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Yosuke Kuramochi
La fragilidad de la condición humana

Por Verónica Fierro
Publicado en El Diario Austral (Temuco). 29 de enero de 1995



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Yosuke Kuramochi es una persona introvertida, observadora por esencia, o como se autodefine: "un romántico". Todas características que forman parte de una personalidad cargada de sensibilidad por el arte y por el hombre en su última instancia.


Su salud le jugó una muy mala pasada. Hace tres semanas fue intervenido quirúrgicamente. Las causas, un tumor en uno de sus riñones. A pesar de ello, toda la espiritualidad que lo envuelve, ha renovado su ánimo, y ya piensa en sus proyectos para el presente año lectivo.

Pero, Yosuke Kuramochi Obreque no se deja estar. Si los centenares de estudiantes, (distraídos algunos, quedados otros), a quienes ha hecho clases de Literatura no lo inquietaron, tampoco lo hará un prolongado reposo. Porque la tranquilidad es una de sus características que más lo distinguen. Muy bien ha sabido conservar esta virtud nipona, que heredó de sus ancestros paternales.

Paciente, calmado, serio y algo distante; así lo ve la gente de la zona. Y está en lo cierto, aunque con el último apelativo se defiende. "No es que tienda a estar solo, lo que pasa es que mi vista me engaña y no conozco a la gente que me saluda, más bien no la veo, porque soy corto de vista", aclara el director del Departamento de Lenguas de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad Católica de Temuco y académico de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Temuco.

En gustos, no hay realmente nada escrito. Con sangre japonesa en las venas, las sopas con fideos son las preferidas. Pero también le gustan los dulces alemanes y la cocina chilena. "La cazuela no tiene comparación... y el mote con huesillos, tampoco", alude.

Treinta y tres años de matrimonio, cinco hijos y dos nietos, son algunas de las cifras que maneja a diario. Es que lo suyo no son los números, nada de eso. Por vocación —y nótese que realmente por vocación— entregó su vida a las letras en una "novela" que se escribe a diario.

De eso, hace 57 años, porque siempre ha estado en contacto con la literatura, aunque su pasión la haya soslayado, al estudiar un par de años Medicina Veterinaria en la Universidad Austral de Chile.

No se quedó ni con su afición por el básquetbol ni por las barras y paralelas que practicó en tiempos del colegio. Primó la literatura sobre la condición física.

Cuando era pequeño, los tres hermanos se reunían junto a su madre para escuchar declamaciones poéticas y lecturas de libros. Aspecto que cultivó, primero, en su paso secundario por el Colegio de La Salle, hasta su ingreso a la universidad.


Dos mundos

Desde pequeño mostró interés por la condición humana. La observó frágil en la gratitud... Esto afectó su propia personalidad. Se creó una controversia entre una familia marcada por la sensibilidad artística y un mundo materialista.

En las cátedras descubrió cómo se fusionaba las partes, a pesar de las diferencias. "Haciendo clases encontré lo hermoso de dar, de llevar a la conciencia de los jóvenes, la propia experiencia. Fue el descubrimiento de una vocación profunda. Aprendí a entregar conocimiento, a través del placer y dolor de lo que significa desprenderse de algo", comenta.

Otro aspecto que determinó su vida fue la opción por las letras. "Era una vocación en todo el sentido de la palabra, pero con ello debí renunciar a otras cosas. No podía ser poeta o pintor a toda hora".

Se sustrae al enseñar y al crear, pero no abandona la investigación, aspecto por el cual ha sido conocido en el país y fuera de él. Es en este punto donde se crea un nuevo quiebre, consecuencia de sus sentimientos profundos. Enfatiza que la investigación es fría y técnica, en cambio la creación -textual o poética- es muy personal, y que por ende debió convivir con ambas.

Profesor "pontificio"

Como estudiante de pedagogía en Castellano recuerda que su estancia en la Pontificia Universidad Católica de Chile, sede Temuco, en 1965, estuvo determinada por el tamaño de la planta de académicos y alumnos. Pero muy por el contrario de lo que pasa hoy, había una interrelación maestro-estudiante.

"La formación pedagógica era importante en ese tiempo. Era una pléyade de educadores que se formaba, los jóvenes creábamos y hacíamos universidad", dice.

Con energía finalizó su seminario de título "Sistemas temporales en la cuentística de Julio Cortázar" - sí, el mismo autor de "Rayuela".

La docencia la comenzó con ayudantías y luego como profesor en sus distintas categorías. Pronto vino el perfeccionamiento. En 1981 termina el magíster en Literatura con Mención en Teoría Literaria, la maestría que lo calificaría, entre otras, como rector de la casa pontificia en Temuco en el período 1985-1986.

Con el paso de los años ha hecho una infinidad de actividades para enriquecer el conocimiento y el espíritu.

El mismo que ha traspasado en sus cátedras de Literatura Griega, Literatura Latina y Literatura General Medieval y Clásica, entre otras. Además de cursos optativos de Literatura Universal, donde enseñó las obras de García Lorca, Kafka, Sartre y Faulkner; u otorgando cursos de Literatura Infantil en el Instituto Profesional de La Araucanía.


Inagotables

Ediciones de textos, muestras de pintura, talleres de teatro, ponencias en los más diversos congresos de las universidades locales, entidades nacionales y extranjeras, son algunos de los quehaceres durante el año.

Las publicaciones masivas son su fuerte. En especial relatos de la tradición mapuche, que ha debido recoger en la lengua original -el mapudungun- y luego traspasarlos a la versión española. "La intención es no traicionar los significados de la cultura originaria", precisa.

Es inagotable. Ha participado como expositor invitado en las jornadas de Literatura de su universidad, en las jornadas de Lengua y Literatura Mapuche de la Universidad de La Frontera, en el Cuadragésimo Sexto Congreso Internacional de Americanistas realizado en Holanda en 1988, en el Congreso Internacional de Alfal, que se efectuó en Brasil -donde habló de la "Proposición de la lectura mítica para el poema 1 de Pablo Neruda" y en los congresos nacionales de Educarte, son parte de su trayectoria.

Siempre ligado a la UCT, Kuramochi, ha dirigido decenas de seminarios, tales como: El viaje a lo sagrado a través de la literatura, análisis estructural del relato "El espejo y la máscara" de Jorge Luis Borges; El dramatismo humanizado presente en "El romancero gitano" de Federico García Lorca; Cuentos fantásticos de Horacio Quiroga; El elemento maravilloso en tres obras de Marcela Paz; Registro etnográfico de relatos orales mapuches; Observaciones al carácter literario del relato mapuche (una tesis de Licenciatura, que guió en 1990); y Registros de rituales mapuches. Al año siguiente organizó un coloquio intercultural.

Sin embargo, sus labores no terminan allí. En 1987 la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, Conicyt, aprobó uno de sus proyectos, "Relatos orales. Rituales mapuches. Estructuras mentales". Además organizó el simposio "Las culturas indígenas de América del Sur a través de sus manifestaciones verbales", para el Cuadragésimo Séptimo Congreso de Americanistas de Tulane University en Nueva Orleans, Estados Unidos.


Dimensión sobrenatural

Lejos de seminarios y talleres, Kuramochi es una persona eminentemente sensible. Así lo demuestran sus poemas más íntimos y también los más universales. Los textos secretan sus motivaciones: la primera es la condición humana, y la segunda es el encanto de la naturaleza de La Araucanía.

Es que está enraizado con Temuco y sus alrededores. Prácticamente siempre ha vivido en la misma cuadra. (En las cercanías de Lautaro y General Mackenna). Salvo cuando la familia se trasladó por tres años a Cherquenco, una localidad cordillerana. Allí jugó con los castillos de madera, conoció de la flora y fauna y vio pasar con nostalgia el tren de la tarde.

"En esa dimensión del hombre es donde está presente su existencia. El hombre es un ser lleno de emociones, pero se deja llevar por una parte pragmática, lo cual lo vuelca hacia una persona calculadora", dice.

Agrega que su ascendencia ha influido considerablemente en su sensibilidad. "La cultura japonesa hace mucho hincapié en la educación del hijo mayor, el sentido del honor, la responsabilidad y el servicio son parte de la tradición, y que mi padre me entregó desde la infancia", recuerda.

 

 

 

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