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Me visto para salir, no tengo que salir
Una lectura de Extranjería

Por Dafne Meetz


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Salir para encontrarse, constatarse en lo otro, en el exterior, en una experiencia amorosa con aquello que está afuera; el reflejo. Experiencia homoamorosa, homoerótica con el mundo al que la voz, a la vez que lo nombra, lo devora.

El viaje empieza en casa y la casa es el Ego, título de la primera parte, una casa desarraigada, en donde la voz comienza por reconocerse a si misma, a armar el equipaje con las imágenes en que se reconoce:

“POESÍA hecha para mi voz. Desde el interior, volver a la palabra, concentrarme en ella, en una imagen. En la cola para recoger el NIE*, en las caras de aquellos ordenados en fila como animales.”

He aquí la partida, la acción autopoiética de la voz,  un acto consciente de significación, de crearse como un sistema de signos viendo alrededor, reconociéndose en el otro semejante, incorporando su imagen, otorgándole significado, el escritor inventándose en su escritura.

“Yo en medio de todo
emisor y receptor de mi propia esencia
Un paisaje de mí mismo
plantaciones mares puentes de mí mismo
yo incrustado en la roca
Toda la naturaleza hecha a mi imagen
y semejanza…
ritual de invitados idénticos a mi… sacrificados envueltos en cada una de mis sábanas,
autogolpe de media tarde…desde ahora dios de mi propio dios”

Pero, por supuesto, no es tan simple, no es lineal el viaje, hay una paradoja, hay un problema, un encierro y una clave que reconocemos en el poema Despertar:

“el frío luminoso de este invierno
me saca del camino y borra el futuro.
debo vestirme para salir
(no tengo que salir)
Y me derrumbo otra vez en un retorcijo de escombros arruinados…
Quizás ha sido la falta de ruido,
la falta de aire
que me destruye cada noche
y hace recoger mis restos por la mañana.

El sueño es un sueño
y solamente hay que despertar de él”

Por eso el ímpetu con que se acomete esta empresa, digo, viajar, vivir, escribir, amar, porque no es un deber es una acción pasional, porque no es una necesidad es un deseo, es una elección personal, cuando vemos que lo otro es el abatimiento, la soledad y la ruina, entonces el hablante declara

“YO, EL POETA, me devoro el mundo
con las manos y bebo sus fluidos, amo
a los hombres y a las mujeres, y a sus ojos
inocentes o sarcásticos…
Abrazo a los animales, los beso, les doy gracias,
les pido perdón también; y a las plantas y a sus flores…
Corro por las calles para alcanzar
aquello que deseo, llamo a gritos al que está en peligro
o al que quiero besar a mordiscos.
Amo el amor y el sexo entre los cuerpos conocidos
y entre los desconocidos.
Soy paciente e impaciente;
gozo bailando, bebiendo, durmiendo y
amando entre mis sábanas o en las de él.

Incansable, busco respuestas a todo y, a veces,
cuando se me intoxica el alma, odio a fuego”

La segunda sección que se titula Usted,  elige la forma tradicional del lenguaje y de los tópicos del poema amoroso, pienso en el romance de bolero; Usted como vocativo que contiene tanto una distancia respetuosa como una intimidad tierna; la ensoñación romántica y la sensualidad erótica descrita en imágenes carnales, la evocación de la tibieza, el tacto el, aliento, el aroma de los cuerpos en habitaciones de las cuales se anhela cruzar umbrales. Confrontación con el otro cuerpo deseado, el otro, extraño, extranjero, y el encuentro, nuevamente, de si mismo en aquello.

“introducirme en su boca sin pestañar,
Habitar bajo su paladar
Hasta penetrar en su garganta
Buscándome yo mismo en su interior”

Y donde está el amor está la muerte, donde está la palabra está el silencio La edad Ligera, tercera parte del poemario, nos habla de ella, la que aparece inevitablemente en el final de la fiesta, la que acecha en la penumbra en forma de personaje sin nombre. La realización del hablante tiene su límite en ella, en la imposibilidad de nombrar. En el poema  La edad ligera, una anciana que se aferra a las cosas cotidianas de su existencia, que va nombrando; gato, plantas, la ventana por donde mira al mundo, “su maquinaria injusta” y donde se refleja, está siendo acechada desde la penumbra por otra, un personaje especular, única cosa a la que no ha sabido darle nombre y a la que rechaza y resiste. Este poema que efectivamente evoca las emociones que nos provoca la idea de la muerte, la certidumbre de estar siempre un paso más cerca de ella es el que le da título a esta sección.

Bitácora es el nombre de la cuarta sección, que cierra Extranjería, aquí la palabra se vuelve más segura y decidida, también más delicada y fina, el amplio bagaje del hablante se vierte en textos rápidos como notas tomadas por el explorador en el momento en que la jornada lo permite, relata una visión y una experiencia muy personal de las distintas ciudades su paisaje humano y espíritu de la época, a veces surreal; San Pedro de Atacama, cubista; Ámsterdam, sincrética; Barcelona, melancólica y crítica; Hong Kong 5 a.m.

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Extranjería, de Pablo Jofré
Prólogo de Diego Ramírez Gajardo (Carnicería Punk/Moda y Pueblo)
ISBN 978-956-260-945-6
Portada de Carola del Río
53 páginas
PVP 5.000,- CLP

https://www.buscalibre.cl/libro-extranjeria/9789562609456/p/48398492

https://www.facebook.com/pg/pablojofre.berlin/shop

 

 

Fotografía: Carola del Río


 

 

 

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Me visto para salir, no tengo que salir.
Una lectura de Extranjería, de Pablo Jofré.
Por Dafne Meetz