría
por tus manos cortadas, que viajaron del lavadero
de Vallegrande, donde fuiste mostrado
como un ígneo dios caído en una red de piojos, o un potro blanco
de cabeza de oro derribado en las cloacas.
Hiede el Continente, pudriéndose debajo de los muros, como
sepultura de traidor o jeta de enajenado, o nuestro
propio atribulado corazón, aterido de cobardía.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡Oh, Capitán,
gallo invulnerable para nuestro ánimo de inveteradas
meretrices, garrapatas del orden, del buen sentido, de la cama
cuajada de libélulas, en tanto
el negro, el indio, o el esclavo blanco de Latinoamérica echan humo
de costillar rojo, olvidados, como bastón de ciego en la posada del asesino,
con grandes piedras de pus en las mandíbulas,
con bragueros de sangre, con esputos de sangre, con meollos de sangre; millones
de cristos crucificados te aguardan en el estercolero, miríadas
de niños, diurnos, heridos, estrangulados pájaros,
niños parados a la puerta del horno. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡Oh, apóstol de ideología
de las montañas idolátricas, oh
ennegrecido, barbado halcón, tu nombre estallará en la siesta de oro . . . . . . . . . . . . . . como la palabra amor bajo los aguaceros, pero
tu arrastrabas tu asma inmortal, perseguido, quemado,
tomando el último mate bajo los cielos del pavor,
traicionado por quienes llevaban el trasero en el alma, tergiversado, maldecido, asesinado. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Yo, poeta
de esta tierra miserable y enorme, también estoy herido.
Del costado izquierdo
de mi corazón cae sangre, congoja sobre mi mano
sin gatillo que oprimir, sin noche que desollar, sin una muerte que justificar,
sin un día para morir.
Yo te saludo esta madrugada, decapitado Capitán.
De tus manos cortadas,
de tus entrañas rotas, bajará el último rayo: el águila precederá a los guerrilleros
pálidos y seguros junto al tigre escarlata de la noche,
ululando como el viento
y su sombrero de viudo sobre las encinas,
despertando a los milenarios, desarrapados fantasmas, derruidos como . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . .ancianos veleros de Latinoamérica,
y una VOZ, . . . . . . . . . una sola,
como golondrina de sangre que atraviesa el firmamento de hielo,
estremecerá el tuétano de la eternidad y los siglos errabundos:
www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza. e-mail: letras.s5.com@gmail.com Mahfud Massis: Volcán americano
Por Luis León Barreto
(Islas Canarias)
La Nación, 25 de marzo de 1973