Hubo una vez un tiempo de inocencia que me tocó vivir en el Perú: esos fueron los días de mi primera juventud durante la llamada Revolución Peruana del General Juan Velasco Alvarado. Muchos intelectuales del mundo entero se dieron cita en Lima atraídos por un proceso de reformas que cambió la faz del país, democratizando y modernizando una sociedad sempiternamente oligárquica y cuasifeudal. Y máxime si era un militar nacionalista (y no gorila) como usualmente había sucedido en América Latina quien conducía aquel proceso. Uno de esos intelectuales que llegó a nuestro país fue el gran escritor uruguayo Mario Benedetti. Claro que lo hizo tras el golpe militar fascistoide de Bordaberry en el Uruguay (1973), lo cual lo obligó a vivir exiliado hasta 1985. Pero no fue casual que escogiera el Perú de aquellos días de la Revolución de Velasco en el cual reinaba la estabilidad económica y el bienestar social para la mayoría de las masas trabajadoras.
Así fue cómo conocí a Mario Benedetti la noche que ofreció un nutrido y muy atractivo recital de poesía en el salón de actos del entonces Instituto Nacional de Cultura (INC) del jirón Ancash —la Casa de Pilatos— en el centro de Lima. Naturalmente fui a su lectura atraído por la estela de su fama que ya era grande en 1975. Recuerdo que el local desbordaba de gente con variopinto auditorio: desde trabajadores y estudiantes de extracción popular hasta lo que hoy se llamarían «caviares», es decir pituquería de izquierda. Recibió una ovación al final y yo me acerqué a pedirle un autógrafo para un ejemplar de Letras del continente mestizo (1967), obsequio de Ricardo Gonzales, poeta y compañero de clase en Literatura de San Marcos que luego desapareció para siempre. Justamente en San Marcos, nuestro querido maestro Antonio Cornejo Polar era muy afecto a difundir la obra de Benedetti y —en este contexto— me pidió que escribiera una reseña para su Revista de Crítica Literaria Latinoamericana de Cotidianas (1979), libro de poesía del gran uruguayo. De mis conversaciones sanmarquinas también recuerdo que Antonio Cisneros me comentó una vez que fue Benedetti quien lo animó a presentarse al concurso de poesía de la Casa de las Américas en 1968: Toño le mostró un libro denominado In memoriam, que luego ganaría el consagratorio premio con el título de Canto ceremonial contra un oso hormiguero. El autor de La tregua era —a la sazón— fundador y director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, cargo en el que estuvo hasta 1971.
La trayectoria poética de Mario Benedetti había cobrado relieve con la publicación de los Poemas de la
oficina (1956) uno de los hitos primeros de lo que ya por ese tiempo y en los sesenta con más ahínco empieza a llamarse Poesía Conversacional, tendencia así tipificada por el poeta cubano Roberto Fernández Retamar, cuyos orígenes vendrían de la Antipoesía (1954) de Nicanor Parra y el Exteriorismo (1958) de Ernesto Cardenal. Para muestra un botón: «Volvió el noble trabajo / pucha qué triste / que nos brinda el pan nuestro / pucha qué triste»; es decir, coloquialismo directo, enriquecimiento de la poesía con un giro tan cotidiano como el que nos ofrece Benedetti en este singular libro que se coloca definitivamente dentro de la gran estela de la lírica coloquialista y/o conversacional de aquellos tiempos renovadores en el espectro versal latinoamericano. Todo esto sumado a una nítida ironía verbal y a una clara denuncia del trabajo alienado en las sociedades capitalistas desde un punto de vista reivindicativo de la condición humana.
Pero no solamente es un gran poeta Mario Bendetti sino también un narrador de polendas como lo demuestra en su libro El cumpleaños de Juan Angel (1971) que —en la enseñanza de Cornejo Polar— es una narrativa que parte de una visión poética, de allí que la composición del texto vaya en secuencias versificadas; exponiendo una suerte de revelación en el espíritu del personaje Juan Angel, un joven de la alta burguesía uruguaya que en medio de las celebraciones por su onomástico opta por integrarse a la guerrilla y a la lucha armada. En el campo de la poesía Benedetti aportó un libro fundamental de entrevistas para comprender la nueva poesía que se consolidaba en nuestra América por aquellos momentos. Se trata de Los poetas comunicantes (1972), en el que responden Nicanor Parra y Ernesto Cardenal, entre otros y los más decisivos, para dibujar el mapa expresivo y los orígenes y propósitos del Coloquialismo y/o Poesía Conversacional que imp-raba en dicha proficua coyuntura.
Perteneciente a la notable Generación del 45 uruguaya, miembro de la histórica y legendaria revista Marcha (1945-1974), Mario Benedetti (1920-2009) fue capaz de escribir unos versos tan hermosos como estos: «Una mujer desnuda y en lo oscuro / una mujer desnuda o a querer / exorcisa por una vez la muerte». Siempre en poesía.


