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Tomar aire para contar algo
Sobre “Manchas de humedad” de Rodolfo Reyes Macaya

Por Juan Santander Leal 



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“Manchas de humedad” es un poemario en cierta medida reescrito, si pensamos en su primera edición bajo el nombre “La proximidad del tsunami” (Zindo y Gafuri, 2015). Sin considerar en profundidad las variaciones entre ambas ediciones y centrándome en la presente, diría que en este poemario se despliega una experiencia de lo cotidiano volviéndose extraño, entrecruzada por procedimientos líricos y narrativos, sin decantar por una forma determinada. Esto genera un aplazamiento de significado y resolución de lo narrado, a través de imágenes que parten precisas pero cuyo objetivo es difuminar los espacios y los sujetos localizados en ellas.

Desde los primeros poemas aparecen signos de las profesiones de una familia e ideas sobre la infancia como un paisaje no domesticado, donde la naturaleza aún no se desconecta de la mirada, como sucedería en un contexto de gran ciudad. Como toda plenitud es ambigua, las fechas de las fotografías se entrecruzan y los nombres propios y referentes culturales (que deberían situarnos y estabilizar la lectura) no lo hacen; casi siempre por voluntad propia. Este efecto de fantasmagoría se puede rastrear a lo largo del libro, emparentándose con, por ejemplo, los procedimientos en la obra del admirable novelista WG Sebald. Además de esto, el uso de figuras retóricas en general tiende al despiste también en el uso de algunos oxímoron (sueños sin imágenes), que van directamente vinculados a poética del libro, en la que existe una confianza en la desconfianza de la imagen como proceso para la escritura en verso. Del mismo modo, las metáforas exploran con precisión ideas sobre el insomnio y el extrañamiento, ejemplificando cómo nuestra mente nos separa de un contexto al producir imágenes que pueden construir ladrillo a ladrillo un poema. Este principio de composición me parece muy estimulante para el lector, quien alternando entre confesión, dictamen, observación y despiste va acumulando ideas sobre: paisaje, negocios que comienzan, opiniones políticas, animales, insectos, cassettes, viajes en auto, etc.

La segunda parte del libro, llamada “Manchas de humedad” es una especie de narración en fragmentos numerados, donde la experiencia del aislamiento toma la primera persona para hacerse más efectiva desde un yo hacia el espacio que lo rodea. Contrasta el aspecto de encierro y enclaustramiento de esta segunda parte con el paisaje pampeano o patagónico de la primera. La presencia de un perro llamado Nerón junto a un sujeto que establece distancia del mundo exterior es la materia de una bitácora del aislamiento de un hombre joven que proyecta paisajes despoblados en las manchas de humedad de su casa. La inacción se ejemplifica con detalles de espacio abierto: desiertos y playas imaginadas como un niño que proyectara estos espacios desde el baño o el patio de su casa. Esta vigilia razonada, mas atravesada por extrañamientos (no propios del sueño sino de la divagación) es un estudio de la memoria involuntaria a base de fragmentos. Con recuerdos que van de lo preciso a lo ruidoso y prescindible se construye una trama cuyos personajes configuran un cuento a base de retazos.

Pienso en cierta literatura cuyas imágenes están al servicio de una prosa ensayística y a la vez poética (aquí podría mencionar a Mario Ortiz, María Negroni o Mike Wilson como ejemplos de este hacer en la escritura latinoamericana contemporánea). En “Manchas de humedad” es hasta cierto punto al revés. Algunos mecanismos de la prosa están puestos al servicio de un poema. Quizás no “al servicio” sino siendo activados y desactivados a través de interruptores que podríamos llamar ritmo, estrofa, o verso. Las reminiscencias de WG Sebald emergen nuevamente, específicamente de su “poema” Del natural, en el que se exploran y exponen este tipo de procedimientos: la inclusión de fechas, datos, eventos históricos encapsulados en relatos individuales. En definitiva, hablamos de una “prosa en poema”, con todas las riquezas y dificultades de tal estilo. Tal vez en el libro de Rodolfo Reyes ni la prosa está al servicio de la poesía ni al revés, y en esto reside la gracia de situarse en una zona intermedia, tal como sucede también con el sentido de cada sección del poemario.

“Manchas de humedad” destila un hacer cuidadoso, casi secretamente, con imágenes materializadas en objetos que cuentan historias y situaciones con una fuerte tendencia a la adherencia, ese concepto clave en la poesía temprana de Eugenio Montale, según el cual las palabras buscan mantenerse en la memoria y restituir la experiencia del observador, de lo que ve o rememora, siempre en algún límite, siempre cerca de un “velo que nos separa del quid definitivo”. Este poemario juega con varios de estos límites: entre prosa y poesía, imagen y narración y entre memoria y olvido, encendiendo una colilla contra el viento.



 

 

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