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Salvar la Patria
Cinco notas sobre Marcelo Mellado y su "Informe Tapia"

Por Alvaro Bisama
Revista Pausa. N°4. Valparaíso, 2005

 

 

 

 

 

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1) La provincia del Mellado. Tarea para la casa: leer Informe Tapia, la última novela de Marcelo Mellado (1955) corno una especie de alegato/alegoría/revancha sobre la vida cultural de la provincia. Lo que contiene: ex militantes disciplinados devenidos en gestores culturales (un tal Omar Padilla o Badilla, fundador de la Asociación de Poetas de la Cuenca del Maipo) que se enfrentan a una oficialidad autoritaria que los quiere borrar del mapa. El asesinato de un poeta menor llamado El Mojonero. Largas parrafadas postmodernas sobre el poder, la cultura y el deseo. La novela como una especie de versión parafraseada del informe/memoria que escribe Leo Tapia, poeta y agente contracultural, para contar la historia. Más: un par de historias de amor sobre gente perdida en organizaciones anónimas que buscan y encuentran peculiares formas de subversión y métodos de redención que son narrados como comedia o tragedia, jamás un melodrama, sin términos medios.

2) El lenguaje de Mellado. Marcelo Mellado construye el Informe Tapia sobre un lenguaje literario que ironiza su propia crisis de sentido. Son pedazos de discursos que chocan, se encuentran y tejen una ficción que desmonta a la teoría literaria y a la crítica cultural, al marxismo épico o de opereta, a un coloquialismo cortado en retazos y a un lirismo barroco sin salida. Un efecto que recuerda al Pompier de Lihn: Mellado sabe que el lenguaje no sirve para nada, salvo para burlarse de sus imposibilidades. O sea, Mellado como alguien que concluye -en secretoy sin pudor, tal vez con una mueca torcida- ese proyecto de metaescritura patentado por Eltit, Zurita y Cía., en la primera mitad de los 80. Un proyecto que se destruye en tanto representación teatral, en tanto parodia. Mellado como una versión hardcore, un gemelo zurdo o bizarro de su propio hermano Justo Pastor, teórico del arte y autor de -tal vez- la mejor novela de no ficción y por entregas del arte chileno jamás escrita.

De este modo y de vuelta a Informe Tapia, el propio comienzo de la novela lo explica todo en una prosa que roza la incomprensión, el hastío y el pastiche, al decir lo que dice. Una escritura que no dice nada pero lo dice todo, una mazamorra de referentes descontextualizados que se unen para afirmar -por debajo o detrás- algo, por poco que sea: "Es alarmante -se insiste- el ser testigo indómito de la instalación de aquel sujeto probable y con algo de conciencia de mundo, en un contexto fatalmente ausente, la del hijo desgarrado por una orfandad sobrevaluada y la del esquivo espíritu santo que merodea a medio filo por el vecindario".

3) Mellado como lan Fleming. O de espías. O sea, leer Informe Tapia como un texto que avanza desde la parodia de la fauna y flora de la poesía local, hasta una especie de thriller sincopado sobre crimen, que se borra paulatinamente. Los mejores momentos de la novela están en esa segunda mitad, cuando empieza un relato de espías menor: el poder implantado en la Torre Oceánica intenta exterminar a los poetas disidentes que escapan. Se disfrazan y ocupan las tácticas olvidadas de la guerrilla clandestina para huir y salvarse de sus enemigos. Aquí, la prosa post cede, se vuelve más leve e Informe Tapia se convierte en una colección de persecuciones donde nadie encuentra a nadie y todos huyen por los cerros de la provincia. Por supuesto, debe leerse como broma. Moraleja: "estetizar la sangre es propio de pendejos poetas mal paridos y peor enseñados".

4) Mellado contra el mainstream. O sea, Mellado Sade, Mellado Marilyn Manson: "Un punki medio gótico fue acusado de robar la casulla que perteneció al cardenal José María Caro del museo Lo Abarca y venderla a un sadomasoquísta en la feria de Barrancas. Éste tenía su centro de operaciones en Rocas de Santo Domingo, donde organizaba fiestas icóníco-orgiástícas (...) Al parecer se realizó una performance erótico eucarística sadomasoca que se habría convertido en un clásico del género..."

5) La nostalgia de Mellado. Como ese Woody Allen de Días de radio. Es raro, pero como en La provincia, Marcelo Mellado se convierte en el memorialista de un lugar que nunca existió, que debe inventarse para recordarlo. Un puerto devastado donde las semillas del futuro están en los escombros de un pasado falso. Informe Tapia realiza su gesto local desde ahí: los poetas/héroes de la novela son seres patéticos pero en el fondo entrañables.

Se aferran a la poesía como las ruinas de una utopía apenas posible de sostener. Viven en San Antonio, desfasados del tiempo, hablando lenguas muertas, desconfiando de sí mismos. No es una mala lección: Chile como una necesaria colección de héroes excéntricos, dudosos y a la deriva. Mellado como el cronista de pequeños próceres invisibles enfrascados en luchas idiotas y sin sentido. Próceres que, por supuesto y al final del día, terminan salvando la patria.



 

 

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