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Crítica Literaria

Por Patricia Espinosa
Publicado en Las Últimas Noticias, del 26 de junio al 24 de julio de 2020



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Inmundos. Tres relatos necrófilos
Carvacho Alfaro. Emergencia Narrativa, 2019, 98 páginas.
LUN, 26 de junio de 2020

El moralismo y la represión son las principales líneas de fuerza de estos relatos de Carvacho Alfaro. Inmundo es un libro que remarca la decadencia de unos personajes construidos desde el asco y la repugnancia, sin solidaridad alguna de parte de la voz narrativa. A este conjunto de seres solo les queda experimentar una sexualidad extrema gobernada por impulsos secretos y pecaminosos.

Quilpué y Valparaíso son los lugares elegidos para situar a los sujetos que dan vida a las tres narraciones que componen el volumen. Sitios indudablemente poco aprovechados, ya que no pasan de ser meros decorados. El autor sigue el formato "perfil" para construir a sus personajes. El libro termina siendo una suerte de museo donde es posible acceder a la intimidad de un pequeño grupo de seres perdidos en su anonimato, rutinas y pensamientos lascivos.

"Inmundo", el relato que abre el libro, convoca a cinco personajes a través del método de las voces secuenciadas, en 39 fragmentos, por las cuales se accede a su interioridad. Se trata de segmentos breves, donde opera un narrador omnisciente que va describiendo vidas particulares que terminarán entrecruzándose. Renzo Chandía, el protagonista, es un bibliotecario adicto al porno, que sueña con tener sexo con muertas; en paralelo aparece el clan de los Salgado: Aura, soltera, dedicada a cuidar a su turbio padre, Raimundo; Dina, hermana de Raimundo, y su hijo Ciro, que al igual que Renzo es un asiduo consumidor de porno. No está de más señalar que casi todos, a excepción de los dos ancianos, se masturban compulsivamente, conducta emergida de su narcisismo y, en el caso de los hombres, de una actitud despreciativa hacia las mujeres.

El segundo relato, "¡La noche es de los poetas!", conformado por 13 breves fragmentos, se inmiscuye en una pareja gay, el VIH y todo aquello que implica esta enfermedad cuando se es pobre. La narración en primera persona consigue un uso más temperado del lenguaje y mayor hondura en la romántica intimidad del protagonista y su pareja, desesperados no solo por conseguir droga, sino por vivir a su modo. El tono y el lenguaje son violentos, pero, en oposición al relato anterior, tienen un importante giro hacia la emotividad y la tristeza, y aun cuando se sospecha el desenlace, esto no constituye un bloqueo a la expectativa lectora, que se dirige hacia los sentimientos del protagonista.

"Ian" es el título y nombre del protagonista del relato final, un artista punk de Valparaíso, además de borracho, drogadicto y loco. Es la parte más breve y débil del libro, conformada también por una sucesión de escenas a cargo de una voz omnisciente. El relato exagera con Ian, en especial en sus delirios de poco vuelo y fracasa con fuerza en el grandilocuente cierre.

Pese a sus defectos, estos cuentos de todos modos consiguen generar cierta atmósfera mórbida, donde la sexualidad traumática no solo es el único placer posible de los protagonistas, sino también el fin último de sus planas vidas. Desgraciadamente, la fuerte presencia del juicio moralista, que asume la sexualidad como una cochinada, tritura la exploración en los personajes. Así, se exacerba y sanciona todo aquello que pueda sonar a formas diversas del placer, clausurando la posibilidad de elaborar una reflexión sobre el lado oscuro de unas humanidades que los relatos parecen despreciar.


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Carvacho Alfaro (Quilpué, 1982) es autor de dos libros de poesía y del sustancioso ensayo "Clásicos de la miseria. Canon y margen en la literatura chilena". Con "Inmundos. Tres relatos necrófilos" debuta en la narrativa.



Víctor 1907
Daniela Viviani. Planeta, 2020, 331 páginas.
LUN, 3 de julio de 2020

Con un estilo ágil y dinámico, Daniela Viviani escribe este thriller de época sobre la disconformidad de género a principios de siglo XX. Víctor 1907 es una novela que establece un paralelo entre la represión individual y la colectiva. Lo mejor es que, lejos de intentar detener la rebeldía de su protagonista, la narración incita a ir siempre más allá del sometimiento.

Claramente, el núcleo argumentativo recuerda la teleserie nacional Pampa Ilusión, del año 2001, pero los suavizados conflictos de esa producción televisiva aparecen recargados en esta novela. Luisa Carvajal Viviani es el personaje central. Dentro de las convenciones de la época, su padre profesor y su madre cocinera, de origen italiano, se han esforzado por crear una familia feliz. Víctor, el hermano mellizo de Luisa, por su condición de varón ha sido enviado a estudiar a la capital, mientras que Luisa ha debido conformarse con seguir los pasos de su madre y sacrificar sus enormes deseos de otra vida.

Entre 1907 y 1912 transcurre esta historia en torno a una adolescente en permanente disconformidad no solo con su destino sino también con su género. Luisa, aprovechando el enorme parecido con Víctor, no pierde ocasión de disfrazarse de hombre. Lo que al comienzo parece ser una seguidilla de aventuras picarescas poco a poco se convierte en una dramática situación que cambia su existencia.

Mínima, por decir lo menos, es la presencia de personajes transgénero en roles protagónicos en la literatura nacional y menos aun en ficciones donde el relato enfatice la crisis de un personaje transgénero que vive la angustia de habitar un cuerpo equivocado. Luisa aborrece su cuerpo y las normas que se le imponen por el hecho de ser mujer y comienza a buscar una manera de manifestar su verdadera condición. Disfrazarse de varón le permite, por un breve periodo, acceder a lo que ha debido guardar como secreto y culpa.

Sin embargo, la muchacha ignora con exactitud qué es un hombre, cómo se define, qué es aquello que vuelve seductor a un varón ante una mujer. Ella, por tanto, elabora su propio modelo de masculinidad y de paso su propia identidad. Luisa, en su tránsito, se convierte en Gustavo y relega aquello que podría denominarse "lado femenino" a lo más recóndito de su intimidad.

Viviani genera una historia donde la acción es imparable. Por medio de incesantes aventuras, donde la protagonista siempre es el centro, accedemos tanto a su drama interno como a su vinculación con la causa de los trabajadores del salitre. Tanto ella como su familia apoyarán la huelga que terminará en la matanza de la Escuela Santa María de Iquique.

La escritura de Viviani es cercana, logra configurar coprotagonistas que van más allá del mero servicio al personaje protagónico. La alternancia de tiempos le otorga movilidad al relato y permite el contrapunto entre el pasado y el presente, permitiendo conocer el doloroso proceso de construcción de una nueva identidad de género.

La capacidad imaginativa de esta autora es enorme. Además, logra dar veracidad a los hechos sin acudir a un registro grotesco ni enjuiciador. El gran desnivel de esta novela son sus capítulos finales. Una y otra vez la trama parece concluir para nuevamente dar lugar a un nuevo capítulo que rompe la verosimilitud y la manera de equilibrar el conflicto central de él/la protagonista.

Es esta una buena novela de entretención, que cumple con abordar la historia del país y denunciar la violencia social ante la diferencia de género, de manera ciertamente ingeniosa.


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Daniela Viviani nació en Santiago en 1983. "Víctor 1907" es su tercera novela; las anteriores son "Luisa 1912" y "Maldita jefa". Como Daniela González ha publicado los cómics "Cabralesa, ¿conoces alguna?" y "Cabralesa, ¡nunca más!", ambos en coautoría con Daniel Zúñiga.


 


El muerto
Franco Pesce. Random House, 2019, 120 páginas.
LUN, 10 de julio de 2020

Aun cuando para algún lector o lectora este libro podría ser considerado monótono y reiterativo, constituye un acierto su persistencia en la manera en que representa la asfixia del protagonista y, por sobre todo, la propuesta de narrar una muerte y un duelo desde una mirada autorreferencial, odiosa en su apropiación del dolor y del derecho a recordar de manera excluyente, porque ninguno de los cercanos al muerto jamás logrará equipararse al engreído sentir de la voz principal.

Esta novela de Franco Pesce es un relato a dos voces: la de un narrador testigo, innominado, un mediador despojado de identidad, que nos lleva hacia la voz del protagonista, a quien conocemos solo por su apellido, López, quien ejecuta un monólogo intervenido por breves inscripciones del narrador. Esto permite que la voz de López dirigida al narrador testigo se vuelva cada vez más potente, monopolice el relato y no deje espacio para nada más que su mirada. Este recurso de tramar dos voces para luego jerarquizarlas resulta acertado en cuanto permite generar un simulacro de diálogo, cuando en realidad lo que tenemos es un monólogo, donde el protagonista establece los puntos focales y los tiempos de sus remembranzas.

Así, el tiempo se alarga, se descomprime, sin nada que altere su expansión. La ruta del narrador tiene siempre un centro: la muerte de Tiago, ahogado en el mar un viernes de noviembre. No hay más información, en verdad no es necesaria, ya que la historia se concentra en el proceso psicológico que experimenta López, quien fue testigo de la muerte. Él, sin embargo, no quiere exponer el detalle de la tragedia, sino las consecuencias en sí mismo, dejando incluso a Tiago en segundo plano.

Es complejo calificar la relación entre ambos solo como una amistad. No hay datos que rotulen su vínculo. La sospecha de un vínculo amoroso entre ellos queda siempre flotando. Por ello habría sido grandioso que la narración explorara más en esto, ya que originaria un potente discurso amoroso poco habitual en nuestra literatura de tema gay.

Más allá de lo que pudo ser, Pesce ejecuta una escritura minimalista, calculada en cada expresión de su estado convulso, que le permite construir un cuadro emocional particularmente llamativo en López: su dolor lo transforma en rabia hacia las amistades, familia y pareja de Tiago, con lo cual se apropia del duelo y siente que nadie más que él es capaz de sentir la pérdida de manera profunda y absoluta. Pero ese proceso es lento; solo pequeñas pistas dispersas a través del volumen, casi invisibles, permiten conocer qué hay detrás del dolor de López, del amor de López: "¿Cuánto es el dolor que resisto? Debería sentirme inundado de pena y yacer congelado, inmóvil, todo poseído por el dolor de la ausencia infinita de Tiago, que ha muerto. No estoy en ninguno de esos estados. Es decir, su muerte no me destruye". La constante contradicción entre la lejanía y la proximidad con Tiago lleva a López a probar y cautelar su capacidad de aguante del sufrimiento y a la dolorosa conciencia de haber sobrevivido a su muerte.

Pesce ha escrito una novela exasperada y emotiva, para lectores sin prisa, interesados en el discurrir de una conciencia torturada, en la que no existe ningún atisbo de responsabilidad o culpa por la muerte de un ser amado, pero sí la expresión del calvario de quien le sobrevive. El muerto es una novela que le da otra dimensión al narcisismo.


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Franco Pesce (Santiago, 1976) es ingeniero civil industrial y doctor en literatura hispanoamericana. "El muerto" es su segunda novela; la anterior, "Diario de la renuncia", fue publicada en 2016.


 


Dibujos de Hiroshima
Marcelo Simonetti. Emecé, 2020, 197 páginas.
LUN, 17 de julio de 2020

La bomba en Hiroshima y sus devastadores efectos tanto en las víctimas directas como en sus descendientes fue una de las grandes atrocidades del siglo XX. En esta novela, Marcelo Simonetti recupera ese espeluznante suceso y elabora un libro emotivo, donde la recuperación de la memoria se convierte en el único medio posible para alcanzar algo de paz.

Dibujos de Hiroshima posee una estructura similar a la de un relato folclórico, donde el héroe que encarna la bondad debe cumplir con una misión que lo llevará desde su lugar de origen hasta el otro lado del mundo. Valparaíso-Hiroshima es la ruta que sigue el joven estudiante de periodismo Yasuhiro Nakata, quien emprende ese trayecto con el fin de descifrar qué ocultan las últimas palabras de su recién fallecido abuelo Ryu Nakata.

Simonetti sigue el modelo de un policial metafísico, que en este caso particular al final adquiere un matiz fantástico. Los personajes, además, se dan tiempo para conversar largamente sobre los haikús, la existencia de vida tras la muerte y la creencia en una vinculación sobrenatural con el abuelo, que una vez instalado en Valparaíso nunca regresó a Hiroshima.

La narración propone a un protagonista con rasgos de artista ñoño. Sensible, tímido, respetuoso e ingenuo, Yasuhiro es un esteta que ve la belleza en las ruinas, que disfruta de la naturaleza y que observa la realidad preocupado de cada detalle. El aspecto más llamativo de su personalidad es la creencia en la vida post mortem y la importancia sobredimensionada que les otorga a las sincronías, como haber conocido en un corto periodo de tiempo, en Chile y Japón, a dos médiums o que su abuelo haya muerto casi al mismo tiempo que su mejor amigo en Japón.

El libro adquiere movilidad al conectar al protagonista con dos personajes que operan como sus ayudantes de investigación: Satoru, el chico que le arrienda un pequeño departamento en Hiroshima, y la nieta del mejor amigo de su abuelo, la audaz Akiko, de quien, por supuesto, Yasuhiro se enamora. Este trío posee rasgos de superhéroes, aunque despojados de condiciones suprahumanas, pero todo aquello que especulan termina siendo acertado.

La acción acelerada y la presencia de personajes imaginativos y entusiastas por vivir aventuras, a veces al borde de lo caricaturesco, junto con el exceso de coincidencias, convierten la búsqueda de Yasuhiro en un puzle de fácil armado. Sin embargo, no por ello la novela pierde atractivo ni su enorme capacidad para entretener mediante una trama que también deja lugar a la reflexión sobre el arte, el sentido de la vida y la memoria.

Simonetti ha escrito una novela tiernucha, con un protagonista buena persona, despojado de cualquier malicia, para quien recordar es una acción sobrenatural y personal, que se ubica por sobre el transcurrir fichado por la historia libresca. Esto da lugar a una escritura sustentada en la individualidad melancólica, que distingue un pasado dramático y un presente que busca reparar el dolor de sus fantasmas.

Aun cuando la novela está impregnada de una mirada romántica que redunda en una representación idealizada del abuelo, del paisaje y de las costumbres orientales de ayer y hoy, no logra debilitarse la propuesta literaria general anclada en la memoria como activador de la identidad.


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Entre los libros anteriores de Marcelo Simonetti (Valparaíso, 1966), destacan el conjunto de cuentos "El disco de Newton" y las novelas "La traición de Borges" y "El fotógrafo de Dios". El autor -que además de escritor es periodista, valga en su caso la redundancia-también ha publicado relatos infantiles y ha incursionado en la dramaturgia.


 


Lavando ropa pensando en él
Sergio Pavez. Librosdementira, 2019, 96 páginas.
LUN, 24 de julio de 2020

Crisanta (la mujer mandona) y Macabeo (el dominado, el apocado) son personajes de tiras cómicas nacionales de los años 40 del siglo pasado. Como tipos humanos han inundado ese humor simplón que busca la risa fácil a base de la reiteración de los prejuicios que les dan forma. Si a eso se le suma la anécdota sexual tenemos como resultado Lavando ropa pensando en él, un libro en el que proliferan anécdotas básicas, imaginativamente limitadas y blandengues, escritas con una falta de gracia y una desprolijidad de estilo insuperables.

Sergio Pavez es el autor de esta joyita donde el principal objetivo es confrontar a hombres incautos con mujeres pillas y malvadas. El volumen está conformado por ocho relatos que siguen siempre el mismo modelo: presentación del protagonista y su conflicto, insertos en un suceso "divertido" que se dirigirá a un remate tan mal logrado que todo se desarma una y otra vez. Es decir, estas historias no dan ni para chiste; la fomedad en grado sumo es su marca distintiva.

"León", el relato que abre este volumen, se refiere nada más ni nada menos que a un león que pasea por sobre los muros de dos casas de un condominio del sector poniente de Santiago. El animal se exhibe ante "el pobre Rodolfo" y la "histérica" Lorena, una mujer que gana más que su pareja, al parecer cesante por depresión, a quien deprecia y menoscaba. El león opera más como simple detonante, porque desaparece con una rapidez inusitada, mientras todos los esfuerzos se dirigen a demostrar la condición de víctima del varón y la agresividad de la dama.

El cruce de personajes es un aspecto que pudo potenciarse, pero resulta muy mal ejecutado. El pobre Rodolfo, del relato donde aparece el león, es el protagonista de "Bingo", cuento que se vincula con "Lavando ropa pensando en él". En los dos asoma Yolanda, abuela, deseosa de una aventura erótica que asiste a un bingo donde flirtea con un desconocido; es decir, con Rodolfo. Con esto se agota todo el despliegue técnico del libro, porque las historias avanzan rigurosamente por la senda de lo ultrarrepetido.

Un momento cumbre en la actitud de humorista decadente de este volumen es el relato "Paja o los carabineros", sobre un hombre obsesionado por ser masturbado no por una prostituta sino por una masajista profesional. Para ello lleva a cabo varios intentos, todos fracasados. El narrador así nos informa. "Es como una tradición de todas las masajistas darle un momento de soledad al cliente antes de comenzar la sesión. Con las masajistas-putas ese momento yo lo usaba para despabilarme la verga, pero con Sonia lo usé para correrme hacia un lado el calzoncillo desechable, con la intención de que se me asomaran un poco los cocos —algo sutil, que pareciera accidental— a ver si calentaba algo. Al menos yo, me calentaría si fuera masajista y a una clienta se le asomara un poquito la zorra". Aunque las demás narraciones tienen un lenguaje menos explícito, ese es el nivel de esta creación literaria.

"El Gato Mamani" es lo único salvable del conjunto. Sin duda, un cuento que bien podría considerarse como la recompensa ante tanto desacierto, ya que se abandona el tono chistosito y no hay mujeres; lo mejor que pudo pasarle, ya que no tiene cómo demostrar lo basura que son ellas.

Queda abierta la invitación a leer estos deteriorados relatos, al parecer rescatados desde el fondo de los tiempos idos. Quizás a alguien logren sacar alguna lastimosa sonrisa, porque para todo hay gente.


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Nacido en Santiago en 1975, Sergio Pavez es publicista y escritor. Con "Lavando ropa pensando en él" debuta en la narrativa adulta. Anteriormente publicó dos libros infantiles.



 

 

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