En esta novela, la
diferencia genérica permite recrear de manera alegórica la tensión en
las relaciones de poder, en la que las mujeres tradicionalmente han
ocupado el lugar del subalterno. Aun cuando el padre gana el caso,
comprobamos que las relaciones entre el que detenta el poder y el
subalterno no son unidireccionales
.........
La narrativa de Diamela Eltit ocupa un lugar preeminente en el
panorama literario chileno e hispanoamericano actual. Por la
inteligencia creativa de su expresión y las preguntas que plantea, por
su fuerza y pasión, su escritura continúa ganando lectores e
intérpretes en varios continentes. El quehacer literario de Diamela
Eltit se sitúa dentro de una rica tradición hispánica y
latinoamericana que busca textualizar la experiencia personal y
colectiva de su época valiéndose de un acerbo cultural y social. En
sus textos se encuentran ecos de la épica española, de Góngora y otros
escritores barrocos, de Vallejo y Rulfo, como también de textos
provenientes de otras culturas, desde la griega a la norteamericana.
Si bien la crítica especializada y universitaria en Chile y en el
extranjero reconoció desde un principio en ensayos perspicaces e
iluminadores la innovación artística que representaba la obra de
Eltit, el continuado interés que ha despertado su obra lo demuestran
las traducciones al francés (Quart-Monde, 1992;
Lumpérica, 1993), inglés (The Fourth World, 1995;
Sacred Cow, 1995; E. Luminata, 1997) y otros idiomas,
libros y capítulos de libros, numerosas entrevistas y varias tesis
doctorales.
..... Diamela Eltit se
inicia como escritora en los años de la dictadura de Augusto Pinochet
(1973-1990) en Chile, con una narrativa de resistencia a las
estrategias del poder en la que expresa de una manera textual la
experiencia de vivir bajo un régimen represivo. Si bien sus textos son
inconcebibles fuera del contexto de la dictadura que se inscribe en
sus relatos, estos son antes que nada expresiones artísticas
profundamente afincadas en la cultura, el pensamiento y la sociedad
contemporáneas, a pesar de que se originen en una mirada que, como
toda experiencia, comienza siendo local. De hecho, la escritora hace
hincapié en que los espacios que le interesan son precisamente las
historias locales, los microcosmos, pero sus textos adquieren una
dimensión latinoamericana y universal.
..... Durante el período de la dictadura, Diamela
Eltit escribió Lumpérica (1983), Por la patria
(1986), El cuarto mundo (1988) y El Padre Mío (1989), y
a partir de 1990, fecha en que se inicia la transición democrática,
publica las novelas Vaca sagrada (1991), Los vigilantes
(1994), Los trabajadores de la muerte (1998), y el libro del
que es co-autora con la fotógrafa Paz Errázuriz, El infarto del
alma,
.......... En estas reflexiones sobre
la narrativa de Diamela Eltit en torno al tema mujer, escritura y
dictadura me voy a referir a un caso específico, a la representación
de la figura de la madre en su novela de 1994, Los vigilantes,
que escribió en México mientras ejercía el cargo de agregada cultural
de Chile durante el gobierno del Presidente Patricio Aylwin
(1990-94).
..... La novela gira en torno
al conflicto de una familia inmersa en un contexto social que se
caracteriza por un asedio constante. El fragmento central y más
extenso de Los vigilantes lo constituyen las cartas de
respuesta que una madre escribe al padre de su hijo. En ellas la mujer
se niega a admitir los cargos que éste le hace responsabilizándola de
que al niño lo hayan expulsado de la escuela. A primera vista
parecería que se enfrentan dos voces claramente identificables por sus
rasgos genéricos, la voz de un padre que reclama su autoridad paterna
y la de una madre acosada. Pero al mismo tiempo que la novela
deconstruye la dicotomía fuerte/débil, racional/emotivo
tradicionalmente asociada a los estereotipos masculino y femenino
respectivamente, sugiere que la imagen del poder asociada con el padre
posee una autoridad social que resulta difícil disputarle.
..... El texto que leemos a lo largo de esta
sección es el de una madre que expone su caso mediante un persuasivo
uso del lenguaje. Su indiscutible capacidad para argumentar es
excepcional, especialmente si consideramos que la voz de la madre es
una presencia relativamente infrecuente en las letras
hispanoamericanas, aún en los textos de escritoras contemporáneas. Si
bien las madres están presentes en el trasfondo, no aparecen
normalmente en primer plano haciendo uso de la palabra. También en
otras obras de Diamela Eltit -por ejemplo en Por la Patria
(1986), El cuarto mundo (1988), y Los trabajadores de la
muerte- la madre es una presencia importante, pero se la presenta
más bien a través del discurso de los hijos.
..... En la correspondencia privada entre la
madre y el padre en Los vigilantes interviene un entramado
social que contribuye a crear el conflicto y participa en él. Como ha
señalado Michel Foucault en Historia de la sexualidad, la
regulación del comportamiento privado dentro de la familia ha sido uno
de los recursos fundamentales para proteger los intereses de una clase
que quiere mantener su poder. La conducta de las mujeres y de los
hijos repercute en la imagen que proyecta la familia y, por lo tanto,
incide directamente en la reputación del padre en la sociedad y debe
ser vigilada.
..... Lo que distingue a
la madre en Los vigilantes es que muestra que sí sabe
responder, por lo que la madre en la novela se dirige al padre como si
tuviera iguales derechos y capacidad de razonamiento. Su estilo es
seguro y desafiante. Dice: "estás equivocado" (pág. 27), "me hieren
tus injurias (27), "te insisto" (27), "no quiero volver a recibir de
ti ninguna expresión inoportuna" (27), con lo cual provoca la ira del
padre, quien no sólo no acepta las explicaciones de la mujer sino que
la hace vigilar por los vecinos y por su propia madre (y suegra de la
mujer), desautorizando su saber con la información que recibe. Pero si
bien la madre comienza muy segura, el padre poco a poco socava esa
seguridad refutando sus razonamientos, convirtiendo sus acciones en
motivo de sospecha, e incrementado el asedio. La madre está consciente
del tejido que va creando el padre con su lenguaje, amenazas y
provocaciones. Aunque la madre al comienzo no se subordina,
colocándose en la posición de un igual con respecto al padre, el modo
como están organizadas las relaciones entre los géneros-entre hombres
y mujeres en la sociedad-no le permite despojarse de su posición
subalterna, situación que es reforzada por la suegra, los vecinos y la
ciudad misma.
..... Si bien la madre se
siente amenazada ante todo por motivos familiares, su lucha incluye
también el rechazo de los valores que el medio trata de imponerle y
que ella no comparte. Por ejemplo, la madre recibe en su casa a un
grupo de desamparados, un gesto que censuran los vecinos, y permite
que el hijo crezca de un modo no convencional. Por estas razones la
mujer aparece como un agente que resiste un orden social rígido y
carente de solidaridad humana. Hacia el final del relato, la madre
deja al descubierto su precaria situación, pues se da cuenta de que no
puede seguir luchando contra las acusaciones que ha ido elaborando el
padre. Sospecha que hasta los mismos desamparados a quienes ha
protegido la acusarán en las cortes, y también que las cartas que ha
escrito pueden ser utilizadas en su contra. Contempla la posibilidad
de una derrota por su incapacidad de prevalecer ante el ambiente
hostil que ha ido construyendo el padre de su hijo, y siente miedo de
que las fuerzas contra las que lucha sean demasiado poderosas. Cuando
por fin se dispone a transar con el padre, éste no acepta negociar
sino que exige la victoria total. Comprobamos, así, que el conflicto
familiar no se fundamenta solamente en antagonismos personales, sino
que las relaciones familiares están contaminadas por unos procesos
sociales, legales y económicos que las sobrepasan. De allí que la
diferencia genérica represente, alegóricamente, otras relaciones de
poder y, sobre todo, la amenaza de una economía global basada en las
tácticas del mercado que, como "la violencia del frío" (33), la mujer
no puede evadir.
..... Los límites
entre lo puramente racional y lo intuitivo son difusos, no sólo en el
caso de los monólogos del hijo que abren y cierran la novela, sino
también en las cartas de la madre, y en las palabras y acciones del
padre. En Los vigilantes la fusión de pasión, obsesión y
argumentación lógica, como también la mezcla de lenguajes y las
variantes genéricas, constituyen los rasgos caracterizadores del
discurso de los varios interlocutores.
..... En un nivel, Los vigilantes es una
novela sobre el acoso que sufre una mujer y su hijo por parte del
padre de éste. En esta relación el padre aparece como el antagonista
que representa las concepciones del mundo dominante, la sociedad
convencional y el respeto a las normas. La madre, en cambio, se
resiste a adoptar los valores que se consideran "normales". Esta
distinción parecería corresponder a la dicotomía femenino /masculino
que ha asociado a la mujer con el cuerpo y la emotividad, y al hombre
con la mente y la racionalidad, pero esta primera impresión no es
exacta, pues ni las acciones del padre se caracterizan por ser
eminentemente racionales ni la madre es sólo una mujer temerosa y
acosada. Eltit utiliza las categorías de femenino y masculino para
representar una lucha más amplia en la que, aunque la mujer pierde el
pleito, no hay un ganador absoluto. El padre no logra arrebatarle el
hijo, al contrario, el hijo se convierte -al final- en el portavoz de
la madre desquiciada que todavía resiste.
..... Si examinamos la relación padre/madre
comprobamos que el padre ejerce presión sobre la mujer no sólo a
través de sus cartas sino creando un ambiente de sospecha y vigilancia
constantes en su mente. Recurre a los chismes de los vecinos para
acorralarla y luego envía a su propia madre a visitar a su hijo. Estas
acciones del padre resultan eficaces. Mientras la madre se defiende de
todos los cargos con un discurso inteligente y persuasivo, el padre no
se deja convencer porque lo que está en juego es su prestigio, su
honor de padre, algo emotivo. No puede permitir la vergüenza de que se
despida a su hijo del colegio, y tampoco acepta que su hijo comparta
su casa, aunque sea por una noche, con los mendigos que recibe la
madre, según le han dicho los vecinos.
..... La madre rechaza vigorosamente las
acusaciones del padre, explicándole lo falaz de cada uno de sus
cargos. Pero el padre no escucha estas razones. Así, aunque la madre
vive sola con su hijo en realidad está rodeada de un entorno que
parece controlarla. Se siente vigilada por una vecina, por los
vecinos, por el padre y su madre, y por la ciudad. Se da cuenta de que
no tiene libertad para crearse su propio mundo porque fuerzas externas
invaden su intimidad, como una violencia que no puede contener.
..... La continua necesidad de
defenderse a que está sujeta la madre para explicar su conducta va
creando una atmósfera insoportable. Los vigilantes pone de
manifiesto la capacidad del lenguaje para ejercer poder sobre el otro,
y para interpretar / malinterpretar sentimientos y
relaciones.
..... La novela sugiere que
el tipo de sociedad que propugna el padre ha creado un ambiente
opresivo, una ciudad en la que la madre y su hijo no se sienten
protegidos sino amenazados, una sociedad sin espacio para la
diferencia, donde los que no quieren participar del mundo de la ciudad
posmoderna, consumista y llena de luces deben abandonarla.
..... Si bien la vigilancia, el acoso y la
claustrofobia podrían asociarse con el clima represivo que creó la
dictadura en Chile, en esta narración, al contrario de lo que sucede
en Lumpérica, la primera novela de Eltit, no hay ninguna
referencia de lugar. Hay un pasaje, sin embargo, donde se alude de
manera oblicua a los métodos que usó la dictadura para "normalizar" a
la ciudadanía:
Tú y los vecinos se fueron apoderando de una
gran cantidad de bienes abstractos. Se hicieron dueños de los peores
instrumentos. Consiguieron un uniforme, un arma, un garrote, un
territorio. Lo consiguieron inundando la ciudad con una infinidad de
lemas banales: "el orden contra la indisciplina", "la lealtad frente a
la traición", "la modernidad frente a la barbarie", "el trabajo frente
a la pereza", "la salud frente a la enfermedad", "la castidad frente a
la lujuria", "el bien". Lo dijeron, lo vociferaron. Mintieron sin
contemplaciones cuando hicieron circular maliciosamente la última
consigna: "Occidente puede estar al alcance de tu mano". (110)
..... El acoso se refiere de manera
alegórica al tipo de sociedad que la dictadura institucionalizó, una
sociedad que se caracteriza por un exacerbado hincapié en el consumo y
donde el individuo se siente acechado por los valores dominantes de
las sociedades occidentales, valores que promueven el éxito material y
social, la limpieza y el orden, y el prestigio del nombre familiar. La
novela muestra el dramático tira y afloja en la lucha entre los
bastiones sociales y el hacer individual, una lucha inmemorial. La
imagen que le queda al lector de esta novela es el acoso implacable
que sufre la madre a manos de un discurso que se hace pasar por lógico
y racional, pero se sugiere también que la intolerancia no ha sido
capaz de destruir completamente la resistencia.
..... En esta novela, la diferencia genérica
permite recrear de manera alegórica la tensión en las relaciones de
poder, en la que las mujeres tradicionalmente han ocupado el lugar del
subalterno. Aun cuando el padre gana el caso, comprobamos que las
relaciones entre el que detenta el poder y el subalterno no son
unidireccionales. En su ensayo "Errante, errática", Diamela Eltit
afirma que 'la verbalizada emoción, ha sido [su] lugar
literario" (20, mi énfasis). A través de un proceso de "verbalizada
emoción", la novela de Eltit, Los vigilantes, plantea el dilema
de qué se puede hacer frente a un mundo en el que dominan la
intolerancia y la irracionalidad, pero que vive del mito de que se
rige por la lógica.