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Nada termina
Comentario a La prosa nunca está terminada de Manuel Rojas. Ediciones UDP

Por Jaime Pinos
Publicado en revista El Desconcierto. Número 12. Julio de 2013

 




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Ensayos, crónicas, fragmentos de entrevistas, prólogos y perfiles. Manuel Rojas habla en este libro de otros libros, de escritores y de literatura. De la literatura propia y la de su época. Páginas excluidas de la versión definitiva de Hijo de ladrón y publicadas luego en la mítica revista Babel. La prosa nunca está terminada es la reunión de algunos textos de variada especie que, recogidos y editados cuidadosamente por Andrés Florit, despliegan la mirada de un imprescindible de nuestras letras.

Decir imprescindible en este caso no es un cliché, sino más bien un adjetivo preciso para situar la importancia que tuvo y seguirá teniendo Rojas para la literatura chilena. Desde luego, sus libros sepultaron definitivamente al criollismo e impulsaron nuestra contemporaneidad literaria, dividiendo el desarrollo de la narrativa nacional en un antes y un después. Pero, sobre todo, su forma de hacer literatura abrió caminos de profundidad y conocimiento crítico que marcaron y siguen inspirando lo mejor de nuestra prosa hasta el día de hoy.

La experiencia me ha ido dando mis temas. Escribo sobre lo que conozco, de lo que la vida me ha hecho sentir.  La escritura y la vida: una sola cosa. Es bien conocida la serie de múltiples oficios que Manuel Rojas tuvo que desempeñar en su vida para poder sobrevivir. Desde apuntador teatral o peón de ferrocarril, hasta ayudante de electricista o aprendiz de sastre. De esas vivencias en el mundo real proviene su literatura. Tal como es el caso de otros grandes escritores chilenos. Pienso en su amigo y compañero de ruta José Santos González Vera o en el poeta Alfonso Alcalde, por poner dos ejemplos notorios, cuyos recorridos vitales no fueron menos azarosos y aguerridos.  

Cabe preguntarse si todavía es posible la emergencia de este tipo de escritores en el contexto de una literatura que ha devenido, mayoritariamente, en una práctica acotada a especialistas y estudiosos acreditados. Si es posible aún la emergencia de escritores salvajes que, como el autodidacta Manuel Rojas, puedan formarse al calor de la vida cotidiana y el mundo en que habita la mayoría de los lectores, la gente de a pie.

Tuve una juventud difícil; fui aprendiz de esto y estotro; estuve preso varias veces (me acusaron en cierta ocasión de haberle echado ácido a unas puertas): leí muchos libros anarquistas. Siempre he sido un tipo disconforme. La literatura de Rojas, tal como queda refrendado en estos textos, siempre fue una forma de disconformidad frente al orden establecido. Así como de compasión ante el dolor y la precariedad en que deben vivir sus vidas los humildes y los condenados. Sin embargo, sus libros son también la historia de sus luchas cotidianas por salir del cerco que el poder y la marginación les han tendido. De cómo hombres y mujeres comunes y corrientes tratan de abrirse paso, desafiar el destino que la sociedad de clases ha trazado para ellos. Aun echándole ácido a sus puertas.

La prosa de Manuel Rojas es política, como toda literatura en cuyo centro está el hombre y sus circunstancias personales e históricas. Sin embargo, Rojas rechazó siempre los panfletos, la literatura de servicio. La pretensión de ocupar los libros como meros vehículos para transmitir un determinado mensaje. Para él, un escritor debe mantener plena autonomía para poder cumplir con su papel. Un papel que es, fundamentalmente, ético. Sus palabras a este respecto son muy claras: De todo esto saco en consecuencia que el escritor no es un hombre de poder y que no puede ni debe participar en él. Más aún: casi sería preferible que no formara en las filas de ningún partido político. No le es necesario, como escritor. Hay una línea moral eterna que con ligeras oscilaciones viene, en la cultura occidental, desde Jesucristo hasta nosotros, pasando por el campo magnético de innumerables cabezas pensativas y dolorosas. Esa línea debe defender el escritor. Él la conoce y la siente.

Un fragmento del retrato de Rojas que hace González Vera en su libro Algunos: Existen escritores que poseen el secreto de la realidad literaria. Es el caso de Manuel Rojas. Por donde se abra un libro suyo, cabe decir: “¡Pero si es la pura verdad!” Generalmente no es necesario decirlo. Lo sentimos así. Seguramente, la persistencia de la obra de Manuel Rojas tiene que ver justamente con eso. Con su posesión de ese secreto. Con su capacidad de aunar realidad y literatura; de disolver los límites supuestos entre una y otra. Nada termina en la prosa de Rojas. Vida y escritura: una sola cosa.

Valparaíso. Junio de 2013



 

 


 

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