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GENIO Y REBELDE

Por Reinaldo Edmundo Marchant



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Poco antes de entrar en cuarentena publiqué “La chica que amaba a Honorino Landa”, un conjunto de cuentos futboleros. Uno de los relatos está dedicado a un maravilloso atleta y sin duda el más grande futbolista de Colo-Colo en su historia, Carlos Caszely.

El Chino es un caso único y especial de un deportista.

No sólo llenó de genialidades, fintas y gambetas un campo de juego, sino se convirtió en el primer compatriota en hacerle, en su propia cara, una protesta pública al temible dictador Augusto Pinochet. Este gol, convertido en la raya de la infamia, es uno de los más heroicos sucesos ocurridos en plena tiranía.

Se sabe que, tiempo después, Marcelo Bielsa le negaría el saludo a Sebastián Piñera, en la Moneda, episodio que también quedó grabado en la memoria social. Por esos días en que hablaba con Bielsa, le dije: no eres el primero en quitarle el saludo a una autoridad. Y le narré aquel valiente e histórico hecho de Caszely, ocurrido en plena tiranía.

Rebelde, pícaro, atrevido, eléctrico, el Chino llenó de alegría los estadios. El hincha compraba boletos para verlo en acción y los rivales extranjeros preguntaban siempre “¿juega Caszely?”.

Es que “el Gerente”, como lo llamaban en España, era un futbolista completo, que definía de cabeza, eludiendo al golero de turno, de taco, haciendo “globitos”, era un crack. Alexis Sánchez, a quien aprecio mucho, no era la mitad de su talento, por dar un ejemplo.

Un detalle siempre llamó mi atención: jugando con la camiseta alba seguidamente era derribado en la aérea chica y se marcaba el respectivo penal.  Como era un mozalbete, el cobro lo aprovechaba un Chamaco Valdés, Carlos Rivas o Severino Vasconcelos. Es decir, de haber lanzado la mitad de las penas máximas, el Chino hubiera incrementado su récord (que ya es alto) a unos quince o veinte goles más, por lo bajo.

En el relato referido, llamado “Tacos, driblen y rebeldía”, se recrea igualmente al inmenso Sócrates, aquel extraordinario Quijote del fútbol brasileño, que desafió al dictador militar Joao Baptista Figueiredo con su cruzada rebelde, cada domingo, jugando con un cintillo con frases que pedían libertad y democracia. A no dudar, Sócrates fue hermano de sueños y osadía, en un campo de juego y fuera de ésta, con Carlos Caszely.

Vale demasiado resaltar el legado del Chino, en tiempos donde la compostura y valores no se encuentran en los multimillonarios futbolistas de ahora, más ocupados en los cortes de pelo y el color de sus botines.

En lo personal, dos jugadores me levantaban del asiento cuando tomaban la pelota, el gran Garrincha y nuestro habilidoso atacante, Caszely.  Sabía que de esos arranques, con la de cuero adherida al pie, podía aflorar lo que venía a buscar: magia.



 

 

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