Proyecto Patrimonio - 2014 | index | Verónica Zondek | Autores |

 

 



 


 

 

Presentación a Nomeolvides: flores para nombrar la ignominia de Verónica Zondek [1]

Por César Díaz-Cid

 


 



.. .. .. .. .. .

El próximo mes se cumplirán justo diez años desde la primera vez que presenté un libro de Verónica Zondek. En el 2004 se trataba de El libro de los Valles”, también editado por Lom. Aquella cita fue en diciembre en el Centro Cultural “El Balcón” de Puerto Montt. Fue una reunión interesante esa vez porque yo estaba de paso en Chile y por diversas imposibilidades de amigos, tuve la oportunidad de declarar en público mi admiración por su poesía. No fue hasta a mi regreso definitivo a Chile que volvimos a retomar comunicación. Si mal no recuerdo eso ocurrió con la presentación de Por gracia de hombre (Lom, 2008), invitación que recibí de Verónica por correo electrónico. Desde entonces me avisa cuando viene a Santiago a mostrar alguna nueva publicación y cuando coinciden las fechas me siento en una de las sillas para los asistentes a escuchar lo que sus presentadores piensan sobre su poesía.

Nomeolvides: flores para nombrar la ignominia me da la oportunidad para un feliz reencuentro en este tipo de ceremonias tan necesarias para los libros. Una oportunidad para ensayar el conocido “como decíamos ayer…”

Todo autor tiene la oportunidad de declarar públicamente, o de guardar para sus cercanos, las motivaciones que lo impulsan a tomar un determinado tema para trasvasijarlo a su manera de comprender y de hacer arte. La poesía no está excluida de esta oportunidad. En especial la poesía chilena de las últimas décadas que se aferra a la historia y a los matices del vivir cotidiano con sus sorpresas, gratas a veces; desagradables otras. Habría que recordar que el material al que acude el artista de nuestro tiempo muchas veces coincide con los temas de conversación cotidiana y lo que luego resulta ser un objeto estético es precisamente la elaboración que de este material hace el artista.

Así ocurre con Nomeolvides… que ya encuadernado aparece como un poema de mediana extensión vestido de la voz poética de Zondek. Si comparo su poesía de hace una década, la del Libro de los valles, con este nuevo poemario, se precisa llenar los espacios con las publicaciones intermedias que han ido pavimentando el discurso literario de Verónica Zondek. Por eso no se puede pasar de uno a otro sin considerar Por gracia de hombre (Lom, 2008), La ciudad que habito, (Kultrún, 2012) y su cercana publicación titulada Instalaciones de la memoria (Alquimia, 2013), trabajo en conjunto con el fotógrafo de Patricio Luco Torres.

Desde ese sujeto femenino errante que busca y va dejando huellas en El libro de los valles a Nomeolvides: flores para nombrar la ignominia, es posible observar de mejor manera el control de los materiales verbales que precisa el oficio de la palabra en la poesía de Verónica Zondek. Y si se acude a la metonimia, resulta fácil usar este particular trabajo programado como uno de los felices resultados al que aspira todo esmerado escritor. También está ese momento de tranquilidad a la que se puede llegar si se cumple a lo menos con dos elementos tácitos: el compromiso con el trabajo propio y ese otro compromiso que se asume con el entorno, que se crea expectativas por parte de sus artistas y está atento a las nuevas propuestas para verbalizar sus preocupaciones.

El tema amoroso y las relaciones de encuentros y desencuentros, la poetización de las quejas ante los desdenes, los desenlaces con o sin el beso final, han sido semillero de inspiración desde los tiempos bíblicos. Como se sabe, la difusión de la poesía escrita en español se inicia principalmente con el romancero que incorpora, sin avisar, lo que siglos más tarde se sabría eran esas escuetas jarchas. Es en estas soterradas voces femeninas donde, a través de breves frases, es posible observar a sujetos femeninos perplejos ante el desamparo. Se lee allí el pensamiento expresado por mujeres con su necesidad de tomar decisiones solas, con la expresada perplejidad ante la separación, ante la ausencia prolongada. Son breves versos donde se expresan lamentos producidos por el abandono o el olvido.

Lo curioso es que los poetas de palacio, que supieron valorar la profundidad poética de estos retazos, los incorporaron a sus propias composiciones como si hubiera necesidad de completar la historia. Pero al ocultar el origen femenino de estas cuitas, se masculinizó estos profundos poemas y así lo que pudo ser una simple transcripción se volvió en apropiación que dio como resultado un producto diferente. Aquello que ya estaba tan bien sin la necesidad de ese “no me ayude tanto compadre” resultó en un ocultamiento de la voz de mujer que daba autoría a esos versos. Más tarde en la época que le tocó vivir a Sor Juana ya sabemos acerca de los castigos a los que fue condenada por atreverse a escribir con voz de mujer.

De esos tormentosos siglos al presente.

La plasticidad de la voz femenina, tan característica en la poesía de Verónica Zondek, que siempre tiene la particular virtud para señalar espacios y adaptarse al desafío que se propone en cada libro, una vez más destaca en Nomeolvides. La voz de la mujer de barrio que predomina en este poema se manifiesta con su coloquial expresión tanto para increpar a su desacomedido hombre, como para despreciar a sus acusadores y a su ambiente. Este yo lírico busca formas expresivas que la liberen de la embarazosa situación en la que está atrapada. Esa voz que pareciera ser rescatada de un video grabado con un teléfono celular dentro de cualquier bus del transporte urbano, trae consigo una intencionalidad estética que está controlada por un sujeto poético que domina las pausas y los imaginados tonos de habla con los que hace participar al lector con buen oído.

No hay tu tía

Y tú
Mentiroso
No decí na’
Na’
Excepto

abran camino
que aquí vengo yo.

Y también

tócame
venérame
chúpamelo to’o
aunque de dulce no tenga na’

En esta reproducción de la palabra coloquial presentada como verbalización poética, como ocurre con toda apuesta por dar vida, está también latente la posibilidad de la pérdida. En este juego de cambios de intensidad del poema se escuchan ecos de los vagidos ya ensayados en la poesía anterior de Zondek. La articulación verbal que expresan los pasajes donde a manera de instalaciones visuales se acomoda el lenguaje corriente, dan paso a períodos de espacios poéticos más visibles, como ocurre en “Declaración jurada” que se inicia con estos tres versos donde se lee:

Parir es trazar memoria
Mujer de digo y hago
Me enredo en esta madeja procreativa.

Del hilo verbal de la conversación natural caracterizada por esa libertad que se permite expresar al sujeto, se pasa a otro tipo de textura que admite reflexionar sobre el polisémico brote que convoca al libro. Es la madeja procreativa generada por el soliloquio. Yo aquí también leo pro-creativa. Por una parte, está la producción verbal, proceso de querer parir el libro, de terminarlo, de hacerlo realidad. Doble juego que implica destejer para volver a emparejar la materia prima. En otra dimensión de la red de significados, está la preocupación del sujeto lírico, la joven que se ve complicada por el destino de su embarazo. La multiplicidad de sentidos que se articula en Nomeolvides sintetiza la energía de la que se nutre la poesía, aquello que estimula su práctica y que ejerce en quien lo activa el placer y el sufrimiento por el destino del resultado. Si bien el poema apela al contexto de las responsabilidades y al cuestionamiento de la autoridad legal que condena. También se observa aquí, como en todo el resto del poema, ese rol en la toma de decisiones de la autora, con el ejercicio de la autoridad que resuelve dar voz a quien debe declarar sobre la página en blanco.

La voz de mujer que actúa como hablante lírico en el poema representa también con su sentir al hijo que crece en sus entrañas, pero la capacidad proteica del lenguaje literario permite además ser testigos del proceso de gestación del texto que va creciendo en significaciones con la complicidad de los lectores. Por tanto en Nomeolvides hay una doble gestación. Por una parte está la criatura del sujeto-personaje-adolescente cuyo destino y el de su hijo son inciertos. Pero también está esta otra criatura encuadernada que es el libro, otro hijo de la escritora. De manera que una misma interpelación puede leerse bajo varias posibilidades porque el estatuto literario así lo admite.

¿Por qué yo?
¿Por qué no él?
¿Por qué entregar al juicio amarillo de Uds,
el cuerpo mío
La florcita esta que aún no destornillo
Sus pétalos tan perfumados y rojillos?

¿Quién de ustedes tirará la primera piedra?


 

* * *

 

[1] Presentación realizada el 11 de noviembre del 2014 en El Café Literario de Parque Bustamente, Santiago de Chile.



 



 

Proyecto Patrimonio— Año 2014 
A Página Principal
| A Archivo Verónica Zondek | A Archivo de Autores |

www.letras.s5.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
Presentación a Nomeolvides: flores para nombrar la ignominia de Verónica Zondek
Por César Díaz-Cid