........................ ERNESTO SABATO
 

DIALOGO SOBRE LA ARGENTINA

Ernesto Sábato

-Lamentamos que no pueda escribirnos un ensayo sobre el drama argentino, pero al menos podremos hablar.
-Desde luego. Mi lesión en las retinas me prohíbe leer y escribir, pero no me impide dialogar. Pero éste no es el único motivo para negarme al ensayo; más bien es de índole filosófica: creo que la única forma integral de expresar el alma de un pueblo y sus vicisitudes es la ficción, por varios motivos y razones. Mal o bien. he intentado hacerlo.

-De cualquier manera, podríamos hablar algo de ciertos aspectos políticos y sociales.
-Sí, y lo haré. Pero pienso que a un extraño habría que contarle algunos hechos que son anteriores a los actuales, y eso exigiría un largo trabajo histórico, económico y sociológico. Y yo Soy un escritor. Sólo puedo darles, muy precariamente -no siendo a través de una novela- algunos indicios de nuestra realidad.

-Eso es quizá lo que más nos interesa: una visión de escritor.
-Yo no sé nada de economía. por ejemplo. Pero les puedo decir que económicamente vivimos un desastre, como no ha habido otro en nuestra historia. Durante los cinco años de dictadura militar se ha logrado desmantelar el país, en beneficio de algunas empresas multinacionales. La Argentina producía de todo, hasta llegamos a exportar tornos a Italia y computadoras a Suecia: hoy importamos tomates desde Israel. Fuera de estas vérites de fait, como diría Leibniz, poco sé. Sin embargo, creo que uno de los errores característicos de nuestro tiempo es buscar la clave de todo lo que sucede en la economía, así como la salvación física y espiritual del hombre. No es que me sea indiferente la muerte por hambre de un solo niño. Por el contrario, toda mi vida he luchado contra la injusticia social que se sufre en todo el mundo pero en especial en este continente latinoamericano que ha sufrido y sufre todos los horrores de la explotación y del hambre. Pero, con las trágicas experiencias de este siglo, he comprendido que es peligroso pedir únicamente justicia social: hay que exigirla junto con la libertad. En cuanto a mi país lo que más me preocupa es el problema precisamente de la libertad.

-¿Es cierto que hay mejoras en los últimos tiempos?
-Sí, la situación no puede compararse con lo que vivimos en el 76, 77 y 78, cuando millares de hombres y mujeres fueron secuestrados, torturados y muertos. No, eso pasó, pero subsiste la situación de los que desaparecieron en aquel tiempo, la censura y el poder militar. No obstante, hay declaraciones de protesta, huelgas, se reorganizan los sindicatos y los partidos políticos. se ha comenzado un gran frente civil. Viola para advertir que esto no va más y que deben tomarse medidas económicas y políticas que restablezcan paulatinamente el estado de derecho. Siempre, claro, que los militares más duros no den un golpe y desencadenen una tragedia peor que la que ya vivimos. Lo razonable es que esto no suceda. Pero quién ha dicho que la historia sea razonable, y mucho menos cuando está en manos de las fuerzas armadas. Vea, si no, a la pobre, sufriente y estoica Bolivia. No debemos descartar un proceso de bolivianización de nuestro país.

-¿Cómo es posible que la Argentina haya llegado a este punto?
-No creo en el determinismo histórico, porque la historia la hacen los hombres, y los hombres no las cosas, y las cosas es lo único para lo que rige el determinismo. Aclaremos que esta expresión no corresponde al pensamiento más profundo de Marx, pues de otro modo no diría que es necesario luchar por una transformación social: vendría sola o nunca vendría. No carguemos, pues, sobre él, ni sobre marxistas como el admirable Gramsci, estas precariedades filosóficas. No, no podría, y mucho menos yo, trazar un cuadro histórico que "explique" lo que ahora sucede. Pero creo que hay ciertas tendencias. ciertas líneas de fuerza que vienen desde el pasado y que pueden provocar o por lo menos iluminar hechos del presente, al menos en parte. Este "al menos en parte" es lo que hace enigmático el problema y lo que quizá haya inducido a William James a afirmar que la historia es infinitamente novedosa. Por eso han fracasado todas las tentativas de predecir el porvenir de la humanidad, mientras que los científicos anuncian con la precisión de un milésimo de segundo un eclipse que se ha de producir un siglo después. Las naciones son entes complejísimos y además siempre únicos: mayor motivo para que fracasen las predicciones de lo que debe pasar sobre la base de la experiencia en otras naciones. Por otra parte, las ideologías no tienen en cuenta al ser humano concreto sino a ese Hombre con mayúscula que inventó el espíritu ilustrado, y que es poco más que una entelequia; hasta tal punto ajena a las esperanzas y vicisitudes del hombre con minúscula que las guillotinas y los campos de concentración han sacrificado a millones de ellos en atención a ese Hombre con mayúscula. Debemos, pues, partir de la diferencia entre los hombres y entre los pueblos, y aplicar en cada caso ideas que tengan en cuenta sus características étnicas, sociales, históricas, psicológicas y espirituales. Toda otra tentativa está destinada al fracaso más absoluto y -dada la forma en que suelen actuar los que se consideren con la verdad absoluta- en la forma más sangrienta. Por eso también resulta difícil explicar a un extraño aspectos de nuestra realidad: más bien -como dije- habría que recurrir a vastas novelas, pues la ficción es la única actividad capaz de mostrar -no de demostrar, sino de mostrar- la total fenomenología de una nación; precisamente por su condición híbrida entre el pensamiento lógico y el pensamiento mágico, entre lo racional y lo irracional. Sólo así un extranjero puede tener una intuición de los hechos, ansiedades, esperanzas, símbolos y mitos que para nosotros son obvios y para él incomprensibles. Para nosotros es como el tiempo para el teólogo: lo sabemos si no lo preguntan, no podemos responder si lo preguntan. Así, lo que para los argentinos es evidente, para los demás son ambiguas esfinges: son Perón o el tango. Nuestra realidad, pues, los extranjeros deben buscarla en las ficciones, jamás en un tratado de sociología, de historia o de política. La palabra "realidad", además es una de las más resbaladizas y equívocas, lo que explica tantos sistemas filosóficos. Pues, ¿qué es un sistema filosófico sino un intento de definir esa palabra? Para un pensador lo fundamental, la realidad última puede ser la búsqueda de la libertad, para otro el ansia de poder, para un tercero la economía, para un cuarto la religión.

-Comprendemos la imposibilidad. Pero usted mismo mencionó que hay ciertas tendencias, ciertas lineas de fuerza que vienen desde el pasado y que al menos en parte pueden echar luz sobre el presente. También mencionó a Perón. ¿Podría ser un antecedente de lo que ahora sucede en su país?
-Sí, lo creo. Pero le reitero que sólo podría ofrecerle algunos precarios indicios. Claro, sin incurrir en el mero determinismo histórico, es cierto, por ejemplo, que el resentimiento provocado en el pueblo alemán por el Tratado de Versalles preparó el ambiente propicio para el hitlerismo. No se puede siquiera empezar a comprender la Argentina de hoy sin Perón. Pero este líder tampoco es comprensible sin el masivo proceso inmigratorio. Mire la guía de teléfonos: también apellidos españoles, pero más de la mitad de la población se llama Martelli. Schnaider, Rossi, Kirilovski Fazzio. Supervielle, Fratini, Cavanagh, Lombardi, Müller. Por obra de este suceso, Buenos Aires pasó de ser una aldea de 200 mil habitantes a este monstruo actual.

-¿Cómo y por qué se desencadenó semejante aluvión?
-A diferencia de México o Perú, aquí no hubo grandes y refinadas civilizaciones indígenas: era un inmenso territorio vacío recorrido por indios nómadas y guerreros, si exceptuamos algunos miles de incaicos en el noroeste y de guaraníes en el nordeste. Haga un pequeño experimento: recorte nuestro mapa y colóquelo sobre el viejo continente. Si aplica la base del triángulo en el Sahara. el vértice caerá en Noruega. Desde las frígidas estepas del sur hasta los bosques subtropicales del norte, millones de kilómetros cuadrados casi sin nadie. "Nuestro mal es el desierto", dictaminó Sarmiento. Y Alberdi dijo: "Gobernar es poblar". ¿Quiénes eran los que así hablaban? Eran dos genios que pertenecían a aquella generación de 1830, que se inspiraron en los textos de los humanistas europeos que promovieron la revolución del 48, que seguían con pasión la insurgencia contra la tiranía y la injusticia. Proceso romántico por excelencia, pero, por la turbia condición de la historia, unido a la idolización de la ciencia y la técnica. Y digo así porque, estrictamente, el romanticismo filosófico es opuesto al espíritu de la Ilustración, inspirado en la razón y la ciencia. ¿Cómo extrañarnos, pues, que el mismo Sarmiento, que ponía acápites de Rousseau en su libro Civilización y barbarie pidiera a gritos ferrocarriles y observatorios astronómicos? ¿Y que el mismo Alberdi que derramaba (literalmente) lágrimas contemplando el paisaje de la Julie de Rousseau, escribía en la misma carta a un amigo, que nuestro deber era hacer y no fantasear, liberando al país mediante la inmigración, la industria y la ciencia? Sin embargo, por el instinto de su genio, aquellos hombres no eran simples ideólogos: tenían un certero sentido del hombre concreto, superando así el internacionalismo abstracto del espíritu ilustrado, para construir una realidad ajustada a nuestra geografía. historia e idiosincrasia. De ese modo iniciaron su descomunal empresa. Pocas veces en la historia se ha visto una obra práctica de esa envergadura ejecutada por hombres con alma de poeta: Sarmiento fue uno de los más grandes escritores que hemos tenido y Alberdi, además de ser un pensador de primer rango, componía minuets. Es fácil sonreír ahora ante el mesianismo escolar e inmigratorio de Sarmiento, al ver cómo escribía Progreso con mayúscula, pero lo cierto es que sin ellos el país no habría alcanzado el nivel de cultura, de sanidad y de economía que logró. Todos somos buenos profetas del pasado y es fácil advertir ahora los defectos del positivismo de aquellos gobernantes y teóricos; su sincretismo con lo romántico ofrecía flancos débiles y su positivismo fue, como siempre lo es, calamitoso en el sentido más alto del espíritu. Pero esa precaria doctrina filosófica fue combatida y superada desde las mismas universidades que ellos sembraron en nuestro territorio.

-He leído en algún ensayo sobre esa época que la educación que esos hombres promovieron estuvo destinada a formar dirigentes que consolidasen el dominio de la primitiva oligarquía ganadera.
-Sí, hay quienes lo sostienen. Pero los hechos culturales no obedecen a esa relación directa que esos críticos suponen entre las estructuras económico-sociales y las creaciones del espíritu subjetivo. ¿Cómo explicar, sino, por qué aquella minoría gobernante no sólo permitió sino que propulsó con energía la educación popular que un día permitiría a los hijos de inmigrantes ser profesores, jueces, generales, gobernadores y hasta presidentes de la república? El proceso cultural es inifinitamente más complejo que lo que pretenden esos teóricos. De otra manera, ¿cómo explicar que desde los salones de la aristocracia francesa salieran las ideas que harían decapitar miles de esos mismos aristócratas? Y ¿cómo explicar que en las universidades burguesas de la Alemania del siglo XIX y hasta en las del estado absolutista prusiano se educaran hombres como Marx?

-¿Qué consecuencias trajo la inmigración?
-En pocas décadas llegaron millones. Buena parte se quedaba en Buenos Aires, puerto de su llegada, y de ahí su crecimiento desmesurado, repentino y en muchos sentidos dramático. Muchas de las cosas buenas que tiene la Argentina del siglo XX se deben a ese proceso, pero también algunos de los males que padecemos. Varios filósofos que visitaron el país, Keyserling y Ortega entre. ellos, advirtieron "la tristeza argentina", tristeza que es observable en nuestra mejor literatura, pero también en ese suburbio de la literatura que es la letra de tango. Y hasta en su propia música. Discépolo, uno de sus más notables creadores, definió al tango como "Un pensamiento triste que se baila". Por supuesto, me estoy refiriendo a sus más nobles expresiones, no a las canallescas. El inmigrante que abandonaba su patria para siempre y llegaba a estas playas y se apiñaba en los suburbios de aquella ciudad-campamento, eran casi todos hombres solos y tristes, que buscaban un siniestro simulacro del amor en el sexo prostibulario. Por otra parte, el gaucho corrido de sus infinitas llanuras por la inmigración de agricultores europeos, perdida su grandiosa libertad, venía a buscar trabajo a la gran ciudad, exiliado de su propia patria. Dos soledades que se juntaron: la del gringo y la del criollo, dando por resultado una de las canciones y danzas más introvertidas y misteriosas. La nostalgia de la patria lejana en los recién llegados, su frecuente frustración, el resentimiento de los nativos contra el invasor, la sensación de inseguridad y fragilidad en un mundo que se transformaba vertiginosamente, la carencia de un sentido seguro de la existencia, todo confirió una tonalidad no sólo psicológica sino hasta metafísica y un poco fantástica, tanto a nuestra literatura como a nuestra canción popular. Porque si el mal metafísico es consecuencia de la finitud del hombre, si es un atributo común a todos los hombres, a un habitante de esta tierra lo debía angustiar más que a, un europeo o a un azteca, porque acá no teníamos ni siquiera esa metáfora de la eternidad que son el Partenón o las grandes pirámides. Por el contrario, aquí todo se deshacía, el progreso que a macha-martillo impusieron los gobernantes no sólo no dejaba piedra sobre piedra -que en el Río de la Plata no se encuentra- sino ladrillo sobre ladrillo: material técnicamente más deleznable y, por lo tanto, espiritualmente más angustioso. Dice un tango:

Borró el asfalto de una manotada
la vieja barriada
que me vio nacer

Y otro letrista, Manrique suburbano. se pregunta:

Las voces que ayer llegaron
y pasaron y callaron
¿dónde están?

El porteño, como nadie en Europa, siente que el Tiempo pasa, y que la frustración de todos sus sueños y la muerte final son sus inevitables epílogos. Entre copas de vino y cigarrillos, en el café, meditativo, pregunta:

¿Te acordás, hermano, qué tiempos
aquellos?

O con cínica amargura asevera:

Se va la vida, se va y no vuelve.
Lo mejor es gozarla y largar
las penas a rodar.

Para terminar murmurando, con siniestra arrogancia de porteño solitario:

Yo quiero morir conmigo,
sin confesión y sin Dios,
crucificado en mi pena,
como abrazado a un rencor.

No es imposible que este tipo de sensibilidad y de mentalidad del hombre de Buenos Aires perdure en el fondo de la mayoría y que de una manera o de otra haya influido en nuestra historia contemporánea. Pero, ¿cómo podemos saberlo sin la poesía y la ficción? Algunos hemos intentado dar en nuestras novelas aspectos del insondable drama. No debe olvidarse que la inmigración nos convirtió, además, en una región de fractura entre Europa y América Latina. Pero como también compartimos el fin de la civilización moderna -con el agravante que no habíamos terminado de construir la nación cuando el mundo que nos dio origen se está viniendo abajo-, sufrimos una doble fractura, una en el espacio y otra en el tiempo. Quizá algo de esto pueda explicar los atípicos y complejos fenómenos sociales y políticos que estamos padeciendo; que no es, como muchos creen, un simple drama político sino un drama espiritual.

-¿Cómo aparece Perón?
-Parte de los inmigrantes fueron al campo, pero en su mayoría quedó en los suburbios de Buenos Aires y de las otras grandes ciudades, contribuyendo a la industrialización del país. De esta manera, el país se convirtió en un país de ciudades, con una población que quizá sea en sus nueve décimas partes urbana. La tierra fue cada vez más trabajada en forma industrial y el resultado es que no hay campesinos en el sentido europeo o latinoamericano de la palabra. La formación eminentemente urbana y la educación gratuita en los tres estadios dieron oportunidad a los hijos de inmigrantes de convertirse en médicos, abogados, ingenieros, veterinarios, químicos. Y de este estrato intelectual salieron los hombres que iban a terminar substituyendo en el gobierno a los miembros de la vieja clase ganadera y terrateniente. En 1916 fue elegido en votaciones libres el Dr. Yrigoyen, como Presidente de la República. Era el jefe del Partido Radical, formado por las nuevas clases del país: la clase media y buena parte del proletariado. Y luego ha habido, gracias a esta movilidad de clases, varios presidentes hijos de inmigrantes: Frondizi, Ilia, Onganía y el mismo general Viola, hijo de un pequeño sastre italiano. Pero volvamos un poco atrás. Los obreros europeos llegaban en cierta proporción con ideas anarquistas y socialistas, y se explica que en la constitución de la Primera Internacional hubiese ya dos grupos argentinos: el de habla alemana y el de habla italiana. Así surgieron los primeros sindicatos, el Partido Socialista y la FORA, organización de los obreros anarquistas. En 1904 llegó al parlamento el primer diputado socialista en América, el Dr. Alfredo Palacios. Este proceso populista culmina con el acceso de Yrigoyen a la presidencia, y con él comienza el ocaso de la vieja oligarquía. Pero este ocaso no será fácil ni lineal, será cruento y complicado, porque sus más duros representantes temen perder su hegemonía y su alianza con Gran Bretaña, principal mercado de los productos del país. El ejército, mientras tanto, aunque en buena parte constituido por descendientes de inmigrantes, recibían en sus escuelas y academias las enseñanzas de profesores de la derecha nacionalista, que se había ido desarrollando desde que el movimiento obrero cobró fuerza. Estos ideólogos de la derecha se inspirarán en los movimientos reaccionarios de Europa, primero con Maurras, más tarde con Mussolini y Hitler, contribuyendo así con sus inyecciones a formar fuerzas armadas marcadamente derechistas, antisemitas y dispuestas a servir los intereses de la parte más reaccionaria de la oligarquía. Poco a poco fue quedando muy poco de aquella clase gobernante de fines de siglo, liberal y progresista. Temerosos del Partido Radical, esos sectores buscan el apoyo del ejército y en 1930 es derrocado Yrigoyen, que era presidente por segunda vez, poniéndose fin a la era propiamente liberal de la Argentina, para iniciar este medio siglo en que los gobiernos democráticos, como el de Frondizi y el de Ilia son apenas respiros en largos periodos dictatoriales de las fuerzas armadas, siempre al servicio, de los intereses conservadores. Pero tampoco fue lineal este proceso, pues del seno mismo del ejército surgió en 1945 un oscuro coronel que capitalizará vertiginosamente a la clase trabajadora, para producir la más profunda transformación social del país en este siglo.

-Parece bastante extraordinario.
-No lo parece: lo es. Perón siempre fue un misterio para los sociólogos europeos y norteamericanos. Recuerdo el esfuerzo que debí hacer en la Universidad de Bolonia para explicarles a los estudiantes de hace unos quince años que este hombre no era simplemente un fascista, aunque sus orígenes lo denunciaban. Tanto no lo era que en su segundo advenimiento fue apoyado masivamente por toda la juventud de izquierda. ¿Si no era fascista, era marxista o socialista de alguna especie? No, fue un fenómeno argentino y su sincretismo de ideas fascistas, marxistas y nacionalistas fue un producto típicamente local. Un hombre habilísimo, de infalible olfato político, descreído y cínico, logró construir en dos o tres años lo que durante medio siglo los socialistas y comunistas intentaron en vano, de puro querer aplicar aquí ideas válidas para otros países y otras peculiaridades. Con astucia y demagogia, levantó un gigantesco movimiento de masas, que alcanzó a más de la mitad de la población del país, amalgamando judíos y antisemitas (él fue el que hizo entrar al país a centenares de jerarcas nazis que huían de Alemania, entre ellos a personajes tan tenebrosos como Eichmann), nacionalistas de derecha y nacionalistas de izquierda, ex socialistas y ex nazis, ex anarquistas y ex radicales, al grito de "Justicia social, soberanía política e independencia económica". Ayudado por una mujer excepcional hasta en sus odios, enérgica y carismática, con un coraje que jamás tuvo Perón, con el fervor revolucionario que ni por asomo existía en el alma de Perón: la mujer más extraordinaria y apasionante de nuestra historia. Por eso no debe confundirse a Perón con el peronismo, porque este movimiento fue en decisiva medida obra de Evita; él careció de grandeza, fue un demagogo, se rodeó de serviles y corruptos, cada vez que pudo echó de su lado a los mejores militantes, persiguió a sus enemigos con la cárcel, la tortura y la muerte. En cuanto al pueblo, es falso que lo siguió por el secular "pan y circo": lo hizo por un sentimiento parareligioso, porque por primera vez en su dura existencia de explotados, y gracias a Evita, sintieron que eran personas. Y así se produjo un impetuoso movimiento revolucionario que llevó a Perón hasta extremos que él temía, y lo obligó a realizar cosas que jamás habría hecho por su sola voluntad. Muerta Evita, puede decirse que comenzó la decadencia del movimiento.

-¿Por qué cayó?
-En 1955 la podredumbre del régimen había llegado a su máximo, a pesar de los excelentes peronistas que había en los diferentes rangos. Pero ya dije que él tenía la propensión natural a rodearse de los peores, con muy pocas excepciones, cuando la circunstancia misma le impedía sacudirse de ellos. Esa proclividad fue lo que cavó su fosa. En parte porque la jerarquía estaba cada vez más corrompida, como siempre sucede; en parte porque los diarios que servían a los intereses de los sectores económicamente reaccionarios, aun con todas las limitaciones de prensa, prepararon el clima indispensable para la sublevación: en parte porque la clase media y los intelectuales liberales odiaban el despotismo que se había entronizado, lo cierto es que los intereses de la antigua clase gobernante pudieron derrocarlo con el auxilio de las fuerzas armadas. En junio de 1955 hubo el primer golpe, que fracasó, con un saldo de miles de obreros muertos en el bombardeo de la Plaza Mayo. Pero en septiembre, un segundo golpe lo echó por tierra, terminando con el primer periodo del régimen peronista.

-¿Cómo se produjo el segundo advenimiento?
-Estoy simplificando el complejo proceso, pero es inevitable, y tendré que seguir haciéndolo para darles este pequeño esquema de nuestra historia contemporánea. Durante casi veinte años hubo gobiernos militares, con dos intervalos democráticos y civiles: el del presidente Frondizi, radical que ganó las elecciones con el apoyo del proscripto movimiento peronista y que finalmente fue abatido por las fuerzas armadas; y el del Dr. Ilia, también radical, que gobernó ejemplarmente pero que también fue volteado por los militares. A todo esto, el movimiento peronista fue creciendo, ahora con el apoyo cada día más fervoroso de la juventud de izquierda, y tanto ellos como los obreros pedían el regreso de Perón, exiliado en España. Así, el general Lanusse (duramente criticado luego por sus camaradas) decidió en un acto histórico dar elecciones libres, con el resultado previsible: un aplastante triunfo del peronismo, con la nominal presidencia de Cámpora. Así se produjo el segundo acceso de este movimiento multitudinario: confuso como siempre, contradictorio hasta el absurdo político y filosófico, con sus jóvenes marxistas-leninistas en un extremo y sus nazis en el extremo opuesto. Al lado del general, siempre cerca de su oído y del oído de Isabel, apareció López Rega, uno de los personajes siniestros de nuestra historia, una especie de Rasputín criollo, una combinación de brujo de barrio con payaso sangriento que manejaba los hilos de todo el gobierno y que, después de la renuncia obligada de Cámpora y del ascenso directo de Perón, ya viejo, fue el capo absoluto, gracias al dominio psicológico que ejercía sobre Isabel. Pronto aquello se convirtió en una opereta trágica. Al caos económico, a la demagogia y al latrocinio se añadió la violencia de la izquierda, que venía operando desde años atrás, y los crímenes de la Triple A, banda de la derecha peronista, comandada desde la sombra por López Rega. En el centro, la inmensa mayoría del pueblo peronista, gente democrática, enemiga de la violencia y asqueada por el caos, estaba paralizada e impotente. Por desgracia, los partidos políticos y los elementos honestos del partido justicialista fueron incapaces o no tuvieron el coraje de encontrar una salida constitucional, mediante el juicio político. De este modo, las fuerzas armadas tuvieron el camino despejado, dieron el golpe y llevaron a cabo la represión que venían preparando con minuciosa sistematicidad desde muchos meses. La más feroz represión que la Argentina haya conocido, mediante grupos armados parapoliciales y paramilitares con ropas civiles, que no debían rendir a nadie cuenta de las atrocidades que cometían. El gobierno tripartito del ejército, la marina y la aeronáutica estuvo dividido desde el comienzo entre moderados y duros, y en esa visible división el país aterrado ponía sus únicas esperanzas, rogando para que los blandos prevaleciesen. El tiempo demostró que ese sueño no fue más que un candoroso sueño, porque lo peor fue llevado hasta sus últimas consecuencias. El pretexto que aún se invoca para aquella trágica operación fue el de una guerra sucia impuesta por el terrorismo, que como todas las guerras sucias no pueden pensar en legalidades. Esos crímenes del terrorismo habían sido repudiados por la nación en su casi totalidad, como ahora los repudian en España y en Italia, y porque se sabe que únicamente conducen a la instauración de implacables dictaduras de derecha. Pero España e Italia están mostrando que aun en situaciones excepcionales, y sobre todo si son excepcionales, ninguna banda dependiente del poder gubernamental puede pretender el derecho de secuestrar, torturar y matar, porque entonces la entera comunidad pierde su fundamento esencial. Ya sabemos aquello del lobo de que habló Hobbes. Pero precisamente porque el lobo es el lobo del hombre, porque así es la condición humana, a través de milenios de perversidades y maldades se ha inventado el único sistema que impide lo peor: la democracia con sus tres poderes: uno para que dicte esa ley sin la cual ninguna sociedad puede sobrevivir a la disgregación, otro para que haga las cosas que deben hacerse, y el tercero para que juzgue y castigue al que transgrede la ley, ya sea un simple ciudadano de la calle, ya sea el propio presidente de la república. Nuestra carta magna, imaginada por Alberdi sobre la base de los más sabios ejemplos precedentes ha sido arrasada por las fuerzas armadas, aunque verbalmente pretenden respetarla. ¿Qué clase de respeto es ése si violan todos sus grandes principios que dan a la libertad del hombre un carácter sagrado? Esa ley fundamental prohíbe al poder ejecutivo tomar el papel del poder judicial, taxativamente le prohibe condenar y aplicar penas. La respuesta a ese principio ha sido el secuestro de miles de seres, de los que nada se sabe, después de cinco años. Así, respondiendo al crimen del terrorismo con el crimen inverso ha triunfado el terrorismo. Miles de seres humanos fueron arrancados bárbaramente de sus hogares por bandas armadas hasta los dientes. Entre ellos había sin duda culpables de atentados y muertes similares a los que ahora ensangrientan a España e Italia, pero la inmensa mayoría eran muchachos y chicas que simplemente tenían vinculación familiar o amistosa con los culpables, habían formado parte de centros de estudiantes, eran jóvenes idealistas que equivocados o no creyeron en el socialismo de Perón. eran maestros o profesores que profesaban ideales de izquierda o, lo que todavía es peor, caían por alguna de esas delaciones que en época de caza de brujas se prestan a las venganzas más abominables. ¿Cómo sabremos ya quiénes eran realmente culpables del terrorismo? No hubo jueces que los juzgaran, no existió ninguna de las garantías que una comunidad civilizada ofrece para enjuiciar aun a los asesinos más monstruosos. Ojalá ahora nuestra patria pueda encontrar pronto el camino de la democracia y las madres que desde hace cinco años lloran por sus hijos sin siquiera saber dónde están puedan encontrarse con ellos o al menos con lo que queda de ellos.

 

en VUELTA, Noviembre 99

 


 

 

 


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