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Nicanor Parra y sus inquietudes cotidianas

Por Francisco Véjar
Publicado en Cuadernos Hispanoamericanos. N°738, diciembre 2011



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Nicanor Parra (San Fabián, Provincia de Ñuble, Chile, 5 de septiembre de 1914) es uno de los mayores poetas de nuestra lengua. Se formó como matemático y físico. Su obra poética ha tenido una profunda influencia en la literatura hispanoamericana. Es además el creador de la antipoesía, que no es lo que parece («la antipoesía es poesía», ha declarado recientemente). Harold Bloom lo ha considerado «un auténtico innovador y un monumento cómplice a la Ansiedad de la Influencia». En diciembre de 2011, a los 97 años, se le concedió el Premio Cervantes por el conjunto de su obra. Francisco Véjar (Viña del Mar, 1967), que dialoga para Cuadernos Hispanoamericanos con el gran escritor chileno, es poeta, antólogo y crítico literario. Dirige el taller Villarreal. Ha publicado Fluvial (1988), Música para un álbum personal (1992), Continuidad del viaje (1994), A vuelo de poeta (1996), Canciones imposibles (1998), País insomnio (2000), El emboscado (2003), Bitácora del emboscado (2005) y La fiesta y la ceniza (2008). Ha sido seleccionado en diversas antologías, tanto en Chile como en el extranjero. En 1999 editó la Antología de la joven poesía chilena y en 2002 publica Georg Trakl. Homenaje desde Chile en coautoría con Sven Olsson y Armando Roa Vial. Véjar tiene una larga trayectoria como entrevistador, y ha recogido sus diálogos con escritores en Los inesperados (Tajamar editores, 2009).

El antipoeta hace años se radicó en Las Cruces, balneario de la costa central de Chile. Ya no hace vida literaria, como confidenció. Recibe a sus más cercanos y huye del acoso periodístico. Sin embargo, siempre se le ve con un cuaderno y un lápiz, listo para anotar frases que apunta sobre un periódico, donde aparece la Estatua de la Libertad y sentencia: «Soy frígida / sólo me muevo con fines de lucro». Siempre está leyendo y según él se hace acompañar durante el día por una copa de vino tinto, agua mineral sin gas, ácido ascórbico (Vitamina C), té y sus comidas regulares. A veces viaja a Santiago a ver a sus nietos, en su casa ubicada en la comuna de La Reina. Pero prefiere el llamado del mar. Allí nos recibe en una dependencia que, por donde uno mire, se siente el flujo oceánico. Al entrar se divisan en el living mini exposiciones de sus artefactos. Tiene muebles de estilo y desde el balcón se alcanza a ver la tumba de Vicente Huidobro. Es permanentemente visitado por sus hijos y vive acompañado por una joven que hace los quehaceres de la casa. Pese a sus 97 años, permanece lúcido y mordaz. Camina sin ninguna dificultad, e incluso, a veces maneja su viejo Wolsvagen. Curiosamente desde hace décadas viene dibujando la figura del Quijote de la Mancha, ya sea en superficies de madera o en otros soportes. Sabemos que ahora está releyendo El Quijote y contento de haber sido distinguido con el Premio Cervantes 2011. ¿Viajará a recibir el galardón? Es todo un enigma. En Chile la poesía está de fiesta. El antipoeta, tiene ahora la tribuna:


Entrando al área política. ¿Qué le pareció que Sebastián Piñera Echenique, nuestro actual Presidente de la República lo diera por muerto en una declaración pública?
—Eso no es casual. Sebastián se las sabe todas. Ese fue un mensaje para mí, porque no me cuadré con su candidatura. Es una larga historia. Él desde hace años me dio carta blanca en Lan Chile para viajar a cualquier lugar del mundo, gratis y en primera clase. Esto incluye a la familia y amigos. Pero aquí hay una disyuntiva con respecto a que no le diera el voto. El problema es que yo estaba en deuda con el padre de Eduardo Frei Ruiz Tagle, también candidato a la presidencia. Ahora bien, el año 1969 gobernaba Eduardo Frei Montalva. Por esos meses se daba el Premio Nacional de Literatura y yo era uno de los candidatos. Y un día Máximo Pacheco, el Ministro de Educación de aquella época, me llama aparte en el museo de Bellas Artes y dice: «Nicanor. Eres nuestro candidato para el Premio Nacional de Literatura» y desapareció. Yo quedé temblando. Días más tarde publiqué un artefacto que decía: «Se vende Chile / Hablar con Frei». Súbitamente recibí un llamado telefónico del Ministro, aduciendo: «Venga inmediatamente a mi casa». Fui y me hicieron esperar mucho rato. Hasta que llegó una empleada y dijo: «Lo esperan en el living». Después de un largo sendero rodeado de naturaleza, pude entrar. «Nicanor —repuso—, mire esto». Era la mentada publicación. «Usted entenderá —agregó el Ministro— que después de esto no lo podemos apoyar». «Venga y mire por la ventana», repuse. Y en los muros estaba escrita dicha frase. «Yo no hice más que reproducir lo que se escribe en la calle», balbuceé. Me miró y subió al segundo piso de su casa y no volvió más. Más tarde, los sirvientes me condujeron a la puerta de salida a la calle. Con todo, Freí Montalva recapacitó y dio su apoyo a mi candidatura. Bajo su gobierno recibí dicha distinción.

¿Sebastián Piñera lo habrá sentido como una traición?
—No lo sé. Sin embargo ayer estuvo, un representante de su gobierno para decirme que querían repostular mi candidatura al Premio Nobel de Literatura. Le respondí: «Hagan lo que quieran, pero no cuenten conmigo». Imagínate un viejo de 100 años haciendo el ridículo y fotografiándose con el Presidente de la República y clamando por el Nobel. Prefiero mirar el mar, aquí en Las Cruces. Con eso me doy por satisfecho.

Pero, ¿cuál fue su candidato a la presidencia de la república?
—Ninguno en especial, pero terminé votando por Jorge Arrate de la izquierda independiente.

¿Y cómo ve la política actual chilena?
—Los estudiantes son los que tienen ahora la palabra. Luchan legítimamente por sus derechos.

Pasemos ahora al plano literario, ¿qué está leyendo hoy?
—Acabo de releer Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll. Pero ahí no habla una niña. Quien habla es un adulto. Lo que hay que rescatar es el lenguaje de la más primigenia infancia. La pregunta es cómo y la respuesta es sencilla: escuchándolos. Entonces uno pone oreja a lo que dicen espontáneamente y desde ahí brota lo que los psicólogos llaman el punto «r». Ahí no interviene la razón. Voy a dar un ejemplo. Una tarde estaba con una amiga y su hija de cuatro años que veía por primera vez el mar en Las Cruces. Luego dijo lo siguiente: «El agua flota en el mar / debajo del agua hay más agua/» Yo lo anoté y lo incorporé al interior de un poema.

¿Deberían poner la atención los poeta en aquello?
—¡Por cierto! Eso deberían hacer los poetas en la actualidad y hablar en voz baja. Nosotros ya hemos gritado demasiado. Hay que poner atención en lo que está escribiendo Alejandro Zambra. Por ejemplo, aquí se está viviendo el ambiente de su novela La vida privada de los árboles. Tras el balcón hay árboles añosos y uno de ellos está a punto de caer sobre una de las casas colindantes. Entonces llamé al alcalde de Las Cruces y vino, y se sentó donde están ahora ustedes. Le conté el drama y él contestó: «Nicanor, ese árbol está dentro de su terreno. Por lo tanto, si se cae en una de las viviendas aledañas, usted tiene que asumir los daños y su respectivo costo. Ni siquiera le podemos prestar ayuda para derribarlo». Quedé patidifuso. Y le dije rápidamente: «Bueno, no hay nada más que hablar. Tan enemigos como antes —le espeté— y lo conduje a la puerta de salida de la casa». Se dan cuenta, eso me puede salir una fortuna.

¿Por qué cree que ha llegado a los 97 años?
—Es la herencia mapuche. Yo viví cerca de los mapuches desde muy niño. Los mapuches vivían sin mercado, tenían su huerto, iban al pueblo de tarde en tarde a comprar los vicios. «En resumen / En Síntesis/ En pocas palabras: / muchos los problemas / una la solución/ Economía Mapuche de subsistencia.» Estas frases no están puestas por azar. Tienen que ver también con el colapso ecológico y con la situación que vive el mundo, no ajena a uno. Aquí no hay ningún mensaje específico que se privilegie. Pero finalmente el oráculo señala: «Hagas lo que hagas / te arrepentirás».

¿Qué prevalece en usted el físico o el antipoeta?
— Ambos. A veces de noche, siento que las ecuaciones bailan en mi cabeza.

¿Y qué nos puede decir de la teoría del big bang y el big crunch?
—Es algo que no me deja tranquilo. Cuando pongo la cabeza cerca de la ventana y miro hacia el mar, vuelvo a escuchar los diálogos de Hamlet. Están ahí, no ha pasado el tiempo. Hamlet es la culminación de todo.

¿Cómo recibió la noticia del Premio Cervantes 2011?
—Escuchando rancheras y a Carlos Gardel, y con una mano sobre el segundo tomo de mis obras completas, publicadas recientemente en España por Galaxia Gutenberg. Hoy encontré el siguiente artefacto que escribí hace años: Allí apunté: «No lea tanto la Biblia mamá / puede pasarle lo de Don Quijote». Ese es sólo el comienzo de lo que vendrá después.

Y después de estas distinciones, ¿quién es realmente Nicanor Parra?
—Un sujeto con un signo de interrogación sobre su cabeza.

 

Fotografía superior de Chamila Rodríguez
Nicanor Parra en su casa de Las Cruces
@chamilactriz




 

 

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