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“Propiedad” de Roberto Bustamante: un ejercicio de desacralización

Por Manuel Illanes
Presentación en la FIL de Ciudad de México.



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Una de las líneas más destacadas en la evolución de la poesía chilena de las últimas décadas corresponde a aquella que ve en el gesto desacralizador un potente motor en el ataque a la realidad constituida y la construcción de espacios alternativos. A partir de “Poemas y antipoemas” de Nicanor Parra -hay que insistir, aunque a estas alturas sea un lugar común el afirmar esto-, el humor, la ironía y la parodia se convierten en elementos esenciales para el quehacer poético, que vuelve incluso su mirada corrosiva hacia sí, realizando una crítica del habla poética y su alcance. Nombres como el del mismo Nicanor Parra, Enrique Lihn, Diego Maquieira, Raúl Zurita, Elvira Hernández y Tomás Harris, por mencionar algunos, destacan dentro de esta línea, cuya influencia se extiende hasta las actuales generaciones de poetas, dentro de la cual podemos ubicar sin lugar a dudas a Roberto Bustamante, heredero y representante de esta tradición, lo que se refleja con claridad, creo, en su segunda publicación titulada “Propiedad” (Editorial Navaja, 2018).

El libro de Bustamante asume desde un primer momento esta tarea desacralizadora al instalar la figura de Gregorio Samsa y el drama de “La metamorfosis” de Kafka en el cuerpo textual de “Propiedad”, sólo que enfocado desde una perspectiva que transforma la visión kafkiana: en la parodia que Bustamante nos presenta, Gregorio es Greg Bamba, un anodino ciudadano que no se transforma en escarabajo, sino en un “perro guardián”, defensor inconsciente de ese orden de cosas que el Kapital ha impuesto con fuerza en Latinoamérica a partir de los gobiernos dictatoriales de los años 70 (uno de los puntos sobre los que volverá el texto constantemente). El ejercicio de desacralización que el autor de “Propiedad” desarrolla, juega pues con un referente canónico de lo que llamamos literatura universal y nos lo exhibe en un escenario absolutamente post, muy lejano al contexto en que fue escrito; un escenario post-político, post-ideológico, post-verdad donde impera un capitalismo brutal que sólo permite la mera sobrevivencia: “¿Recordar? Mis momentos de alegría se remiten al robo hormiga en los supermercados. Aquellos pasillos tan iluminados parecían celebrar la rica comida que habría en la mesa ese día.” (p. 14). Sobre este punto, el de la miseria e indefensión frente al sistema económico, se insistirá en el texto 11: “Eres el que recoge las sobras de la cena en tu trabajo / (el poema es un salón de baile) / sobras que te llevas a tu casa / que ni siquiera es una casa / es una carretera concesionada / más bien el peaje de tu oficio / ahí donde llegas a separar los huesos de la carne.” (p. 24). Y es que en el centro de esta carencia, por parte de la mayoría, y de una riqueza salvaje, por parte de un grupo pequeñísimo, se encuentra la “propiedad”, a la que alude el título del libro, definida astutamente, más allá de cualquier análisis ideológico, en el texto 12: “La propiedad, ese inconfesable secreto femenino, / el instante en que una huelga es sobornada / es el silencio en la edición / de un libro inútil / es escapar como carterista / con las manos llenas.” (p. 25).

El ejercicio de desacralización que he mencionado antes alcanza también al sistema mismo de representación que Bustamante escoge como medio: la poesía. En distintos momentos del libro se ironiza acerca de la (in)capacidad de la poesía para confrontar situaciones como las que vive Greg Bamba, habitante de esos amplios paisajes lúmpenes que las ciudades latinoamericanas nos regalan con demasiada frecuencia. Así se nos dice, por ejemplo, en el octavo texto de la primera parte de “Propiedad”: “Nosotros, piensa el señor Bamba, / somos el orgasmo plebeyo que no cuenta con un país / ni con un verbo que sea fortaleza.” (p. 20). O, en el texto que abre “Barretín”, segunda parte del libro, se apunta irónicamente: “¿Dónde esconderé las armas hechizas / si no en un poema? / ¿dónde si no en un poema / esperaré la huelga de los ríos?” (p. 38).

Asociado a esta crítica efectuada de la impotencia de la poesía para encarnar las realidades border que muestra “Propiedad”, se encuentra el sarcástico retrato que se hace de la figura del poeta en el texto “Los guardaespaldas”: “En la foto de la solapa / un poeta fuma como cálculo de un vicio gremial / Detrás, en la misma imagen, si agudizas, están algunos libros que leyó y otros que nunca / leerá.” (p. 44) En este caso, el ataque se realiza no sólo a la figuración mediática que representa la imagen de un autor que aparece en la solapa de un libro, su legitimación ante los lectores expresada en dicha fotografía, sino que se apunta directamente a la seguridad emocional y económica del que vive a salvo del clima de caos y violencia presente en el texto de Bustamante: “Lo importante de la fotografía de la solapa / no es que la mirada del poeta se pierda / como punto de fuga, / transitando portavoz de los muertos, / es, finalmente, la seguridad de aquella mirada, / que le es brindada por los que jamás fueron ajados.”  (p. 44).

Las diversas alusiones que se hacen en “Propiedad” a la contingencia política del Perú de los años 80’ y 90’ (la guerra del MRTA y Sendero Luminoso contra el Estado, la toma de rehenes de la embajada japonesa en Lima, la prisión y muerte de varios líderes de estas agrupaciones insurgentes) ahondan, creo yo, la situación de desamparo ideológico (el tan mentado “colapso de las ideologías”) en que nos encontramos hoy y terminan por dibujar el escenario de ruinas en el que debe desenvolverse y sobrevivir Greg Bamba, un escenario en que se entremezclan los resultados de las experiencias políticas, tanto de la extrema izquierda, como de los esfuerzos neoliberales por transformar el país, además de los elementos propios de un mundo indígena que sigue actuando a pesar de todos los esfuerzos para erradicarlo. Así se nos dice en el texto 6 de la primera parte: “Los yacarés caían heridos / jugando al Jumanji de la ideología. / Él lleva una bala alojada / en la furia de un subcontinente / fruto rojo, podrido y vuelto chicha en las tinajas japonesas / del Chavín de Huántar” (p. 17). Lo mismo se repite un poco más adelante: “un vigilante quechua nacido en Surquillo / cree que el mar / es un gran torrente alucinógeno / el sueño invertido de Thich Quanc Duc / ese niño creció / escuchando fabulosas historias sobre Jaime Castillo Petruzzi / y el Camarada Evaristo. / Hoy recibe bastonazos y manzanazos del Gerente Rémora.” (p. 23).

Con respecto a lo anterior, me parece pertinente señalar la actualidad de este escenario post-político por cuanto varios de los gobiernos de derecha recientemente elegidos en Perú mismo, Colombia, Argentina y Chile (esperemos que Brasil no sea el siguiente) han usufructuado electoralmente del sector que Greg Bamba representa, el de aquellos marginados de todos los derechos sociales y económicos, salvo el del voto, para vencer en las distintas contiendas electorales y asumir el poder. Hay, por tanto, una serie de implicaciones derivadas de dicho escenario que apuntan hacia el futuro cercano, cuya manifestación está inscrita en “Propiedad”, que se erige, en tal sentido, como una suerte de advertencia del sombrío horizonte que se avecina para Latinoamérica y el mundo. 

 

Durante la presentación



 

 

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