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Guía para perderse en la ciudad, de Víctor López

Por Miguel Carreira
http://www.revistalecturas.cl/


Hay al menos dos formas fundamentales de construir un poema sobre la base de lo visual. Seguramente hayan más, pero, al menos, hay dos formas de construir un poema sobre la base de lo visual.

Son dos formas que tienen mucho de opuestas, aunque en poesía las oposiciones radicales son muy raras, precisamente porque establecer una oposición radical equivale a abrir un tipo de comunicación entre conceptos que, de otro modo, quizás no se habrían conocido. En poesía, cuando se nombra la vida, aparece la muerte. Cuando se nombra la luz, todo se carga de sombras.

Una de estas formas consiste en concebir el acto visual como un contacto más o menos pleno del poeta con el objeto, es decir, construir el poema en torno a imágenes capaces de transmitir un significado. En la otra el poema no trata de lo que se ve, sino del acto mismo de la visión. La vista es más una acción que importa por lo que la mueve –la necesidad de ver, la necesidad de conocer, la necesidad de hacer de la vista una vía privilegiada respecto al mundo en el que estamos- que por lo que recibe al fin. La imagen es un complemento del sujeto y, sobre todo, de la palabra que lo expresa.

Esta última es una visión más escéptica respecto a lo poético. Entiende la poesía más desde la investigación que desde el conocimiento. No le interesa tanto conocer –lo normal es que dude sobre la posibilidad de conocer- como investigar. Aquella, en cambio, es más optimista, pero este optimismo se inscribe únicamente en el campo de lo poético y no atañe necesariamente al tema del poema. La poesía social, por ejemplo, es casi siempre de este segundo tipo, una poesía tremendamente optimista respecto al poema, aunque no lo sea tanto respecto a la sociedad que poetiza. No siempre es así, claro, porque el que la poesía sea social, o lírica, o metafísica, no tiene que ver necesariamente con esta diferenciación. Sin embargo es una tendencia muy acusada, así que cabe preguntarse por qué. Decir que la poesía es un arma cargada de futuro entraña un optimismo innegable respecto al poema.

Guía para perderse en la ciudad está claramente en el grupo de aquellos poemas interesados en la visión como investigación, o mejor, dicho, en la poesía como volición. La poesía como deseo de ver. La visión como contacto con realidades incompletas, en sí, sino en cuanto que son partes de una gramática imposible de recomponer, cuyas formas no son misteriosas, sino que devienen misteriosas en la visión.

Se acercó a la ventana para dar una idea exacta/
De un hecho.
Pero descubrió que no existe una idea exacta/
De un hecho.

(…)
Una pregunta no necesita de una respuesta
Pero una respuesta necesita ser interpretada/
En función de una pregunta.

En casi todos los versos del poema aparece la oscuridad (nubes, manchas, oscuridad, polvo) o una acción sobre la formación de una imagen, sobre apariciones, sobre alumbramientos (la habitación se inundó de luz, una canción que se fue formando, una ráfaga turbia de hojas que se fueron acumulando). La clave del poema está en la relación no interpretada, entre la luz y la oscuridad, entre la construcción y la destrucción, entre la vista y la imposibilidad de llegar a una construcción completa del mundo a partir de los objetos visibles. En este punto, la vista se convierte en generadora del caos, en la creadora de un torbellino de imágenes, de visiones, de recuerdos concretos en su unidad, pero imposibles de articular en su conjunto:

Una mariposa mueve sus alas en Quinta Normal y eso causa
Una tormenta de proporciones de Rhode Island.

El poema de Víctor López ofrece un crisol de imágenes descompuestas. El mérito radica en la coherencia de la propuesta poética, en la posesión de una comprensión clara del hecho poético –de su hecho poético- que sostiene durante todo el poema.

El poeta es atento y, en ocasiones, se ofrecen variaciones excelentes alrededor del tema central. De ahí surgen versos excelentes:

La angustia de vivir pensando en el corazón como un cazador solitario.

Otras veces, también es verdad, el poema acusa ciertas redundancias. Revisitaciones, que se antojan estériles, del  tema en los puntos que ya resultaban claros o, al menos, todo lo claros que pueden llegar a ser en un poema que aspira a convertir la indeterminación en el vector central de su forma, aunque funcionan bien de forma independiente:

Un obrero cansado desde las alturas mira a su hijo
Escribir un poema
El también construye un edificio de palabras
En el cual nunca vivirán.

No es fácil sostener un poema tan largo sobre un tema abstracto. Por encima de ello, a Víctor López hay que reconocerle el valor, y el mérito, de sostener una poética en unos tiempos en los que lo fragmentario es el poeta y la poética, y ya, casi nunca el poema que suscriben.

 


De Guía para perderse en la ciudad.

1.-
Se acercó a la ventana para dar una idea exacta
de un “hecho”

Pero descubrió que no existe una idea exacta
de un hecho

Solo un montón de hojas muertas acumulándose
en la parte trasera de un jardín

Un jardín que lo más bien podría ser
un jardín mental

donde se acumulan ideas, recuerdos o la noción
que nosotros tenemos de la palabra “recuerdos”

Lo cierto es que se acercó a la ventana
para decir:

Mira hijo esta hoja que yace aquí muerta
mientras tú  crecías, ella también crecía,

mientras aprendías en tú cuerpo los secretos
de un lenguaje hecho de diferencias

ella también aprendía a ocupar un lugar en el tiempo
y en el espacio delimitado por la palabra diferencia

Inclusive ya por esos años un tipo llamado
Ludwig Wittgenstein le decía a su amante al oído

Hay tantas palabras invisibles que deseo oír

Tan solo por decir algunas cosas que sucedieron aquí
durante tu ausencia

La mitad de la casa fue desmantelada para dar paso
a una carretera de alta velocidad

a mí se me cariaron los dientes
y tu hermana se deprimió
hasta el punto de desaparecer

Entonces ¿cuántas visitas al dentista serán necesarias
para que los dientes parezcan realmente blancos?

Brillen
sin el sarro que por años
se acumuló

Para que al final del día con la boca anestesiada
podamos preguntarnos

¿Ahora cuánto tiempo es necesario
para aprender a sonreír?

Preguntas como estas no existen
y si existieran
El paisaje publicitario
que nos rodea asemejaría
un montón de hojas muertas acumulándose
en la parte trasera de un jardín

Un jardín que lo más bien podría ser
un jardín mental

La última imagen que ella conserva de él
es marchándose

bajo un camino oscuro rodeado de cipreses

Un hombre es siempre un libro de gramática abierto
donde los fantasmas del contexto
giran sobre sus manos

Si digo esto puede ser sostenido por una mano
también estoy diciendo
la pesadez puede ser sostenida por las palabras

Quizás la manera en que llevamos la palabra abandono
inscrita en el cuerpo

sea la razón por la cual nos quedamos
hasta tarde pensando

en las hojas que caen en el patio de atrás
sin que nadie
se de cuenta

Entonces ¿cuáles serán las palabras apropiadas para decirle
a alguien que su hijo ha muerto?

¿Cómo es que un día acaricias el rostro de alguien
y al otro día ese alguien es un fantasma
temible y aterrador?

Lo cierto sería decir que los jardineros se durmieron
cortando la maleza y es tarde

A esta hora el pasto degollado, mutilado
se empieza a secar

y ahora vendrá lo difícil

¿Por dónde empezar una conversación?

¿Cómo empezar a hilar esa red de asociaciones que
hace mucho
los lingüistas definieron como habla?

y que ahora en un paisaje completamente derruido

abandonado
volverá a nacer

Hay un árbol a la distancia la curvatura del cielo
lo hace posible

Mi abuela de a poco vertía el té caliente
en el plato y lo soplaba
cuando llegue a la ciudad
me dijeron que tenía que olvidar
todas mis costumbres de campesino

el sonido de la lluvia en el lóbulo de la oreja
la camisa a cuadros
el tartamudeo que primero dobla las palabras

y luego las ideas

Las palabras también sufren en su piel
el paso del tiempo

En primavera los cipreses se mueven con la brisa

Las manchas en las sábanas
son de un gris pálido casi solar

Esa mañana él se marcho temprano
hizo sus maletas
ella en cambio abrió las ventanas
y la habitación se inundo de luz

Una pregunta no necesita de una respuesta

pero una respuesta necesita ser interpretada
en función de pregunta

A veces las palabras son más frías que los objetos
los objetos necesitan ser observados con detenimiento

Las palabras son lentas
y provienen de la garganta

El día está repleto de palabras
y se resume en el horizonte

Un obrero cansado desde las alturas mira a su hijo
escribir un poema

Él también construye un edificio de palabras
en el cual nunca vivirán

Un edificio que sangra la herida
del mundo

Un montón de imágenes
que se fueron acumulando
una a otra

antes de que viniera alguien y las barriera bajo
la alfombra de golpe

No te quedes con la luz prendida hasta tarde
decía mi mama

La oscura inmovilidad de las cosas que se duerme
en los ángulos como el polvo

Una canción que se fue formando
de a fragmentos

Hasta traer desde la infancia
una ráfaga turbia de hojas

que se fueron acumulando
bajo un cielo de nubes luminosas

¿Cuántas hojas pueden caer en el mismo lugar
antes de que en nuestros labios se forme
un pensamiento?

Cómo se sumerge por años el dolor para volver
a emerger un día cualquiera

En la apacible forma de una película
donde ha empezado a nevar

lo blanco refulge

y lo único que uno puede hacer
es sentarse en el sillón
abrigarse
y beber una taza de sopa caliente

Ella se hizo un collar con los cristales que estaban
esparcidos en el suelo

después vino alguien vestido de blanco
la declaró loca
y no volvió nunca más

Un libro necesita ser leído al menos una vez
para que sus hojas no se resquebrajen con el tiempo

Un paisaje de posibles oraciones
y frases hermosas
que no dicen nada

La escritura no es la representación del mundo
sino una concesión con él

¿Cuántos libros uno puede leer en su vida
y seguir teniendo la sensación de vacuidad?

La ventana se rompió y los cristales quedaron esparcidos
en el suelo

Un poema es un inventario
de silencios

Mi abuelo creía que yo era demasiado negro
como para ser familiar de él

cuando iba a verlo no respondía el timbre de la puerta
de su casa
hasta que un día no respondió más

Las flores en el jardín despiertan

Afuera el canto de los pájaros
y el sonido de las patrullas
sostienen un discurso

Cada palabra tiene una representación mental

Así como cada persona sostiene sus propias
preguntas y respuestas

La débil distancia que separa el suave aroma
de un cuerpo joven

del intenso olor que expele un cuerpo
ya senil

Pese a la lluvia matinal el cielo es de un color
fuertemente anaranjado

Las nubes grises se retiran hacia un paisaje
escrito una y mil veces
pero aun así repleto de incertidumbre

 

Agosto

¿Cuántas palabras existirán para nombra la nieve,
el frío, el hielo, la escarcha?

La manera en que estamos aquí
en este espacio (tú leyendo)
y no allá

y decimos en la sala de clases
presente cuando se lee la lista

o simplemente pasamos
a no estar si no hablamos

con el tiempo aprendemos
que las cosas alrededor de nosotros
tienen un nombre

y nosotros también las aprendemos
a nombrar

esto es una silla
esto otro una carta

si deseas abrirla debes rasgar el sobre

Mi padre construyendo mi primera biblioteca se golpeó
el dedo tan fuerte que la uña se le cayó

Quedando en su lugar un espacio vacío
el cual yo siempre evité de mirar

Los recuerdos ya no son así de claros

El tiempo se ha plegado sobre ellos dejando entrever
una grieta oscura algo así como un significante

Pienso con frecuencia en aquello
que nos es difícil de recordar

las distorsiones narrativas
y poéticas a las que uno se ve expuesto

La lógica que guarda cada acto infinito

Una mariposa mueve sus alas en Quinta normal
y eso causa una tormenta
de proporciones de Rhode Island

Un lugar entre la falta de límite
o la falta de definición

La última vez que vi llorar a mi hermano fue cuando
se marcho al servicio militar

después volvió y su rostro era mucho más duro
indiferente

Cada país tiene una palabra para definir el miedo

La soledad
La música de los insectos en verano

La interpretación de la danza
de la naturaleza

La angustia de vivir pensando en el corazón
como un cazador solitario

incluso la idea de caza parece ser anterior a la misma idea
de representación

¿Cómo puede ser posible que alguien
haya decidido levantar un edificio
frente al paisaje que dibujaba todos los días
en su cuaderno?

Ahora no hay horizonte ni distancia visible
la distancia es un asunto de contexto piensa

Sin embargo un cuaderno vacío sin ninguna imagen
también es una imagen

No nos olvidemos que este texto
se compone de imágenes

Imágenes débiles

Imágenes sutiles

Imágenes que se duermen

en la velocidad de la lengua

Lo único que uno aprende con el tiempo
es abrocharse los zapatos

prepararse huevos revueltos

e intentar simular la falta de confianza
al nombrar los puntos oscuros
los vidrios rotos en los que ha chocado la nieve

Todo placer ha nacido de la necesidad
nos dice Hölderlin

y Joseph Brodsky nos dice al respecto que las cosas
Se endurecen en la memoria
para que uno no pueda mudarlas de lugar

Pero todo depende del cristal
con que uno observe
el día o la noche

y como la imaginación es capaz de fundir
dos o más conceptos
en una imagen

La ventana ese año permaneció todo el tiempo cerrada
aún así el mundo afuera seguía
dando muestras de su existencia

Las gotas en el cristal,
la débil melodía de los pájaros
en la mañana

¿Cómo podremos reconocer algún día ante nosotros
lo que nunca antes hemos visto?

Cómo decir felicidad sin haber escuchado
nunca la palabra felicidad

En esta parte del texto hay algo indescifrable

una imagen que imita nuestra vida, que intenta
ser nuestra vida

La extensión es proporcional
al miedo

y ella la última imagen que conserva de él
es marchándose

bajo un camino oscuro rodeado de cipreses.

Notas biográficas

Víctor López Zumelzu (Curacaví, 1982). Ha publicado Los surfistas (Ediciones Vox, 2006) y Guía para perderse en la ciudad (Ripio Ediciones, colección Virus, 2010). En 2005 obtuvo el Primer Premio en el Concurso Hispanoamericano de Poesía Revista VOX (Argentina) y en 2006 fue becario de la fundación Pablo Neruda. Actualmente reside en Santiago.

 

Miguel Carreira López, nació en algún lugar de Galicia en algún momento de 1982. Licenciado en Humanidades, divide su tiempo entre la literatura –ha publicado algún artículo y escrito algún cuento- y su trabajo en editorial, particularmente en el campo de las nuevas tecnologías aplicadas a la edición y la educación. Entre sus actividades, ha participado en el proyecto La casa de Bernarda Alba Zombie, es cofundador de Homérico films y ha escrito un par de libros infantiles. Actualmente trabaja como editor digital en Anaya y colabora con páginas como Revista lecturas (http://www.revistalecturas.cl/) y Culturamás (http://www.culturamas.es/) También es uno de los redactores del blog Todo lo que debe saber para acabar con la cultura (http://paraacabarconlacultura.blogspot.com).


 

 

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Guía para perderse en la ciudad, de Víctor López.
Por Miguel Carreira