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Sigamos hablando del “mito” María Emilia Cornejo*

Por Paolo de Lima

En principio, nunca he cuestionado la autoría de la obra de María Emilia Cornejo. Estamos hablando solamente de la autoría plena de tres poemas en los que el remake sobre “materiales ya existentes” (Rosas Ribeyro(1)) introduce una perspectiva y un tono que no están en las partes I-IV de las tres ediciones de En la mitad del camino recorrido (Lima: Flora Tristán 1989, 1994, 2005). En tal sentido, Susana Reisz no prueba que el mismo “gesto” de ruptura de los tres poemas esté en las cuatro partes previas del libro. Tal como se ha venido presentando la poesía de MEC en dichas ediciones, se nota (ya lo he expresado en febrero del 2008 en Zona de noticias) una diferencia clara que marca el estilo y la construcción de un sujeto femenino en las primeras secciones del libro, en relación con la sección V, donde están los tres famosos poemas (y uno más a modo de epílogo dedicado a su hermana gemela Ana María). En estos tres poemas, más allá de que se tomen “al pie de la letra” o con “sutil ironía”, aparece una voz más cortante, menos obsecuente, capaz de cometer adulterio y despreciar al hombre, entre otros actos de rebeldía contra el machismo y el patriarcalismo. Se trata, sin duda, de poemas mucho mejor logrados, con un manejo profesional del ritmo (recordemos que Elqui Burgos había ganado en 1971 los Juegos Florales de la UNMSM y José Rosas Ribeyro el VII Premio de Poesía José María Arguedas en 1972) y una audacia ideológica y moral que estaban muy veladas o simplemente ausentes en las primeras cuatro partes del libro. Y es que en esas secciones la mujer que habla es sumisa, leal, monogámica e ingenuamente resignada frente al hombre: “soy la mujer incondicional / que nada pide a cambio / la que siempre te recibe / y te abre las piernas sin chistar” (1994: 57).

Además, cuando Carmen Ollé expresa en su “Prólogo a la segunda edición” que “el estilo, como expresión, es el que impone la calidad, y no el tema, como se cree, el que alcanza la intensidad en un texto literario” (8), pues son precisamente el estilo de “sus tres magníficos poemas” (Ollé) y la construcción de un sujeto femenino liberado de la opresión masculina los que más han llamado la atención de la crítica (consagración temprana a través de la “ya célebre” Antología de la poesía peruana de Alberto Escobar en 1973 que menciona Ollé) y de las poetas inmediatamente posteriores de los 70 y 80. Esto me lleva a pensar que la intervención masculina, transformando el estilo y la identidad de la voz poética de Cornejo, habría servido para la propuesta de una forma “otra”, que no tiene por qué ser esencialmente femenina, por lo que se habría venido siguiendo un modelo de erotismo y de identidad basado, en gran parte, en la fantasía de dos varones. Es decir, el “mito” ni queda igual ni se derrumba sino que se transforma al introducirse un nuevo elemento: el travestismo textual. Por ello, como ya lo he señalado en dicho weblog, es necesaria, pues, una edición definitiva de la obra poética de MEC que además de considerar la ordenación de los poemas propuesta por Luis La Hoz a “Flora Tristán” incluya entre otros documentos inéditos sus poemas “sociales” publicados en vida bajo el nombre de María Márquez. En esa edición bien podría servir de marco el anunciado estudio filológico de Reisz, una vez resuelta su falta de fuentes en New York.

De momento, su actual análisis “incompleto y provisional” en su estrategia retórica apela a estereotipos de género (hombres inmaduros vs. mujeres ultrajadas y honestas) e insiste en que la radicalidad se basa en acercamientos de género y sexo de las poetas, sin penetrar en la complejidad verbal ni estilística que sustentaría dicha radicalidad. A su vez, Reisz ofrece pruebas inconcluyentes, dado que MEC podía corregir sus textos pero no introducir necesariamente el tono desenfadado, pues de haber sido así éste ya se hubiera visto en las partes I-IV del poemario.

En pocas palabras, en esta reflexión Susana Reisz no prueba que no haya habido una intervención externa en los famosos tres poemas y confirma, más bien, la preocupación de un sector de la institucionalidad literaria por defender posturas que excluyen al “otro” masculino. Este gesto, por desgracia, no ayuda al mejor conocimiento de la poesía de María Emilia Cornejo; por ello, un acercamiento al tema considerando el nuevo elemento del travestismo textual resulta una lectura mucho más rica e innovadora.

 

* Publicado en Intermezzo tropical 6/7. Lima, setiembre 2009, pp. 130-31.

 

(1) Elqui Burgos ha señalado, en entrevista realizada por Francisco Izquierdo Quea para la edición número 15 de la revista electrónica El Hablador, que “ya con lo que ha dicho José [RR] me parece suficiente”, lo que significa una aceptación implícita de que está al tanto del tema en discusión.

 

 

 

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