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Neruda les habla a los médicos:
Pablo Neruda: Autobiografía poética

Pablo Neruda
Artes y Letras de El Mercurio. Domingo 23 de julio de 2006

 

Señores profesores, señores doctores, jóvenes, futuros médicos. He aceptado con cierta vacilación el venir a conversar con ustedes. No es una vacilación de carácter moral, religioso ni político, sino es porque viviendo en un rincón de Chile desde hace muchos años, viviendo y trabajando allí, me resulta difícil trasladarme de pronto y pensar en un ambiente como el que tengo aquí adelante, donde posiblemente ustedes esperen de mí mucho más de lo que puedo darles. Porque esta palabra conferencia y conferencista siempre trae entendido, trae el entendimiento, digo, de una sabiduría o un conocimiento importante, es decir, de un depósito de experiencia que en este caso muy difícilmente podría yo darles.

Sólo el sentimiento de que nos identificamos mutuamente, el sentimiento de que así como tantas veces en la vida mía, nuestra y en la de los demás, necesitamos de la ciencia y de la valentía del médico, el sentimiento de que ustedes puedan escuchar la poesía. Este sentimiento me hizo terminar con mis vacilaciones y venir a conversar con ustedes.

Esta interdependencia entre los seres humanos, esta necesidad absoluta de conocernos y comprendernos, de saber en qué trabajamos, qué hacemos, ésa es la base de mis ocupaciones y uno de los deberes de mi vida. Sobre todo pensando que así como nuestro país tiene inmensas necesidades y desesperantes lagunas en el progreso y en tantas otras cosas, tenemos nosotros, los chilenos -y yo he sentido y tenido esta noción toda mi vida-, esta alegría o satisfacción de que vamos construyendo cada uno con nuestra acción, sea la que sea, la conformación y el destino de nuestra patria.

No creo que ese sentimiento activo de trabajar en algo que estamos modificando y construyendo, lo tengan en muchas naciones, sobre todo en las naciones del viejo mundo capitalista, porque las naciones superdesarrolladas ya casi todo lo tienen hecho, encaminado, finito y ya no hay allí esa intención de trabajar en las zonas desconocidas o en la formación de una nación.

Poesía fundacional

Médico y poeta forman parte de esta construcción de la nación, y naturalmente, si la ciencia es importantísima, primordial y parece ser la arista más elevada del avance de la vida internacional y nacional, la poesía tiene una profundidad histórica, remota, y ha sobrevivido desde las primeras manifestaciones que tal vez fueron las primeras manifestaciones del arte en el hombre, junto a la superstición y a la religión en sus comienzos, en las edades oscuras y más remotas de la humanidad.

Ha subsistido después, ayudando a los pueblos y a los héroes de las canciones de gesta o en los poemas épicos, que se confunden con el origen mismo de ciertas grandes naciones, que parecen haberlas amoldado y destinado, y así conocemos la Grecia antigua por un poeta ciego, y ahí anda también en el mundo de la cultura que nos indica un poco con esta estrella de haber sido creados también nosotros los chilenos, no de un bloque de tierra o de piedra sino de un bloque diamantino de extraordinaria poesía, me refiero al poema La Araucana de don Alonso de Ercilla, que vio por primera vez en el mundo, en el siglo XVI, la imagen de un territorio desconocido por siglos, lleno de héroes de nombres fascinantes y extraños, lleno de ásperas hazañas. Nacimos pues, aparentemente, de un gran poema épico. La poesía se debió desde el comienzo a la creación de nuestra remota nacionalidad, en un mundo en que este poema, La Araucana, enfrentaba también los deberes del humanismo, los deberes del renacentismo, los deberes de una ideología de la conciencia. Ercilla puso como protagonista y como héroe de su maravilloso libro episódico a los enemigos de su raza, a los enemigos de los conquistadores. Él, al revés de los caudillos depredadores que envió la España imperial a la América para conquistarla, destruyéndola o no, asumió la parte más avanzada de la conciencia de la época, dando a los araucanos, en forma mitológica pero también muy realista, una grandeza única que los dejó para siempre en la historia de las grandes gestas de la Humanidad.

Así pues, poesía y conciencia, poesía y ciencia, se han entrelazado para formar la profundidad humana y para determinar la continuidad de la cultura y de la vida intelectual.

Riesgosa fascinación

Por mi parte, en forma extraordinariamente modesta, comprendí desde muy joven que mi poesía, mi trabajo debiera tener siempre un punto de vista si no sistemáticamente pedagógico y utilitario, sí un punto de orientación directamente salido de nuestra tierra y de nuestras raíces.

No crean ustedes que para un poeta de mi tiempo era una perspectiva fácil de cumplir. Para que se comprenda este problema, que no sólo es personal sino también de la cultura en cualquier instante, es la fascinación universal que presiona a los escritores, a los creadores de arte, por el prestigio de la moda y del estilo en boga en las grandes metrópolis. Esto se hacía sentir mucho más cuando yo comencé a publicar mis primeros libros y a escribir en una forma más personal, allá por los años de 1921, 22, 23 y 24, en que conviví en las pensiones de la avenida Independencia con muchos estudiantes de Medicina que me recuerdan ahora a ustedes, con sus trajes blancos. En aquellos tiempos la poesía tomaba un carácter extraordinariamente cosmopolita, y como ahora mismo también en toda América, los modelos nos venían de Francia, y hubo escritores no sólo de nuestro país, sino de los países de toda la América latina que se fueron definitivamente a Europa y dejaron de escribir en nuestro idioma para escribir casi siempre en francés. Entonces, el drama para mí, de esos años, era rechazar pero absorber esa influencia que me desnacionalizaba, que de alguna manera amenazaba con destruir los sentimientos más íntimos que daban forma a mi poesía.

No todo esto era enteramente consciente, no todo era un proceso enteramente claro y formulado de antemano, como una ecuación, sino que fue un vaivén de sentimientos, de influencias y de rechazos.

La novela andina

Esta tendencia a hacer una literatura que tuviera algo que ver profundamente con nuestra vida, se reflejó después con sin igual grandeza en lo que llamaríamos la novela andina, la novela de los países del Pacífico, que desde la gran novela mexicana, con Mariano Azuela, la novela de Rómulo Gallegos, de Ciro Alegría, de Jorge Icaza, en el Ecuador y de algunos chilenos, absorbió los problemas de las muchedumbres indígenas y penetró fuertemente en las capas escondidas de la población de nuestra América, revelando de nuevo un inmenso continente de sufrimiento, de supersticiones, de grandes dolores y de grandes necesidades humanas.

Pero si examinamos una corriente de este tipo que yo admiro, dialécticamente tenemos que comprender lo peligrosa que es una posición unilateral, de muchos de estos grandes escritores de la novela andina que quedaron atrás en el camino de la expresión más universal, que quedaron arrinconados, muchos de ellos, en un provincianismo de expresión que no nos dio mayores victorias que las conseguidas hasta ese momento, y vemos, por otra parte, cómo novelas más vivas, más imaginativas y menos obsesionadas con estos problemas han nacido en estos últimos años... novelas que han desplazado casi toda la atención que se prestaba a estos clásicos del indigenismo, novelas representadas por Carlos Fuentes, de México; por Cortázar, de Argentina; y por otros y otros y otros.

Mi poesía tenía entonces, por aquellos años, estas dos tremendas disyuntivas, esta polivalencia espiritual, estos polos de atracción. A través del largo camino de mi poesía he creído de alguna manera cumplir con deberes originales hacia la tierra, hacia nuestras raíces y a abrir también, de alguna manera más universalmente, el idioma poético de nuestra época, por lo menos en un momento en que otros poetas, otros escritores vienen y vendrán, porque la fertilidad de la poesía, su inagotabilidad son tan probadas, que a pesar de signos que parecían estériles como los que sucedieron a los tiempos clásicos de la poesía del siglo de oro español, de pronto una nueva generación, la de Federico García Lorca, Alberti, Alexaindre y otros dieron un nuevo rumbo y nuevos contenidos a la poesía española, que una vez más cambió, una vez más padeció con el exilio y con la sangrienta guerra civil de España.

De ellos, de estos españoles de mi generación, aprendí yo también, en la dirección del conocimiento de los clásicos que por aquellos años nos eran tan mal enseñados en nuestros liceos, que llegaron a ser el símbolo del aburrimiento literario.

En España, como una nueva dimensión de mi espíritu, en mis años españoles pude adquirir el verdadero, el intrínseco e íntimo conocimiento de la gran poesía española de siglos pasados y pude valorar verdaderamente el inmenso aporte de aquella poesía como la de Quevedo, fray Luis, o la de Lope, que pareciéndonos muy lejana de nuestra sensibilidad, es, sin embargo, una inmensa cantera del conocimiento y de la superación intelectual.

Sus preocupaciones

Esta fue una introducción para llegar a leerles algunos de mis versos en los que poco a poco iremos viendo mis preocupaciones, en el sentido en que las estoy indicando.

La preocupación americana, por ejemplo, se encuentra en esta descripción de los pájaros, de los ríos... justo en lo que iba a leerles falta la página. Pero vamos a ver esta descripción de los pájaros de la América antigua...

"Todo era vuelo en nuestra tierra./ Como gotas de sangre y plumas/ los cardenales desangraban/ el amanecer de Anáhuac./ El tucán era una adorable/ caja de frutas barnizadas,/ el colibrí guardó las chispas/ originales del relámpago/ y sus minúsculas hogueras/ ardían en el aire inmóvil.

"Los ilustres loros llenaban/ la profundidad del follaje/ como lingotes de oro verde/ recién salidos de la pasta/ de los pantanos sumergidos, / y de sus ojos circulares/ miraba una argolla amarilla, / vieja como los minerales.

"Todas las águilas del cielo/ nutrían su estirpe sangrienta/ en el azul inhabitado,/ y sobre las plumas carnívoras/ volaba encima del mundo/ el cóndor, rey asesino,/ fraile solitario del cielo,/ talismán negro de la nieve / huracán de la cetrería.

"La ingeniería del hornero/ hacía del barro fragante/ pequeños teatros sonoros/ donde aparecía cantando.

"El atajacaminos/ iba dando su grito humedecido/ a la orilla de los cenotes. / La torcaza araucana hacía/ ásperos nidos matorrales/ donde dejaba el real regalo/ de sus huevos empavonados.

" La loica del Sur, fragante / dulce carpintera de otoño...".

De "Vienen los pájaros", "La lámpara en la tierra", Canto general.

Hasta aquí llegué. Bueno, muchos de estos pájaros nombrados y algunas de estas palabras son desconocidas para algunos de ustedes, ¿verdad? Cenote es donde está el agua profunda en el Mayab, en las ciudades mayas antiguas. Si algunos pájaros, como por ejemplo las torcazas, son desconocidos para los jóvenes, es porque los hemos destruido día a día, ¿conocen ustedes una torcaza? Parece que no nos han dejado ninguna.

"Araucanía, ramo de robles torrenciales,/ oh Patria despiadada, amada, oscura, / solitaria en tu reino lluvioso:/ eras sólo gargantas minerales,/ manos de frío, puños/ acostumbrados a cortar peñascos:/ eras, patria, la paz de la dureza/ y tus hombres eran rumor,/ áspera aparición, viento bravío.

"No tuvieron mis padres araucanos/ cimeras de plumaje luminoso,/ no descasaron en flores nupciales,/ no hilaron oro para el sacerdote: / eran piedra y árbol, raíces/ de los breñales sacudidos,/ hojas con forma de lanza,/ cabeza de metal guerrero. / Padres, apenas levantasteis/ el oído al galope, apenas en la cima/ de los montes cruzó el rayo/ de Araucanía. / Se hicieron sombra los padres de piedra, / se anudaron al bosque, a las tinieblas/ naturales, se hicieron luz de hielo, / asperezas de tierras y de espinas,/ y así esperaron en las profundidades/ de la soledad indomable:/ uno era un árbol rojo que miraba, / otro un fragmento de metal que oía, / otro una ráfaga de viento y taladro,/ otro tenía el color del sendero. / Patria, nave de nieve,/ follaje endurecido: / allí naciste, cuando el hombre tuyo/ pidió a la tierra su estandarte/ y cuando tierra y aire y piedra y lluvia,/ hoja, raíz, perfume, aullido,/ cubrieron como un manto al hijo,/ lo amaron o lo defendieron./ Así nació la patria unánime:/ la unidad antes del combate...".

De "Se unen la tierra y el hombre", "Los Libertadores", Canto general.

El combate descrito por Ercilla en La Araucana volví a contarlo yo, conté como:

"Así la tierra extrajo al hombre.

"Creció como una fortaleza./ Nació de la sangre agredida./ Amontonó su cabellera/ como un pequeño puma rojo/ y los ojos de piedra dura/ brillaban desde la materia/ como fulgores implacables/ salidos de la cacería".

De "Surgen los hombres", "Los Libertadores", Canto general.

"En la cepa secreta del raulí/ creció Caupolicán, torso y tormenta,/ y cuando hacia las armas invasoras/ su pueblo dirigió,/ anduvo el árbol,/ anduvo el árbol duro de la patria./ los invasores vieron el follaje/ moverse en medio de la bruma verde,/ las gruesas ramas y la vestidura/ de innumerables hojas y amenazas,/ el tronco terrenal hacerse pueblo,/ las raíces salir del territorio./ Supieron que ahora había acudido/ el reloj de la vida y de la muerte...".

De "Toqui Caupolicán", "Los Libertadores", Canto general.

"Pero Caupolicán llegó al tormento.

"Ensartado en la lanza del suplicio, /entró en la muerte lenta de los árboles.

"Arauco replegó su ataque verde,/ sintió en las sombras el escalofrío,/ clavó en la tierra la cabeza,/ se agazapó en sus dolores. / El Toqui dormía en la muerte./ Un ruido de hierro llegaba/ del campamento, una corona/ de carcajadas extranjeras,/ y hacia los bosques enlutados/ sólo la noche palpitaba.

"No era el dolor, la mordedura/ del volcán abierto en las vísceras,/ era sólo un sueño del bosque,/ el árbol que se desangraba.

"En las entrañas de mi patria/ entraba la punta asesina/ hiriendo las tierras sagradas./ La sangre quemante caía/ de silencio en silencio, abajo, / esperando la primavera

"Más hondo caía esta sangre.

"Hacia las raíces caía.

"Hacia los muertos caía.

"Hacia los que iban a nacer".

"El empalado", "Los Libertadores", Canto general.

"La sangre toca un corredor de cuarzo./ La piedra crece donde cae la gota./ Así nace Lautaro de la tierra".

De "Lautaro (1550)", "Los Libertadores", Canto general.

Lautaro era una flecha delgada./ Elástico y azul fue nuestro padre. / Fue su primera edad sólo silencio./ Su adolescencia fue dominio. / Su juventud fue un viento dirigido. / Se preparó como una larga lanza. / Acostumbró los pies en las cascadas. / Educó la cabeza en las espinas. / Ejecutó las pruebas del guanaco./ Vivió en las madrigueras de la nieve. / Acechó la comida de las águilas. Arañó los secretos del peñasco. / Entretuvo los pétalos del fuego. / Se amamantó de primavera fría./ Se quemó en las gargantas infernales./ Fue cazador entre las aves crueles. / Se tiñeron sus manos de victorias. / Leyó las agresiones de la noche./ Sostuvo los derrumbes del azufre.

"Se hizo velocidad, luz repentina.

"Tomó las lentitudes del otoño. / Trabajó en las guaridas invisibles. / Durmió en las sábanas del ventisquero./ Igualó la conducta de las flechas. / Bebió la sangre agreste en los caminos. / Arrebató el tesoro de las olas. / Se hizo amenaza como un dios sombrío. / Comió en cada cocina de su pueblo./ Aprendió el alfabeto del relámpago. / Olfateó las cenizas esparcidas. / Envolvió el corazón en pieles negras.

"Descifró el espiral hilo del humo. / Se construyó de fibras taciturnas. / Se aceitó como el alma de la oliva. / Se hizo cristal de transparencia dura. / Estudió para viento huracanado./ Se combatió hasta apagar la sangre.

"Sólo entonces fue digno de su pueblo.

De "Educación del cacique", "Los Libertadores", Canto general.

Esa es la historia de Lautaro. Esa es la intensa preocupación de mi poesía por buscar los orígenes, los contenidos de nuestra propia tierra. En este largo camino de mi poesía encontré entre muchas otras cosas y muchas otras aventuras de las que salí o no salí, encontré el camino o no lo encontré. Pero la tarea más difícil en esta larga aventura fue la de volver a una simplicidad de comunicación. Durante mucho tiempo, y años, por obligaciones de mi propia vida, mi poesía se oscureció notablemente. Dice Garcilaso de la Vega, el gran poeta renacentista español: "No vine por mis pies/ a tantos daños / fuerzas de mi destino me trujeron" Y mi poesía de la época de Residencia en la Tierra, libro oscuro, doloroso, cruel, en fin, formalmente hermético es el producto de una larga incomunicación con mi propio idioma, con mi propia gente y con el mundo exterior, en realidad. Muy joven, poco después de los veinte años, me fui a vivir como cónsul, de tercera clase por supuesto, allá por esos territorios desconocidos del Asia, desconocidos para mí.

Viví primero en Birmania, una nación extraordinaria, misteriosa. También en la India, en Ceilán, son puntos de la incomunicación mía con los idiomas y también de mi propio desconocimiento de los motivos, motivaciones, de la profundidad de la cultura de esos países. Me convertí en un hombre condenado a una especie de soledad, de incomunicación que se transparentaban en mi poesía de aquellos años, una poesía dolorosa. Pero dentro de aquellos mismos años se fueron produciendo en mí otras transformaciones porque el mundo asiático vivía en pleno período colonial. Me tocó de alguna manera o de otra sentir el tremendo foco reivindicativo de la independencia que surgía o que quería surgir en los inmensos territorios colonizados por ingleses, franceses y holandeses. Y, naturalmente, si bien no podía yo tomar directamente parte en ella, comunicándome con los jóvenes, sobre todo con los estudiantes de aquella época en la India, llegué a comprender que se produciría, alguna vez, una inmensa revolución, un movimiento de independencia en los países en que me tocó habitar.

Neruda y Gandhi

En ese conocimiento de gentes, hombres y movimientos de aquella época, me tocó conocer a Mahatma Gandhi y a su discípulo, que fue después el líder de la India J. Nehru y me tocó verlos hablar y actuar, luchando para levantar la indiferencia inmemorial de aquellos pueblos, para elevarlos a una condición de luchadores por la independencia y contra el colonialismo que tenía aspectos verdaderamente crueles, ya están olvidados, pero me tocó saber de mujeres hindúes y hombres que habían sido mutilados del dedo gordo del pie derecho, con el cual se mueve la rueca para hilar. Era un castigo frecuente porque las hilanderías de Manchester querían copar el mercado de la India y la industria del telar en la India era inmemorial.

De ahí que Gandhi estaba siempre con una misma clase de tela, esas eran las telas nacionales, hiladas en los telares tradicionales de la India, que fue por siglos proveedora de telas en el mundo asiático. La prohibición de usar los telares llegó a tal grado por la compañía inglesa explotadora de la India, que estaba penado con la amputación del dedo del pie que servía para mover el telar. Éste fue uno de los factores de condena, de muerte, que eran frecuentes tanto en las posesiones francesas y holandesas como en las inglesas del extremo oriente

 

 

 

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