Proyecto Patrimonio - 2026 | index |
Romeo Murga | Francisco Véjar | Autores |











ROMEO MURGA (1904 - 1925): EL ÁNGEL GUARDIÁN DE LA POESÍA

Por Francisco Véjar
Publicado en INTI,
Número 51 (Primavera 2000)


Tweet ... . . . . . . . . . . . . ::.:...:.:

Romeo Murga o el ángel guardián que llega a la casa de la poesía sólo un instante, como diría Jorge Teillier, nace en Copiapó, el 23 de junio de 1904. Sus primeros estudios los hace en el colegio “La Merced”, después el Liceo Alemán y en el Liceo de Hombres de esa misma ciudad. Fue un buen alumno, aplicado y precoz, ya a los ocho años escribía poemas. En el año 1920, ingresa al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. En esos mismos años se incorporaba también a esa casa de estudios, Neftaflí Reyes (Pablo Neruda), quien lo recuerda en el libro de memorias Confieso que he vivido: “Con este Romeo Murga fuimos a leer nuestras poesías a la ciudad de San Bernardo, cerca de la capital. Antes de que apareciéramos en el escenario, todo se había desarrollado en un ambiente de gran fiesta; La Reina de los Juegos Florales con su corte blanca y rubia, los discursos de los notables del pueblo y los conjuntos vagamente musicales de aquel sitio; pero, cuando yo entré y comencé a recitar mis versos con la voz más quejumbrosa del mundo, todo cambió: el público tosía, lanzaba chirigotas y se divertía muchísimo con mi melancólica poesía. Al ver esta reacción de los bárbaros, apresuré mi lectura y dejé sitio a mi compañero Romeo Murga. Aquello fue memorable. Al ver aquel Quijote de dos metros de estatura, de ropa oscura y raída, y empezar su lectura con voz aún más quejumbrosa que la mía, el público en masa no pudo ya contener su indignación y comenzó a gritar: “¡Poetas con hambre! ¡Váyanse! No echen a perder la fiesta”. No es casualidad que Angel Cruchaga Santa María llamara a Romeo Murga: “pálido joven de cristal herido”. Pero Romeo Murga tuvo una celebración, cuando obtiene el primer premio en el Elogio a la Reina de la Primavera, en las fiestas de 1923:

Hay un cielo sin nubes, de azul sonrisa inmensa
ardiente y vasto cielo sobre la tierra ardiente.
En este luminoso cielo de Dios, destella
la cabellera rubia de un sol adolescente
. . . . . . . . . . . . . . . (Poema de la fiesta).

Corría el año 1922, Romeo Murga tenía sólo 18 años, y ya colaboraba en “Claridad” (Revista de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, también en Zig Zag, y “Educación y Cultura”, escribiendo reseñas sobre libros y traducciones de algunos escritores franceses: Paul Fort, Anatole France, Charles Nodier, entre otros autores. Admirador de Rubén Darío y de Pedro Prado, que ya había publicado Los pájaros errantes y La casa abandonada, convirtiéndose en un verdadero maestro para las nuevas generaciones. Aparecen sus primeros poemas y en 1923 es publicado por la Federación de Estudiantes El libro de la Fiesta en colaboración con el poeta Víctor Barberis. Fue la única obra suya que pudo tener en sus manos.

El panorama de la poesía chilena de ese entonces, contaba con figuras tutelares como Gabriela Mistral con Desolación (1922), Pablo de Rokha con Los Gemidos (1920-1922), obra de vanguardia poética junto a la de Vicente Huidobro, cuya influencia no se hace sentir sino hasta los años treinta. Por otra parte estaban los poetas que confluían alrededor de Salvador Reyes, con su libro Barco Ebrio (1923), que hacía referencia a un poema del poeta simbolista francés Jean Arthur Rimbaud y Pedro Prado, por citar a algunos de los autores de mayor connotación de esos años.

Jorge Teillier, en su ensayo “Romeo Murga, poeta adolescente”, (Taller de Escritores de la Universidad de Concepción. Ediciones Revista Atenea. Separata del No 395, 1962), nos dice acerca de esa generación: “Naturalmente, este escuetísimo panorama es sólo una introducción para situar la poesía de Romeo Murga, que aparece en el grupo que ya hemos señalado varias veces: aquel encabezado por Pablo Neruda, y en donde están Rojas Giménez, Joaquín Cifuentes Sepúlveda, Armando Ulloa, Víctor Barberis, Rubén Azócar, y un poco más tarde, Gerardo Seguel, Tomás Lago, Luis Enrique Délano, Samuel Letelier Maturana, Antonio Rocco del Campo. Un grupo de poetas que en su mayoría conservan un tono de exacerbado romanticismo, con una dicción elegiaca y melancólica, preocupado de cantar en forma directa y sentimental —poesía hecha de sentimiento, no de razonamientos, — , y cuyo más alto exponente en este sentido es (creemos, junto a Neruda de sus primeros libros) Romeo Murga” . Y más adelante: “Sobre la posición poética de Murga nos ilustra un artículo que con el título de Divagaciones sobre poesía fue publicado en Claridad. Allí plantea su divergencia frente a las nuevas tendencias poéticas, que asimila notoriamente al futurismo de Marinetti (al parecer, todavía se desconocían las experiencias surrealista nacientes, y la última palabra de la vanguardia poética eran los postulados de Marinetti). Murga, no niega que pueda cantarse a la belleza del avión o del automóvil, pero protesta ante la tendencia a englobar toda la poesía ante la exaltación de los progresos físicos del nuevo siglo. Nombra como poetas cardinales a Baudelaire y sobre todo a Verlaine, a quienes considera los más altos representantes del verdadero espíritu poético, que sobrepasa las época y las modas, expresando los temas llamados eternos: el amor, el dolor, los celos, la muerte, etc.”

Quienes conocieron de cerca a Romeo Murga, dan testimonio de sus rasgos que no difieren entre sí: “Romeo Murga, alto, magro, de sombrero alón, nunca entreabrió los labios. Las pocas palabras que podía juntar las ponía en versos”, (José Santos González Vera). “Alto. Excesivamente delgado. De rostro moreno, pálido y de ojos verdes. Hablaba poco, reposadamente”, (Elias Ugarte Figueroa, uno de sus alumnos en el Liceo de Quillota). “En el Liceo Nocturno Federico Hanssen, tuve la ocasión de intimar con Romeo Murga. Era silencioso; su conversación, tranquila; su conducta, correcta; su trato afable”. Estos testimonios están recogidos por el profesor Miguel Moreno Monroy. (Romeo Murga, Luz de otro metal. Revista Educación N° 103, Santiago, Diciembre de 1982).

Entre los mejores poemas de Murga está El viaje donde nos revela su madurez, en plena juventud. Es la soledad de sí mismo, vista por el propio poeta:

Poco a poco se apagan las tenues sensaciones.
Me voy quedando solo, en doliente pereza,
bajo las frías sábanas y entre los almohadones,
en la negra y pesada soledad de mi pieza.
Pienso en este día que fue nublado y gris
—no he sentido tristeza ni alegría alguna.
Me revuelvo en la cama, sin poder dormir.
Afuera, se oye un perro que ladra a la luna.
Pobre náufrago débil en el mar de la noche—
Mi alma está llena de tristeza taciturna.
(La calle se estremece con el rodar de un coche.
Un pitazo, a lo lejos, rompe la luz nocturna).
Yo le temo al silencio de estas noches heladas,
un silencio preñado de encono y maldad,
de fantasmas oscuros y de almas embrujadas,
un silencio que pesa como una eternidad.
¡Quién me hará la limosna de un leve y breve ruido,
que ahuyente mi funesto meditar en la nada;
un ruido que no sea ni mi voz ni el latido
silente del reloj, en la noche callada.
Y las olas se arrastran monótonas, tranquilas...
Voy a coger mañana en divino derroche,
toda la luz y el oro del sol en mis pupilas,
para borrar de mi alma el horror de la noche!

Ya titulado de profesor de Estado en la asignatura de francés, hace clases en el Liceo de Quillota (1924). Ese mismo año en Orientaciones (Revista de Literatura y Artes del Internado Nacional Barros Arana. Santiago, 1924), colabora con un poema que lleva por nombre Canta el Señor de Phocas, donde se hace sentir cierto tono Baudelairiano:

El Oriente me dió su vicios más extraños,
y con placer sus sabias perversidades copio.
En un sólo minuto yo sé vivir cien años,
hundido en mis amargas ensoñaciones de opio.
Entre joyas y flores el hastío me muerde;
y, cruelmente cansado de mi alma en agonía,
llevo en mí la obsesión de unas pupilas verdes,
que acaso, entre la sombra, me miraron un día..

En una nota pie de página es anunciado el libro, que aún estaba en preparación: El canto en la sombra.

A pesar del breve tránsito de Romeo Murga por este mundo, tuvo ascendencia entre sus alumnos, y nada menos que en el futuro escritor Luis Enrique Délano. El lugar era Quillota, donde además de cumplir con sus tareas de docencia, pasaba en limpio sus sueños a través de la poesía, pero el viaje era corto, sintiéndose enfermo debe regresar a Santiago, el vuelo empieza a cesar, y muere víctima de una tuberculosis, en San Bernardo, al mediodía de un 22 de mayo de 1925, acompañado por su hermana Berta y su madre. Atrás habían quedado los paseos con Víctor Barberis, Pablo Neruda, Armando Ulloa, Rubén Azócar, entre otros poetas de la época. El lugar de sus encuentros, eran los pasillos del Instituto Pedagógico, en la calle Cummings. Como era de esperar, su muerte sólo encontró resonancia en el recuerdo de sus amigos. Esa misma razón llevó a la gente de la revista Claridad a escribir una pequeña nota necrológica.

En vida, como ya dijimos, sólo pudo tener en sus manos el pequeño opúsculo que publicara junto al poeta Víctor Barberis: El libro de la Fiesta, y tuvieron que pasar 21 años, para que su hermana Berta Murga, hiciera posible la publicación de El canto en la sombra en 1946. Andrés Sabella escribe, en octubre de ese mismo año, sobre el libro: “Aquí, el poeta vació su cántaro de agua santa sobre la radiante tierra de las cuartillas, haciendo faena para las exigencias permanentes de las antologías de la patria. Aquí la suave arquitectura del verso se llenó de celestes virtudes, y quedó erguida para las dentelladas del olvido y la tormenta. Aquí Romeo Murga alcanzó a tactar el rostro final de la poesía. Apolo ha recogido ya sus cenizas del gladiador de quimeras”. Un mes después, Eleazar Huerta escribe: “Los libros póstumos tiene un peculiar encanto que crece si transcurren veintiún años entre la muerte del autor y la publicación de la obra. Si los libros póstumos no existieran habría que inventarlos, que falsificarlos”. Y más adelante nos dice: “El poeta se está acercando, sin embargo, a una cumbre más importante. Va a descubrirse a sí mismo, a cantar su esencia”.

En 1955, bajo la dirección de Andrés Sabella, se publica Clara ternura, en las Ediciones “Hacia”, con sólo 300 ejemplares, lanzado en el mes de julio, en Antofagasta. Este cuadernillo contiene 10 poemas en prosa, y con una evocación de Berta Murga Sierralta, que nos da testimonio de la fidelidad que mantuvo con su trabajo poético: “poeta fue hasta su último suspiro. Días antes de su muerte y cuando ya no podía escribirlos, dictaba sus poemas con voz que más que voz, era un susurro: aliento febril que se escapaba de su cuerpo extenuado y de su blanca alma rebelde. Porque, eso sí, se rebeló ante la prematura muerte, a pesar de su dulcedumbre y de su recia fe cristiana. Quería vivir unos años más para su madre, para cantar a su Dios, al amor, a la belleza”.

De esta manera partió un poeta, que en ese entonces se adhería a otros como Gabriela Mistral, Angel Cruchaga, Max Jara, Carlos Mondaca, que no diferían fundamentalmente de la línea antimodernista. Como diría Jorge Teillier: “Su particularidad, en el caso de Murga, consistirá en una fusión admirable de continente y contenido, en una expresión no alcanzada hasta ese momento, del espíritu de una adolescencia melancólica”. Debemos dejar en claro que además entre Romeo Murga y Pablo Neruda, nacidos con un mes de diferencia, había gran similitud de voces, esto se confirma con la edición de El canto en la sombra. Recordemos que ambos poetas estudian Pedagogía en francés, lamentamos su pronta desaparición porque nos hubiese gustado ver el desenlace de esas influencias.

Pocos son los escritores chilenos que han dado cuenta de la obra de Murga, que como otros poetas de corta vida, entregaron en un solo libro poemas notables, como es el caso de Omar Cáceres, Boris Calderón y otros grandes poetas olvidados.

Romeo Murga en un verso nos dice: “Mi voz no es más que un eco”. Ese eco, prevalecerá en el tiempo.

 

 



 




 

 

 

. .








Proyecto Patrimonio Año 2026
A Página Principal
 |  A Archivo Romeo Murga  | A Archivo Francisco Véjar  | A Archivo de Autores |

www.letras.mysite.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
ROMEO MURGA (1904 - 1925): EL ÁNGEL GUARDIÁN DE LA POESÍA
Por Francisco Véjar
Publicado en INTI, Número 51 (Primavera 2000)