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La muerte juega a ganador, de Ramón Díaz Eterovic
LOM Ediciones, 2010

Por Élmer Mendoza
El Universal, México, 10 de Noviembre de 2011

 

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¿Por qué se suicidó Romerito? Es la pregunta que se convierte en línea de investigación en La muerte juega a ganador, de Ramón Díaz Eterovic, publicada por LOM ediciones, en 2010, en Santiago de Chile, y que fue recientemente declarada por el Consejo Nacional del libro de aquel país como la mejor novela de autor chileno publicada en ese año. Una historia donde Heredia, el famoso detective que trasiega por las calles y bares de Santiago, revela su afición al hipódromo, confiesa haber ganado algunas veces, mientras indaga sobre la vida de un jinete que apareció colgado en uno de los corrales.

Heredia es un detective que tiene un amor lejano, melómano, lector, bebedor, porfiado, que vive con un gato llamado Simenon y se contacta de vez en cuando con un escritor al que cuenta sus casos y presenta como el Escriba. Por más de 20 años ha transitado la literatura de Ramón Díaz Eterovic dejando un rastro de melancolía, amores fallidos, enemigos gratuitos y afecto por la justicia. Por supuesto jamás tuvo algún respeto por Pinochet y su presencia de sangre. Lo que sí, tiene una adicción insana por los bajos fondos de Santiago, que como en toda ciudad moderna, están sobrepoblados.

Después de ganar una carrera importante, Romerito aparece pendiente de una viga. Anselmo, amigo de Heredia y padre biológico del jinete, le pide que investigue, porque un triunfador no tiene razones para suicidarse, y menos cuando le está yendo bien. Paso a paso, el detective descubre la personalidad del muerto, a quien su padre tenía por persona intachable y no, pronto se sabe que no todo lo que gastaba salía de su trabajo. Contada en primera persona por Heredia, asistimos a un fino proceso de investigación policiaca y al sufrimiento de un hombre al que no le basta conversar con su gato, que es muy exigente, y beber. Ni siquiera las insinuaciones de Irma, una atractiva prostituta que lo incita al amor, lo rescatan de ese estado catatónico. Doris Fabra, una dura jefa policiaca con la que alguna vez tuvo algo, sacude un poco su maltrecho corazón, pero le pone límites muy claros para que cada quien en lo suyo y si te he visto no me acuerdo.

Los habituales del hipódromo son gente apasionada que le gusta jugarse todo en las apuestas y no son fáciles de interrogar. Anselmo, que fue jinete en su juventud, le ayuda un poco preguntando a sus amigos, pero es Heredia quien debe ser paciente y explorar el universo de la víctima y su relación con la venta de resultados hípicos y la circulación de drogas entre los jinetes. Cuando todo parece indicar que no habrá final feliz, como diría Paco Ignacio Taibo II, mencionan un auto grande, rojo, que partió del corral del suicidio la noche que ocurrió. A partir de aquí, el novelista quita numerosas capas de la cebolla siguiendo la ruta del dinero, antes de ponernos ante la cara del culpable, después de indagar con la mayoría de los ludópatas y en los centros de apuestas que operan en el Chile contemporáneo.

Ramón Díaz Eterovic, nacido en Punta Arenas, Chile, en 1956, es un experto en contar historias en primera persona, de ahí el tono conversacional de su prosa y la familiaridad que induce en cuanto uno adelanta en la lectura. Es un autor meticuloso que consigue que su discurso avance de acuerdo con la emotividad que provoca. Sus personajes son seres de carne y hueso que viven con intensidad su tiempo, sus problemas y sus aficiones; en este caso, los que habitan el mundo de las apuestas hípicas que siempre están bajo sospecha.

Hay frases que enriquecen cualquier proceso de reflexión: “Llega un momento en que la vida se vuelve nostalgia”, dice Anselmo, “cada cual sabe con qué aceite se fríe”, “le cobraban intereses con la perversidad de un asesino en serie”, son expresiones que nos dan el contexto de la historia en que la mayoría parecen canallas, con oficinas en bares y expertos en doble moral. Ramón nos comparte también algunos vocablos del lenguaje popular: pololear, intrusear, retrucar, chileno calila, patio de los callados, matungos, hincharte las guindas, tiritón, botillería y algunas más, que desde luego no dificultan la lectura y sí la enriquecen con el lenguaje vivo de un pueblo donde nacieron dos premios Nobel.

La muerte juega a ganador es una novela evocadora, finamente trazada, emocionante, funcional, con personajes coherentes y por supuesto, una obra ejemplar en cuanto al eminente nivel que ha alcanzado la narrativa negra, cada vez menos manierista, en América Latina en los últimos años; también es un testimonio de que el chileno Ramón Díaz Eterovic es uno de los maestros indiscutibles del género.



 


 

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LOM Ediciones, 2010
Por Élmer Mendoza
El Universal, México, 10 de Noviembre de 2011