LA INFANCIA
Jean Paul Sartre, uno de los pensadores más representativos y comprometidos con su tiempo, nació en París el 21 de junio de 1905. Muerto su padre cuando tan sólo contaba con dos años de edad pasa a vivir con su madre en casa de su abuelo Carlos Schweltzer en Alsacia. Este pasará a ser la figura masculina que regirá sus primeros años y en su biblioteca el pequeño Jean Paul hará su primer contacto con el mundo de los libros el cual ya nunca abandonará. La temprana muerte de su padre hará que éste gravite poco en la vida del filósofo quien resumirá su vida del siguiente modo: "Jean Baptiste quiso entrar en la escuela naval para ver el mar. En 1984, en Cherbourg, oficial de marina y ya consumido por las fiebres de la Cochinchina, conoció a Anne-Marie Schweitzer, se apoderó de esta gran niña abandonada, la desposó, le hizo un hijo al galope, yo, y trató de refugiarse en la muerte". De él le quedaron muy pocas cosas, un retrato colgado encima de la cama y algunos libros que heredará más tarde. "Como todos sus contemporáneos hacia malas lecturas. En los márgenes descubrí garabatos indescifrables, signos muertos de una pequeña Iluminación que estuvo viva y danzante alrededor de mi nacimiento. Vendí los libros: ese difunto me concernía tan poco".
De este modo su infancia transcurre bajo la égida de su abuelo y en contacto directo con su biblioteca la cual configura su mundo. "Nunca he arañado la tierra, ni buscado nidos, nunca hice un herbario ni lancé piedras a los pájaros. Pero los libros han sido mis pájaros y mis nidos, mis animales domésticos, mi establo y mi campiña; la biblioteca era el mundo atrapado en el espejo; tenía su extensión infinita, su variedad, su imprevisibilidad"
LA ROCHELLE
En 1916 su madre se vuelve a casar y eso significa el abandono de la casa de su abuelo y su traslado a la Rochelle. Con ello, su padrastro el Sr. Mancy le arrebataba no sólo a su madre, sino también a su abuelo y por qué no decirlo también, la biblioteca. Todo esto configura una pérdida que coincide con su entrada en la adolescencia.
En la Rochelle Sartre se enfrenta con un nuevo mundo agresivo y hostil. En adelante se referirá a ese periodo de su vida como "los tres o cuatro años peores de mi vida. Y nuevamente pasan a jugar su papel los libros, pero ya no como los habitantes de su edén sino como un refugio contra la infelicidad y la violencia. "Mi refugio era ese; las palabras, es decir, los libros. En ese tiempo mi vida en el liceo de La Rochelle estaba constituida, por una parte por la violencia y el aislamiento, por otra, en ciertos días, por ejemplo el jueves y el domingo en que me consagraba una jornada entera a los libros... Es evidente que entonces eso representaba algo parecido al centro de realidad; el resto aparecía un poco como fenómeno..., no les otorgamos demasiada realidad pues era un mundo en el cual era desdichado".
Como vemos ya en los primeros años de su vida se manifiesta el hombre solitario encerrado en "las palabras" que marcará toda la primera etapa de su vida y que tendrá su exposición más clara en "La náusea" que aparecerá en 1938. Esta posición individualista perdurará con sobresaltos hasta aproximadamente 1950; de modo que algunas de sus obras más famosas y entre ellas "El ser y la nada" publicado en 1943 fueron producidas en ese período.
EL VUELCO AL SOCIALISMO
Sin embargo se producirá un acontecimiento que dividirá su vida en dos: la Segunda Guerra Mundial. La experiencia de la guerra marcará su vida y su obra que en adelante mostrará un inequívoco signo político. A propósito dice: "Fue ahí, si usted quiere, cuando pasé del individualismo al socialismo. Es ese el verdadero viraje de mi vida: antes, después. Antes, eso me llevó a obras como La náusea, en la que la relación con la sociedad era metafísica, después me llevó lentamente a la Crítica de la razón dialéctica.
A partir de ese momento su actitud social y política se ha afirmado. Publica numerosos libros y estrena obras de teatro en las que se transparenta una clara posición democrática de Izquierda. Se produce su acercamiento al P.C. sin que nunca se dé sin embargo una adhesión plena.
Dicha relación por momentos más cercana, por momentos más distante, dará lugar a una cantidad importante de artículos y controversias con intelectuales comunistas en los que Sartre mantiene siempre la necesidad de mantener la autonomía de sus pensamientos. En ese periodo se produce su distanciamiento con Camus por motivos ideológicos y su participación en el congreso de Viena de 1952 de las pueblos por la paz. En 1954 visita la U.R.S.S. viaje durante el cual enferma. En 1958 toma parte activa por la independencia de Argel dando su apoyo al F.L.N.; en 1964 rechaza el Premio Nobel; en 1967 preside el tribunal Russell contra los crímenes de Guerra en Vietnam y en 1968 toma parte activa junto a los estudiantes en los acontecimientos de Mayo Francés.
Como podemos ver toda la segunda parte de la vida de Sartre está signada por la asunción de un compromiso político y social que mantendrá hasta el día de su muerte el 16 de abril de 1980. Este giro se rebela en todos sus escritos del segundo período y en la obra más importante del mismo: "La crítica de la razón dialéctica".
LA CRÍTICA DE LA RAZÓN DIALÉCTICA
En primer lugar llama la atención el sitio que ha pasado a ocupar en el marco de esta obra el existencialismo. Ya en las primeras páginas de la crítica Sartre alude explícitamente a la filosofía Marxista, frente a la ideología —como por ejemplo el existencialismo— y dice que estas últimas existen parasitariamente, dependen y son deudoras de esta filosofía única. Ahora bien, el marxismo es una visión del hombre y de la historia en tanto relación práctica con la realidad. Para hacerse verdaderamente operativo, necesita de una antropología, de una fundamentación ontológica de sus fenómenos. Y será según Sartre el existencialismo el que proveerá una tal fundamentación. El existencialismo aparece así como la única aproximación válida a la realidad humana, en tanto que el marxismo se constituirá como la única interpretación válida de la historia. "Esto explica el imperativo de Sartre en la Critica por fundar una "antropología estructural histórica".
Si esta antropología tiene un objeto —es decir un ser al que se aplica— descubrimos que tiene también una verdad que no puede ser otra que una verdad en devenir, una verdad histórica. Además de ser deviniente, dicha verdad debe ser totalizante. "Esta doble exigencia —dice Sartre— define ese movimiento del ser y del conocimiento que desde Hegel se llama "dialéctica". Pero si historia y verdad vienen a totalizarse en ese proyecto de dialéctica, entonces la verdad y la historia deben ser totalizantes. Ahora bien, la razón es una relación entre el conocimiento y el ser. Por lo tanto, la historia (el ser) y la verdad (el conocimiento) totalizante deben poseer una relación de doble movimiento, deben poseer una razón. ¿Pero cuál ha de ser esta razón? ¿La razón positivista de las ciencias naturales? ¿O bien una razón exclusiva de la antropología? ¿Existe une razón dialéctica?
EXISTE UNA RAZON DIALECTICA
El establecer la legitimidad de la razón dialéctica y con ello la validez de la antropología sólo es posible si se pueden abordar los problemas humanos de forma que "se inscriban en la totalidad sintética de sus significaciones y de su referencia a la totalización en curso"; si podemos establecer que "todo conocimiento parcial o aislado de esos hombres debe sobrepasarse hacia la totalidad". Con ello el objetivo de la obra será critico en la medida en que tratará de determinar la validez y los límites de la razón dialéctica oponiéndose a la razón analítica de Kant y a la razón positivista de Comte.
UN ENFOQUE CONJUNTO
La obra de Mauricio Wacquez de la cual hemos esbozado una parte mínima, desarrolla un enfoque conjunto de la vida de Sartre y de la evolución de sus ideas. Dicho enfoque va desde su nacimiento hasta su muerte constituyéndose de este modo en una visión sintética que oficia de introducción al pensamiento y a la vida de Sartre. El objetivo del autor no ha sido ni dar un detalle pormenorizado de la vida del filósofo ni realizar un análisis profundo de sus ideas fundamentales; sino tan sólo el de motivar al lector a una lectura de las obras de Sartre. Y creo que en efecto tal objetivo ha sido logrado.