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A propósito de la poesía de Carlos Alberto Trujillo

MIS LÍMITES, ANTOLOGÍA DE POESÍA:
EL LIBRO QUE TRUJILLO NO ESCRIBIÓ(1).

Por Alfredo Cabrera

 

Un libro de poemas, cuando se publica, es una propuesta de intenciones para el lector. Ya sea por su estructura programática, es decir, sigue un orden sistemático, se apega a una propuesta de esquema donde el corpus discursivo es homogéneo, interdependientes, acusan situaciones vivenciales autónomas del hablante y son un rescate de todo un conjunto de situaciones poéticas posibles -el autor rescata los mejores y los publica.

La antología de un autor es diferente. No es un libro que pueda leerse como el conjunto de textos, "una lectura total" o general, puesto que se han seleccionado poemas de textos publicados anteriores -labor a cargo de Iván Carrasco-; él los ha reestructurado, propuesto un nuevo orden, por tanto una nueva lectura. En este sentido esta antología es el libro no escrito por Trujillo, puesto que escribió "los otros", es el eco de los textos del gran invocador del "eco de la montaña"

Este texto modula un lenguaje poético bien calibrado. Doy por hecho que es una antología acertada y no un supratexto sobre otro microtexto, con un rescate de lo mejor, dejando de lado interrupciones, ripios y asperezas. Por ello queda lo más denso poéticamente, lo más "trascendental" línea explotada singularmente además, por Gonzalo Rojas entre otros poetas chilenos.

Tal como Carrasco expone en el prólogo, quiero reiterar el desfase o diferencia entre la poesía lárica y la de Trujillo. Es por la mala costumbre -entre muchos poetas y críticos, especialmente de Santiago- de llamar lárico a toda poesía en que aparezca la lluvia y los árboles, y si se agrega una vaca, más "lárico" aún. Desconozco de estos juicios que acusan sin más de paisajista, cuando muchos de ellos caen en el mismo error que critican, pues escriben la ciudad paisajísticamente creyendo hacer poesía de vanguardia o "nueva", por lo menos. Además, porque leen erradamente el larismo y porque no leen las diferencias existentes. Para los poetas sureños el hacer esta diferencia no es un rechazo a la poesía de Teillier, sino por mostrar la molestia por lecturas superficiales y que toman lo primero que encuentran a mano para dibujar sus perspectivas de acercamiento textual.

La situación de Trujillo en el panorama de la poesía del Sur de Chile es particular. Su rol como director de "Aumen" y su influencia formativa en una amplia gama de poetas chilotes es indiscutida. Por otro lado, su labor como poeta muestra facetas interesantes. Si bien es cierto, la crítica de alguna manera, construye la imagen de los autores, un claro ejemplo son los diversos trabajos en este libro y del cual este artículo forma parte, elabora propuestas de lectura, sintonizan al autor a relativas distancias del lector enfatizando tal o cual aspecto, ésta no ha terminado de asimilar la poesía de Trujillo, otorgándole un "status definido" en el ámbito de la poesía chilena de los últimos años.

Como dije anteriormente, esta lectura es realizada considerando este texto como obra independiente de los anteriores, leyendo los rescates de cada libro anterior como capítulos de este macrotexto, como si ninguno de los libros anteriores existiera.

El uso del lenguaje en toda la obra es un ejercicio que "se apiada del lector", puesto que utiliza un léxico sencillísimo, llano, con una sintaxis similar, pero sin descuidar, limpia y clara. En este aspecto incorpora ya la noción de cotidianidad, un lenguaje lo más universal posible, que lleva la poesía a todos lados y a todas las capas sociales. Cotidianeidad que se desplaza desde Chiloé a cualquier rincón de Chile. En este sentido se aleja de las nociones vanguardistas o rupturistas, también de los modismos, arcaísmos y en lo geográfico de lo cosmopolita. Su tono es sereno, también del habla cotidiana, tono con el que se compra el pan o se saluda al vecino. Imágenes sencillas, certeras, de esa cotidianidad que se alimenta la vida en Chiloé.

Pero en su ausencia de ironía lo que lo aleja definitivamente de Nicanor Parra. Voz honesta, como afirma el prólogo, sincera, sencilla y serena. He aquí que se va perfilando la autenticidad de Trujillo, unida a la visión de su cultura contingente y a su cultura personal.

Quisiera detenerme, por un momento, en la diversidad de formas con que Trujillo titula sus poemas, puesto que encontramos varios aspectos para resolver tal situación. Uno de ellos es no titular; otro es encontrarlo como forma sintética del texto; otro es usar genéricamente un mismo título para cada uno de varios apéndices ("P.D."); otro es utilizarlo como sustancia poética al descomponer su definición léxica ("Territorio de la libertad"); otro procedimiento es ordenar un corpus con números romanos o arábigos; otro es repetir el primer verso y, por último, un aspecto más interesante: tomar ambiguamente o dualmente el primer verso, dejándolo como tal, al mismo tiempo usándolo como título.

Pienso que es un acierto el "abrir fuego textual" con "mis límites o fronteras personales", puesto que hace una homología con las artes poéticas. Es una puesta en escena de definiciones fundamentales, de acotaciones y limitaciones. Definición ontológica, que se manifiesta en los diversos planos habituales; una visión trascendente (la del ser) se trasciende a sí misma para desplazarse al plano personal, individual, social, histórico, temporal y cultural, respectivamente.

"Yo limito", --comienza--, soy limitado y limitante a la vez. "Yo limito y por limitar con cada hora/ cobijada en mis manos/ soy el mismo nacimiento/ mi propio y más terrible límite". Primero es conciencia, certeza de su propia individualidad, certeza del tiempo que se desplaza y lo constituye, certeza de su propia individualidad, certeza del origen –nacimiento-- que en este tiempo, en su cuerpo y en su trayectoria personal como argumentadora de su individualidad, su ser, lo define y acota. Límites profesionales o espacios físicos ligados al oficio de enseñar, límite como ciudadano, que pertenece a una familia e inserto en una comunidad, con su propio cuerpo, como esfera física que lo contiene, con la historia de Chile, que lo proyecta y le da identidad cultural, su status como "chileno", con sus cíclicas liturgias ("aniversarios y demases") con sus creencias, sus efectos personales, sus sentidos, los días, con el lenguaje "yo limito con todo y con nada". "Todo en mí hoy es límite". Certeros versos fundantes de espacio, identidad; centradores de otros espacios e identidades. Como ya dije, excelente punto de partida para situar la poesía de Trujillo.

El título Las musas desvaídas indica ya una decadencia, las inspiradoras románticas disolviéndose e insignificándose. Una poesía residual, que tiende a desaparecer. Los tres primeros poemas de este conjunto son de corte epigramático, manejan un elemento común, la dualidad alto-bajo: "una pierna sobre la otra"; "levanta una pata y la baja"; "vueltas para delante/ y! vueltas hacia atrás", rasgos de significación que enfocan situaciones contingentes muy acotadas, como la "estética de lo pequeño" de Arúspice, con una diferencia: permiten a lo menos dos lecturas. En el poema "Insectario" utiliza el hablante un recurso efectista, como es el calculado horror, una minúscula crueldad. Simboliza en la golondrina las imágenes o la poesía, la cual al no llegar con naturalidad -con el contacto con la musa-, es atrapada sin consideración, reflexión o elaboración, de un zarpazo: "Apenas la vi le clavé un alfiler/ en el ombligo", como un entomólogo. Artificio para postular el oficio de la escritura poética, meta texto implícito, que no pretexta distracción para crear el texto, como el poema "Disculpas" de Jorge Torres(2), donde una mosca no le deja escribir un poema; es, al contrario, la descripción del acto mismo de la escritura, musa desvaída por tanto, residuo que llega y simbólicamente penetra.

El tiempo es una preocupación recurrente, en varios aspectos. Como reflexión abstracta de un pasar intrascendente, con un camino hacia la muerte, como la huella que deja de lo amado, como la construcción de la cultura en Chiloé, como la proyección que debe dejar un hueco de humanidad en el hoyo como la construcción de la vida sin situaciones límites del hablante. De allí el recordatorio de dos fechas de cumpleaños: "Nací hace veintiocho años" en donde asevera: "y todavía este mundo/ me parece una casa de huéspedes". Sentimiento de orfandad que se multiplica en el texto, remendado a veces por el amor y la voluntad de asumir su cultura. El otro cumpleaños es el veinticuatro, en donde cuestiona la finalidad de la cultura y el camino de la sociedad, en ellos a la vida. Pues todo es un estancamiento, falta de metas, mecanización, intrascendencia. Es una libertad indecente, paradójica y anulatoria, en la cual, según Sartre, al no elegir se opta porque otros elijan por uno, cayendo en el conformismo y la sumisión.

Un aspecto que no debe pasar por alto es la preferencia de Trujillo de construir el verso, desde el punto de vista frástico, como una frase en expansión. El verso, semánticamente es una frase de largo aliento, ordenada o cortada en varios versos o líneas, veamos: "para esa mañana (que no llega)! quizás hayamos olvidado/ (hasta nuestros nombres)/ (y)/ (tú me llamarás) (maleta o lavatorio)/ (o guijarro) (o pedrada)/ (y) (nuestros nombres)/ (ya no serán necesarios)! (como el aire quizá no sabe)/ (que) (le llamamos aire)/ (y) (yo te seguiré amando)/ (aunque quizás)/ (tampoco sea necesario para entonces)". Los paréntesis son míos y marcan la expansión de la frase con conectivos y frases cuñas. Este procedimiento es especialmente nítido en su prosa poética.

A nivel de pensamiento o de la vía en que de cuenta de lo referido, Trujillo opta por dos vías: el uso de la abstracción, en donde reflexiona, filosóficamente, del tiempo como una esfera definida y particular y de Dios.

La otra vía es el referente concreto, en donde añade la emoción y una rica gama de imágenes. Refiere: Chiloé, su experiencia personal, el oficio en ella y lo amoroso; además de un aspecto acotado de su religiosidad como son sus peticiones.

Los poemas más sobresalientes de Escrito sobre un balancín (señal de altibajos, movimiento de constante búsqueda de equilibrio) son signados numéricamente del uno al catorce por este "pensar concreto" absolutamente empapado del Chiloé cotidiano: "mis versos están empapados de lluvia/ como yo" (7); "Todos idénticos/ o como esas barritas de chocolate importados/ Suchard-Toblerone/ Que esperan por años dormidas en las vitrinas/ Perdiendo sus colores de mariposas/ Ante los ojos brillantes de los chicos del pueblo/ Que sueñan tenerlas en sus bolsillos" (8): "campana de Quellón llama a la misa de las siete" (12); "Quedaste en Castro donde también quedaron mis amigos"(l3).

Los Territorios, a mi juicio, se vinculan estrechamente con "Mis límites o fronteras personales", la diferencia es que son, una zona en expansión, el continente del ser, relación de pertenencia, sustancialidad, una mirada hacia dentro y el otro mirando hacia fuera.

Los que no vemos debajo del agua nos presenta, en sus "desencuentros" --primera parte a lo menos-- dos textos notables: "En el borde del precipicio", donde presenta a Dios aguardando más allá de todo, en la muerte o el descalabro: "En el borde del precipicio estaba Dios/ Rondando cómo pájaro/ Que cumple eternamente su turno". El otro poema es "Mañana del 21 de agosto leyendo a Cavafis", en donde ubicuidad, identidad y digresión del ser coexistente, en una certeza de conciencia y desolación: "me he visto entre murallas y no ha sido un sueño…/ en las murallas/ la ubicuidad se ha apropiado de mí… / ¡Oh Dios! ¡Oh cielos! ¡Oh altos muros!/ ¿Cuál de esos soy yo?"

"Tiempo de Mareas" articula una visión de abundancia y carencias entre pescadores, el panorama se traslada a las caletas, a las playas: "En los años de las altas mareas la pesca abundaba"(2); "Todos los habitantes de la costal caminaban por el desierto" (6).

Los que no vemos debajo del agua presenta la obviedad como argumento de lo cotidiano, allí la verdad es un aspecto fundamental, lo cual es universal, pero velada. Por ello la sensación de inseguridad y persecución: "Sospecho de mí mismo"; "Todo lo que hay detrás de esta cortina/ cabría en una mano/ si no me la tuvieran amarrada a la otra".

"Destos tiempos" es inaugurado por un particular antipoema: "Ubi bene ibi patria", bisectado por una cita en latín, rematada en castellano, metapoética al volver sobre sí misma.

Una postura manifiesta del creyente se expresa en tres poemas, dos ruegos: "Para esta noche", en donde la palabra es portadora de verdad y de poesía, por ello se pide por su vida; el otro ruego "Para esta noche para todas las mañanas" manifiesta tensa emoción como en el clásico teatro griego los suplicantes, para el cotidiano futuro pedir salvar el hambre; ''Te rogamos Señor / ante esta olla vacía"/. El poema "Ofrenda" lo podemos vincular con el anterior, por un lado: "yo te ofrezco Señor, esta olla vacía/ esta herida detrás de la oreja/ este moretón que me duele en la cara", pero por otro también lo podemos vincular, comparativamente, a lo menos con otros dos textos: Uno de los "Two English Poems", en donde el hablante de Borges insinúa y descarta, simultáneamente, una ofrenda con la cual conquista a la amada, ofrece un paisaje deprimente, una luna de harapos, calles miserables, su derrota; y el otro es el poeta de la postguerra alemán Günter Eich, quien en su "inventario" enuncia las pertenencias mínimas: una gorra, un par de calcetines, hilo, un clavo; por ejemplo; toda su riqueza que en un campo de concentración conserva. Sin embargo, la "Ofrenda" se diferencia por ser la divinidad el destinatario y receptor, por tanto tiene un carácter sagrado. Ofrece su pobreza, su otra mejilla golpeada, pero es la señal de su sufrimiento y sacrificio, aquí no cabe la ironía, puesto que es su vida, es su fe, y las circunstancias adversas dan cuenta de ello: "Te ofrezco/ esta bodega de silencio acumulado/ este camión de sobresaltos/ y miserias sin cuenta/ este trailer de hambres y angustias". Pese a esto, es una pesada carga y pide ver el final, que tal vez encuentre en la muerte: "pero cuéntame, Señor,/ cuánto falta para el final! de esta mala película".

Por último, las "Posdatas" interactúan con ciertos poemas: "Come nuestro pan y crece --me dijeron--"; "No hay violencia sin violencias" y "En el papel tu nombre con mis letras", con otra posdata como epígrafe. Son una contrapuesta textual al texto del cual se desprenden, una reflexión que reinterpreta, se ubica en los espacios personales, en el ámbito de las ideas, que excluye, por tanto, lo más poético de las imágenes de la cultura en Chiloé.

NOTAS MARGINALES

Ciertamente, la obra produce historia. El autor deja huella de su época, su cultura, su geografía, su yo. Así escribe la historia. Eco lo dice mejor: "imagen, huella y testimonio de una personalidad productora y de un ambiente originario".

Pienso que uno de los aportes claves de Trujillo a la poesía chilena es su figura de hablante. Descarta las posiciones de "héroe" --Zurita de alguna manera, Quezada, Lihn-- o de antihéroe --Parra, Cameron--, ni siquiera se plantea en el plano del hombre cotidiano abstracto --Gonzalo Millán, Omar Lara. Es más bien, un hombre debajo del mundo, un particularmente identificable hombre común, "el" hombre común.

Sabemos que nos ha abierto su espacio geográfico: Chiloé. Tal vez producto de la inocencia, es decir, acertar sin proponérselo; a partir del sentimiento de marginalidad territorial y cultural, especialmente la primera. Con este sentimiento de lejanía del mundo, que marca mucho su escritura y mirar su espacio contingente: transforma la periferia en centro y el centro en periferia, estableciendo a Chiloé como axis mundi, similar al "yo" de Benveniste, el cual también con sus vivencias impugna e impregna el mundo referido. Así el eje de éste es el "yo" de Trujillo. Sabemos de clase social modesta, intelectual, cesante a veces, creyente y con un temple de angustia, sobresalto e inseguridad.

Participa de la experiencia cultural "viviendo" allí y en el sentido amplio del término, modificándolo hasta donde le sea posible. Este Chiloé referido es curiosamente ciudad, mar, en menor medida, y es espacio doméstico. No es el campo, ni sus mitos. Contempla este mundo como un habitante más de él, transhistóricamente, ubicuamente, transtemporalmente; dando cuenta de su tipicidad, su cotidianidad, que está muy distante de lo trillado o el cliché, esa imagen estática y desvaída.

Su comunicación con la pareja --presente o ausente-- es a través del silencio, de la reflexión y de la quietud de los años. Para sí guarda sus temores y sobresaltos. Reflexivos a veces, a nivel abstracto cae inevitablemente en el tema de la temporalidad. Su relación con la divinidad es a través de su rol de creyente, un Dios que está allí, pero que no se manifiesta. Este ser, que muestra su humanidad, sus vacilaciones, que lucha por la sobrevivencia personal y familiar es un ser agredido por la sociedad, por tanto vulnerable, el que sufre.

Finalmente, con un lirismo suave y sencillo, este hablante que carece de situaciones límites, tal como habitualmente conocemos --largos viajes, muerte, ruptura con la pareja-- nos presenta sus propias situaciones límites, tan misteriosas y maravillosas:

La campana de Quellón llama
a misa de las siete
A esa hora
He encontrado a dos chicos
Que aún no van a la escuela

Pero ya saben pescar salmones
en el río correntoso
y conocen una por una
las hierbas medicinales
Me hablan del mechae y del chilcón

Y del sabor que tiene el pan
con calafates
Mientras juegan a hacer patitos
Tirando piedras planas
Que resbalan sobre el río

 

                                                                                              Santiago, octubre de 1995

* * *

 

NOTAS

(1) Originalmente publicado en: Jorge Torres (ed.) Por el territorio de los límites. Aproximaciones a la poesía de Carlos Alberto Trujillo, Barba de Palo, 1996.

(2) Graves, leves y fuera de peligro, Ediciones LAR, Concepción, 1988.


 

 

 

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