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Aproximaciones al humor en la antipoesía

Por Jorge Etcheverry Arcaya



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En la obra de Nicanor Parra ha sido vastamente advertida la presencia de la ironía y la parodia, en sus grados diversos de negatividad o crítica de lo que aparece como contenido, referente o correlato objetivo en el poema, que son las situaciones, personas, expresiones o discursos de la así llamada realidad o mundo. Otros elementos igualmente presentes en su obra antipoética son lo cómico y el humor. Todos estos componentes son simultáneos, forman parte del mismo texto, de la misma experiencia de lectura. Pero por otro lado, la presencia del humor en la poesía de Parra no significa que necesariamente tenga un efecto positivo, ya que el humor puede ser cáustico y llevarnos a una visión despiadada de lo que se ofrece como objeto de risa. En el otro extremo puede hacernos reír con entusiasmo ante la asociación inesperada que se nos presenta, o incluso llevarnos a sentir ternura frente a la situación o el personaje objeto del humor. Y no es raro que este humor haga vibrar algo quizás recóndito en el lector.

En todo caso, ya sea que su lectura aporte para una crítica mordaz del mundo contemporáneo, o despierte la explosión de bienestar anímico, en el fondo positivo, del humor, la antipoesía y su máximo exponente y creador tienen una estatura indudable como uno de los productos culturales señeros. Y el ya venerable, en años aunque no en ánimo, Nicanor Parra, se encuentra entre los más importantes cultores de la literatura mundial. Y cito: “Algunos críticos han llegado a afirmar que Nicanor Parra es el mejor poeta vivo de Occidente, de lo cual debería inferirse que es un fiel representante de la historia fenomenológica del siglo XX”, (Disparates religiosos y políticos en la poesía de Nicanor Parra Prof. Dr. José Alberto de la Fuente).

No sé si me atrevería a decir que Parra sea el mejor poeta del mundo, no tan sólo de nuestro hemisferio, aunque sé que alguien puede dudar de que lo que se hace en el resto del mundo es poesía realmente poesía, al menos en los mismos términos occidentales. Y por otro lado, en estos tiempos de multiplicidad de cánones para juzgar y clasificar lo literario y los productos culturales, nos tendríamos que preguntar qué significa “mejor” en el ámbito literario y al calificar a Parra como el mejor poeta. Reflexiones estas que bordean temas que por su sensibilidad resulta delicado problematizar in extenso en muchos contextos culturales contemporáneos. Pero las reflexiones anteriores bordean terrenos ambiguos, serios, como la cultura y la identidad, que oscilan entre lo reaccionario y lo progresista, pero que también dan cabida a lo humorístico y así nos permiten ir acercándonos al humor en la antipoesía, que potencialmente tiene la capacidad de encaminar su ironía y también su humor hacia ciertos campos del discurso y la realidad social y cultural contemporáneas que imponen rigideces y barreras al pensamiento a veces difíciles de sobrellevar. Es indudable que el humor en la antipoesía está vinculado estrechamente con su adopción programática de los discursos sociales y el lenguaje popular. Parra dice en una entrevista: “-Yo pienso -no sé si será esto un dogma o no- que una vez que llega la poesía del habla ya no se puede retroceder. La antipoesía significa la muerte de los metalenguajes de los poetas líricos anteriores. La jerga personal desaparece y queda establecido de una vez para siempre que la poesía no puede ser sino una máquina que funciona con la energía que saca del habla. No se trata de reproducir el habla tal cual, sino que es el espíritu del habla, la poesía como diálogo, como comunicación. De lo que se trata es de no salirse del genio del idioma hablado.” (Nicanor Parra: un embutido de ángel y de bestia, de Ana María Foxley).

El dialogismo y la polifonía, egregiamente presentes en la escritura de Parra, forman parte de una galaxia de atributos de la cultura popular que Mikhail Mikhailovich Bakhtin descubre en las obras literarias, constelación al que no es ajeno el humor, y cito “Bakhtin escribió que la concepción del humor tuvo lugar dentro de carnaval. De hecho toda la idea de devolver la vida a su "vulgaridad" es un concepto central del carnavalismo” en "Rabelais y su mundo", de Angela Mitchell. Es seguro que leer a Parra habría entusiasmado al crítico y literaturólogo ruso. Es innegable que la presencia del humor en Parra se vincula al carácter popular de su poesía.

Podría decirse que lo humorístico se manifiesta en la literatura tanto en el contenido como en la expresión—la forma—. Por ejemplo, cuando se lee el título “Zapatería Bilateral de Belarmino Pinto”, en Belarmino y Apolonio, novela de 1921 de Ramón Pérez de Ayala, es el adjetivo “bilateral” el que provoca una sensación de absurdo y de cierta comicidad. Aquí, lo cómico o rayano en lo cómico tiene como fuente la expresión lingüística. Frente a lo cómico cabe la actitud de convertirlo en objeto de risa, distanciándolo de manera irónica, pero también hay lugar para lo crítico, ya que “La ironía es una figura retórica… en la que las palabras transmiten un significado diferente del literal, tiene un humor entre adusto y sarcástico. …En el mismo discurso hay un discurso yuxtapuesto que implica que quien emite el mensaje asume un distanciamiento crítico frente al tema tratado, o la realidad que lo circunda”, “La ironía acude a lo paródico, entendiendo que la parodia es un contradiscurso, o discurso paralelo, generalmente asociado a lo cómico debido a la ridiculización que hace del objeto parodiado.” Así, la ironía en Parra es un vehículo a la parodia, ya que “El uso de la ironía, la sátira y la parodia generan casi siempre la risa, el humor” (Intertextualidad, ironía, parodia y sátira: elementos constitutivos y subversivos en los antipoemas de Nicanor Parra, Albeiro Arias U.T.P. /U.T. Por ejemplo, el famoso lema de Mao “El viejo tonto que movía las montañas”, quizás podría convertirse en un escueto artefacto solo con agregarle la palabra “no”, quedando: “el viejo tonto que no movía las montañas”, que quizás sería un chiste en una situación ni de lectura o escucha de poesía, en una calle por ejemplo, o en una esquina, en un círculo de gente familiarizada con el marxismo, pero mantendría el mismo sentido que en el presunto mini antipoema, solo que ahora en el registro cotidiano. Por el contrario, en el caso por ejemplo de “me gustas cuando callas porque estás como ausente”, de Neruda, al pasar de la convención poética a la situación mundana, se pierde el estado de ánimo original y se desemboca en la cursilería. De alguna manera, y pese a que la antipoesía se restringe a la convención y expectativas poéticas y tiene lugar exclusivamente en la esfera de la lectura convencional de la poesía, es más posible que se trasvasije al mundo lingüístico y situacional cotidiano del que en gran medida procede. Algunos artefactos de Parra, como “Cuba sí, yanquis también” que jugaba sobre una consigna contemporánea, han pasado a ser bastante conocidos por los chilenos en general, y cito “O este otro ejemplo:

“La izquierda y la derecha unidas
Jamás serán vencidas”,

en que el cliché político chileno de comienzos de los setenta:

“La izquierda unida
Jamás será vencida”

se ve sustituido por el antipoema que lo utiliza para existir, pero que al plasmarse niega la consigna. Así vemos que la antipoesía existe y se nutre del contexto social, político y cultural, que está hecha para los coetáneos, que pueden efectuar inmediatamente las conexiones que su lectura exige. El antipoema es un espacio que permite una cierta visión de la realidad contemporánea a través de sus fragmentos y escombros. No olvidemos el dicho heideggeriano de que "el mundo aparece tras el horizonte de los útiles rotos". (Por qué Parra, por qué ahora. Jorge Etcheverry).

Y es más posible que los discursos sociales diversos se viertan en la antipoesía antes que en otras formas poéticas. Por supuesto que están presentes en la antipoesía la dimensión crítica, el uso de la ironía y la parodia, el sentido existencial, el sentido del absurdo y alienación del discurso, la figura del hombre medio contemporáneo, alienado e inadecuado, perdido en las calles de la ciudad, acechado por aparentes elecciones múltiples que a lo mejor no lo son tanto. Todos estos aspectos que ya ha tocado la seria y a veces dramática crítica chilena que intenta establecer un cánon de la seriedad, la tradición y la moderación, del que el mismo Parra se ríe muchas veces. Pero además, en la antipoesía, el humor es un elemento básico de la identificación con el lector. Por ejemplo, si nos vamos al Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (de Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (Santiago, Ganymedes, 1979), nos encontramos con los siguientes versos iniciales:

A pesar de que vengo preparado
realmente no sé por dónde empezar
empezaré sacándome las gafas
esta barba no crean que es postiza
22 años que no me la corto
como tampoco me corto las uñas
o sea que cumplí la palabra empeñada
más allá de la fecha convenida
puesto que la manda fue sólo por veinte
no me he cortado barba ni uñas
solamente las uñas de los pies
en honor a mi madre idolatrada
pero por las que tuve que pasar
humillaciones calumnias desprecios
siendo que yo no molestaba a nadie
sólo cumplía la sagrada promesa
que hice cuando ella murió
no cortarme la barba ni las uñas
por un lapso de veinte años
en homenaje a su sagrada memoria
renunciar a la vestimenta común
y reemplazarla por un humilde sayal
ahora les revelaré mi secreto
la penitencia ya se cumplió
pronto me podrán ver
nuevamente vestido de civil.

En “a pesar de que vengo preparado”, se juega con una expresión coloquial, usual en discursos y ceremonias, el cliché “aunque no vengo preparado”, que aquí se invierte, ya que quien la usa habitualmente suele soltar un discurso muy ensayado. El elemento de la manda proviene también del discurso popular. Una persona escribe anónimamente por internet: “Quiero pedirle a nuestra virgen de Guadalupe una manda, por favor me pueden ayudar para poder pedírsela correctamente. Gracias ”. Otro elemento de la cultura popular es la penitencia, que suele conllevar una manifestación externa, la que puede señalar socialmente al penitente como raro o ridículo, lo que forma parte del efecto buscado, una especie de Gólgota mínimo. Estar vestido de civil es otro coloquialismo popular, no andar de cura, soldado, o con otra vestimenta. Desde el inicio del poema, el Cristo de Elqui inicia su confesión o prédica, que es pública, es una suerte de actuación “pronto me podrán ver/nuevamente vestido de civil”.

El Cristo de Elqui es un personaje de la vida real, pero en el poema, Parra construye un carácter ficticio que irrumpe directamente en el texto desde el comienzo interpelando al lector “esta barba no crean que es postiza”; “ahora les revelaré mi secreto”. Estos casos de personajes que se dirigen al eventual lector como parte de un diálogo o destinatario de un monólogo abundan en los poemas de Parra. Por ejemplo, en “Autorretrato”, que se inicia “Considerad, muchachos,/ este gabán de fraile mendicante;/soy profesor de un liceo oscuro”; también está presente en el “soliloquio del individuo “yo soy el individuo./Primero viví en una roca/(Allí grabé algunas figuras)”, así como en Hay un día feliz, “nuca pensé, creédmelo, un instante/Volver a ver esta querida tierra,”. Esa calidad actorial contribuye a crear una cierta intimidad con el lector “Con el filo de la lengua traté de comunicarme con los espectadores:/”Ellos leían el periódico/O desaparecían detrás de un taxi.” Esta última cita revela que pese a esta voluntad interpeladora, la recepción es problemática y el hablante poético es consciente de ello. En general, cuando aparecen estos personajes actoriales, el humor es una parte importante de su actuación. De alguna manera, todos los hablantes de Parra son personajes sociales que así van formando una galería, un friso de las posibilidades del antihéroe contemporáneo, me atrevería a decir urbano. Se presentan ante el lector y dialogan o monologan con él desde ese lenguaje en apariencia popular, cotidiano, inmediato, liviano, pero por esa misma facilidad nos hace ingresar en ese discurso que corroe los lugares comunes y las realidades sociales contradictorias o alienadas y que, por el acto de corroerlas, redime la conciencia de lector que se rescata a través del reconocimiento del sentido en esa expresión agridulce, de dulce y de grasa, pero combinados, y el dulce es el humor, que es una parte integrante del poema parriano. Como dice Fernando Veas Mercado: “La poesía de Parra nos penetra, nos ofusca, nos hace reír con risa de cartón, porque es, claramente, lo contradictorio del ser humano, ese vaivén de lo mejor a lo peor; basta escuchar las noticias, que, por muy manipuladas que estén, corresponden a nuestra realidad que enfoca ciertos hechos… para ocultar otros.” “Los centenarios cuando no dan vida matan (N. Parra, Pasaron esos tiempos, Also Sprach Altazor).

Así, el humor aparece como el vehículo de la antipoesía con el lector, y nos entrega la visión crítica pero no dogmática que Parra tiene de la realidad actual y que se manifiesta en los discursos sociales que yuxtapone y subvierte. Es el humor el que da la proximidad necesaria para que nos llegue o nos toque el aspecto paródico, crítico del mundo cotidiano, sus discursos socioculturales y las ideologías que los sustentan. Como dice Raúl Zurita, “La antipoesía interpreta algo antes inexpresado de nuestra vida y del mundo, que acercó profundamente la poesía a la vida”, Pero así como el carnaval era la interrupción de la vida de todos los días mediante el absurdo, lo lúdico, el trastorno de las jerarquías y roles sociales, después de lo cual todo volvía a lo normal, aunque quedara una huella, la antipoesía acerca la poesía a la vida, pero no se sume en ella, se mantiene la distancia. El humor es la puerta que se abre al lector a la expresión poética compleja pero aparentemente simple que es el discurso antipoético, que dura lo que dura el acto de lectura, es decir, se cumple solamente en el ámbito de la convención y lectura poéticas.

Nadie va a extender la antipoesía al ámbito de la realidad cotidiana como un discurso político crítico, encaminado hacia la resolución de un estado de cosas mediante una praxis. Lo que no significa negar que la literatura o la poesía no tengan ningún impacto en el mundo social. Alguna vez leí por ahí que cuando Goethe publicó Las desventuras del joven Werther, en 1773, se suicidaron 13.000 jóvenes románticos. No sé hasta qué punto sea cierto. A medida que las circunstancias históricas se hacen por así decir cada vez menos ‘humorísticas’—quizás nunca lo fueron pero ahora nos enteramos más— y como contrapeso natural, la envergadura de la poesía Nicanor Parra se ha ido extendiendo, al menos en el campo literario y de la lectura de poesía, quizás como una antítesis a los discursos, serios, fieros y universalmente excluyentes que secretan las tendencias más militantes en el campo de la afirmación religiosa, o etnocultural, etc. Esperamos que aún pueda darse alguna iniciativa para convertir a Nicanor Parra en Premio Nobel, que pueda prosperar en un ambiente en que la seriedad y gravedad parecieran acompañar a la fragilidad identitaria de los grupos y naciones que bregan por rescatar o validar su historia/modo de vida en el marco de una globalización alienante. Este premio Nobel para Nicanor Parra y la antipoesía sería una pequeña válvula de escape para expresar, a través del humor, la parodia y la ironía, las contradicciones y diferencias en este mundo que alguien llamó el del fin de la historia, en apariencia multifacético y vistoso, pero en realidad cada vez más homogéneo, frente al que no pareciera haber alternativas.

 

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Leído recientemente en la Jornada Literaria y Cultural dedicada a Chile en el marco del Festival de la Palabra y de la Imagen, realizado en el Glendon Collegue, de la York University, en Toronto, Canadá, y publicado en la cita trunca.




 


 

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