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Algunos poemas de Roque Dalton


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YO ESTUDIABA EN EL EXTRANJERO EN 1953

Era la época en que yo juraba
que la Coca Cola uruguaya era mejor que la Coca Cola chilena
y que la nacionalidad era una cólera llameante
como cuando una tipa de la calle Bandera
no me quiso vender otra cerveza
porque dijo que estaba ya demasiado borracho
y que la prueba era que yo hablaba harto raro
haciéndome el extranjero
cuando evidentemente era más chileno que los porotos.

 

 

50 ANIVERSARIO

Un hombre sale al patio trasero de su casa
(ahí no llega nunca el duro viento del otoño)

tiene en sus manos una pequeña copa de aguardiente
y se mesa con cariño el cabello

aquí las canas del hambre
aquí las de aquel día en que fue héroe
entre miles de héroes
aquí las huellas del asco
las señales de quien tocó con dedos jóvenes la grandeza
las del temor
la de la inmensa alegría
las del todopoderoso conocimiento

En el fondo del cielo luce una estrella
que él llama esperanza

el hombre alza su copa
y bebe.

 

ALTA HORA DE LA NOCHE

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendrá la muerte y el reposo.

Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscado por mi niebla.

Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.

No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.

No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto
desde la oscura tierra vendría por tu voz.

No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre,
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre

 

 

SOÑAR LA MESA
. . . . . . . . . . . . (Poema con una o dos profecías)

El hecho de que hoy sea jueves no le dice nada a mi hambre
tampoco el que hayan pasado tantas mujeres por mi vida
(no es una manera de decir pues una vez aceptada mi fealdad
los días perdidos en el amor cuélgame como una llave trágica).

Ay profesores de historia críticos cegatos y meticulosos
luego diréis que apelamos a la mentira cuando decimos que tenemos hambre
pero vosotros los que nunca supisteis lo que es almorzar con té
cenar con sopas de agua desayunar con una galleta o un cigarrillo
os engañáis tanto como todas las novias clarividentes.

No quiero proponer nada al mundo
ya suficiente tiene con sus tristes historias
que corren como infinitas gotas de mercurio.
Lo único que hago es decirme que tengo hambre
hambre de gran ciudad civilizada y fina
tanta hambre que me excito al ver pasar los gatos
que me excito sexualmente digo al ver pasar los gatos
cultor como soy de todas las delicias entrelazadas.

Algún día conoceré a un amigo que se llame Heberto Padilla o algo así
que sea fino como una casa de campo en el otoño de México
hablará francés y sabrá todo lo que por hoy se puede saber sobre vinos
y ganará dinero dulcemente tibio
y me invitará a comer y me invitará a comer y me invitará a comer

Mas mientras tanto estoy con hambre
el hambre es una especie de cáscara de hierro
que te mete los grandes colmillos en los hombros
y lucha para hacerte rodar por el suelo esa fauce.

Señor Mauricio de la Selva:
¿cómo se atreve Ud. a irse sin dejarme dinero?
Ud. trabaja en la Universidad (llega siempre a la hora)
Ud. está muy bien relacionado en el distrito
Ud. incluso puede permitirse tener muy mal carácter
¿por qué no dejó entonces esos diez pesos mexicanos
que hasta mis cien orgullos suplicaran anoche?

Acepto que aún ayer yo tenía cien pesos
pero no negará que los billetes
son muy malos escudos para evitar que el mundo nos invada
y si Rosa María quiso ir a ver conmigo El Lazarillo de Tormes
no es de ponerse a gritar por el barrio:
"Ay qué daños me causa la belleza".

Rosa María es la chica que más me ha gustado en México
ella no me amará jamás porque soy feo y pobre
y hasta seguro estoy de que algún día en Praga
—menciono esta ciudad para mostrar mis tendencias—
alguna buena gente me dirá que se ha casado
y que hace hijos sorprendentes con su joven marido
con quien almorzará y desayunará (cenarán siempre fuera)
hasta que sus dos muertes los separen.

Ay Sardanápalos irremediables:
quiero hundirme en el más negro infierno a causa de la gula
quiero morir del corazón gordo y rosado
aterrorizar a los doctores con mis intemperancias frente al menú.

Tengo hambre caracoles tengo hambre
hambre sana y robusta como un joven odioso
hambre que crece bien nada torcida
hambre hasta con carnet de identidad y estilo propio
familia antigua dos apellidos y caprichos.

Señor:
¿cuándo estaré contigo
en ese paraíso de cuatro patas que sueño?

 


OTRA MUERTA

Mi juventud era una rutilante naranja
su oro fresco acechado por los pájaros
por tus deseos acechado
desde la habitación con olor a polvo húmedo
llena de oscuridad y bibelots
donde un gran gato ácido reinaba

Pero eras vieja vieja
y me daba miedo tu piel
y tu labio colgante pintado de lila

Ahora has muerto ¿lo ves?
y yo comienzo a tener canas

 


HIJO DE PUTA

Mi madre fue la María Pintura.
Sólo yo supe que se llamaba Isabel
y que le gustaba que le dijeran mamá Chabelita
y que lloraba por gusto al ver salir el sol
y que le gustaban unos caramelos en forma de pescaditos
porque decía que se parecían a mí.

 


EL ARTE DE MORIR

EL OTRO. —Lo que Ud. quiere saber es, en cierto modo, el arte de morir.
EL HOMBRE: —Al parecer es el único arte que hemos de aprender hoy
F. Dürrenmatt.

Tómese una ametralladora de cualquier tipo
luego de ocho o más años de creer en la justicia
Mátese durante las ceremonias conmemorativas
del Primer Grito
a los catorce jugadores borrachos que sin saber las reglas
han hecho del país un despreciable tablero de ajedrez
mátese al Embajador Americano
dejándole a posteriori un jazmín en uno de los agujeros de la frente
hiérase primero en las piernas al Señor Arzobispo
y hágasele blasfemar antes de rematarlo
dispérsense los poros de la piel de doce coroneles barrigudos
grítese un viva el pueblo límpido cuando los guardias tomen puntería
recuérdense los ojos de los niños
el nombre de la única que existe
respírese hondamente y sobre todo procúrese
que no se caiga el arma de las manos
cuando se venga el suelo velozmente hacia el rostro

 


KARL MARX

Desde los ojos nobles de león brillando al fondo de tus barbas
desde la humedad polvorienta en las bibliotecas mal alumbradas
desde los lácteos brazos de Jennv de Westfalia
desde los remolinos de la miseria en los exilios lentos y fríos
desde las cóleras en aquellas redacciones renanas llenas de humo
desde la fiebre como un pequeño mundo de luz en las noches sin fin
le corregiste la renca labor a Dios
tú oh gran culpable de la esperanza
oh responsable entre los responsables
de la felicidad que sigue caminando.

 


 

 


Al terminar sus estudios de secundaria, Roque se decidió a estudiar Leyes. Su padre le brindó el apoyo para dirigirse a Chile, y hacia allá viajó en 1953 junto a su madre de quien se despidió en Panamá.

Ya en Santiago, pretendía ingresar a la Universidad Católica, pero el decano de la facultad de Teología de esa institución le recomendó inscribirse en la Universidad de Chile que podría venirle mejor para alejarse de la educación católica que había conocido desde su infancia.

En la Universidad de Chile, Dalton entró en conocimiento de diversas ideologías, especialmente la comunista. La experiencia fue muy importante para su vida:

“Me puse en contacto con los comunistas, tuve amigos comunistas, y al principio sin saber que lo eran, luego con un poco más de conciencia, por lo menos di un paso de avance en Chile y de católico conservador que era, pasé a ser un católico progresista, un socialcristiano; en ese momento, esa corriente de pensamiento en Chile me pareció sumamente atractiva”.

Además el joven empezó a colaborar en una revista universitaria, y como parte de su trabajo sostuvo una memorable entrevista con el muralista mexicano Diego Rivera. Sucedió que en dicho encuentro el artista le preguntó por su filiación política, si había leído sobre marxismo, así como por su edad, a lo que el salvadoreño respondió que era social cristiano con dieciocho años de vida y que nunca había leído de esa doctrina. Rivera, sin ambages, le espetó que tenía dieciocho años «de ser un imbécil» y le echó del lugar. Se dice que pese a sentirse contrariado por el incidente en un primer momento, Dalton, movido por la curiosidad, empezó a adentrarse tanto en el marxismo como en la obra del mexicano. Se sabe también que en este periodo viajó a Buenos Aires y a Montevideo.

Tras once meses de estadía en Chile, retornó a El Salvador. Con nuevos instrumentos ideológicos para conocer la realidad del país, se incorporó a la Universidad de El Salvador donde ingresó a la Asociación General de Estudiantes Universitarios (AGEUS) en 1954. Su padrino político en ese entonces era el historiador Jorge Arias Gómez, dirigente del Partido Comunista Salvadoreño (PCS).

(Tomado de https://poesiamaspoesia.com/ )

 

 


 

 


 

 

 

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