Yosuke Kuramochi es una persona introvertida, observadora por esencia, o como se
autodefine: "un romántico". Todas características que forman parte de una personalidad
cargada de sensibilidad por el arte y por el hombre en su última instancia.
Su salud le jugó una muy mala pasada. Hace tres semanas fue intervenido quirúrgicamente.
Las causas, un tumor en uno de sus riñones. A pesar de ello, toda la espiritualidad que lo
envuelve, ha renovado su ánimo, y ya piensa en sus proyectos para el presente año lectivo.
Pero, Yosuke Kuramochi Obreque no se deja estar. Si los centenares de estudiantes,
(distraídos algunos, quedados otros), a quienes ha hecho clases de Literatura no lo
inquietaron, tampoco lo hará un prolongado reposo. Porque la tranquilidad es una de sus
características que más lo distinguen. Muy bien ha sabido conservar esta virtud nipona, que
heredó de sus ancestros paternales.
Paciente, calmado, serio y algo distante; así lo ve la gente de la zona. Y está en lo cierto,
aunque con el último apelativo se defiende. "No es que tienda a estar solo, lo que pasa es
que mi vista me engaña y no conozco a la gente que me saluda, más bien no la veo, porque
soy corto de vista", aclara el director del Departamento de Lenguas de la Facultad de Artes
y Humanidades de la Universidad Católica de Temuco y académico de la Escuela de
Periodismo de la Universidad de Temuco.
En gustos, no hay realmente nada escrito. Con sangre japonesa en las venas, las sopas
con fideos son las preferidas. Pero también le gustan los dulces alemanes y la cocina
chilena. "La cazuela no tiene comparación... y el mote con huesillos, tampoco", alude.
Treinta y tres años de matrimonio, cinco hijos y dos nietos, son algunas de las cifras que
maneja a diario. Es que lo suyo no son los números, nada de eso. Por vocación —y nótese
que realmente por vocación— entregó su vida a las letras en una "novela" que se escribe a
diario.
De eso, hace 57 años, porque siempre ha estado en contacto con la literatura, aunque su
pasión la haya soslayado, al estudiar un par de años Medicina Veterinaria en la Universidad
Austral de Chile.
No se quedó ni con su afición por el básquetbol ni por las barras y paralelas que practicó en
tiempos del colegio. Primó la literatura sobre la condición física.
Cuando era pequeño, los tres hermanos se reunían junto a su madre para escuchar
declamaciones poéticas y lecturas de libros. Aspecto que cultivó, primero, en su paso
secundario por el Colegio de La Salle, hasta su ingreso a la universidad.
Dos mundos
Desde pequeño mostró interés por la condición humana. La observó frágil en la gratitud...
Esto afectó su propia personalidad. Se creó una controversia entre una familia marcada por
la sensibilidad artística y un mundo materialista.
En las cátedras descubrió cómo se fusionaba las partes, a pesar de las diferencias.
"Haciendo clases encontré lo hermoso de dar, de llevar a la conciencia de los jóvenes, la
propia experiencia. Fue el descubrimiento de una vocación profunda. Aprendí a entregar
conocimiento, a través del placer y dolor de lo que significa desprenderse de algo",
comenta.
Otro aspecto que determinó su vida fue la opción por las letras. "Era una vocación en todo
el sentido de la palabra, pero con ello debí renunciar a otras cosas. No podía ser poeta o
pintor a toda hora".
Se sustrae al enseñar y al crear, pero no abandona la investigación, aspecto por el cual ha
sido conocido en el país y fuera de él. Es en este punto donde se crea un nuevo quiebre,
consecuencia de sus sentimientos profundos. Enfatiza que la investigación es fría y técnica,
en cambio la creación -textual o poética- es muy personal, y que por ende debió convivir
con ambas.
Profesor "pontificio"
Como estudiante de pedagogía en Castellano recuerda que su estancia en la Pontificia
Universidad Católica de Chile, sede Temuco, en 1965, estuvo determinada por el tamaño de
la planta de académicos y alumnos. Pero muy por el contrario de lo que pasa hoy, había
una interrelación maestro-estudiante.
"La formación pedagógica era importante en ese tiempo. Era una pléyade de educadores
que se formaba, los jóvenes creábamos y hacíamos universidad", dice.
Con energía finalizó su seminario de título "Sistemas temporales en la cuentística de Julio
Cortázar" - sí, el mismo autor de "Rayuela".
La docencia la comenzó con ayudantías y luego como profesor en sus distintas categorías.
Pronto vino el perfeccionamiento. En 1981 termina el magíster en Literatura con Mención en
Teoría Literaria, la maestría que lo calificaría, entre otras, como rector de la casa pontificia
en Temuco en el período 1985-1986.
Con el paso de los años ha hecho una infinidad de actividades para enriquecer el
conocimiento y el espíritu.
El mismo que ha traspasado en sus cátedras de Literatura Griega, Literatura Latina y
Literatura General Medieval y Clásica, entre otras. Además de cursos optativos de Literatura
Universal, donde enseñó las obras de García Lorca, Kafka, Sartre y Faulkner; u otorgando
cursos de Literatura Infantil en el Instituto Profesional de La Araucanía.
Inagotables
Ediciones de textos, muestras de pintura, talleres de teatro, ponencias en los más diversos
congresos de las universidades locales, entidades nacionales y extranjeras, son algunos de
los quehaceres durante el año.
Las publicaciones masivas son su fuerte. En especial relatos de la tradición mapuche, que
ha debido recoger en la lengua original -el mapudungun- y luego traspasarlos a la versión
española. "La intención es no traicionar los significados de la cultura originaria", precisa.
Es inagotable. Ha participado como expositor invitado en las jornadas de Literatura de su
universidad, en las jornadas de Lengua y Literatura Mapuche de la Universidad de La
Frontera, en el Cuadragésimo Sexto Congreso Internacional de Americanistas realizado en
Holanda en 1988, en el Congreso Internacional de Alfal, que se efectuó en Brasil -donde
habló de la "Proposición de la lectura mítica para el poema 1 de Pablo Neruda" y en los
congresos nacionales de Educarte, son parte de su trayectoria.
Siempre ligado a la UCT, Kuramochi, ha dirigido decenas de seminarios, tales como: El
viaje a lo sagrado a través de la literatura, análisis estructural del relato "El espejo y la
máscara" de Jorge Luis Borges; El dramatismo humanizado presente en "El romancero
gitano" de Federico García Lorca; Cuentos fantásticos de Horacio Quiroga; El elemento
maravilloso en tres obras de Marcela Paz; Registro etnográfico de relatos orales mapuches;
Observaciones al carácter literario del relato mapuche (una tesis de Licenciatura, que guió
en 1990); y Registros de rituales mapuches. Al año siguiente organizó un coloquio
intercultural.
Sin embargo, sus labores no terminan allí. En 1987 la Comisión Nacional de Investigación
Científica y Tecnológica, Conicyt, aprobó uno de sus proyectos, "Relatos orales. Rituales
mapuches. Estructuras mentales". Además organizó el simposio "Las culturas indígenas de
América del Sur a través de sus manifestaciones verbales", para el Cuadragésimo Séptimo
Congreso de Americanistas de Tulane University en Nueva Orleans, Estados Unidos.
Dimensión sobrenatural
Lejos de seminarios y talleres, Kuramochi es una persona eminentemente sensible. Así lo
demuestran sus poemas más íntimos y también los más universales. Los textos secretan
sus motivaciones: la primera es la condición humana, y la segunda es el encanto de la
naturaleza de La Araucanía.
Es que está enraizado con Temuco y sus alrededores. Prácticamente siempre ha vivido en
la misma cuadra. (En las cercanías de Lautaro y General Mackenna). Salvo cuando la
familia se trasladó por tres años a Cherquenco, una localidad cordillerana. Allí jugó con los
castillos de madera, conoció de la flora y fauna y vio pasar con nostalgia el tren de la tarde.
"En esa dimensión del hombre es donde está presente su existencia. El hombre es un ser
lleno de emociones, pero se deja llevar por una parte pragmática, lo cual lo vuelca hacia
una persona calculadora", dice.
Agrega que su ascendencia ha influido considerablemente en su sensibilidad. "La cultura
japonesa hace mucho hincapié en la educación del hijo mayor, el sentido del honor, la
responsabilidad y el servicio son parte de la tradición, y que mi padre me entregó desde la
infancia", recuerda.