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El power de Marcelo Mellado

Por Patricia Espinosa H.

 

Lo primero: decir que me interesa la escritura de Marcelo Mellado por su continua discursividad crítica al aparataje institucional -sea cual sea- por el uso y abuso de la parodia, porque sus textos destilan rabia y no duda en apalear a sus personajes. Porque su voz imprecatoria desautoriza literariamente formatos e ideologías. Porque Mellado pone en ejercicio el arte de la injuria o propone a la injuria como una de las bellas artes. La invectiva, diatriba o el escarnio resultan centrales en su trabajo literario. Una tradición menor, en la acobardada y timorata historia literaria chilena conformada por algunos nombres como Julio Valdés Canje, Vicente Huidobro, Pablo De Rokha, Pablo Neruda, Bolaño y, ahora, Mellado.

Mellado publica su primer libro, la novela El huidor en 1992, por la editorial Ojo de Buey, perteneciente al Instituto Superior de Comunicaciones ARCO. Es ésta, la inauguración de una retórica orientada a la desacralización de las narrativas de la Escena de Avanzada. Por medio de un lenguaje lacaniano, derridiano, nelly richardiano (no olvidemos que Mellado colaboró en la Revista de Crítica Culturall)  se exploran "zonas" por las que transita el huidor, el relato propio y el ajeno;  "Me las podía en la ficción" dice el huidor, pero también, a la vez,  en las zonas corporales, ficción zonal, ficción de campo de citas, ficción de promiscuidad zonal, de los trabajos, la ficción del destetado, del rastro de lo buscado, en la ficción de amor se las podía (p. 29-31).  El texto reflexiona sobre la literatura pero también en el transitar de un sujeto o una voz que se escapa y a la vez ocupa zonas. El discurso no deja de exponerse en su más plena politicidad para abordar una política que el texto denomina "políticas para la posesión de la cosa (cosa en disputa)"; una cosa que anteriormente ha identificado con asco.  La zona de nadie es su zona, haciendo uso de una retórica deseosa que no logrará la resolución del supuesto conflicto en una ficción a la chilena del huidor viajero. Que abandona su lugar burgués por el viaje permanente, la escapada continua.

En 1998 aparece el libro de relatos titulados El objetor (Editorial Cuarto Propio). Siete narraciones que subvierten ciertas zonas de su publicación anterior; se desliga de la experimentalidad formal; es decir, las huellas de la "Avanzada" desaparecen. En el  relato "El objetor  (o apuntes para una propuesta de política cultural)" instala de manera radical su mirada crítica a la chilenidad "picante y ordinaria" en la que, por supuesto, incluye a los "intelectuales" de los que él pudo ser parte. Eje que se intensificará en sus posteriores libros. El narrador en primera persona, tal como en el género testimonial, epistolar, taxonomiza los espacios con extremo detallismo. Creo que esta estrategia narrativa de Mellado, lo aproxima a la escritura de Perec, en tanto inventariar lugares, sujetos. Pero Mellado, busca sitios, zonas picantosas, híbridos urbanos/portuarios en decadencia; instala sí, una estética de la picantería que no solo se advierte en un bar de mala muerte sino que en la intelectualidad regional. La camboyana o la negra curiche son una construcción de racismo pero a la vez la protagonista de una escena de seducción. Mellado concita el paradigma de la exclusión que contiene la inclusión del otro. Y la camboyana cantaba boleros y "hacía tira el escenario", mientras el narrador accedía a zonas catárticas, experimentando un placer estético absoluto. El relato establece la distinción entre los "mejor dotados" a nivel de infraestructura o por formación familiar (p. 114) versus la "(gente como uno) que estaba en el centro de los sueños y esperanzas,  eso que también llaman utopías, y que ustedes en ese entonces maquinaban" (p. 114).  El relato finaliza solicitando auspicio a su ex pareja para promover el espectáculo de la camboyana en un circo: "porque tu sabes, igual que yo, que el arte no puede ni debe esperar" (p. 115). La utopía, pese a todo, se mantiene viva; pero ahora, asumida como activismo desde lugares menores, espacios carnavalescos, miserables, capaces de ser leídos o asumidos estéticamente.

La provincia, novela aparecida el año 2000, marca la entrada del autor a las editoriales transnacionales. Es publicado por Sudamericana. Sin embargo, la propuesta paródica, deslenguada, denunciante sigue su curso. El índice del volumen,  similar al de un libro de teoría postestructuralista, es parte de su permanente ironización a las retóricas academicistas. La ciudad en ruinas le permitirá resistir a las estrategias de la  globalización. Los malditos o el poder metropolitano son los que diseñan  el "power" señala el autor (p. 8). El país cada vez aparece mas envilecido; sin embargo, la constatación subrepticiamente anhela/desea la recuperación indeterminada del sentido de rebeldía. Mellado no afloja en su voluntad desmitificadora ya sea en torno a los poetas, la ciudad patrimonializada o el país. Chile es un lugar maloliente, mugroso, infecto, habitado por seres igualmente apestosos. Sin embargo, el país-provincia resulta ser un poco más aguantable que el país- metrópolis (p. 18). El monólogo del protagonista alcanza niveles delirantes, rabiosos, donde todo se vuelve ridículo, esperpéntico y putrefacto. La hiperrealidad a la que nos enfrenta Mellado se vuelve una suerte de pateadura, de la cual es imposible salir incólume. Mellado se obsesiona con los olores como recurso que metafóricamente van dando cuenta del orden de las cosas. Y si en su primer libro todavía podíamos oler aromas enjundiosos, en este volumen todo huele a pie de atleta o a  ventosidades del ano (p. 75).

Josefina Ludmer ha señalado la actual existencia de literatura postautónomas: "esto quiere decir que no se sabe o no importa si son o no son literatura. Y tampoco se sabe o no importa si son realidad o ficción. Se instalan localmente y en una realidad cotidiana para ‘fabricar presente’ y ése es precisamente su sentido"; "Las literaturas postautónomas [esas prácticas literarias territoriales de lo cotidiano] se fundarían en  dos  [repetidos, evidentes] postulados sobre el mundo de hoy. El primero es que todo lo cultural [y literario] es económico y todo lo económico es cultural [y literario]. Y el segundo postulado de esas escrituras sería que  la realidad [si se la piensa desde los medios, que la constituirían constantemente] es ficción y que la ficción es  la realidad"(1).

La literatura ha perdido autonomía y, por ende, se vuelve cruce continuo entre géneros y, además,  entre ficción y realidad a lo cual debe agregarse las nuevas condiciones de producción y circulación del libro. La literatura concebida como una práctica territorial de lo cotidiano, es el lugar en el que puedo situar la producción literaria de Mellado. Sus ficciones construyen una realidad, demasiado cercana a nuestra propia realidad, una realidad que lee el país a través de prácticas de vida cotidiana intervenidas desde una mirada siempre política.

 El informe Tapia, publicada el año 2004 por La calabaza del Diablo, difícilmente será encasillable en el género novela. Mellado realiza una cartografía del campo cultural provincial chileno. Las miserias del poder regional resultan homologables a las estrategias del power metropolitano. La escena se recarga de proyectos de sobrevivencia, intentos menores, en lugares menores, articulados por sujetos menores, la mayor parte de las veces detestables pero también configurados como periféricos; atrapados, víctimas también del aparato institucional, escenificados a partir de su pequeña respetabilidad y convertidos -a su pesar- en la rapiña que concursa en el hiperbólico aparato cultural estatal esperando el pago de Chile.

El país vive un permanente estado de catástrofe, un país enmierdado hasta el extremo, del que ya parece imposible salir, se reitera en cada una de las narrativas de Mellado. El arte del vituperio, como un ritual eternizado y desbordante tiene un portentoso cultor en Marcelo Mellado; una escritura que polemiza, donde el oprobio tiene consistencia ideológica (aunque suene redundante) y que problematiza sin límites, como no debiendo nada a nadie. Mellado lejos les da más de tres patadas a muchos narradores y narradoras chilenos y chilenas, cuya escritura solo resiste el formato del blog concebido en la fatalidad de la escena terminal de una emocionalidad meliflua; narradores cada vez más lacios, castrados, eyaculadores precoces, desganados, desesperados por ir a Madrí, ser publicados en una "trans", posando a la Cobain, anunciando pegarse un tiro, cuando algunos apenas llevan a cuestas la escritura de un relato. Sin libro y sin proyecto solo les queda surfear durante sus merecidos tres minutos de fama.

No me resulta gratuito que Mellado publique en Calabaza, viva en San Antonio y fabrique mermelada y sopapos con sus alumnos; es más, me da cuenta  de un cruce honesto entre su producción literaria y su forma de vida.

 

 

 

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