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Pablo Veliz Bacigalupo | Autores |



 









“El Tonto Solemne de la Antipoesía”
[Meditación por un Poema Nuevo]

Selección de poemas del libro: “La señal”
(Primera parte titulada: “¿Yo?”), de Pablo Véliz Bacigalupo
Obra inédita.




.. .. .. .. ..

Cuando nací tenía senos y clítoris
mi madre me dijo en el oído
mi niñx
usted va a ser tan maricona
a usted le gustarán todos y EL hombre
usted no podrá defenderse
menos ayudar a lxs demás
entonces vino y me los cortó con la ayuda de mi papá
y lloré tanto que olvidé mi nombre
me pusieron un pico postizo
y me bautizaron hombre
No quise ser un hombre, Fran Covemej


Me he dado cuenta de algo,
en el mercado baila Satán devorando al amor.
Era verdad, Aleister Crowley fue un santo.
Se ha desmayado el himno de los tiempos, la belleza y la muerte.
La nada aúlla en el corazón de un mendigo.

Yo no sé, pero me he dado cuenta de algo,
hace milenios que vengo idealizando,
las mujeres ya están hartas de mí,
mi bestialidad no tiene cura.
Yo te digo olvida la memoria, mientras te amarran a Perfiles,
Buda es un neón que ilumina el cuero de Madonna.
Foucault nos vigila hasta los sueños.
Yo no sé.

Ríe y danza, Rimbaud ha muerto de un puntazo en la sien,
lo mataron sus lectorcillos ávidos de rebeldía,
aquellos que lo leyeron mientras se peinaban con el gel de papá
y les daba vergüenza cuando el amigo los miraba con esos ojos
y creyendo que aun así cambiarían el mundo.

Me he dado cuenta de algo,
he estado tan equivocado.

En las esquinas se embarazan las gárgolas del Facebook.
Yo no sé nada de mí.
Un día me bebí la modernidad entera en un vaso de Coca-cola,
y le robé unos cuantos besos a mi gato,
me creí Jesús Cristo o Hitler, o una mariposa en una jaula,
las mujeres ya están hartan de mí, también los cerdos.
Aleister Crowley era un santo.
Me he dado cuenta de algo.

No me queda ni poesía, pensé,
ni banderas que enaltecer mientras fumaba marihuana,
ni la lámpara que iluminaba mi lecho de araucarias.
La mayoría cree en el amor,
el amor es lo realmente incomprensible.

Ríe y danza, me he llenado de contradicciones,
por imprudente besaré a un cura en los labios, me dirán ya basta.
No he guardado ni un recuerdo en mi mano,
abrazado solo a la metafísica del pan,
el circo del tedio me pretende consolar,
no veo televisión porque me aburre.

Me he dado cuenta de algo,
hay dos sillas en mi patio,
una es para Boris Calderón, la otra para mí.
Él espera sus perras de ámbar, yo, la tumba de cal al borde del océano.

Tengo el corazón aturdido de paloma,
de melodías armónicas,
de símbolos idiotas como el Cáliz de María Magdalena,
del mito del Eterno Retorno más aburrido,
prefiero la escoba de las brujas de Halloween.

Solo puedo decir que cierto día
una prostituta me liberó al darme un beso en el pecho.
Ya no quiero tu mano le dije a la Reina Isabel.
Yo solo quiero nadar en un vaso,
dejar que la ternura regrese despavorida a San Camilo.
Yo no sé.

Ustedes creen que la poesía es liberación, creen en el útero,
que la revolución va a venir,
que el apocalipsis y esas cosas, creen en el sufrimiento,
a mí me da la sensación que el mundo se va a acabar
si no dejamos de pensar solo en nosotros.

Me he dado cuenta de algo,
he estado tan equivocado.

Un billete de una luca me araña cuando canto solitario.
Papá, acuérdate del Dharma, escribió mi hija
en la pared de mi pieza, yo no sé.
Yo no sé si saldré a caminar recogiendo dalias.
Al final, la vida es la única que nos puede dar una pista de la muerte.

Hoy la belleza yace en el mercado,
tengo una pena tan fuerte, pero no en el alma,
en la manzana de Adán.
Las moscas se posan en mi cabeza.
No me importa que el capitalismo se derribe.
Yo solo quiero nadar en un vaso.

Yo fui amigo de Aleister Crowley,
mi amigo fue también Jacques Derrida,
mis alas de antaño hoy son unas cuantas fotografías color sepia,
pero vivo encerrado escribiendo sandeces. 
Yo ya no sé escribir.
Me gustan las paletas como soles de colores.

Quise ante todo renunciar a las musas.
Todo es un invento cuando se trata de ese dolor.
Solo quiero un llavero del Bosco, he estado tan equivocado.
Dime una cosa, solo una cosa que me libere de la eternidad.

Solo deseo ser un libro,
un libro de cuentos de hadas subversivas,
y cuando me abran para ser leído
que un pájaro vuele a mirar como encumbro la luna
a la manera de un cometa bajo la noche.    

Porque el camino del exceso nunca me condujo al palacio de la sabiduría,
y la quetiapina en el velador me pensó
cuando soñé con una vaca creyendo que era mi mamá,
y la besé locamente.
Ella tenía una estrella en cada ojo.

No fui un marino que murió en la Guerra del Pacífico,
ni un cartel porno colgando del cuello del Divino Anticristo.
Tengo los días contados.
Los niños no se masturban leyendo la biblia.
Yo era amigo de David Bowie.
Estuve tan equivocado.

De pronto, cuando me tomé toda el agua ardiente posible
y me meé por el ombligo
y asesiné a todo ditirambo de la Literatura Chilena,
creo que llegué a confundirme, sentí compasión.
Soy tan contradictorio.
Una vela para Juana de Arco quema
estos poemas que escribo en papel Confort.

Satán devora al Amor en la pileta de la Iglesia San Francisco.
La poesía cuelga de las pestañas de Rodrigo Lira.
Tanto tiempo, querido, para morir.
Nunca se han quebrado los espejos.
En fin, parece que somos pensados,
ya empezaste con mentiras.

He descubierto algo, me gusta pensar
en  la rebelión Queer bajo la ducha al bañarme
y duermo con ropa esperando ese tren al que estamos todos en apariencia condenados
y las arañas me persiguen cuando bailo tango con mi padrastro.
Yo era amigo de Víctor Jara.  

Saben ustedes, cuando yo era chico
mi hermana me llevaba de la  mano,
me regalaba un Centella para mi cumpleaños,
yo por eso me hice poeta de la transgresión,
porque ella es una de las mujeres más hermosas que he conocido.

Yo ya no lloro, me he vuelto insensible,
solo me cae una lágrima al escuchar esas canciones pasadas de moda,
sobre todo a Xuxa y sus paquitas
o cuando veo un capítulo de Marco perdido en algún rincón de Youtube.

Es tan fácil cambiar las cosas.
Yo voy a cambiar las cosas, sea que no me aburra,
tal vez, los defraude.
Están tan equivocados.
Yo era amigo de Amy Winehouse.

Tuve hace un tiempo un amigo, se llamaba Roberto Lucco, yo tenía 17
y escuchábamos en una radio a pila Sunday Morning de la Velvet Underground
y Roberto sacaba la jeringa
y nos metíamos  dimecaína por la vena,
después supe que se había tirado al metro, pero no le pasó nada
y yo pensé en los ángeles,
y que Aleister Crowley era un santo.

Conócete a ti mismo, cuántas veces he escuchado esta cueca.
Yo prefiero tejerme un gorro de lana.
Es tan fácil cambiar las cosas.
Tengo un yoyó y las mujeres se hartaron de mí.

Las agujas de la Lírica Universal te saludan,
todas perdidas en el pajar,
ya no le hagas transferencias.
Yo te aconsejo no venderte al mercado,
te aconsejo la pura y santa verdad.
Los bolsillos rotos  de Omar Cáceres son mis bolsillos.

Estoy un poco cansado de tanta advertencia,
ya no tengo revelaciones, las abandoné.
Yo no veo televisión porque me aburre.
Estoy un poco cansado, no triste
solo que a veces me da por arrojarme al vacío. 

Cómo me gustaría jamás haber nacido, dijo Rosenman-Taub,
a mí me gustaría haberme columpiado con Grete Trakl,
un día, bajo alguna llovizna de Temuco,
haber participado en la batalla de Maipú
disfrazado de payaso.

Me he dado cuenta de algo,
he estado tan equivocado.

Me voy a comprar un balancín, creo que es lo único útil,
y aunque me suene el WhatsApp mil veces.
Yo quiero entender la pobreza,
sujetar de la mano al niño que aspira neoprén en una esquina de la Pintana
en la era de las gárgolas del Facebook.
Yo no sé.  
Yo no sé...

Todos los días mi otro yo se comunica con una persona, 
no sabe si es Louis XIV o Justin Bieber,
Dicen que es un enfermo psiquiátrico, eso dicen.
Yo creo que tiene demasiada música en el cerebro,
eso es todo. 

Si Aronosky, Bresson y Tarkovski me liberaron
fue porque luego de ver sus películas decidí ir en contra
de la masacre capital de los cerdos.
Espero que, esta vez, no te defraude, o no me aburra.
Yo era una mariposa en una jaula.

No olvides reír y danzar,
aunque la vida no es una sola, esto me lo dijo una anciana
que vendía Súper Ocho en la Pila 45-B,
me lo dijo mi profesora de religión
a quien, mientras me hablaba de Dios, yo le miraba los pómulos
y otras partes del cuerpo lleno de pecas.

Ya no tengo montañas
por las cuales subir mirándome en un espejo.
Todo esto es tan incomprensible,
sobre todo el amor,
por lo menos, eso pienso cuando veo televisión.
Yo solo quiero nadar en un vaso. 

 

 

1983

Troglo, me anda buscando la CNI
Me van a meter ratones hambrientos por el ano,
cuando descubran
. . . . . . que soy la única Trans de Chile

-Me van a torturar-

Quiero irme a tu campito,
rogarle a Violeta Parra cantado
Maldigo del alto cielo

La Sofi está súper meditativa
Yo acá ya quemé al Último Avatara 
No puede haber ni una huella de esas
Por si acaso, ya me pinté las uñas con paté.

 

 

Padecere de infancia

El pequeño soñaba
con ser el Leonardo Da Vinci de la Post modernidad
Pues, a los 13 años ya incursionaba
. . . . . .en los rituales del hermafroditismo esotérico 
El pequeño miraba la Mona Lisa con un dejo de Nostalgia
y ella se la devolvía con su rictus
insinuándole la rebelión de los vocablos

Y el animal del poema lo arañaba,
y la bomba en su lengua hacía presagiar
esas Puestas de Sol
en las que se le aparecía su rostro

 

 

Estoy harto del vaivén
de las espigas

Basta de cañones idílicos para desafiar el vacío,
desde ahora bailaré en el aire del crimen

Yo quise el poema que se desgarra,
pero sabes
. . . .. . . . . . . la belleza no va por lo lindo

Toda pausa pasa por la coma
cuando veo a mi padre postrado a punto de saltar
y me dice ten piedad de mí

Esa es la Soledad

 

 

Prohibido estar triste

No es verdad, Carlos Oquendo de Amat,
a tu Distancia tan cercana
abro tu tumba
para que nazcan nuevos 5 Metros de Poemas
porque yo
ya me eché a la espalda
más de 500

 

 

Soy más peligroso de lo que tú te imaginas
Soy el esclavo de la libertad, el pájaro que voló al vacío
Ni Buda, ni Cristo entienden esta predilección
por el Amor al viejo Thelema,
el canto hecho añicos en las murallas de los aullidos de Ginsberg
No puedo callar, no te das cuentas
No soy Lao Tsé ni Cobain

Lo Bello ya no me hace sentido alguno
Me deshago en imagines pueriles, de catástrofes político-económico-sociales
Me viralizan todos los días los macabros del collage
Soy un meme inescrupuloso, el afán de la perla virtual

Ayer, al solaz medieval de las inquisiciones, recibí tortura en mis líneas candorosas
me llenaron de ritmologías después,
me han llamado de tantas formas, ya no tengo ese Corazón,
y es preciso que así sea
Ya no ardo en los Ángeles Terribles de Rilke
Me llamaron conde Wolf von Kalckreuth
Parece que Emojis me cantan ruidosamente en las metrópolis que estallan
No binario soy si se quiere entender mi espectro
Aparezco por Reface en el baile de la fanfarria de la postmodernidad
¿Qué opinión tienes de mí?

No importa, no sabes cómo rezo en la Capilla Sixtina, cómo de carne me alimento,
tampoco pienso en mujeres ni niños cuando se trata de luchar
Ya no tengo la Corona Aquella, ni silencio que presenciar
Uso blue jeans y un peto amarillo fosforescente, zapatitos de charol
Parece que me gusta andar en bicicleta
Dime tú, cuándo acabará esta predisposición a la locura,
no te creo, tengo depresión bipolar y soy pansexual, una tendencia a ser obsesivo,
compro y compro, veo mucha TV, mucho Youtube, mucho de todo que te interesa

En el fondo, estoy harto de tanto parloteo, ya no río,
solo a carcajadas me comunico, notas mi dilema,
me escriben en las aceras, en las murallas me han reemplazado por grafitis,
la soledad es parte de mi alma, esa misma idiota palabra obsoleta soy,
zumba la democracia del Pop Korn,
me Caliento Global con ese plástico en mis playas caribeñas,
la realeza del cinto violador arremete, la destrucción del Ideal Patriótico,
y yo me retuerzo, me como la cola de Belcebú,
estoy más extraviado que el hueso del pico, rosa impoluta

Cuéntame, ya me cansé, chorito,
no me escribas más solemnidades, tus cartas, al Mapocho,
no me interesa tu clero, porque no te seduce de ternura,
de ansia extrema por cambiar el orden

Yo me jalo la vida pensando en Trakl, en Celan lo hago saltando al Maipo
En el fondo me equivoco, ya lo verás
Soy tan profundamente menos elegante que tú
Ya, basta, me cansé de nuevo, solo esto te quería decir
Entiende, de una vez, un juguito de naranja en la mañana,
y para qué decirte que después de eso, contemples el paso del día,
como un pobre que se divierte en su pobreza,
entiende de una vez.

La ampolleta de mi cuerpo ya no ilumina,
se me han quebrado las piernas, aunque igual las abro, te quiero recibir,
compartir mi Señal Online para que nos miremos las caras,
porque claramente te escondes de la imposición,
es verdad, ya nada nos inquieta, solo cuando nos vacían los bolsillos,
cuando, en el sucucho privado se cae el DirecTV,
y no puedes llegar a ser Alexis Sánchez, ni gritar Gol o Viva Chile
que es lo mismo, lo mismo, lo mismo que tu Arte Poética.

Solo te pido reunir mis papiros, quémalos en algún basurero de Bellavista,
para que te vayas a la punta del Santa Lucía, y medites sobre ti,
yo tengo tanto de que hablar, no lo sabes,
tengo mi vergel repleto de flores estúpidas,
cantos y vaticinios,  puentes de oro tendidos hacia el mar,
no soy Louise Glück, tengo una tendencia al garabato delicado,
no me importan ya los premios literarios,
yo te quiero a ti reformado, aún tengo ilusiones,
pero, cuidado, solo iluso soy por el amor que te tengo
Entiende de una vez
 
Soy más peligroso de lo que tú te imaginas

 

 

La caída

Se acabó la Musa más lírica de la Poesía Chilena,
el escriba de sonetos que le cantaba a la rosa,
esa poeta que le apostó todo a la Nostalgia.
Señores, me he muerto tantas veces
en el nombre del Dolor, de la Libertad.
Ya no tengo sangre que mane por la Herida,
y no he conseguido nada ¡Qué mal poema!

La retórica nunca conoció semejantes versos,
inusitado afán por cambiar el mundo a través de la palabra.
No me pinté los labios, pero me corrió la lágrima.
Todo fue una leve inclinación para rasguñar el océano
en medio de la noche sin fin, con la luna en mi boca.

¡Esa vocación decidida por descifrar todos los misterios!

Ahora, quiero Asesinar al Corazón.
¡Oh!¡Al querido corazón!

Estoy harto de tanta comodidad,
de tanto estar al solaz de mis inquisiciones,
el relamido susurro de la brisa en mi oído,
la faz de lo perpetuo mirándome los pies descalzos, 
porque todo esto no ha sido solo una irrepetible mentira,
ya no más Metáforas, ya no más Música.

¡Qué horrible lo Eterno cuando la palabra Amor yace en el mercado
agasajando el miedo a la soledad, a la traición, a la envidia!

Ya no sé cómo llamarte, ya no sé.

Yo fui ese testigo de todos los mañanas
que se posaron en mí para presenciar La Caída.
¡Qué extraño fue mi beso de azucena
al quebrar esos espejos deslucidos
donde se miraban los jóvenes de la prosodia manoseada!

Se caen los muros del infinito, del alma, de la melancolía,
con los que se ha nombrado tantas veces a la Belleza
desentendidos de la masacre capital de los clientes,
tienen el corazón aturdido por aquella felicidad.

Rechazo todo romanticismo de escuela.
La palabra no será encanto ni nombrará el Rumor de las Espigas,
ni será la Musiquilla de las Pobres Esferas,
ni nada que se le parezca a la Montaña Rusa,
menos aun El Poema de Chile, como tampoco una Despedida.

¡¡¡No más coronas, no más templos, no más silencio!!!

Desde ahora en adelante el canto no será canto
será el aún de la víspera, la Apertura Total.

Me he desecho de tanto volver al Origen Remoto,
de cantarle a la Mujer recostada en el horizonte,
de saberme oculto, nocturno a la deriva del joyel,
de tanto ir por el sendero donde musitan las hojas libres del otoño,
de pacer por los Campos Elíseos en honor a la eternidad,
de clamar por la rebeldía ante todas las normas

Me he desecho de tanto implorar:
¿Por qué lo prohíben, Madre?

Llamo a toda poesía una quimera predecible,
la llamo Cenáculo de las Tristes Almas, el supremo descontento,
melodía cursi, una antigualla rupestre de salón,
un mero vagabundeo por las lindes de lo incierto, 
esa ausencia de amor tan deslavada por siglos.

Yo fui el Edipo de la Poesía Chilena,
pero no me bastó la sombra de la Higuera,
no quise más ese secreto prodigioso del Vientre Arcano
que tantas noches me inspiró ante la gran temeridad
por Matar al Padre con un beso en los labios. 

Hallé en la Oquedad de lo Oculto la señal,
hundí mi Barco Ebrio para deslumbrar a mis coterráneos,
pero viví el Temor del Temblor, y la rosa se deshojó
en mi mano de mármol, al huir del crepúsculo.

La Alquimia me pareció el Ars Poétique de la Eterna Juventud,
y me sumergí en el Mito del Amor como una gota en el océano,
y le canté a mi patria larvada por la Cibertrónica
como si todos los niños hambrientos de Chile fueran mis parientes. 

Así, exaltado,
arremetí en contra de la poesía tradicionalista,
los decoros vanos,
los papiros de un Lope de Vega, al morirme de amor,
de aquellos del gongorismo ese cuando me volví en tierra,
en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Y al ver, finalmente, a un tal Quevedo, tan sumiso a la Brevedad de la Vida.
Sobre las medievales argucias góticas asalté también,
porque ya no muero, porque no muero,
y tanto más en contra de esas malditas Flores del Mal,
y, sobre todo, ante la Belleza Amarga

Qué más decir:

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste tan liberado?

 

¡Llámenme como les parezca!
¡Oh! ¡Poetas, haced bailar a la muerte en el poema!
Romped todos los espejos, salid de ahí.
No hay ecos ni abismos, no hay Nada de tanta nada.
Lo Eterno ya no me invade, estoy absuelto. ¡Qué maravilla!

Y contemplo mis zapatos nuevos bajo el lecho. 

¡Oh! ¡Matad a la Madre, verdadera utopía!

¡¡¡La hora de la disolución de la Estética!!!

Escuchad bien, nada tampoco de AntiParras,
no te salvas, vejete, de esta cacería,
retuércete, en este instante, en tu tumba
que esta vez será de los Libres.  

¡La poesía me ha cambiado!

Cuando un leve-puto pezón crece en mi pecho.

 

 

“... con que escribe Juan Luis Martínez
con lápiz, con lapicera, con bastones, con paragüas...!”
Armando Uribe
“Señales de Ruta” Tevo Díaz.

 

Las Ménades han descuartizado la Lira del Poeta,
y de esta vida al fin, he perdido toda esperanza

La Bandera con la que Antaño
la Gloria de mi Patria Mítica coreaba
es ahora
. . . . . . carne para perros hambrientos

He decidido poner fin al Tiempo
para retar a esos señores amantes de la IDEA

Aquí yace la palabra Amor
No el Amor

La PALABRA amor

Y de esta vida al fin, he perdido toda esperanza
Dame los lápices, la lapicera, los bastones, los paragüas,
un Cisne aun me mira

El eco de las cuerdas de la Lira

 

 

Hybris

¡Ya le he dado el elixir a los humanos!

Y me costó la eternidad

Para escribir hay que arriesgar la vida
no hay otra manera

¡El futuro me espera!

La rosa solloza en el tejado,  
ya no tengo entrañas, ¡oh, águilas!

Esa poesía bulle en la cañaheja
Estoy Muerto
. . . . . . y canto en mi funeral
mi último canto

¡Ya me he tomado todas las colonias de mamá!

 

 

Solo existe una verdad tan grande como el sol: la muerte.
Lo que no se ha dicho, Teresa Wilms Montt

Tú eras la Bestia Maculina
chorreando letras entre las piernas
- - - - - - - - - - - - - - -en plena Rotonda Grecia
tras el picotazo en la vena a lo Ginsberg
y los perros aullando en tus pupilas de azahar

Tú eras ese Closet Privado paseándose por Plaza Ñuñoa
vociferando poemas a los hippies de whisky izquierda,
esos que se meten con putas cada semana a espalda de la mujer,
“los que tienen casa propia y auto y perro en el antejardín
y que se endeudan con plasmas y viajes al Caribe”

Tú eras ese con pantalones de banquero, peinado a la gomina,
el Profesor de Lenguaje delirante que cantaba
todos los días la poesía de Carlos Díaz Loyola
junto a una Escudo espumante
desde la que Afrodita nacía para besarnos
en medio de tabernas repletas de viejos decrépitos

Y se te cayeron los dientes de tanto b-r-a-m-a-r
y de tanto amar el suicidio al deambular por las calles,
por los parques donde crecieron
tus más bellos alelíes por doquier

Y amaste la sinrazón desmesurada,
y te esposaron y te metieron a un calabozo,
y no te acordaste ni de tu nombre al despertar en la Pieza Oscura
y probaste el vómito en tu camisa en honor a Lautréamont

Tú eras el hereje escapulario que le robó poemas
al atardecer de San Antonio,
el macho cabrío que le cantó a la Gran Madre
-ebrio de intuiciones paradisíacas-

Y pasaste por el “Camino de la Higuera” y pensaste un -Mundo Nuevo-
pero la verdad es que no cambiaste absolutamente nada

Tantas veces te colgaste de los puentes para retar a la muerte
y escribiste poemas de amor, porque el amor fue tu calle,
y quemaste esos poemas para engañar a lo Absoluto
y te burlaste de las damas más idiotas

Entre los pasadizos de la Rosita Renard
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . raspaste la pasta
y la angustia se encaramó por tu garganta como una mariposa de caca

Tú supiste del Dolor Humano
. . . . . . . . . . . . . . . . . .que es más doloroso
. . . . . . . . . . . . . . .. . . . . .. . . . .que la palabra dolor     

Y entre tus contemporáneos hallaste el baile de la Palabra por la palabra
¡Qué perdidos esos loquitos!

La literatura ha sido un mero plagio
de los habitantes de la Stultífera Navis

“Tú tenías las claves para cambiar la vida”

 

 

Ante el Espejo Roto
Hoy en día me deleito en tu presencia,
mío es el aliento virgen de tu boca,
no bien crece esa mujer que me invoca,
dame un último beso de inocencia.

Ya no hay de esta plácida dolencia
pesadumbre, tú nunca te equivocas,
ese seno tuyo, tanto provocas
cuando ya he olvidado toda sentencia.

Beso tu cuello, el del espejo roto,
aún vislumbro aquel Valle en tu valle,
ante tu silencio me hundo, me derroto.

No hay otra muerte que más me avasalle.
¡Ay! ya he deshecho todo lo remoto,
al cantar mi fisura el Nuevo Talle.

 

 

Poema de Despedida

En el fondo
de tu mano está la mano
como una puerta abierta
que espera
a la eternidad
y me pares
otra vez
cuando yazgo
bajo la ola
es la brisa de tu pelo
que pasa
otra vez
sucinto el segundo

Ya no sé si te hablo a ti
o a mí
o a todos
o si todos somos
los que cantan
lo indecible

En el fondo
de tu mano está la mano
veo que arañas la montaña,
que el velo te cubre
la mirada
que sombría
late
y ya no sé si te hablo a ti

La eternidad pasa
esta vez
cuando la puerta se cierra
para nunca más abrirse

 

 

Ya

Hace tanto tiempo
que vengo escuchando
una voz
que me interpela

¡¡¡Renuncia!!!

Y me lo dice así:

Vete
piérdete
olvida tu nombre

Eres siempre otrA

Y NO TODO me importa una SOBERANA WEÁ

 

 

Tanta paradoja, metáfora, hipérbole
que la poesía aquí, que la poesía allá
Yo nunca he sabido lo que es la poesía
Cuando me preguntaron quién era yo, respondí: Nada
No es que yo nada hubiese dicho respecto de mí
Soy nada, esa es la cuestión, nada de ese ser o no ser
Si yo leí a Shakespeare en el Nacional
a Goethe, a Dante, a Platón
pero pasó que un día me hice la cimarra
y boté a la basura toda esa literatura
y me quedé pensando qué era la poesía
y no llegué a ninguna conclusión

Mamá, por qué no fui un caracol

 

 

El túnel

Al final del camino

Miró su silueta por la ventana coger los maizales de antaño, cuando la poesía era el lecho dulce donde dormía el Hombre Romántico, cuando la noche se posaba en el regazo de la mandioca, cuando, lejos del mundo, las antorchas iluminaban el sueño de las luciérnagas. Tuvo tanta esperanza, anheló y ese fue su error. Esperó que la cigarra continuara con su chillido desnudo, que los barcos no se hundieran al despuntar el sol, que los puentes hablaran el lenguaje de las huellas, que las espinas pudieran aún derramadas por el camino narrar los romances del campo. Todo le pareció una danza, tan vivo todo permanecía para él. Las fuentes silenciosas al fondo del patio, donde los niños hilaban los carmines de la tarde, ahí estaban, quietas, como atisbadas por el ambular silencioso de los celajes. Los labios de ella; su espalda de contornos por el agua definidos, fueron la pasión serena de esa noche, en las que los candiles velaron el delicado dolor de las piedras que, escondido detrás los establos, e inusitado por su verdad incuestionable, se aupó en las faldas de las más ancianas, ya tan ebrio de tanto olvido. La ventana sollozó aquella vez, cuando los frutos del almendro cayeron tras el testimonio soberbio de la palabra, y, cogiendo los maizales de antaño, entonces, él quemó, irrenunciablemente, el lecho dulce donde dormía el Hombre Romántico.

La vida canta solo cuando puede:
Nada es tan grave

 

 

Suena la cadena

Se sumergen los tontos
los mojones cultos de la Historia de la Poesía
suena la cadena
. . . . . . y yo lloro por última vez

Suena la cadena

Me llega un WhatsApp
¿Poesía, eres tú?

Esto huele mal

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El tonto solemne Insiste

Las veces que todo sucede
cuando en lo que veo
veo un Todo
en el Todo invisible
que se llama Yo
desplegado entre las cuerdas del corazón
. . . . . . . . . . . . . . . . que me habita

es que entonces el cáliz se derrama en mi mejilla
. . . .. . . . . . . .gimiendo por ser consciente 

. . . ..Del espasmo vino, insostenible
la aurora que es azul en el de-lirio


. . . ..En estas palabras
. . . .. . . . . que fluyen los ríos
. . . .. . . . . del ser que se desdobla en ti pariendo

. . . .. . . . . Esa luz
. . . .. . . . . nos retorna

 

 

Juventud

[Apuesta por un adelantamiento al Clinamen]

Advertida por aquel himno de los soles
y el azul urdido, despertó mi anhelo,
en un instante, ya lejos, sea cual sea,
cuando antaño crecía la colosal bruma.

Al tiempo, me hice asolada por la ternura,
en el recuento de los álgidos segundos,
y ni el llanto de nenúfares, ni el emblema de amor,
ni el caldo de diamantes tenía yo por ciertos.

Así, volcada en la lujuria del alba,
entre negros petreles y marinos mofletudos,
iba yo por la ruta de algodón desparramada,
por el diáfano augurio de santas profecías.

Mis palabras de agua, los poemas plomados,
se hacían a la mar entre calamares de oro,
solo fascinante el coro angélico me apetecía,
esa alba cruenta de tanto chillar sereno.

Dábale espasmos de nácar, amarillos gritos,
a la arena brillosa, a los barcos enmudecidos.
Esos prismas del día entre mis ojos bailaban,
y húmedas, vetustas, las pródigas lucernas.

En el réquiem de ópalo yo ensordecía,
efeba más que irritable, de genio y danzas,
dado me era el sollozo brutal de unas velas,
y raíces de fuego no enterradas volaban.

Hacerme a la mar en blasfemo destino quise,
tan agitada bajo aquella lluvia de agujas.
En un lecho de plácida dolencia, sobrepasada,
yo gemí al horizonte entre serpientes de colores.

Zarpando tomé del canto la melodía irrisoria,
bebí la espuma de Safo en playas de cobre,
recias golondrínas me anunciaron cercanas
esa venturosa emulsión del agua marina.

Sola, con cuernos que algas flameaban,
entre aquel entresijo de tórridas Magdalenas,
yo elucubraba un pirata impío en cada mano,
en mi corazón alborotado paisajes de terciopelo.

Lejos de la ciudad y sus ruidos indecisos,
atrás los cuadernos de los días inmensos,
los carruajes ominosos de luces de artificio,
codiciada era yo niña de tanto afán.

Vergeles de sal, acacios invisibles se batían
más cándidos que la esperanza, ¡oh, la mar!
¡Oh, influjo perenne y sin épocas durmiente!
Se derritían las joyas de mis harapos dulces.

Temblaba la costa, sin raza y deslumbrada
ante el singular donaire de esa suntuosa osadía,
el crespúculo huyó al recordar los furiosos dados,
el candil de talco, los suspiros de greda.

Al viento la cabellera, atesorada, la rebeldía,
el ojo cisurado, anclado de tanto soñar
con uñas de alcanfor, con peces de sangre.
Yo, la plena clerecía de cruces abominables.

Sin más pecios que la remenbranza solitaria,
acontecía mi fiel vaticinio, el ardiente éxodo,
el revólver insultante quieto a la cintura.
Aún, reventado el día entre mis caracolas.

El cáliz de la tarde, la sinfonía de su tibieza,
de pronto, de arreboles ungido, voló silente.
Los adánicos soles rehuyendo de la noche,
aupados se posaron en el beso del cielo y el mar.

Tenue la luz crispando mi aliento de madera,
esas lágrimas ateridas, hirsutas discurrieron
por esta mejilla miserable, al recuerdo
del alba, de mis años acurrucados en el tiempo.

Ya no veía, a lo lejos, a la espiga condolida,
ni el silencio se escuchaba de violeta remoto,
ni el fulgor vasto, ni la vocal de las estrellas,
ni el rumor apacible de aquellas vírgenes hojas.

El mar en medio del sacramento de la noche
se batió sonrojado en una cacerola de amatista,
y la claraboya de mis pensamientos parió
tan solo, por instantes, cierta porosa tristeza.

La pupila verde de la luna coreó rebanada,
ella no conocía semejantes faroles tan apenados,
ni mi tierno gesto de camposanto deleznable.
¡Oh, atrozmente hundidos mi corazón en el océano!

Pálida, como cansina anciana que no muere,
me debatía doliente entre arrecifes de coral,
el llanto de negruzcas barcas adormecidas,
puramente, engolfadas más allá de mis ojos.

Ya no más ir sobre carabelas de leche,  
ni cirios de regio peregrinaje tampoco,
fallida en la elocuencia maldita de unas bíblias,
en la atroz serenata de la novia despojada.

Polizona errante jamás vió desventura tan cruel
en cual deletérea cubierta de póstuma videncia.
La oscuridad voló a la frente del Albatros
singando su orgullo en medio de la senda.

Amasaban bellos lirios de justos labios
el atardecer del cántaro. Sí, una vez más, el lúcido
augurio, aquellas brisas mansas me silbaron,
y en unas conchas vi a los barcos  mecerse.

Mi pecho oriundo de marcarones refulgentes,
sanó aquella fuente de mi infancia de oropel,
y una lágrima zarpó hacia el latido furibundo,
su gracia ahogada enarboló mi alma.

Vi al hombre que fui, sobre las aguas renacido,
de su mano cristalina, el timón descuartizado,
aun dorado, de tantas historias tan pasadas,
unas vanas, otras, de una honda sabiduría.

Al fin, recordé aquel himno de los soles,
la esperma de los días me pareció bendita,
y hacia un confín de olivos voló esa paloma,
y aquella hierba azul creció sobre las tumbas.

 

 

A solas y a oscuras

En lo negro veo al Cisne inquieto
me dice anda con cuidado
                                    Pequeño Azul
El miedo a la muerte
nos mueve

Tan solo acompañado de mis velas
quiero derramarme por el Valle
quiero la Abertura

el canto sin canto
la palabra que ya no es palabra

A solas y a oscuras
nada he vivido que no sea la Muerte
tal vez le temo
                 tal vez

En lo negro veo al Cisne inquieto
me dice anda con cuidado
                                    Pequeño Azul

 

 

A ver, dígame usted por qué Dante Caravantes
no escribió la Vita Nuova mientras paseaba por las calles del Barrio Lastarria,
dígame, o el sol que tenía en la cabeza no le bastó,
yo creo que sí, era nazi y al mismo tiempo un demócrata,
vamos a ver quién tiene razón,
la última vez que lo vi era un monosílabo,
usted pensará que era un loco, no hay razón para pensar eso,
solo que el mal gusto en la poesía me parece un gesto PostParriano,
claro, yo tengo la clave, pero no me importa,
este asunto, como la llaman los poetillos, es pura chancaca refinada,
mejor me voy a dar un paseo por el Unimarc de Recoleta,
allí tengo blondas dalias colgadas de un tilo,
un secreto es todo esto, cuidado, no me vayan a entrevistar en la Revista Caras, 
yo igual cuento la mayoría de las cosas, vaya usted a saber por qué,
ese Donald Piñera o el otro, ese tal Sebastián Trump, siempre saldrán reelectos,
si hay que abrir la llave, nada más, nos han mentido todo este tiempo,
la libertad la tienen los pájaros, sí, yo soy un pájaro,
no se da cuenta, si tengo hasta la misma cara de pájaro,
solo eso si cuando salto por la ventana cada día, dígame si le importa lo que le hablo,
mire que o si no me voy a tomar todo el cloro
que me dejó mi prima, la Cecilia Bolocco, cuando dejó este mundo.

Cuando yo era Camilo Henríquez, toda la Aurora de Chile era mía,
pero después me fumé un cigarro y desapareció,
no se ría, soy un hombre tremendamente serio, más que Karadima,
aquí tengo la Vita Nuova, sí, si Dante se enamoró de una niñita,
así no vale, en cambio yo, único admirador del poeta Pin Pon
me creo hasta el mismísimo José Onofre Alighieri cuando me pongo a desvariar,
me meto en los baños de la Moneda
y luego de un Ave María creo viajar  hacia el mismísimo infierno,
claro que no tengo ni uno para pagarle al Caronte,
he pensado regalarle una mascarilla,
a ver si algún día se apiada de este pobre talibán de la poesía chilena,
sí sé, si yo también soy un monosílabo,
no lo nota usted en mi cuello de insurrecto piñén burgués.

Hay que darle hasta el final, yo soy súper culto,
tanto que hasta me leo los sentimientos, no le gusta que hable de eso,
a ya, pensaba que sí, lo que pasa es que me hostigan las mariposas,
creo estar llegando a un nivel de conciencia muy elevado,
ayer supe que vendrá Buda a visitar Chile,
le van a tirar una molotov los encapuchados,
yo le voy a decir que me gusta su pancita, la misma que tienen los niños de La Legua,
tal cual, total para eso me pagan 10 chauchas en la pensión de invalidez,
lo importante es que tomo leche todos los días
y leo a Heidegger, ese, el que escribió la Marsellesa,
cuando aún Francia era patria de los alemanes, allá en la Guerra de Arauco.

A ver, dígame, usted, qué le ocurrió a la Amadeus LaFerte,
cuando subió a Viña del Mar, puros aplausos por esa Sinfonía de Cuna,
yo creo que se excedieron, la cosa anda mal
para que vengan a vitorear a artistas norteamericanos,
es más, me complace presentarle a mi hermano gemelo,
lo tengo acá en mi bolsillo izquierdo, se quedó dormido,
ya Rimbaud, saluda, no seas descortés, mira que voy a quedar mal parado,
esta entrevista saldrá por Canal 13
para distraer a la gente del Covid-1973,  andan todos asustados,
la cosa anda mal, pero parece que nos olvidamos, de pronto, del Dante Isabelísimo,
bueno, por lo menos yo no, yo no olvido,
mire, la verdad es que me opongo rotundamente al Pastoreo Soterrado,
pero tampoco soy parte de la liberalidad desmedida,
déjenme tranquilo, yo soy un trans taoísta,
me gustan las zanahorias y la pasta, la colonia de Alberto Caeiro,
es solo eso, no sé por qué me miran en la calle,
si yo no me meto con nadie, solo leo el Fortín Mapocho de noche,
sobre todo el horóscopo de los okupas de Las Condes,
o bien cierta reseña de cine de culto, esa de la del Rey de los Hueones.

No piense que me voy a ir sin decir gracias, muchas gracias,
la verdad es que le podría decir muchas cosas más,
pero reservémoslo para el siguiente capítulo,
sí, pienso ir a ver el partido de Chile contra Uruguay,
siempre que veo tele se me ocurre un poema, algo así,
piense usted que ya ha pasado mucha sangre bajo el puente
para andar leyendo a Góngora-Quevedo, sí,
menos mal que están todos muertos, vigilados por Virgilio, después me tocará a mí,
aunque igual creo que ya estoy bastante muerto,
pero no importa, lo importante es que ahora me voy,
me voy a mirar como el Vidal me inspira un nuevo alejandrino,
de esos olor a vainilla caliente,
porque soy pájaro, pero no se confunda,
solo cuando me lanzo de la ventana cada mañana.

 

 

He
reído
tanto
con
la
gracia
de
una niña
mendigando
un poquito de saliva

 

 

Despertar

Tendré todo lo que amo para nombrarlo.
El fuego de la sombra, Christian Formoso

 

Si me asesinan este mundo se acabará,
se acabará la poesía moderna,
tú dejarás de renacer cada día,
y, sobre todo, eso que llamé:
el aliento fresco de los pescadores.

Todo será un acontecer vacío;
un después, un aún, un mañana,
el eco necesario, ni un solo río ya,
ya, ni aquella cadencia de la parvada,
ni la mano que tantas veces me recogió.

No habrá océano, ni patria gloriosa,
ni nada del coro vano del mirlo,
los poetas; solo ellos,
ya no escribirán sus nombres en los extramuros
cuando antes del alba anunciaron el porvenir.

Cuántas raíces no llorarán mi muerte,
¡Vaya qué maravilla!
Y el almendro agazapado de mi barrio
sabrá batirse sobre las sombras de mis hijos
que buscaron morder la luna.

El baile silencioso de los molinos
podrá descansar de esos patéticos atardeceres
cuando, sin saberlo, mi antorcha
con la que miles de hombres se iluminaron
sepa apagarse,
definitivamente.

Todo esto es una gran mentira

 

 

“Era un camino liso y pedregoso, tan tenue, pero, a su vez, de un esplendor oscuro inasible al ojo humano, yo iba solo, aunque tan evidente era para mí que todo me acompañaba. En la rectitud y angostura del camino yo avanzaba: a mi derecha, un abismo, a mi izquierda, una montaña. Solo había dos alternativas, la una o la otra, yo quería saltar al abismo y subir la montaña. ¿No era, acaso, lo mismo? Seguí, sin alegría ni tristeza alguna. Lo único cierto era que avanzaba. De pronto, miré hacia el fondo del abismo, y, en este, vi mi imagen tendida en el suelo con los brazos y las piernas abiertas. De golpe, miré hacia la cumbre de la montaña, la misma imagen, pero, esta vez, de pie. Nuevamente, seguí, ahora era la única alternativa. Al fondo, así, llegué a contemplar el mar. El camino había desaparecido, otro tanto el abismo y la montaña. El murmullo lento del oleaje cálido hizo que me desnudara, quería sumergirme. Lo hice, el cielo se puso de un color azul marino oscuro, aunque brillante. Grande regocijo sentía. Entonces, me puse a flotar de espalda, los brazos y las piernas abiertas, otra vez. Permanecí un tiempo impreciso en esa postura, puede haber sido años o segundos, lo ignoro. Con todo, fijé la mirada en el cielo, que era como mirar mi cuerpo, y vi al sol cruzar a mediana velocidad, parecía una bola de fuego de un amarillo blanquecino en medio del azul marino del cielo. Se detuvo justo arriba de mí. Las olas se petrificaron, no podía moverme, sentí serenidad. Todo se detuvo: “estoy muerto”, me dije”.

 

 

 

 

 

 


 



 

 

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“El Tonto Solemne de la Antipoesía”
[Meditación por un Poema Nuevo]
Selección de poemas del libro: “La señal”
(Primera parte titulada: “¿Yo?”), de Pablo Véliz Bacigalupo.
Obra inédita.