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Apuntes sobre el boom

Por Andrés Urzúa de la Sotta




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A estas alturas no es fácil precisar qué es o qué representó el boom sin caer en una serie sistemática de reiteraciones. Que fue un fenómeno comercial promovido por la Agencia Literaria Carmen Balcells, que rescató a la literatura latinoamericana del localismo y del discurso ancilar, que permitió la irrupción del despliegue fantástico en una matriz literaria eminentemente naturalista, etc. Lo cierto, si acaso es posible hablar de certeza en estos tiempos, es que básicamente, al referirnos al boom de la novela latinoamericana, aludimos a diversos problemas: ¿El boom es una estética particular, un cuerpo acotado de autores, una generación? ¿Es un fenómeno meramente comercial o es algo más? ¿Es una manifestación colectiva de la identidad latinoamericana, como piensan algunos? ¿Sus autores son producto de una tradición preexistente o surgen por generación espontánea?      

Efecto boomerang

Según Diamela Eltit, “el boom fue un boomerang que nació y murió con sus exponentes originales”[1]. Promovido por la industria editorial española, el boom latinoamericano fue, para la escritora chilena, nada más que un fenómeno comercial que elevó a un cuerpo de autores acotados –como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes y José Donoso- a la categoría de rockstars. De este modo, Eltit señala que esta suerte de mercadeo literario generó la internacionalización de las letras latinoamericanas, rompiendo, provisoriamente, con las dificultades de distribución de las editoriales locales:

“La internacionalización estaba obstaculizada por las dificultades de las editoriales locales que no conseguían el paso fluido a través de las fronteras. El conocimiento de cada escritor, en términos generales, estaba más bien ligado a su localidad y a la profundización de lo nacional mediante la relación con el Estado”[2].

Quizás como los relampagueos propios de las luces del mercado, este proceso de internacionalización del boom no habría generado una continuidad en la difusión de las letras latinoamericanas:

“En ese sentido, el mundo editorial español se volcó literalmente al mundo y el boom que tanto prestigio y atención mediática había provocado se convirtió en objeto de estudio académico, en nostalgia ante un pasado de esplendor y, especialmente, en un hito curioso de la historia literaria”[3].

Boom e identidad

Para Tatiana Bensa, la autora del ensayo “Identidad Latinoamericana en la literatura del boom”, el auge de la nueva novela latinoamericana habría generado una suerte de cristalización de la identidad común de los pueblos locales. A contrapelo de Borges, quien ya había derribado, con su literatura y sus impresiones, cualquier ilusión de identidad, la escritora insiste en esa búsqueda del boom:

“Lo que se destaca es la necesidad de una búsqueda, de una afirmación, la de la identidad propia.

(…)

Hace falta inventar, imaginar una nueva invención de América, que permita enfrentar los desafíos de la historia futura como pasada, hace falta encontrar la esencia propia”[4].

Esta lectura contrasta con los constantes problemas del fenómeno de la nueva novela latinoamericana que Ángel Rama ensaya en su texto “El boom en perspectiva”. Más allá de la omnipotencia del ensayista uruguayo, quien es considerado como uno de los principales críticos literarios latinoamericanos, no deja de ser curioso que Bensa vea en autores y obras tan dispares y dispersas -pues la idea del boom como un grupo de amigos con planteamientos, sentimientos e identidades afines parece, a estas alturas, irrisoria- el signo inequívoco de una identidad latinoamericana colectiva. Más aún, sabemos ya que esta idea generalizada de la patota de amigos es un invento del marketing editorial, el que quiso vender la idea de un grupo de autores tercermundistas con obras exóticas, generando, a la postre, la ficción mental del mochilero europeo que viaja a Sudamérica en busca de Macondo.

En este sentido, Rama propone una lectura desde la complejidad y la diversidad del fenómeno. En el ensayo anteriormente mencionado, el uruguayo se dedica a desmenuzar uno a uno los problemas del boom: las esquivas definiciones, la participación del mundo editorial, la lista de autores involucrados, las coordenadas temporales, la profesionalización del escritor y la injerencia del mercado, son algunos de los temas por los cuales el teórico se aproxima al fenómeno, sin jamás reducirlo a la mera constatación del problema de la identidad ni mucho menos llegando a sugerir la idea del boom como el ente articulador de la identidad latinoamericana. Al contrario, este concepto tan manoseado y saturado de sentido parece, para Rama, un elemento un tanto difuso, el cual, más que manifestarse en las obras del boom, emerge en la mente de un nuevo público lector que, hacia la década de los ´60, exige una nueva literatura. Es decir, el problema de la identidad no habitaría en el fenómeno del boom o en las obras de sus autores, sino más bien en un público lector que -después de las vanguardias, de las guerras y de la cultura universitaria- ya no se sentía identificado con el protagonismo de la novela naturalista y de la literatura ancilar. Sin embargo, este público, como advierte el mismo Rama, también carga con esa ilusión de la identidad:

“Si revisamos globalmente la constitución de este público, encontraremos un abanico de tendencias donde coexisten elementos diferenciales y hasta contradictorios que intentan ser reunidos y fundados coherentemente”[5]. 

Contra el reduccionismo y la generación espontánea

Hasta ahora el texto se ha encargado, mediante el parafraseo, la cita y la danza verbal de otras voces, de revisar algunas impresiones elementales acerca del boom. Nuestra visión personal, de haberla, aún no sido explicitada. Pensamos, en primer término, que es necesario advertir que todo rótulo, que toda etiqueta carga con una dosis significativa de reduccionismo. Más aún, el hecho mismo de querer embutir bajo el concepto unívoco de boom obras y autores tan diversos y disímiles es una fantasía propia de nuestras necesidades de configuración y ordenamiento mental. El tan mentado auge de la nueva novela latinoamericana es, para nosotros, una ilusión del mercado y del discurso teórico. Pese a la indudable calidad literaria de los autores y a ciertas coordenadas temporales, geográficas y hasta estéticas que algunos de ellos comparten, no creemos que sea posible inscribirlos bajo un mismo concepto sin, a lo sumo, dar cuenta de las imprecisiones. ¿Qué tienen de semejante, además de haber sido escritas por autores latinoamericanos y publicadas durante la década de los sesenta, Rayuela y Cien años de soledad? ¿Sería posible pensar que Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, por nombrar a los rockstars como diría Eltit, constituyen una generación y una propuesta estética susceptible de rotularse bajo un mismo concepto?

La historiografía literaria suele caer en el error de considerar que los autores que comparten un tiempo y un espacio determinado, constituyen una generación con características estéticas comunes. Sin embargo, la misma literatura se ha encargado de desmentir aquello. Por mencionar sólo un par de ejemplos: la poesía de Neruda se parece más a la de Whitman que a la de Huidobro. Pese a compartir un mismo tiempo y espacio geográfico que el autor de “Altazor”, el premio nobel chileno tiene mayores similitudes con un poeta no sólo anterior, sino perteneciente a otra tradición: la norteamericana. A su vez, Huidobro se parece más a Mallarmé o a los surrealistas que a Gabriela Mistral, y ésta probablemente más a Safo, de la antigua Grecia, que a sus conterráneos. La razón de las similitudes y de las genealogías literarias, al parecer, depende más de las afinidades y del magnetismo que los autores precedentes ejercen sobre los posteriores, que de la concomitancia de coordenadas geográficas, culturales y/o temporales de los mismos.

En último término, nos parece que para una lectura relativamente adecuada del boom es imprescindible considerar la tradición latinoamericana previa a la gestación de las grandes obras que se publicaron en los sesenta. Por lo general, se tiende a pensar que la irrupción de la nueva novela latinoamericana es un hecho excepcional, producto de una suerte de generación espontánea. No obstante, la aparición de obras como Cien años de soledad, Rayuela, La casa verde o La muerte de Artemio Cruz, no habría sido posible sin los antecedentes de una tradición previa que ya había asimilado el legado de autores como Edgar Allan Poe, James Joyce, Franz Kafka o William Faulkner, entre otros. Es decir, tanto Jorge Luis Borges, como Juan Carlos Onetti, Juan Rulfo e incluso María Luisa Bombal, fueron autores que aprehendieron los procedimientos de la literatura extranjera, principalmente europea, y que fueron articulando el canon literario latinoamericano que posibilitaría, años más tarde, la irrupción de las voces del boom. Incluso sería posible pensar las obras Pedro Páramo o El Aleph no sólo como antecedentes ineludibles del boom, sino como extensiones del fenómeno latinoamericano que, paradójicamente, se gestaron años antes de los sesenta y lograron una figuración posterior al boom.

Además, habría que consignar la existencia de una tradición poética latinoamericana ya consolidada, con nombres como Gabriela Mistral, César Vallejo, Vicente Huidobro, Oliverio Girondo, José Lezama Lima, Octavio Paz y Pablo Neruda, entre otros. Una tradición que no sólo vivió la efervescencia de las vanguardias, sino que fue parte constitutiva de ellas.

En este sentido, nos parece relevante mencionar un aspecto en el que la teoría literaria, o al menos la que nosotros manejamos, no se ha detenido lo suficiente: la preexistencia de un riquísimo entramado poético latinoamericano, el cual no sólo había absorbido el legado de figuras elementales de las letras universales -como Whitman, Rimbaud, Mallarmé, Baudelaire o los clásicos- sino que, además, fue probablemente otro de los factores que permitió la irrupción del boom en el campo literario latinoamericano. Un campo que, por lo demás, no estaba para nada yermo hacia la década de los sesenta.

 

 

NOTAS

[1] http://letras.s5.com/del161112.html

[2] http://letras.s5.com/del161112.html

[3] http://letras.s5.com/del161112.html

[4] BENSA, Tatiana. “Identidad Latinoamericana en la literatura del boom”.

[5] RAMA, Ángel. “El boom en perspectiva”.



 

 


 

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