"Nací el 25 de junio de 1914 en un barrio llamado del Club Hípico, en Santiago de Nueva Extremadura, al sur de la ciudad. Mas, mis primeros años me enseñaron el sabor de la libertad en un lugar muy distinto, el que yo llamo Barrio Mapocho, inmediato al escuálido río del mismo nombre, refugio de vagabundos, trabajadores del ripio y recolectores de desperdicios posibles de industrializar. Un barrio trágico, pero de una arisca y avasallante belleza que intenté desentrañar ambientalmente en mis novelas "Los Hombres Oscuros" y "La sangre y la esperanza"...
"Mis padres eran obreros: él, Nicomedes, maquinista tranviario; ella, Rosa dedicábase a las labores de la casa, y esto era ya mucho, pues, la familia era numerosa. Ellos, mis padres, aún viven. Y yo les he entendido profundamente en el silencio desgarrado de su angustia, cuando, a lo largo del tiempo, han regresado a su porción de tierra, éste, este otro o aquel de los hijos"
"Trabajé desde pequeño. Y me alegro de ello. La vida en el trabajo precoz comúnmente para hombres mayores, me fue una escuela dura, pero maravillosa. Los urgentes menesteres hogareños obligáronme a enfrentarme a la visión de un mundo en mucho espantable, desconcertante, y sin embargo ejemplarizador. Fui acarreador de cajas en una fábrica de artículos de cartón, ayudante de chofer, mandadero, ayudante de tipógrafo y encuadernador y otros menesteres, hasta que pasé a ocupar el más humilde puesto en una modesta oficina de corretaje de propiedades. Aquí comienza tal vez mi formación intelectual. Y en este lugar conquisté algunos de mis caros afectos ajenos al hogar. Entre estos afectos se destacaban dos máquinas de escribir, dos aparatos, el uno viejo como una locomotora derrengada, y el otro más joven, brioso, si así puede decirse; pero, ambos materia siempre dispuesta a mi curiosidad y a mis afanes de echar a perder carilla".
"Antes, y sin que yo discerniera acerca de ello, había escrito algunas viñetas literarias que enviaba, muy esperanzado, a una revista infantil. Deben de haber sido terriblemente malas, puesto que no eran publicadas. Mi buena y heroica madre, observándome, me aconsejaba tierna y piadosamente:
—Déjate de cosas, mi hijo. Si no te toman en cuenta. Eso de escribir es cosa para gente adinerada.
Por esta época ya no enceraba el piso de la oficina ni salía a pegar carteles de alquiler a las calles. El negocio había prosperado. Y era flamante secretario de la brillante empresa comercial. Asuntos bursátiles, loteo de sitios, compra-venta de propiedades, parcelaciones rurales, cobranzas de arriendo, correspondencias varias, depósitos en el banco, no eran obstáculos para que mis aficiones literarias y deportivas se sintieran en plena libertad".
"Lo mismo madrugaba para ir a dar unas cuantas vueltas a la pista atlética de la Quinta Normal de Agricultura, como para ir hasta el Mercado "La Vega", junto al río Mapocho, a observar el trabajo de los cargadores, el remate de verduras, la llegada y la salida de las carretas en medio de la bruma matinal. En estas incursiones me acompañaba un hermano menor, Hernán, hoy trágica y lamentablemente fallecido"...
"Mi primera novela, "Los Hombres Obscuros" 1939, se escribió con sacrificio y se editó con un sacrificio mayor aun. Don Alberto Lagos, propietario de una pequeña imprenta cercana a mi barrio, hizo componer la obra a "tipo parado" y la imprimió personalmente en una prensita a pedal. Las tapas—, lo recuerdo bien, porque el canto de los gallos nos sorprendió dándole término— , se hicieron a la luz de una vela, puesto que a mi editor le habían suspendido el suministro de energía eléctrica, compréndase bien por qué".
"Sin embargo, he aquí que la publicación de "Los Hombres Obscuros" fue en mucho la razón por la cual hube de abandonar la oficina de corretaje de propiedades en que había laborado durante nueve años. Con la ayuda de un pariente cercano, obtuve un trabajo de ayudante de carpintero en un edificio en construcción. De esta labor, pasé a ser "alistador", o sea, el hombre que controla la entrada y salida de los obreros, la entrada y salida de materiales, la confección de planillas de pago y asuntos similares"...
"Creo que la literatura tiene una responsabilidad vital: crear el clima propicio a la paz, al mejor entendimiento entre los hombres, esto a trueque de describir sus luchas, decir sus verdades, incidiendo, incluso en lo que hay en los seres de corrosivo, enfrentando los aspectos de negación humana, con las virtudes, particularmente la ternura que, a mi entender, es el don más varonil del hombre, el basamento de todos los actos de la existencia. La ternura es el origen de los mejores méritos humanos. El trabajo mismo, sin ternura que derive hacia la pasión, no tendría razón de ser, como el amor, como el ansia de superación".
"He viajado por todo Chile; además a Buenos Aires y Montevideo, con fines culturales. He dictado conferencias sobre literatura nacional y aspectos humanos y pintorescos de nuestra tierra en las más importantes ciudades del país, con el patrocinio especial del Ministerio de Educación Pública de la Universidad de Chile y la Universidad de Concepción. Desde hace cinco años trabajo en el Departamento de Cultura y Publicaciones del Ministerio de Educación Pública".
"En el aspecto material, podría asegurar que soy un hombre que no ha obtenido de la sociedad otra cosa que lo exclusivamente necesario para vivir en constante vigilia, no quiero decir zozobra. El mío es el caso, incluso, de la mayoría de los escritores de mi patria: trabajar en lo que se puede durante el día y dedicarle a la tarea de creación aquellos instantes que se le deben a la familia, a la lectura, al estudio, al propio descanso. No se entienda esto por queja. De ningún modo".
"Existo luchando. Y, si hubiera de lamentarme, no sería por mi, sino por los demás, por mi pueblo —sintetizando— que se merece un destino que tendrá que lograr algún día"...

(•) Del original, obsequiado por el autor y fechado el 7 de diciembre de 1954. El artículo se titula "Notas del Autor al Lector"' y fue publicado como prólogo a la edición norteamericana de "Una moneda al río y otros cuentos", 1954. Aquí se ha utilizado fragmentariamente, ya que las numerosas alusiones a su obra van en los capítulos respectivos.