Proyecto Patrimonio - 2010 | index | Rodrigo Morales | Rodrigo Arroyo | Autores |











Entre lo imaginario y lo real
Sobre Vaho, de Rodrigo Morales

Rodrigo Arroyo C.

 

No hay, a la vez, nada más real ni nada más ilusorio que el acto de leer
Ricardo Piglia

Pensando en Mallarmé y en aquello que la palabra verdadera es la del libro, encontramos en Vaho (Ed. Alquimia 2010) de Rodrigo Morales (Stgo. 1980) una insistencia o una caída en busca de aquella palabra verdadera. Más no como posibilidad de certeza sino  pensando tal vez en que la salvación, que no existe, fuese dar con ella, con esa palabra perteneciente siempre al libro, como posibilidad, como única posibilidad ante la derrota. Y pensando en la palabra del libro, que es siempre escritura,como posibilidad de poética, como palabra poética. Algo así como si esa palabra fuese la excepción que nos introduzca en el libro, o más atrevido aún, nos lleve a la regla a partir de ella (de la excepción). Y esto no sería otra cosa sino la poesía como un mar de dudas, que bien podríamos asumir en la metáfora de un buzo bajo el mar o en la figura del lector; pensando en los recorridos simbólicos de un arriba a un abajo y de un adentro a un afuera. Recordando el epígrafe de Celan, el agua en Vaho podemos entenderla como una búsqueda de sentido y no de referencia. Su condición liminar coincide con la fosa cavada en el aire. Todo esto podríamos resumirlo tal vez a modo de metáfora, con la imagen de una cinta de Moebius, cuya única cara es al mismo tiempo dos caras desaparecidas. Algo así como contener el adentro y el afuera, ahí, a la vista y sin verlo. Pero, siguiendo con el epígrafe que abre el libro, podemos hallar otro vínculo con Celan, y es a partir de la palabra hablada, que actúa como secreto, como contraseña, o pasadizo quizá; esto es: Schibboleth. Es decir, la palabra como sonido, y así, como escape del adentro y del afuera, sin lugar, teniéndolo. Algo importante eso sí, es aclarar el contexto respecto a la palabra y al libro, es decir, a la escritura; por eso hablaba de palabra poética. Dicho de otro modo, es necesario el distingo al recordar a Blanchot diciendo: lo que está escrito pertenece a la literatura; claramente no ocurre lo mismo en poesía.  

dibujo lo que resta de la noche           e          imagino la escena

Dice Rodrigo en uno de los cuatro capítulos (explicitados así) de Vaho, cercando posibilidad alguna de estar fuera del acto de leer, entendiendo la lectura también como escritura y reescritura de algo siempre incompleto o inconcluso más bien, ligándolo de paso a la ley del principio de cierre de la gestalt, o a las posibilidades que nos ofrece la literatura, por ejemplo. Con esto no podemos no recordar a Bolaño cuando dice –a propósito de Borges- que los temas no serían sino cinco, pero que ellos generan posibilidades infinitas o una obra que no cesa de reescribirse1. Enfocando la escritura, más allá de la lectura, como un proceso manual íntimamente ligado a la imaginación. Pero en los primeros poemas de Vaho (Pan de azúcar, Ella / corales, y los cinco, que sin título, le continúan) es posible advertir un quiebre, y es que la experiencia se abre más allá de la lectura, pero anunciándola como la posibilidad que nos queda. Y decir que la experiencia se abre más allá de la lectura es sólo una confirmación de aquello que la realidad también tiene una parte de ficción, así el salto de enunciar un deseo profundo de imaginación es a la vez un paso hacia una realidad objetiva más que un gesto de evasión. Entendiendo experiencia como una deformación del lenguaje producto de los hechos, y hablar de una realidad objetiva en vez de un gesto de evasión quiere decir que Rodrigo está consciente del riesgo que suponen los hechos como instrumentos para el enemigo. La imaginación es, pareciera ser, lo que nos queda. Lo que nos permite pensar en que hay un punto, un lugar que es la unión entre mundo y lenguaje.

Una particularidad interesante de este libro es la de aquella presencia o posición narrativa que lo acercan, por ejemplo, al Rimbaud de la temporada en el infierno. Corriendo un riesgo porque supondría la presencia avasalladora de un yo poético que no hace sino administrar experiencias. Pero lo interesante es que Rodrigo, consciente de aquello, sitúa a este  yo poético como un como testigo problemático de la historia, al ubicarse como parte de ella y no al revés. El olvido es irrisorio señala en la sección Hospital, susurrando entre líneas  y desde dentro de la historia, que al estar dentro de ella -de la historia- es posible comprobar la ausencia del castigo como una de las consecuencias de la historia, y digo esto pensando en una historia reciente: en las fosas marinas yacen cadáveres dice, como evidenciando lo impune que permanecen los autores de los hechos, si bien pasados, pero que no cesan de volver.

Tardewski dice que la naturaleza ya no existe sino en los sueños. Sólo se hace notar, dice, bajo la forma de la catástrofe o se manifiesta en la lírica. Todo lo que nos rodea, dice, es artificial: lleva las señas del hombre”2. Es necesario quizá el paisaje, la naturaleza, por cuanto es la medida que tenemos respecto a lo inmenso, al silencio. Por lo mismo podríamos pensar que Rodrigo intenta un camino distinto al que propone Piglia, y en el cual lo artificioso, o las señas del hombre vendrían desde su relación con la naturaleza, aunque aquello podría ser puesto en entredicho a partir de la falta de puntuación que, más allá de otras lecturas señala que el lenguaje administra la experiencia, las imágenes. De este modo la relación con el paisaje, con el territorio cae, en un sometimiento de éste a la palabra del autor, a lo que el yo pudiese realizar en él. Porque el lenguaje del yo poético administra la experiencia y la relación con la naturaleza, en este caso, a partir de la diagramación del libro.

he tenido las peores hemorragias del mundo contigo.

Dice Rodrigo, y más allá de establecer, por ejemplo, vínculos con el subjetivismo beat, o cómo es todo un dejar huellas sobre el cuerpo, como si ello modificara la experiencia, o la relación con los hechos; podemos ver como la realidad y lo imaginario se cruzan y se resumen, y tal vez el resumen no es otra cosa sino aquello que a propósito de Wagner4, ya Nietzsche había enunciado: que la estética es un problema sobre el cuerpo. Y las imágenes creadas no creo que intenten caer en la metáfora. Más bien creo que se trata de una ficcionalización que busca diluir un relato central y hegemónico, y es que en las constantes ficciones se extravía entre lo literario y un exceso de realidad. O el poder imaginar. O más bien una crítica velada a cómo hemos dejado que imaginen por nosotros a través de la imagen y el relato, estableciendo así mecanismos de control. 
 
Más allá de cualquier apunte o crítica, Vaho nos trae a la memoria a un lector creando su obra en base a las lecturas, y más allá de Kafka, lo podríamos relacionar con aquello planteado por Valéry, esto es: obras que parecen creadas por su público. Por sus lectores, en este caso eso sería una indicación a contrapelo planteada en este libro. Como acercarse a un libro depende de los códigos de desciframiento que cada lector posea, como diría Rodrigo. Así entonces, volviendo sobre Piglia cuando dice que la literatura debe trabajar con el testimonio directo5, en Vaho esto sería la contemplación de una experiencia, ver cómo se retuerce el lenguaje a través del cuerpo, de la estética. Esto es: la historia de un buzo quizá.

Así, cierta amargura y pesadumbre por las derrotas se verían detenidas o tensionadas ante aquello que señalara Borges, la literatura es una de las formas de la felicidad. Y aquí tal vez podamos fijarnos en Rimbaud, cuando dice: yo soy otro,  pensando tal vez que la literatura es otra. Que no es otra cosa sino evidenciar la situación de escritura de textos como un desplazamiento entre lo interno y lo externo. He ahí quizá una metáfora entre muchas posibles, todas relacionadas con el subir y bajar, el adentro y el afuera. Y de la cuales Rodrigo nos deja, y le agradecemos, sólo una y a media luz:
la de nino, el buzo.

 

* * *

1.- BOLAÑO Roberto, Bolaño por sí mismo, Ed. UDP, Santiago 2006, Pág. 100.
2.- PIGLIA Ricardo, Respiración Artificial, Ed. Anagrama, Barcelona 2008, pág.32.
3.- NIETZSCHE, Friedrich, Obras Completas, Tomo IV, Ecce Homo, Ed. Aguilar, Buenos Aires 1962, Trad. Eduardo Ovejero y Maury, Pág. 643 
4.- PIGLIA, op. Cit., Pág. 156. Así es posible entender entonces lo que el epílogo alude al hablar de los mundos fragilizados.




 

Proyecto Patrimonio— Año 2010 
A Página Principal
| A Archivo Rodrigo Morales | A Archivo Rodrigo Arroyo | A Archivo de Autores |

www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
Entre lo imaginario y lo real.
Sobre "Vaho", de Rodrigo Morales.
Rodrigo Arroyo C