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IMAGINACIÓN Y REALIDAD NARRATIVA
El ciego al que le cantaba Gardel (Editorial Etnika, 2016, 160 páginas

Por Ramiro Rivas Rudisky
Publicado en revista Punto Final el 23  de Junio de 2017


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Antonio Rojas Gómez (1942) es periodista y narrador. Ha sido director y editor de revistas y periódicos nacionales. Su obra literaria se inició con la publicación de su novela El huésped del invierno (1982), completando a la fecha diez obras, entre cuentos y novelas. Libros como Sonata para violín y piano (1984), El bebedor de cerveza (1992) o El ojo de nadie (2001), han sido valorizados por la crítica especializada.

La escritura de Rojas es ordenada, tradicional, con un estilo literario que evita los trucos lingüísticos, la dislocación de los tiempos verbales, los saltos temporales. Sus cuentos mantienen la cronología argumental, cerrando sus relatos con un desenlace sorpresivo o un final abierto, pero siempre plausible. Poseedor de un buen manejo técnico y un lenguaje muy cuidado, permite que su lectura sea atractiva, sin quiebres imprevistos o fuera de lugar.

Existe una afirmación del crítico James Wood que me parece fundamental para analizar una novela o un cuento, que consiste en que “la ficción es tanto artificio como verosimilitud”. Ambos elementos los estimo esenciales para lograr un buen relato creíble y que atrape al lector. Y este conjunto de narraciones, El ciego al que le cantaba Gardel (Editorial Etnika, 2016, 160 páginas), cumple con esa premisa, otorgándole a ciertos cuentos –como el que le da nombre al libro -, una ambigüedad creativa que linda con lo irreal y lo fantástico.

En efecto, en esta historia, una de las más extensas del libro, narra la vida gris y solitaria de un ciego que canta en las calles céntricas de Viña del Mar, con una guitarra vieja y destartalada, provocando más lástima que admiración a la gente que transita apresurada por su lado y deja caer una que otra moneda al platillo. Pero esta vida plana y sin esperanzas, se transfigura con la aparición de un desconocido que lo secunda en su canto con una voz muy similar a la de Carlos Gardel. El éxito del dúo es compensado con suculentas propinas que cambia la vida del ciego y produce en el lector una sensación de asombro y extrañeza, al trastocar una realidad concreta en una suerte de realismo mágico.

Hay un cuento breve, La gran ignorada, de poco más de cinco páginas, en que el autor demuestra su maestría técnica. El intercambio de identidades, entre un personaje próximo a la muerte con un cercano, reproducido, más tarde, entre un padre y un hijo, resulta notable. En esta narración destaca el estilo esmerado, límpido, la escritura precisa, sin baches ni digresiones extemporáneas al texto. Relato que me parece uno de los más logrados del tomo.

En Cierta mañana de abril, se emplea nuevamente esa duplicidad narrativa que concede a sus cuentos una significación simbólica muy especial. La realidad cotidiana de un oscuro funcionario de oficina, sufre un vuelco repentino al advertir una inédita capacidad para adivinar los nombres de los pasajeros del Metro, habilidad paranormal que extrema a su grado máximo al entrar a dominar sus mentes y lograr hacerlos actuar bajo sus órdenes psíquicas. Poderes predictivos y de dominación que lo llevan a exacerbar sus experiencias destructivas. Progresión narrativa que se logra gracias a una anécdota original.

La técnica de Rojas Gómez de configurar atmósferas con proyección hacia finales fantásticos, partiendo de un ámbito cotidiano y realista, para desembocar en un acontecimiento increíble, refuerza una vieja clave que explica este procedimiento. Se refiere a que un personaje en una anécdota racional o imaginativa, no se debe o no se puede verificar en el plano de la ciencia. Así el cuento adquiere autonomía y misterio.

La temática política nunca fue una prioridad en la trayectoria literaria de Antonio Rojas Gómez. Sus cuentos y novelas tratan del hombre contemporáneo, de sus éxitos y fracasos, de personalidades torturadas por la culpa o la angustia. Pero en esta antología de sus cuentos, tres podrían catalogarse en esa categoría: La máquina, Gerardo y Antonio van a Gath y Chaves y La larga noche de Maese Pedro. El primero de los nombrados me parece el más acabado, por su estructura cerrada, la anécdota insólita y el final convincente. En cuanto a los otros dos textos, existe una reiteración en explicar  hechos demasiados obvios ocurridos durante la dictadura de Pinochet, que en todos estos años de democracia se han expuestos hasta el cansancio. También peca, al retratar los caracteres de los personajes, de un tono en exceso plañidero y melodramático, lo que delimita y condiciona a un lector avezado que no requiere de tantas explicaciones. Hay que recordar que en la época “sartreana” el compromiso literario era vital en los proyectos literarios. Pero hoy en día el término se ha devaluado y las nuevas generaciones de escritores lo consideran como temática del pasado, prefiriendo ironizar ante las actitudes comprometidas de sus padres o abuelos.

Sin embargo, el poder imaginativo de las historia y la buena escritura de este tomo de cuentos, vuelven a poner de actualidad a este consumado narrador chileno.


 

 

 

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El ciego al que le cantaba Gardel (Editorial Etnika, 2016, 160 páginas
Por Ramiro Rivas Rudisky
Publicado en revista Punto Final el 23 de Junio de 2017