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Algunos apuntes sobre el libro PATRIA NEGRA PATRIA ROJA de Sergio Rodriguez Saavedra

Por Anselmo Méric



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La poesía es el arte de aproximarnos a lo que nos sobrepasa
Elytis

Los huarpes fueron numerosos. Domingo Faustino Sarmiento habla de la “nación de los huarpes”, que la tierra estaba “mui poblada de naturales”, que tenían ciudades y que tras 60 años de conquista, sólo se conservó el nombre de un barrio, que recuerda el idioma huarpe. Es así. En el confín de un hombre, la tierra y sus dominios desaparecerán. Y cada metal, cerámica, cada herramienta fabricada con hueso animal, se perderá en el hombre que llega a este lugar. Sus ojos se desplegarán al mundo, y la blancura desgarrará al hombre. Porque siempre se encuentra en el límite de la tierra: un pequeño distrito donde no puede haber hombre alguno.

Pero incluso aquí, donde la patria escapa a todo testigo, irrumpirá un paisaje, detenido en un tiempo que no es ahora, ni ayer ni mañana. Un tiempo inicial. O dicho de otro modo, nada espera al hombre que llega a un sitio, nunca hay nada allí, ni siquiera vestigios de lo ya desaparecido. Así es el inicio, estar en ningún sitio y extraviarse: solo el hombre que se desorienta descubrirá dónde está.

Así, la vida nos sorprende en su centro, detenidos en cierto límite que la tierra ofreció también a huarpes, changos, conquistadores. Siempre habitando un patria que no es suya, que no es nuestra. Y si estamos, al final del ruedo, en este lugar, es sólo por la obstinación ciega de querer estar aquí, en el límite de nosotros mismos, donde nos encontramos cara a cara con nuestra propia desaparición y en esta ausencia emergerá la tierra, la patria final.

En Patria Negra Patria Roja, el poeta nos lleva a ese tiempo inicial. Y cada vez que comienza, es como si no hubiera vivido antes. Sus personajes aparecen y desaparecen como fantasmas provenientes de civilizaciones milenarias. Escriben y pintan sobre frescos de barros, y mezclan semillas, y desde algún lugar entre Coquimbo y Patronato, vuelven, nos encuentran y se van, no sin antes mencionar la palabra justicia. O mantienen el deseo de desaparecer en el acto de ver. Vale decir: ven aquello que es, y ven, por vez primera en cada ocasión, como si fuera la última.

Entre nosotros cruzó la calle
Y puso la cuculí de su ilusión
Para que creyésemos había
Camino

Del femur hicieron su casa

En Patria Negra Patria Roja, pareciera que el poeta se encuentra también en el límite de sí mismo: el poeta nos propone la búsqueda de lo nimio. Exhalar en la blancura del norte más lejano –porque en chango comienza el norte- y mancharnos de sangre por un pasado que no queremos ver. Y de pronto, todo lo perdido nace nuevamente de este vacío, de esta inestabilidad, allí donde el deseo conduce al hablante, lo fragmenta y lo disemina una vez más sobre la tierra.

Le doy un abrazo
Y se deshace entre las manos

En chango comienza el norte. En chango se oculta el sol. Allí donde el paso del niño quemado y la pelota cruzan el mismo espacio, donde alguien sopla el polvo sucio que se pega a la crema protectora

Para el sujeto de este libro el tiempo no existe. No tolera lapsos ni historia: el tiempo es solo mutación entre el ser y el no ser, y basta en que perciba un atisbo del paso del tiempo para saberse no vivo:

Alguien debe llegar, la mesa está servida,
Sin embargo,  a lo lejos
Un ser disuelve sus días sobre la arena

Y ahí vamos de nuevo. Caminando con estos personajes página a página, y los seguimos como ciegos hacia lugares que están más allá de la memoria. Porque una vez que tengamos recuerdo, un guiño, una señal repetida, una vez que demos con una huella o con una autopista,  el acto de vivir se trueca en una especie de muerte. Los changos han de vaciarse del mundo para encontrar al mundo, y cada cosa, cada símbolo debe desaparecer antes que pueda ser visto. Lo inverosímil y lo inestable es lo que les permite a estos personajes respirar, dejar constancia de su grito de justicia; y si hay vida en ellos, es sólo porque están dispuestos a arriesgar sus vidas.

De alguna manera, los habitantes de este libro van hasta su propio límite. Y en el momento en que consiguen ir a la deriva, la patria se hace nuevamente visible, la vida comienza otra vez para ellos. Pero no hay forma de predecir esta quimera, y entre un verso a otro, en cada silencio de la espera, entre textos lacónicos y textos inentendibles, hay espanto. Y no sólo espanto: también la muerte de la patria en su interior, patria hecha polvo, patria sangre, patria muerte:

Yo sigo siendo chango porque
Vengo de una arena negra y un
Océano que nunca pudo ser azul.
Porque de cosas que bota la espuma
Se conforma esta memoria: tarros
Que oxidan el apellido, bolsas
Que oscurecen el corazón

El poeta comprende que es el cuerpo el que ve, que no puede haber contemplación sin movimiento, y es capaz de transportarse a través de las distancias más grandiosas y llegar a un lugar de cercanía e intimidad, un lugar de ceremonia en medio de la masacre, en medio de la extinción, de las injusticias más grandes, donde es posible liberar a cada cosa para que sea lo que es. Leer uno de estos textos es penetrar en él, girar en el torbellino de un campo de fuerzas que no se compone únicamente de objetos, tribus pisoteadas, injusticias, sino también del movimiento fantasmal de objetos y personajes, de su dislocación y de su armonía. Porque éste es un poeta que conoce el desierto y conoce los bosques y conoce el océano y la energía casi brutal que se encuentra en estos textos no habla de un plan abstracto de convertirse en uno con la naturaleza, sino más bien, más sencillamente de una necesidad tangible de estar presente, como si la vida sólo pudiera vivirse en la plenitud de este deseo. En consecuencia, este libro, no se limita a re-presentar el paisaje natural, ni anhelar justicia por los pueblos oprimidos. Es la crónica de un encuentro, un proceso de penetración y dependencia mutua y como tal, el retrato de hombres y mujeres en el límite de sí mismos. Éstos son los textos que no sobreviven al mundo. Y leerlos es desvanecerse, diría Paul Auster.

 

 

Presentación de Patria negra / Patria roja
Santiago Barcaza, Sergio Rodríguez Saavedra, Isabel Gómez
Espacio Estravagario, 6 de Abril de 2017


 

 

 

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