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Quejumbre en el litoral
La batalla de Placilla de Marcelo Mellado. Editorial Hueders, 2012, 252 pp.

Por Patricia Espinosa
Las Últimas Noticias, viernes 5 de octubre de 2012


 

 


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Resulta lamentable que Marcelo Mellado, quien hasta ahora había presentado un coherente y original proyecto literario, involucione casi hasta fojas cero con su nueva novela, La batalla de Placilla. Es un texto fallidamente estructurado, débil en lo anecdótico y fatal en la configuración de sus personajes. Lo peor, por lejos, es su pésima prosa. Es una escritura llena de tics, reiteraciones y afectaciones varias –que parece tener como referente la retórica de la Escena de Avanzada, al modo de Nelly Richard-, que genera frases barrocas y vacías, donde lo simple se convierte en complejo mediante el uso de un tecnolecto cuya función es dejar muy en claro que se es un letrado de tomo y lomo.

En términos de anécdota, es posible reducirla a un par de líneas, el resto son reclamos, lloriqueos y divagaciones derrotistas sobre el ambiente cultural de la Quinta Región, donde tienen lugar preferencial estudiantes universitarios, artistas y poetas. Por medio de un convencional narrador omnisciente, conocemos a Cancino, el protagonista, que en los años setenta fue un estudiante universitario de letras, que coqueteó con la izquierda y que hoy vive de trabajos ocasionales. A través de los contactos de su amiga Magda, Cancino consigue un puesto en una universidad privada de la región. Su labor será una investigación sobre la batalla de Placilla, suceso ocurrido a fines del siglo diecinueve que el volumen trabajará como un mero desvío del discurso de protagonista. Los segmentos referidos a la mentada batalla son totalmente prescindibles, ya que jamás se logra establecer algún vínculo interesante entre pasado y presente.

El protagonista es un personaje plano, quieto y predecible. Su discurso delirante corresponde al cliché del tipo que ve acercarse la tercera edad, radicalizando su amargura y el tono quejumbroso, quedándose sólo con el mito de un pasado que, aunque duro, fue mejor que el presente. La negatividad de su pensamiento lo transforma en un conservador acérrimo, cuya voz contiene un claro sesgo moralizante. Al respecto cabe señalar que toda la novela expone una verdadera obsesión por los homosexuales, cuyo sentido satírico se ve sobrepasado por el peso del registro discriminador de expresiones como “basura humana”, “generación asquerosa”, que utilizan “sus prácticas sórdidas para lograr posicionamiento local”, en especial los poetas que se la pasan “ensartados” (pasiva o activamente)”

A pesar de la histeria que inunda toda la narración, la novela se convierte en una entidad seca e inmóvil. Los personajes secundarios son meras comparsas de Cancino, débiles contrapuntos que incluso hablan exactamente igual al protagonista, lo que redunda en un punto de vista único. La evidente falta de expansión del foco hace fracasar el pretendido nihilismo de Cancino restándole todo vuelo cultural, político o filosófico.

Mellado nos presenta en esta oportunidad una escritura envejecida, mal compuesta, reiterativa, rígida en la prosa, carente de ritmo, de tensión dramática y de funcionalidad estética. Un libro que sólo sirve como ejemplo de decadencia literaria.



 

 

 

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La batalla de Placilla de Marcelo Mellado. Editorial Hueders, 2012, 252 pp.
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